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Aquel paseo

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He aquí un relato breve que escribí hace algún tiempo, espero que os guste:

Era invierno, no sabría decir un mes, día, ni hora exacta, pero hacía una noche preciosa. No había pasado mucho tiempo desde que el Sol se había marchado tras el cerro con el que limitaba aquel pueblo, por su parte oeste, para dejar ver las primeras estrellas, desde que el dulce anochecer comenzó a cubrir las calles con su brisa nocturna; apenas había gente por la calle, el humo que podía divisar sobre los tejados de aquellas modestas viviendas me hacía suponer que la mayoría estaría en su casa, con sus familias, disfrutando de una cena apacible a la luz de un pequeño fuego en la chimenea… A mi alrededor el paisaje se veía muy hermoso bajo la luz de la luna, una luna tranquila y silenciosa cuya jornada no había hecho más que empezar. Era una noche muda, fría; el olor al césped humedecido por las lluvias inundaba aquella zona, la brisa invernal me hacía compañía…

Yo me encontraba dando un pequeño paseo por la entrada sur del pueblo, a lo largo de un camino estrecho junto a una gigantesca pared de piedra que en tiempos medievales sirvió de muralla. La luz de unas oxidadas farolas, situadas a ambos lados del sendero, proyectaba mi sombra sobre las desgastadas baldosas por las que dirigía mis pies, autores, entre chapoteos y pisadas sobre las hojas caídas, del único sonido que mis oídos alcanzaban a escuchar. El gélido viento que hacía ya rato transformó mi nariz en un pequeño tomate había hecho de mis orejas un par de acericos repletos de alfileres; el resto de mi cara iba prácticamente cubierta por un gorro de lana prestado y una vieja bufanda que, continuando por mi cuello, llegaba a sumergirse en un gran abrigo de plumas negro y rojo que me resguardaba del frío. Llevaba unos pantalones de pana verdes llenos de bolsillos, con el bajo algo desgastado, pantalones que me auto-regalé hacía un par de días; y unas botas de piel vuelta, manchadas por el barro, que amortiguaban mis tranquilos pasos.

Mi ritmo era lento, pensativo… sumergido en la profunda calma que me caracteriza reflexionaba, como cada día, en multitud de gilipolleces sin sentido, entre las cuales se dejaba ver, con mayor o menor frecuencia, algún atisbo de razón humana. El tiempo pasaba lentamente y yo disfrutaba de cada segundo, de cada milésima… de tal modo que, sin percatarme, me aproximaba a mi destino.

Pero ahora no recuerdo el nombre de aquel bello pueblo… a decir verdad tampoco puedo acordarme del hermoso aroma a césped fresco, ni del sonido que, sobre las baldosas, producían mis pasos, o del lugar al que éstos me dirigían; no me acuerdo de dar aquel paseo, de sentir la fría brisa punzando mis orejas… Quizá nunca ocurrió.

Monda

1 comentario - Aquel paseo

@AMO56
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