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2ª entrevista al Escriba - 1ª Pregunta

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2ª ENTREVISTA a “El ESCRIBA”

Por Alfredo López Cruzado




1ª pregunta:

Alfredo:

Ahora que está de moda preguntarse sobre el origen del Universo, yo no sé qué pensar, porque la Ciencia, en su mayoría, afirma que el origen del Universo es una gigantesca explosión de luz y calor.

Por otro lado, la Iglesia afirma que en el origen del Universo está La Palabra de Dios...


¡¡¡Hágase La Luz!!!



Aunque luego sigan caminos diferentes, a mí me parece que entre estas dos afirmaciones hay cierta semejanza que me gustaría aclarar, si es posible. ¡Qué me dices!


¿Quién tiene más razón la Iglesia o la Ciencia?



Respuesta de “El Escriba”:

Ambas tienen razón y ambas siguen a oscuras. Ninguna de las dos afirmaciones da suficiente luz a nuestro entendimiento, ambas necesitan su buena dosis de fe, ambas se apartan de la lógica que debe acompañar a toda reflexión razonable.

Por un lado la Iglesia nos quiere hacer creer, sin más explicación, que Dios creó el mundo en seis días y el séptimo descansó.

Esta afirmación más destinada a la Fe que a la Razón, pasa por alto un pequeño detalle fundamental: “que el Universo aún sigue creciendo”, todavía se está construyendo, aún está por terminar. Lleva miles de millones de años expandiéndose, creciendo en todas direcciones, ocupando más y más espacio para sí mismo a una velocidad siempre constante, que resulta ser nada más y nada menos que la velocidad de la luz.

Tras esta observación, comprobada científicamente, la propia Ciencia, a continuación, se atreve a afirmar sin ningún rubor, sin fundamento ni razón, que el Universo no tendrá un final, que seguirá creciendo y creciendo sin parar de crecer jamás.

Hace falta fe para descansar en la creencia de la Iglesia cuando afirma que el mundo es una obra de siete días y también hace falta fe en la Ciencia para creer que la expansión del  Universo no tendrá fin, cuando la propia lógica Universal nos enseña que todo cuerpo material tiene su principio y su final en el Tiempo.

De modo que resulta más lógico pensar que si el Universo tiene una edad que la Ciencia puede calcular, si tiene un principio en el Tiempo, debe tener necesariamente, o debemos esperarlo así, un final en el Tiempo.

Pero es que además, cuando la Ciencia nos dice que el Universo tiene una edad, tiene un tiempo, resulta que no sabe explicarnos qué es el Tiempo y, mucho menos, cuál es su origen o su causa. Limitándose a afirmar tímidamente que el Espacio y el Tiempo nacen juntos a la vez.

Cada una por su lado, la Iglesia y la Ciencia hacen afirmaciones que son actos de fe más que ejercicios de reflexión y razón lógica.

Se hace necesaria entonces una reflexión más profunda sobre este asunto:


Todos compartimos la misma Realidad. Somos parte integral del Universo



La Lógica que construye el Espacio Universal es la misma que nos construye a nosotros.


Todos usamos la misma lógica para razonar,

pero su resultado se ve empañado por la perspectiva individual, la educación y los prejuicios.



Cuando todos hablemos el mismo lenguaje y demos a cada palabra el mismo significado, comprenderemos cuán sencilla y maravillosa es la Realidad en que vivimos, la Verdad del Universo y la Verdad de nosotros mismos.

Vamos a poner juntas las afirmaciones religiosas y científicas sobre la misma cuestión, intentando encontrar, si es posible, la forma de conciliarlas a la luz de nuestro entendimiento. Todos estamos inmersos en la misma Realidad, todos vivimos en este espacio que es la Tierra, ocupando nuestro lugar en ella, mientras ella ocupa su lugar en el Universo.

Todos estamos condicionados por dos agentes misteriosos siempre presentes en nuestras vidas.

¿Quién no ha tenido sus más y sus menos con el  Espacio y con el  Tiempo?

Las plantas “luchan entre sí” para tener más  espacio propio y más  tiempo de Luz.

Los animales “encuentran” su  espacio , lo defienden y no dejan de luchar por sobrevivir más  tiempo.

También nosotros, seres humanos, somos capaces de hipotecarnos con tal de disponer de un  espacio propio y por todos los medios, buscamos el modo de vivir más  tiempo.

