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La forma actual de concebir el hombre

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La concepción antropológica de la burguesía
Por: Mario Alberto Ceballos Yucumá

Curso: Introducción al pensamiento de Horkheimer
Profesor: Jairo Escobar Moncada
Este breve ensayo tiene la pretensión de describir los orígenes de la concepción antropológica del pensamiento burgués, tomando como modelo a uno de los representantes y fundadores más destacados de lo que se conoce como Teoría Crítica o Escuela de Fráncfort, el cual es el pensador alemán Max Horkheimer.
Relacionado esquemáticamente, además, con las múltiples circunstancias que condicionaban dicho saber. Es decir, mostrando las dependencias que la teoría tiene con el contexto social, político, económico, cultural. Resaltando, por esta razón, aquel objetivo que la escuela de Fráncfort tenía sobre la problemática dependencia existente entre la base económica de la sociedad capitalista y la superestructura cultural. Y, en este caso en particular, sobre la concepción de la naturaleza del hombre que dichas teorías esgrimen para fundamentar diversas prácticas sociales. Porque “La necesidad de inducir a la mayor parte de la sociedad, mediante prácticas espirituales, a una renuncia que no está directamente condicionada por la naturaleza exterior sino por la organización clasista de la sociedad, presta a todas las representaciones culturales de la época un carácter ideológico que no guarda proporción con el conocimiento posible en virtud del desarrollo técnico.” (Horkheimer, 1968, pág. 209)
El interés por esta pregunta y la posible respuesta, surge por comprender la crítica a los fundamentos y los orígenes teóricos del poder político actual, por esto solo me concentrare en la fundamentación iusnaturalista y no en el utopísmo, porque en diversas teorías políticas actuales- que continúan, explícita o implícitamente, dentro del terreno de esas reflexiones - aún se defiende concepciones antropológicas de cuño burgués.
La teoría del hombre burgués se inscribe históricamente contra los privilegios, que en el marco de la sociedad cristiano feudal no permitían el avance de dicha clase, dentro de la sociedad estamental. Por ello, hare un recorrido breve sobre aquellos supuestos que constituían una densa red de relaciones que configuraban la totalidad social como la feudal y contraponiéndola, además, a la floreciente concepción del hombre que surge en las fronteras del mundo medieval. De la mano de José Luis Romero presentaré una breve síntesis de aquella dialéctica que se llevó a cabo entre dos grupos sociales que cohabitan, pero que asimismo se enfrentan ya sea velada o abiertamente.
La revolución burguesa se origina entre los siglos XI y XII hasta llegar a la revolución industrial. Su génesis se debe al abandono de la gleba, al desarrollo geográfico, a la reacción mercantil, y al apoyo que de diversas maneras daban los señores de lo establecido, y que logran así fundar nuevos espacios: las ciudades. Porque el modo de pensar y hacer burgués es eminentemente un desarrollo citadino; por ello José Luis Romero afirma: “toda la cultura moderna es cultura de ciudades.”. A lo cual, también, Horkheimer asevera: “La civilización había partido de las ciudades…” (Horkheimer, Sobre el concepto de hombre y otros ensayos, 1970, pág. 25) Y es en este espacio donde comienza a construirse libertades, que ellos mismos se dan por medio de contratos o estatutos celebrados entre ellos: matrimoniales, de comercio, servicios, profesiones. Y son estas libertades las cuales hacen posible, dentro del terreno cristiano feudal, una riqueza dineraria, que a su vez se contrapone al sistema productivo feudal, el cual se cimienta en la propiedad raíz. En consecuencia, la ciudad comienza a ser un centro concreto de creaciones y profundas transformaciones, a diferencia del embotamiento del campo.
Por estas razones, la formación de la mentalidad burguesa es urbana y progresista, mientras que la feudal es tradicionalista. Porque esta última se basa en un modelo de sociedad paternalista y señorial. Por el contrario, la mentalidad burguesa es anti paternalista (Ejemplo de ello es el padre del liberalismo: John Locke con su segundo tratado sobre el gobierno civil) y aprende a vivir proyectando más allá de los intereses inmediatos e inmóviles. Entonces, empieza a generarse una de las contradicciones sociales más profunda entre el poder hereditario, la renta y el poder del dinero y el capital. Dispersándose este tipo de concepción del mundo y del hombre a varias capas de la sociedad, por medios tan corrientes como mercaderías y entre otros; y que además, en las escena mundial vemos con su despliegue “[…]ha terminado por ser la mentalidad universal.” (Romero, 1987, pág. 23 )
La organización feudal se sustenta en una estructura ideológica que tiene un fundamento absoluto. Este fundamento metafísico proviene del poder divino detentado por la figura de un Dios infinito, omnisciente, etc. que se atribuía la iglesia como representante de este en la tierra. Con ello, la estructura normativa, económica, jurídica, social y administrativa de la sociedad feudal estaba inmune a cualquier ataque crítico, porque la transgresión de estos dogmas era visto como sacrílega.
