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Un cuento para irse – La Despedida (propio)

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La Despedida


El día era gris, como los últimos días de su vida. Los nubarrones amenazaban con lluvia, pero aun no caían las primeras gotas. A pesar de que no había caído la noche ya hacia mucho frío.
Llego a su casa y detuvo el vehiculo en frente a la cochera. Abrió el portón, pero no lo estaciono dentro, en cambio acciono las balizas y camino hasta la puerta principal. Colocando la llave en la cerradura abrió la puerta para ingresar a la casa.
Luego de enciende las luces, se quito el saco y lo arrojo al sofá. Miro en todas direcciones esperando algún sonido pero nada ocurrió. Caminando hacia la cocina, dijo:
- ¡Ya llegue!… - y con un gesto de fastidio termino diciendo.- No se para que hablo, aun no me acostumbro a este silencio.-
De la heladera tomo la jarra de jugo, también unos sándwiches de miga y se acomodo sobre la mesada en donde comenzó a calmar su apetito.

En el dormitorio, Celeste se encontraba sentada en el borde de la cama, observando a través de la ventana. Tenía la mirada perdida en el patio y la vista del campo allá a lo lejos. En su rostro se notaba angustia, dolor y también melancolía. En su corazón el deseo de que todo sea como antes se mantenía fuerte y esperanzado, pero era conciente de la realidad y nada podía hacer para que las cosas vuelvan a ser como antes.

Apoyado en la mesada Germán, comía con la vista perdida en todos los recuerdos vividos en ese lugar.
- Se que estas ahí…- comenzó a decir en voz alta, pero a punto de quebrarse.-…en realidad espero que estés ahí…- dijo resignado.-… Sé también que no me vas a hablar…-
Ella desde el dormitorio lo escuchó, y con gesto de fastidio pensando en aquellas peleas, dejo que una lágrima se le escapara.
- Eres un idiota, no tienes idea de las ganas que tengo de poder volver a hablarte.-

