El post que buscas se encuentra eliminado, pero este también te puede interesar

¿El huevo o la gallina?

¿El huevo o la gallina?
Esta pregunta filosofica ha devenido en infinitas masturbaciones mentales por parte de los filósofos y teólogos. La biología en cambio con la teoría de la selección natural ha brindado una respuesta concreta y resultado del método científico aplicado a la diversidad de las especies.
De acuerdo con las teorías científicas vigentes, parece claro que, en la evolución de la protogallina a gallina, o de cualquier especie que evoluciona a otra nueva especie, ha de producirse un cambio genético. Lo que hace a la gallina ser gallina es la carga genética común que comparten todos los individuos de su especie (gallinas si son hembras, gallos si son machos, pero todos con unos genes gallináceos comunes). Según la teoría darwinista más simple (más bien neodarwinista, porque en tiempo de Darwin no se conocía el ADN), habría que pensar que este cambio en el material genético se produce por una mutación aleatoria, transmisible a la descendencia, que por la selección natural que se ejerce sobre las posteriores generaciones de gallinas acabará eliminándose si no conduce a ninguna ventaja adaptativa, o se asimilará al patrimonio genético de la especie en caso contrario.

Siguiendo esta idea, lo más lógico es que la mutación se produzca en las células reproductoras, para que los genes alterados puedan heredarse, lo que es una condición sine qua non. También sería posible que la mutación se produjera en los embriones, a medida que se desarrollan, pero siempre que esta mutación termine pasando a las células reproductoras; de otro modo, tendríamos un individuo mutado, pero cuya descendencia (si acaso el mutante fuera fértil) se compondría de perfectas protogallinas, y fin de la historia. Por un lado, el breve tiempo en el que crecen los embriones hace menos probable la segunda posibilidad, aunque por otro lado, al dividirse las células embrionarias a un ritmo elevado también son más altas las posibilidades de esa mutación aleatoria. Pero de un modo u otro, la mutación ha de acabar en las células heredables, que son las células sexuales. Antes de terminar el párrafo, recordemos un par de cosas importantes: las células sexuales son haploides, lo que significa que tienen n cromosomas, que al unirse a otra célula con n cromosomas durante la fecundación forman un embrión de 2n cromosomas, que luego se multiplicará formando más células con 2n cromosomas, llamadas diploides, que son las más abundantes. No obstante, el embrión en algún momento tiene también que formar algunas células reproductoras con la mitad de cromosomas, n, para transmitirlas a la descendencia, o bien, el embrion tiene que formar células generadoras de células sexuales en la edad adulta. Este interesante proceso —posiblemente no del todo bien conocido en algunas facetas, y en el que probablemente reside el meollo de la cuestión—, se denomina meiosis. Al menos en el hombre, y si no meto la pata, los óvulos —n cromosomas— se forman únicamente en la etapa de embrión, en número de unos 400, mientras que los espermatozoides —también n cromosomas— los generamos en gran número durante gran parte de la vida, lo que por cierto, multiplica las posibilidades de mutaciones en los mismos. Así que yo apostaría por los espermatozoides de los machos como principales proveedores de variabilidad genética, mientras que el óvulo, femenino y nutricio, corresponde al principio conservador (digamos que aporta el chasis y el motor que han demostrado su fiabilidad a lo largo de los eones, mientras que el espermatozoide se encarga de los accesorios y las mejoras técnicas puntuales, haciendo con todo esto una horrenda metáfora). Recordemos también, dicho sea de paso, que durante el proceso en el que los espermatozoides pasan al cuerpo de la hembra inyectados por órganos copuladores en el curso de un acoplamiento —dicho finamente— también hay un proceso de competencia y selección de los espermatozoides; ya sabéis, solo uno puede ganar la carrera.

De este modo, nuestra primera conclusión a la pregunta original de qué fue antes (huevo o gallina), sería que, probablemente, lo primero fue una protogallina fecundada por un gallo cuyo espermatozoide «ganador» estaba mutado, de cuyo huevo nacería la primera gallina. Es decir, que no podemos optar por huevo o gallina de modo claro y tajante, pero podemos explicar cómo ocurrió, que al final es lo que tiene contenido, lo sustancioso.

Sin embargo, volviendo a teorizar sobre la evolución, un planteamiento tan simple como el anterior no es plenamente satisfactorio y pone de manifiesto varios problemas. Si la evolución es así, simplemente aleatoria, las posibilidades de éxito evolutivo son muy pequeñas —podría aducirse que la evolución se produce en una escala de tiempo que no podemos imaginar adecuadamente, y al final es capaz de abrirse camino—. Sin embargo, no se han hallado fósiles de todos los «experimentos fallidos» de la naturaleza, que de actuar de un modo totalmente aleatorio, deberían haberse producido en un número considerable.