Este sistema social—el feudal-- tenía una imagen del mundo fundada en la idea de que en el acaecer natural, los fenómenos que se suceden, son obra y gracia del espíritu divino, es decir, de Dios. Esto es, en la representación de una causalidad que traspasa las fronteras de lo espacio-temporal, en otras términos “[…] que la causalidad profunda de la realidad no pertenece al orden de lo natural sino de lo sobrenatural: el milagro, el prodigio, que se filtran entre los resquicios de la realidad y establecen nexos causales.” (Romero, 1987, pág. 29) Para esta concepción de la naturaleza, lo sensible es vano, lo único importante es la salvación del alma eterna. Entonces, el destino y el fin del hombre eran trascendentes, denostando además, este valle de lágrimas que no puede ser modificado por la voluntad humana.
En términos políticos, regia la convicción aristotélica-tomista de una sociedad escindida naturalmente, entre los dominados y los dominadores, entre los que tienen y los desposeídos. Justificando, entonces, un orden de dominación que no podía ser impugnado, debido a que simplemente la naturaleza, que correspondía a la voluntad divina, debía ser de esa manera y no de otra. Entonces, la posición que cualquier individuo tuviera en ese marco económico y social estaba dado por una estructura que no permitía la movilidad entre ninguno de los gremios que lo componían, porque como veíamos cualquier transgresión de ese estado de cosas era visto como un pecado.
La revolución burguesa, entonces, erige una estructura nueva, en ocasiones contradictoria, que se genera gracias a situaciones económicas y sociales que trascendían el marco que regía en el feudalismo. Ya que “[…] tras el colapso de los ordenamientos medievales, ante todo de la tradición como autoridad incondicionada, establecer nuevos principios absolutos a partir de los cuales la acción obtenga su justificativo.” (Horkheimer, Teoría crítica, 1968, pág. 53) Pero este no le dará nunca una fundamentación ideológica que garantice la inmovilidad de la sociedad, a pesar, de muchos intentos mal logrados. Su historia será, pues, el intento de lograrlo “[…] de construir una ideología que sea a la vez un proyecto para el futuro y una interpretación para el pasado y que signifique la justificación en abstracto, y no simplemente fáctica, de la estructura real que, carente de fundamento absoluto, semeja un conjunto de situaciones de hecho.” (Romero, 1987, pág. 24).
Frente a la naturaleza desarrollara un conjunto de métodos basados en la experimentación sensible, los cuales generan los más fructuosos desarrollos en este ámbito. Someterá, pues, a prueba todo el saber tradicional y lo incluirá en esta forma de pensar que tendrá como principios el sometimiento de la naturaleza por medio de leyes naturales, las cuales provendrán de la observación sensible, y es a la base de este proyecto hipotético donde se encuentra la característica propia del pensamiento científico que cree que existe correspondencia entre el pasado y el futuro. Entonces, contradirán crasamente la manera de pensar feudal la cual indicaba, como anteriormente se apuntaba, a un pensar que trascendía los límites espacio-temporales. Esta metodología científica culminara en la teoría dieciochesca del progreso, una idea que hasta el día de hoy sigue siendo el punto común de muchos teóricos.
Dentro de esas prácticas sociales y económicas que establecerán estos sujetos, existe una práctica que comienza a competir y a tranzar sustancialmente con el poder de la nobleza y es el mercantilismo; el cual se inicia distribuyendo los productos de la tierra de los señores feudales. Por ello, es que se establece cierta continuidad entre los burgueses y los señores feudales, por ende, no puede concebirse esta relación meramente como una ruptura drástica, porque estos comienzan cohabitando con ellos.
