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Amalia

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Amalia toma el subte por la noche, se para en la puerta y ve pasar las luces, y cada farol es un recuerdo que viene. Y cada sombra, cada sombra es la inconmovible ausencia. Amalia permanece inmóvil mientras sus ojos se inundan de lágrimas, lagrimas de nostalgia, de tristeza, de impotencia. Amalia llora con un grito que nadie escucha. Sabe que la espera una casa vacía, llena de gente pero vacía, vacía de besos, vacía de abrazos, y llena de miedos y silencio. Amalia pregunta en un susurro "¿Por qué?" y nadie responde.Amalia baja en Acoyte, como siempre, y espera verlo en el otro andén, como siempre, "Es temprano, seguro viene en el próximo" se dice a si misma. Pasa uno, dos, diez subtes, y Amalia ya no puede contener el llanto, y se lleva la mano a la boca para no gritar. Repite su nombre en silencio y se pregunta si existió, o si fue solo un sueño. Amalia busca en su cartera y saca un pañuelo con las iniciales " M. E." bordadas, lo acaricia y luego lo aprieta fuertemente. Cierra los ojos, y el perfume la calma. Imagina que es lunes por la mañana, Manuel esta terminando de afeitarse. entonces ella preparara el mate y Manuel buscará en la alacena, consultará que si galletitas o pan, para luego llevar ambos a la mesa, y volver a buscar el queso, el dulce, y la mermelada que hizo el domingo.Pero el silbato del guarda la vuelve a la realidad.Una anciana se detiene a verla "¿Por qué lloras, mi niña?", Amalia no quiere responder, pero la anciana pregunta nuevamente,la ternura y compasión de sus ojos grises extienden la mano invitando su voz a salir. Amalia lo intenta, pero el llanto no le deja pronunciar palabra alguna. "¿Lloras por amor, no es así?", dijo la anciana tomándole la mano que todavía apretaba el pañuelo. Amalia asintió con la cabeza, mientras apretaba los labios y contenía la respiración temblando como si fuera a caerse."¿Sentémonos un momento, si?", dijo la anciana conduciéndola hacia un banco "Ahora tomás aire, y si queres, me contas", dijo amablemente la anciana.Amalia aguardó en silencio unos minutos, con la mirada perdida entre los durmientes."Lo perdí", dijo, haciendo un esfuerzo, "¿Tu crees?", replicó la anciana, y agregó "¿Qué te hace pensar eso?". "Yo lo alejé" dijo Amalia presurosa, cubriéndose el rostro con las manos y murmurando entre sollozos "Lo siento Manuel...". La anciana la abrazó fuertemente y comenzó a mecerse mientras cantaba algo que parecía una canción de cuna. Permanecieron así un largo rato, sin reparar en la gente que llegaba o se iba de la estación.Por momentos Amalia intentaba hablar pero la angustia le ganaba de mano y le apagaba la voz."¿Y por qué crees que lo has alejado?" pregunto la anciana rompiendo el efímero silencio de la estación semidesierta."Es que hace unos días..." respondía Amalia, cuando la anciana la interrumpió con un "no" firme pero amable, y completando "No tienes que decirme ni el cómo ni el cuándo, sólo el porqué". Amalia miró fijamente las vías por unos segundos, y luego dijo "Tengo miedo, que me pase otra vez", la anciana meditó un momento mirando las vías y dijo "¿Acaso crees que el miedo tiene suficiente criterio, cómo para dejarle decidir sobre tales asuntos?" Amalia comenzaba a justificarse cuando la anciana, sonriendo, suspiró "no es a mí a quien debes responder".Amalia estalló en un llanto que le subía desde el vientre, no podía contenerse, no tenía respuesta, sólo miedo. El miedo la gobernaba, y aún a pesar de saberlo no podía hacer nada.El miedo a un futuro desconocido le impedía perseguir el futuro que anhelaba.El fantasma de un pasado que la aterrorizaba, le robaba la ilusión de su presente.Amalia aprieta los dientes, cierra los ojos y trata de pensar.Respira lentamente, mientras se seca las lágrimas."¿Lo amas?", pregunto la anciana, que hasta entonces había permanecido en silencio."Con mi vida", respondió Amalia, y añadió "Sin el, no concibo la felicidad, solo pienso en ocuparme..." "...mi vida se ha convertido en una lista de compras y el almacén está cerrado".La anciana esbozó media sonrisa, y respondió "si tu lista se vuelve demasiado larga, y no vas al almacén, tu alma perecerá por falta de alimento..." "...aunque podrías también cultivar lo que necesitas para vivir, y no limitarte a esperar que esté en el mostrador". Amalia miró nuevamente las vías, como si allí hubiera una respuesta, y luego miró a la anciana, pensando en cuantos recuerdos guardarían esas arrugas, y la angustia volvió a tomarle, y entre sollozos dijo "Yo sé que..." "pero" "no" "puedo". La anciana envolvió el rostro de Amalia con sus arrugadas manos y le dijo "Llora y suelta todo lo que necesites, que no hace bien a nadie llevarlo adentro, ¿Si?". Secándole las lágrimas con sus pulgares, dijo "Ya tengo que irme..." y sus ojos se cargaron de lágrimas, tanto como los de Amalia, o quizás mas aún "...quiero agradecerte, por mostrarme que todavía existe el amor, tal y como yo lo conocí" "Y que aunque duela como nada mas puede doler, llena de vida como nada mas puede hacerlo". La anciana se despidió dándole un beso en la mano, y se fue caminando despacito hacia la escalera. Mientras la miraba alejarse, Amalia dijo en voz baja "Gracias", la anciana sonrió, y siguió caminando.

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