Además, hay caracteres genéticos que se pueden transmitir sin que se manifiesten. Recordemos que tenemos dos copias de cada gen, una que proviene de la madre y otra que viene del padre. Hay caracteres dominantes que se manifiestan con solo tener una copia, pero también los hay recesivos que requieren las dos copias para manifestarse. Otras veces, la cosa se queda a medias (recordemos la herencia mendeliana y todo aquello). Así que podría haber sido necesario esperar a varias generaciones después de la mutación protogallinácea para que, en un individuo dado, coincidiesen las dos copias del gen mutado, y muchas generaciones más para que ese gen (en caso de que resultase útil y, por tanto, fuese seleccionado) se extendiese en un número suficiente de individuos. Para acabar de rizar el rizo, y si no recuerdo mal cómo funciona el proceso de meiosis, hay una parte del material genético heredado que se pierde cada vez que se forma una célula sexual —en concreto, la mitad; lo correspondiente a n cromosomas, cumpliendo que n = 2n - n—. En este proceso, se remezclan y reparten fragmentos del ADN de los abuelos para hacer las células que potencialmente sirven para «hacer» nietos. Algo así como barajar las cartas antes de una nueva partida. Pero claro, esto implica que un 50% de las mutaciones, por muy interesantes que sean, se pierden por el camino, si no opera ningún mecanismo de selección genética durante la meiosis.

La realidad, pues, parece ser bastante más compleja que la idea de las «mutaciones aleatorias» sin más ni más. No hay que olvidar lo poco que se sabe, pese a todo lo que se habla de ello, sobre el ADN y sus funciones. La mayor parte del genoma humano no tiene función conocida (no codifica proteínas, y a veces se le ha denominado ADN «basura»). Se sospecha que puede intervenir en la regulación de la expresión genómica, y podría tener una importancia vital para poder entender cómo se produce la evolución de las especies.

Pese a lo arriesgado de la maniobra y a mis limitados conocimientos, voy a lanzar una hipótesis, para que pueda ser criticada por los lectores. En mi opinión, la aparición de una nueva especie no se produce de un modo totalmente abrupto (algo así como protogallinas que de repente empiezan a poner huevos de gallina, hasta que las primeras se extinguen y solo quedan las segundas), sino que se produce un «salto» genético más o menos gradual, iniciado por algún tipo de mutación, que se sigue de un fluir y refluir de los genes a través de varias generaciones de individuos, hasta que por selección se acaba estabilizando o se elimina. O sea, no una evolución individual, que acaba imponiéndose como especie independiente, sino una especie de «evolución en grupo» dentro de un conjunto de individuos relacionados. Intentaré aclararlo un poco más:

Pensemos en la aparición de gallinas (una especie nueva) por evolución de las protogallinas. Podemos pensar en dos posibilidades:

Las nuevas gallinas son capaces de cruzarse con las protogallinas (o sea, la especie nueva y la vieja son interfértiles). En este caso, el nuevo material genético introducido en la especie preexistente se extenderá por ella y se seleccionará (se estabilizará y mantendrá si resulta útil para la adaptación, se eliminará en caso contrario). Al distribuirse el gen alterado en las generaciones siguientes, podrían aparecer individuos sin el gen (protogallinas puras), o con solo una copia del mismo (procedente del padre o de la madre), o con ambas copias. Con el tiempo, y si el nuevo gen es útil, los individuos con las dos copias del gen acaban imponiéndose como nueva especie (al menos, en el espacio ecológico donde ese nuevo gen resulta beneficioso).
La especie nueva no puede cruzarse con la vieja. Esto suele ocurrir cuando el número de cromosomas varía. Si no me equivoco, este es el caso de los primates superiores y el hombre, en el que, en algún momento de la evolución humana, dos cromosomas de simio se fusionaron en uno. En este caso, la aparición de un único individuo mutado no es suficiente, ya que este se extinguiría sin descendencia. Es necesario que la alteración (que casi siempre será cromosómica) se dé con cierta frecuencia en esa especie, para alcanzar cierto procentaje de la población con esa alteración. Este tipo de procesos son posibles: pensemos en la trisomía del par 23 en humanos, que produce el síndrome de Down, con unas consecuencias bastante bien definidas (o sea, que no pueden obedecer a una alteración aleatoria). Existen otros síndromes de este tipo, que corresponden a alteraciones en el número de cromosomas. Aún la cosa se puede complicar más, aunque en este caso el hombre —al menos, en la actualidad— no participa en ello: algunas especies con distinto número de cromosomas sí son interfértiles, y generan híbridos. Un caso típico de híbridos es el de las mulas y los burdéganos. Estos animales tienen un número de cromosomas 2n impar, por lo que no pueden dividirse convenientemente para tener descendencia. Sin embargo, aunque no puedan reproducirse, existen, y están sujetos a alteraciones genéticas. En algún momento, podría surgir un nuevo tipo de mula que fuera fértil, bien con otra mula, o con un burdégano, o con un caballo, o con un asno. De este modo, la evolución daría otro pequeño salto.

Este último caso, ilustra cómo la evolución podría no estar marcada únicamente por el carácter aleatorio de las mutaciones, y que ciertas alteraciones puedan ser más frecuentes que otras. La hibridación, especialmente, es un ejemplo de cómo la evolución puede estar de algún modo dirigida: al hibridar el material genético de dos especies, el resultado de tal «asociación» suele ser mejor que cualquiera de los progenitores por separado (acabo de leer que las mulas son más listas que caballos y asnos).

La respuesta en conclusión es sencilla, el huevo, ya que provenía de un ancestro pájaro el cuál no fuera considerado en grado todavía gallina.

5 comentarios - ¿El huevo o la gallina?

rodrijuarez
El huevo, hay un artículo que habla sobre esto, documentales y demás. Se basan en los primeros anfibios y otros animales
Trapero139

link: http://www.youtube.com/watch?v=dMIQcFwR_OY