Surge entonces, como respuesta a estas nuevas prácticas sociales, una forma de concebir al hombre, la cual se contrapondrá, como hemos visto a la noción medieval, y logrando así la pérdida de “toda la significación de la vieja idea del hombre como criatura de Dios, volcándose a una concepción de tipo progresista y profana.” (Romero, 1987, pág. 17 )
Surge en los documentos más penetrantes y progresistas de la cultura occidental, en términos políticos, a la respuesta a las contradicciones que se estaban gestando en el seno de la producción entre la renta de la tierra y el capital. Es el caso de Hobbes, Maquiavelo, Spinoza. En estos, por ende, se hace perceptible un desprecio general hacia la nobleza, otro rasgo característico de la burguesía, aunque ella se jacte de estar libre de valoraciones y de intereses.
Los cuales empiezan a fundar la teoría iusnaturalista de la sociedad, la cual principia confrontando a la concepción feudal del poder. Aquella que estaba dominada por el espíritu aristotélico-tomista, la cual podremos reducir a la formula “…el todo es anterior a la parte ” Esta lo que pretende indicar es que priman los intereses colectivos a los individuales, que además la relación gobernantes-gobernados, es una relación natural como antes señalaba. Es lo que comúnmente se ha denominado organicismo. La teoría iusnaturalista, por el contrario, argumenta que priman los intereses del individuo por encima de la sociedad. Que, la relación gobernantes-gobernados se da a través del consenso entre los asociados.
Donde mejor se puede encontrar acabada dicha teoría es en el constructo teórico hobbesiano, en que por medio de una situación hipotético-racional denominado por el autor como estado natural, es decir, en una situación imaginaria donde se encuentran individuos separados los unos de los otros, por sus pasiones y sus intereses, que además son concebidos eternos e inmutables, contrapuestos, y obligados por su razón instrumental, a huir de un desgarramiento reciproco generan normas generales para la vida en común.
Lo que cabe resaltar de estas tendencias, dentro del marco del iusnaturalismo, es que con la utilización del método experimental proveniente de la física mecanicista, pretenden fundar leyes eternas e inmutables que posee la naturaleza humana, presuponiendo que en el curso de la naturaleza se da una cierta regularidad. Hobbes, por ejemplo, encontrara que los hombres a lo que más le temen es a la muerte, es decir, el impulso a conservar la materia viva y que por esto se inclinaran a un poder sin límite alguno. Es la clara correspondencia de un pensador burgués atendiendo a los problemas más acuciantes de su época, debido a la situación en la que se encontraba Inglaterra por aquel entonces, y que hizo que este tuviera que huir. ¿Pero que necesitaba, en aquel entonces, las burguesías nacionales? Pienso en algunas aseveraciones hechas por Horkheimer en sus primeros escritos de 1930 donde afirma que este “No dedico su ciencia a un monarca, ni a una república, sino al poder político más fuerte, lo mismo que Maquiavelo.” (Horkheimer, Historia, metafísica y escepticismo , 1995, pág. 48) Por aquel entonces, lo que se buscaba, era establecer los dominios de un poder político centralizado, el cual además permitiera el avance progresivo del comercio, la navegación, la distribución de la tierra.
En estas teorías empieza a surgir, entonces, “[…] la idea de que lo decisivo en el hombre es invariable…pese a todo cambio de lo aparente, la esencia permanece igual.” (Horkheimer, Sobre el concepto de hombre y otros ensayos, 1970, pág. 28)
Por ello,
“En el fondo los antropólogos, cuyo pensamiento se centra en torno a la fuerza y al poder, conciben la historia de la humanidad como una forma de historia natural que amenaza a la historia como una degeneración. El hombre: una raza de rapiña que mantiene su existencia a costa del resto de la naturaleza de un modo más brutal que toda otra especie de bestias rapaces, en razón de que la naturaleza ha dotado muy deficientemente en más de un sentido. Ese hombre y su violencia habrán de ser el principio fundamental de la comunidad. Pues, tal como lo expresa un antropólogo moderno, la historia prueba que el sentido primerísimo de un pueblo consiste en preservar su existencia. (Horkheimer, Sobre el concepto de hombre y otros ensayos, 1970, pág. 35) Horkheimer, M. (1968). Teoría crítica. Buenos Aires: Amorrortu .
Horkheimer, M. (1970). Sobre el concepto de hombre y otros ensayos. Buenos Aires: Sur.
Horkheimer, M. (1995). Historia, metafísica y escepticismo . Barcelona: Altaya.
Romero, J. L. (1987). Estudio de la mentalidad Burguesa. Madrid: Alianza Editores.

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2 comentarios - La forma actual de concebir el hombre

@dario29 +1
Me pregunto si alguien lee todo esto?
@lutico
con imágenes, y abstract... quizá...