Todos tenemos el Espacio a la vista, lo podemos recorrer, tocar y medir, aunque su origen y su destino son un misterio que la Iglesia y la Ciencia, cada una por su lado, tratan de aclarar.

¿Qué es el Universo? ¿Cuál es su origen? Junto a estas incógnitas, otra aún mayor:
¿Qué es el Tiempo? ¿Cuál es su relación con el Espacio?

Si no resulta fácil explicar el misterio que representa el origen de la materia que forma el Espacio Universal. Tampoco resultará fácil explicar el misterio que representa el Tiempo, tan íntimamente ligado al desarrollo, al movimiento, al crecimiento del Espacio. Porque mientras todos los espacios son visibles, tangibles, el Tiempo es invisible, intangible, pero ahí está, como un reto a nuestra razón ante una realidad que se ve renovada a cada instante, sorprendiéndonos, cada día con algo nuevo, condicionando nuestras vidas, dándonos oportunidad de crecer, de aprender, de madurar.

No hay debate entre Iglesia y Ciencia acerca de la realidad que es el Tiempo.

La Ciencia afirma que el Tiempo es la Cuarta Dimensión del Espacio, pero no termina de explicarlo bien y la Iglesia no responde alto y claro.

Sobre el Espacio, la Ciencia cree que el origen del  Universo está en la  Nada y que el desarrollo Universal se debe al caos, el azar o la casualidad.

La Ciencia se lo atribuye todo a la casualidad y la Iglesia se lo atribuye todo a Dios.


“¡Dios no existe!” proclama la Ciencia.

“¡No creemos en la Casualidad!” clama la Iglesia.



La Iglesia nos dice que el Universo es obra de Dios, aunque ignora los medios y el tiempo que emplea Dios para crearlo.

¿Cómo y para qué crea Dios el Universo?

Por otro lado, la Ciencia nos dice, que el Universo se crea en base a Leyes científicas, lógicas y razonables de las que ella puede dar pruebas. Pero, como no conoce el origen o la autoría de estas Leyes, saca la conclusión de que son obra de la casualidad.

Lo cual es un modo de reconocer que no necesita preguntarse quién es el autor de las leyes que va descubriendo y haciendo suyas.


La Ciencia debe preguntarse más seriamente:

¿Qué energía alimenta la expansión Universal?



Que la energía no se crea ni se destruye, es un principio, que cabría considerar en un  Universo estático. Con la energía bien encerrada, que no es nuestro caso. Porque nuestro Universo no es estático, se expande a velocidad de vértigo y necesita ingentes cantidades de energía para alimentar su desarrollo,

La Teoría de la Densidad de la Materia de Friedmann, concentrando toda la Energía del Universo en el punto de origen, se la pueden tragar todos los que quieran, pero no alimentará a ninguno de verdad.

Como si le decimos a un niñito que toda la energía y toda la materia de un gran pino estaba dentro de la semilla que le dio origen.

Y que toda la energía y toda la materia que construyen el pino, volvería a caber en el interior de la semilla, con sólo darle al Tiempo marcha atrás.


¿Tiene alguna lógica esta afirmación?



Tampoco cabe la energía y la materia del Universo en ningún punto de origen por muy caliente que pudiera ser. El origen del Universo no puede estar en una explosión de energía caliente que se materializa según se va enfriando.


El calor no puede originar materia, y mucho menos, ordenar su complejidad.

El calor es un efecto eléctrico.

En todo caso, sería la electricidad quien está en el origen de la materia.



De manera que, mientras, la Iglesia se conforma con decirnos que Dios es el autor de Todo, ignorando ¿cómo se hace todo?

La Ciencia se conforma con interpretar cómo se hace todo, y así aprende, ignorando al autor.

“¡Dios es Todo, Dios es Amor!” confiesa la Iglesia. Acerca del Amor nos dice: es una fuerza misteriosa de origen Divino que lo abarca Todo.


Es la fuerza que une entre sí a la pareja y mantiene unida la familia.



Damos por entendido que esta fuerza de origen Divino, que forma parejas para garantizar la continuidad de la especie humana, es la misma fuerza, grado arriba grado abajo, que une las parejas de todas las demás especies. La fuerza que mantiene a la madre pegada a sus hijos debe ser la misma fuerza que mantiene a cualquier fiera junto a sus crías.

Estando Dios en Todo, la fuerza que une a las parejas en todas las especies superiores, debe ser la misma fuerza que une a las parejas en las especies inferiores, en las más inferiores aún y en las más inferiores de todas.