En la cocina y mientras colocaba los utensilios usados en la bacha, Germán siguió hablando.
-… se también que no vas a mirarme…-
- Te miro siempre.- dijo ella con voz quedada desde el dormitorio.
-… hoy necesito que me escuches…- ella presto atención y observo la puerta a sus espadas.-… No se como empezar esta conversación, porque ni siquiera se si lo es… Mi intención no es que te sientas mal… - dijo con un gesto de aflicción.-… La verdad es que me encantaría que me escuches, pero no de esta manera, también que me vuelvas a mirar… Celeste, yo, yo extraño mucho tu mirada.- Dijo apoyándose con ambas manos en la mesada de la cocina, al mismo tiempo que había comenzado a sentir como se le formaba un nudo en la garganta.
- Yo extraño todo de ti, pero no puedo hacer nada ya.- dijo ella al mismo tiempo que se ponía de pie y caminaba hacia la puerta.
- No te voy a pedir una prueba o alguna cosa rara… Ahora esas cosas ya no hace falta, además es algo que lo tengo asumido.- dijo con resignación caminando hacia el cuarto.
Ella desde el otro lado, apoyaba su mejilla en la puerta sufriendo en silencio. Con su mano acariciaba la madera como si fuera el rostro de su amado.
- Necesito que sepas algunas cosas…- dijo él deteniéndose frente a la puerta.-… pero primero que nada, debo decirte… ¡Te Amo!...- Al escuchar eso, ella se aparta alejándose de la puerta, y como si fuese una niña caprichosa, se arrojo al centro de la cama, en donde comienza a llorar desconsolada boca abajo.-… Se que desde ese día, no te lo he vuelto a decir, pero es la pura verdad… aun Te Amo y te seguiré amando...- Ella mira la puerta con los ojos bañados en lagrimas.-… Celeste quiero que sepas que nada de aquello que dije esa vez, era verdad, solo fueron cosas que no debí decir y solo las dije para herirte y herir nuestra relación, sé que no eres capaz de esas cosas, así que lo siento, de veras lo siento, lo siento mucho.-
Desde afuera Germán dudaba en entrar a ese lugar o quedarse afuera, pero sus cosas estaban del otro lado y debía buscarlas, así que tomando el picaporte con su mano, lo gira lentamente para entrar casi sigilosamente.
- Se que es tarde y se que ya no puedes perdonarme… Celeste, yo… mira, yo solo quería decirte que siento mucho lo que pasó y también quería decir que es momento ya de que me valla. No tiene sentido que siga aquí dentro.-
- ¿Cómo? ¿Me vas a abandonar? – dijo ella levantando la mirada confundida y con algo de miedo en sus entrañas al escuchar a Germán decir eso.
- Se que habíamos hablado de esto en muchas ocasiones, y que pase lo que pase nunca me iría, pero ahora nuestras vidas ya no son las mismas. Necesito irme, no soporto más esto.- sin pensarlo otra vez, ingresa al cuarto y rápidamente busca una pequeña maleta debajo de la cama, para luego comenzar a cargarla con algo de su ropa.
- ¡No lo hagas, no te vallas!-
- Lamento tanto lo que ha sucedido.-
- Tantos errores, tantas mentiras, tantas ganas de gritar, tantas ganas de golpear las paredes ¿y para que?... por favor, es que no lo entiendes, no hagas esto… no lo hagas que no puedo detenerte.- le imploro comenzando a llorar nuevamente.
- Yo no se si esta bien lo que estoy haciendo… tampoco pretendo que me digas si esta bien o esta mal, pero creo que es lo mejor… Además, quedarme mas tiempo aquí es algo que ya no quiero.-
- Es triste, pero te entiendo.-
- Lo mejor de todo esto es que me llevo muchos recuerdos y todos maravillosos.- hablo con alegría, seriedad y bronca.-… ¿Que fue lo que nos paso? Debería existir alguna formula para reparar lo errores cometidos.-
En el momento en que ella se disponía a decir algo, Germán sin darse cuenta golpea con la maleta la cómoda y cae un retrato de ambos, quebrándose el cristal en la mitad de la pareja. Él sonríe irónicamente y dice
- Esta seguramente es la mejor respuesta que me has dado en este último tiempo.-
Ella se asusta y mueve su cabeza negativamente, como diciéndole “estas equivocado”.
- No mi vida, no es lo que parece, eso fue un accidente se cayó cuando golpeaste…- se pone de pie rápidamente, pero él hace un gesto con el brazo, como diciendo “ya no soporto mas”.-… Si tan solo me hubieses prestado atención algunas veces, todo hubiese sido distinto.- decía ella mientras él terminaba de empacar sus ropas.
Cuando cerro la maleta respiro profundamente, y melancólico salio de ese lugar. Ella camino detrás de él sin poder hacer algo para detenerlo. Al llegar al living y mirar la puerta principal, Germán se detuvo unos segundos, realmente no sabía que hacer y donde ir, sin embargo dijo:
- ¿Sabes una cosa? No se que me espera allá afuera, pero solo espero poder encontrarme y volver ser esa persona de la que te enamoraste… Te aseguro que cuando así sea, te voy a buscar allí en donde estés y ¿sabes que? Cuando lo haga voy a conquistarte como ese primer día en que nos conocimos.-
Convencido de sus palabras miro todo ese ambiente, pensando en todos esos buenos recuerdos. Ella lo miraba cabizbaja y con una sensación de incertidumbre al darse cuenta que todo estaba por terminar.
- Se que mientras estuvimos juntos nuestras vidas cambiaron, y ahora ya no puedo hacer nada al respecto…- comenzó a decir Celeste, mientras lo acompañaba hacia la puerta.-… solo quiero que sepas que te esperare y estés donde estés, yo también te encontrare… solo te pido perdón, perdón por no poder hablarte y mirarte nuevamente, como aquellos días.-
Germán muy afligido mueve su cabeza negativamente, sin saber si debía decir algo antes de irse o callar.
- Te voy a extrañar… por dios Celeste, te extraño con todo mí ser y me haces mucha falta.- él era muy fuerte y lo fue en aquel momento del adiós, pero ahora que estaba por dejar todos los recuerdos de ella y comenzar de nuevo, las lagrimas que antes había contenido por tanto tiempo, ahora se le escapaban sin control de sus ojos. Ella se acerco y poso su mano sobre el hombro de su amado, pero él no podía percibirla.
- Será mejor que no me olvide la campera.- dijo él, y girando repentinamente agarró la prenda del sofá, atravesando el cuerpo de Celeste que se vio sorprendida. Luego velozmente, salio de la casa apagando las luces y cerrando la puerta con llave tras de si.

Envuelta en aquella oscuridad, Celeste comenzó a llorar cayendo rendida al suelo, al mismo tiempo que un haz de luz atravesaba el techo. Esa luz pausadamente se poso sobre su cuerpo, brindándole una agradable sensación de paz y tranquilidad. Con los ojos llenos de lágrimas, sintió que alguien le tendía una mano y tomándola sin temor, se dejo llevar por esa luz que lentamente se elevo desvaneciéndose.

La casa se lleno de silencio, y en la habitación la foto de la pareja que había caído al suelo, extrañamente había desaparecido.



Un cuento para irse – La Despedida (propio)


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