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Los libros no cambian la vida

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Los libros no cambian la vida

Los libros no cambian la vida
Ramón Cota Meza

Los políticos no tienen tiempo para leer. Su actividad los obliga a aprender directamente de la experiencia porque cada situación es diferente. Afirmar que la verdad está en los libros es una pose petulante
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La chorcha provocada por la pifia de Enrique Peña Nieto en la FIL de Guadalajara es una muestra de las deficiencias de políticos y público en general. Un verdadero político, aquel que por buenas o malas razones vive entregado a su responsabilidad, no tiene tiempo para leer. Por otro lado, creer que los libros cambian por sí mismos nuestras vidas es un síntoma de inmadurez y un reflejo del culto falso a la lectura como signo de distinción y superioridad social.

Los verdaderos políticos son hombres prácticos capaces de captar las situaciones sociales y humanas al vuelo, aptitud que ningún libro puede enseñar porque se desarrolla en contacto con los problemas palpitantes de la vida. Muchas lecturas no necesariamente ayudan a cultivar tal aptitud y hasta la pueden obstruir por exceso de información y teorías. Esto es cierto incluso para los profesionales expertos de cualquier campo, cuya formación teórica debe ser constantemente verificada en la experiencia.

La comidilla ha traído a colación el caso del presidente José López Portillo, cuya experiencia como lector y autor de textos filosóficos y jurídicos no le sirvió mucho para comprender y actuar sobre la situación inédita que le tocó vivir. Se le escuchó decir que su conocimiento de la filosofía de Hegel no le alcanzaba para comprender su caótico momento económico y político global, el cual apenas intuía como el inicio de un orden mundial de contornos desconocidos.

Esto no significa que los políticos estén autorizados a desdeñar el conocimiento acumulado en textos y experiencias ajenas, pero si se dedicaran a leer no les alcanzaría el tiempo para organizar y tomar decisiones. Por eso lo normal es que se rodeen de personas sabias o instruidas que les proporcionen la información básica para enriquecer su conocimiento de las situaciones. Pero las situaciones mismas suelen ser inéditas, una configuración única de hechos y sentimientos a ser captada en el momento.

Enfrentado a un problema complejo que involucra muchos intereses, el político no se retira a documentarse en soledad para llegar afilado a la reunión respectiva. Lo que hace es escuchar la opinión y sentimientos de viva voz de los interesados, rodeado de expertos que tomarán nota de la situación para confrontarla con su propio conocimiento y así obtener el cuadro más completo para tomar la decisión que juzgue acertada. Esto no se aprende en libros.

Ahora bien, cuando un político se expone al público debe prever las situaciones que razonablemente se pueden presentar. Algunos comentaristas han señalado el error de Peña Nieto de no llevar una tarjeta con algunos títulos de libros y nombres de autores para salir al paso. Es lo mínimo que se esperaría de él en la cueva de lobos donde se fue a meter. En el caso de una situación imprevista, el político debe ser capaz de improvisar una respuesta, así sea para salirse por la tangente.

En vez de improvisar una respuesta, el susodicho decidió contemporizar con el público y quedó en evidencia. ¿Qué le costaba haber dicho la verdad, que no tiene tiempo para leer, que su actividad le absorbe el tiempo y que por eso escucha a personas de las que busca obtener conocimiento? Bien pudo añadir que su experiencia política le ha enseñado mucho más que lo aprendido en libros y que el libro que estaba presentando, en sí mismo producto de un esfuerzo colectivo, así pretendía demostrarlo.

El escarnio de Peña Nieto revela mucho sobre la escala de valores públicos predominante. La pregunta misma (“¿Cuáles son los tres libros que han cambiado su vida?”) es impertinente. Por sí mismos, los libros no cambian la vida, si bien pueden producir la ilusión de que la cambian en etapas inmaduras. La vida sólo puede ser cambiada por la experiencia directa, no necesariamente para bien, y generalmente reafirma nuestros prejuicios, pulsiones e intereses, volviéndonos más astutos y retorcidos.

La lectura puede darnos ideas, información y ampliar nuestro horizonte, pero eso no significa que nos haga mejores por necesidad. Lo habitual es que venga a reforzar algo previamente sentido o intuido. La razón de esto es que somos movidos por la ilusión y el deseo, así que generalmente asimilamos lo que afirma nuestras inclinaciones. Lo habitual es reconocer la verdad demasiado tarde, después de habernos aferrado mucho tiempo a nuestras ilusiones. Por eso la verdad suele ser trágica.

Tal reconocimiento ocurre por golpes de la vida, no por asimilación libresca. De ahí que la pregunta sobre “los libros que han cambiado nuestra vida” no venga al caso. Supone que los libros son talismanes que encierran verdades compactas esperando a que alguien las descubra y ser estremecido por ellas en lo más recóndito de su existencia. Es una idea comercial de autores, empresas e instituciones interesadas en inflar el valor de sus propias actividades.

La ciudad más libre. Marcelo Ebrard afirma que la ciudad de México es la más libre de América Latina. Es una noción muy suelta de “libertad”. La ciudad se ha vuelto más permisiva, eso sí, pero eso no nos hace más libres. Libertad supone responsabilidad, no goce desenfrenado.

Twitter: @cota_meza
blascota@prodigy.net.mx



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Comentarios Destacados

@lPlanetarizado +13
Un libro no cambia una vida, solo te entrega sabiduría y conocimientos para aplicarla en nuestras vidas, pero no es que la cambie.

9 comentarios - Los libros no cambian la vida

@Cylber +3
Si el tipo se lee hansel y gretel claro que no..
@KIA92 -3
bastante bueno.
@lPlanetarizado +13
Un libro no cambia una vida, solo te entrega sabiduría y conocimientos para aplicarla en nuestras vidas, pero no es que la cambie.
@Tango99b +3
depende que se considera libro, yo estudio biología pero cuando un profesor de sociologia habla de un libro se refiere solo a letras, libro de bioquímica y otros no lo toman como libros
@gabo357 +2
Siempre,siempre y he leido cientos,encontre en todos los libros,aunque sea UNA frase que me ilumino,que me cambio en algo mi postura ,mi pensamiento,me error.
@vertillinoza
es interesante esta parte,'' Lo habitual es que venga a reforzar algo previamente sentido o intuido. La razón de esto es que somos movidos por la ilusión y el deseo, así que generalmente asimilamos lo que afirma nuestras inclinaciones. Lo habitual es reconocer la verdad demasiado tarde, después de habernos aferrado mucho tiempo a nuestras ilusiones. Por eso la verdad suele ser trágica.''
para tener en cuenta!
@vertillinoza
por eso hay que tratar de ser objetivo hasta los cojones, aunque no se pueda del todo