¿Qué pasa con la unión natural y espontánea entre dos partículas subatómicas, dos átomos, dos moléculas o dos células?


¿Hablamos de fuerzas diferentes o de grados de una misma y única fuerza?



También los planetas, los soles, las galaxias, necesitan una fuerza para unirse y mantenerse unidas.

Ya sabemos que para la Ciencia son cuatro las fuerzas que construyen el Universo: Gravitatoria, Electromagnética, Nuclear fuerte y Nuclear débil. Pero, en realidad, le sobran tres como iremos descubriendo. El Autor Universal sólo necesita una Fuerza para materializar el Universo.

Sigamos por ahora, nuestra propia reflexión.

Esta fuerza misteriosa, de origen divino, que la Iglesia llama Amor podemos definirla como una Fuerza de unión, una Fuerza de alcance Universal. Una misma y única Fuerza que tiende a unir individuos o cuerpos entre sí, para formar grupos o cuerpos mayores, que también se unen entre sí, para formar otros mayores aún y más complejos.

Esto resulta obvio:

Las partículas se unen para formar átomos, los átomos se unen para formar moléculas. Las moléculas se unen para formar las células que forman nuestros órganos, que también se mantienen unidos para  dar forma a una unidad mayor que es nuestro cuerpo.

Observando la Realidad, se deduce que el Amor es una fuerza, como afirma la Iglesia, pero de mucho mayor alcance. Mayor aún que el que le atribuyen los poetas cuando lo describen como una fuerza luminosa, inspiradora, un impulso irresistible, un deseo irrefrenable, una fuerza atrayente, absorbente, que nos arrebata y nos dirige.

Esta fuerza misteriosa, que la Iglesia llama Amor, entre parejas, es mucho más que la fuerza que construye la familia, manteniéndola unida.

Es la Fuerza Constructiva del Universo. Es por excelencia..., la Madre de todas las fuerzas.


Pero, ¿qué nos dice la Ciencia sobre el Amor?



Para la Ciencia, el Amor es una reacción química-orgánica, sin mayor fundamento científico.

Veamos, ahora, qué nos dice la Ciencia sobre el Espacio, ¿cómo se crea, cómo se materializa y se hace visible, tangible?

Sobre este asunto, la Ciencia nos dice que la materia está construida a base de partículas que se unen por sí solas y se mantienen unidas gracias a una Fuerza misteriosa, de origen incierto, que se llama  Magnetismo, una Fuerza Atractiva de carácter Universal.

Aunque no sepan ponerse de acuerdo la Iglesia y la Ciencia, una pequeña reflexión es suficiente para entender que una sola Fuerza construye y mantiene unido el Universo.


La Ciencia la llama Magnetismo

La Iglesia la llama Amor.

La Ciencia distingue entre magnetismo Fuerte y Débil

La Iglesia distingue entre Amor Divino y Humano.



La verdad es que hay un solo Magnetismo, como hay un solo Amor. Diferentes grados de una sola fuerza.


Una sola Fuerza y un solo Poder construyen y ordenan el Universo.



Ya sabemos el nombre de la Fuerza Universal y cuál es su misión, unir cuerpos pequeños para formar cuerpos mayores.

Miremos al Tiempo, ¿cómo actúa para ordenar el Espacio, la materia? La respuesta resulta obvia:

Si tenemos una fuerza que une partículas para formar materia y nada más, la materia  sería compacta y no podríamos darle forma, de modo que, necesitaríamos un modo de separar y mantener a distancia. Necesitaríamos, además de una fuerza para unir, un poder para separar.


La Fuerza que une la materia es el magnetismo.

El Poder que la separa y la ordena es la electricidad.


Los medios que emplea el Autor del Universo para materializarlo y darle forma son sólo dos.

Una Fuerza que une y un Poder que separa

Magnetismo y Electricidad.


La Fuerza que construye el Universo es  una sola.

Una sola Fuerza con dos caras. La Fuerza Electromagnética.



El Magnetismo es una Fuerza, la Electricidad es más que una Fuerza, es un Poder.

El Magnetismo es la Fuerza que une, mientras que, a la vez, la Electricidad es el Poder que separa.


Con esta Fuerza y este Poder se materializa y se ordena el Universo.

Siguiendo las directrices del Tiempo.



El equilibrio de fuerzas entre el Sol y la Tierra no está sólo en su Magnetismo, su Gravedad, que los atraería sin freno.

Hace falta y ahí está, invisible, un Poder que separa, que frena, que repele.

Del equilibrio de la Fuerza atractiva, Magnética, y del poder repulsivo, Eléctrico, dependen las órbitas planetarias.

Las complejas e ilógicas teorías científicas sobre la Creación Universal, nada tienen que ver con la sencillez, la economía de medios y la eficacia del Autor Original.

De modo que, si el Espacio es de carácter material, magnético, visible, tangible y medible en sus tres Dimensiones, largo, ancho y alto.

El Tiempo, es su opuesto, de carácter inmaterial, eléctrico, invisible, intangible


El Tiempo es una realidad del Universo que no responde a las leyes del Espacio.

El Tiempo tiene sus propias leyes.



El estado anterior de la materia es la Luz, la energía, la electricidad, el Tiempo... todo es lo mismo.


Quien construye la materia es la Luz.



El origen de la materia de nuestro planeta está en el Sol nuestra fuente de luz- energía- tiempo.

Es el Sol quien aporta la materia prima que construye los Planetas. Las partículas electromagnéticas que vienen del Sol, nos traen energía y materia. Además de la materia que aquí se forma con la energía del Sol.

El Sol no es un cuerpo de naturaleza material, magnética como el Espacio, sino de naturaleza intangible, eléctrica, como el Tiempo.

El origen del Sol no está en el Espacio, la 3ª Dimensión, sino en el Tiempo, la 4ª Dimensión.


El Sol no es energía materializada. Sino la energía que materializa.

El Sol no es producto del Espacio, sino del Tiempo.



¿Nacen a la vez el Espacio y el Tiempo como afirma la Ciencia?

La realidad es que el Espacio y el Tiempo no nacen a la vez, sino que uno es la causa del otro.

La causa o el origen del Espacio está en el Tiempo.

Además, el Espacio no se materializa sin un proyecto anterior. La directriz que sigue el  Espacio para materializarse y ordenarse está en el Tiempo, en la luz que la Ciencia llama Energía Oscura.

Todo espacio con lugar y función en el Universo se materializa en base a un patrón de Tiempo, de Luz.


La mano invisible que ordena el Espacio, es el Tiempo.

El principio Director del Espacio es el Tiempo



Del modo más sencillo se puede entender la realidad, que es el Tiempo y su íntima y  necesaria relación con el Espacio, imaginando un mapa de caminos trazados con energía, con luz invisible.


Un camino de energía que siguen las partículas y los átomos



El Espacio se va materializando sobre este mapa de Energía, de Luz, siguiendo sus directrices, las directrices del Tiempo.

El Universo  no se ordena con azares y milagros que surgen de la nada. El Universo se ordena con  Lógica, con directrices lógicas, previamente proyectadas, encaminadas a un propósito, a una solución final.

Como cualquiera de nosotros proyecta mentalmente una obra antes de materializarla. De  modo semejante, salvando las distancias, antes de “materializarse” el Espacio, El Autor del Universo, lo proyecta en un Tiempo y sobre el Tiempo proyectado se irá materializando el Espacio, en un orden de menor a mayor.

Quien pudiera alejarse del Universo para verlo desde fuera, vería la realidad que es el Tiempo. Vería el Universo proyectado en Tiempo, en Luz, desde su primer instante hasta el último, desde su principio a su final.

Vería la parte del Universo que ya está materializado, nuestro pasado, el pasado del Universo. Mirando hacia delante, vería la parte que falta por materializar, nuestro futuro, el futuro del Universo.

También vería a qué velocidad se materializa el Espacio sobre el Tiempo, vería a qué velocidad transcurre nuestro presente, “el ahora”.

Podría calcularnos el tiempo que le falta al Universo para llegar a su fin. Podría anticiparnos: “El Final de los Tiempos”.


Sobre este asunto la Ciencia y la Iglesia tampoco están de acuerdo.

Mientras la Ciencia opina que el Universo nunca terminará de crecer, que su expansión no tendrá fin. La Iglesia nos habla del “Final de los Tiempos”, sin saber explicarnos, de modo razonable, su significado.

La Ciencia se equivoca al afirmar que la expansión del Universo no tendrá fin, sin avalar su afirmación con alguna reflexión razonable. Esta afirmación no tiene base científica, es especulativa, pura superstición.

Sin embargo, aunque no sabe explicarlo de modo razonable, la Iglesia se acerca más a la verdad, cuando nos dice que al principio del Universo está la Palabra, ¡Hágase la Luz! Pero necesita una pequeña aclaración.

Quien hiciera tal revelación a la Iglesia, usó la palabra exacta, pero quien la escuchó y la interpretó para contárnosla, se equivocó.


¡¡Hágase la Luz y la Luz se hizo!!



Esto no se debe interpretar como el comienzo del Espacio, puesto que ya sabemos que el Espacio es la materia y el Tiempo es la Luz. [


¡Hágase la Luz! no es ¡Hágase el Espacio!

¡Hágase la Luz! es ¡Hágase el Tiempo!


La Luz es el Tiempo y el Tiempo se ordena con la Palabra.

¿Qué significa que el Tiempo se ordena con la Palabra?



Esta afirmación, aunque puede explicarse, está fuera de lugar en este mundo cuya realidad es el Espacio, la materia.

Sin embargo, incluso aquí, en este mundo material, nadie me tildaría de fantástico, si digo que un empresario ordena el Tiempo de sus empleados, con   “la Palabra”.

Dicho de otro modo:

Un empresario ordena la acción de sus obreros, el trabajo que deben hacer, “con su Palabra”


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Una vez que hemos aclarado que el origen del Universo está en el Tiempo y no en la Nada, como afirma la Ciencia, tampoco nos da una razón lógica para creer que la expansión del Universo no tendrá fin.

Por ello, cabe preguntarse:

1.- ¿Para qué está creciendo el Universo? ¿Cuál será su realidad final?

La  Ciencia cree que fuera del Universo reina la Nada, un vacío carente de Espacio, Materia y Tiempo.

2.- ¿Cuál es la realidad fuera del Universo?

3.- ¿Qué futuro aguarda a la Humanidad? Reflexionemos:

Si el tamaño de nuestro cuerpo fuera tan pequeño como el de las partículas que forman los átomos, y estuviéramos  viviendo en el interior de un feto en desarrollo, dentro del vientre de una madre, nos preguntaríamos: ¿para qué está creciendo este espacio gigantesco? ¿Cuál es su origen y su fin?

Los órganos del feto que crecen y se ordenan en su interior los veríamos del tamaño de las galaxias y estaríamos estupefactos ante su inmensidad. De modo semejante, nos hacemos estas preguntas, estando nosotros en el interior del Universo, mientras se va materializando en todas direcciones, ocupando más espacio para sí mismo.

Tendríamos que ser más viejos que el propio Universo y verlo crecer desde fuera para dar fe de su realidad.

Como nadie puede creer que tal cosa sea posible, si queremos respuestas, necesitaremos un poco de inspiración, reflexión y razonamiento lógico para alcanzar una certeza razonable. Para empezar:

No es razonable pensar que hay una lógica en el interior y otra en el exterior del Universo.

Hay cierto fundamento para pensar que la lógica que construye el Universo es una sola y siempre la misma. Porque nada nos indica lo contrario, hasta el momento.

Estando dentro del Universo, podemos observar a simple vista, la lógica que sigue el desarrollo de cualquier semilla de la naturaleza, según va creciendo, según se va materializando, ocupando más y más espacio para sí misma.

Alguien que nunca ha visto el desarrollo de una semilla, de principio a fin, nos preguntaría:

¿Para qué está creciendo la semilla?

Responderíamos que para mostrarnos su propia realidad, su perfección en el espacio. La perfección de su cuerpo. Perfección cuyo desarrollo está previamente ordenado en la semilla.

La vida tiene muchos tamaños en el Universo, pero en todas las escalas de la vida, rige una misma Ley.

El microcosmos que representa nuestro cuerpo y el macrocosmos que representa el cuerpo del Universo se asemejan.

El desarrollo del feto dentro del vientre materno es análogo al desarrollo del Universo.

A partir de un punto de origen, el feto humano se va expandiendo en todas direcciones, ocupando más y más espacio para sí mismo, hasta que alcanza su mayor perfección, al final de su tiempo de gestación.

El porqué de todo ello es porque tal perfección, se hace necesaria para nacer a este mundo.

De modo que, la realidad final del feto es la perfección de su propio cuerpo, para nacer y poder disfrutar de movilidad en un espacio mayor, fuera del vientre de la madre, una vez que nace a este mundo cuya realidad es el Espacio. La Tercera Dimensión.

Igual que si fuera un feto humano, salvando la distancia de tamaño y tiempo, también la realidad final del Universo, su lógica constructiva, al fin de su Tiempo de desarrollo, ha de ser su mayor perfección para poder nacer y poder disfrutar de movilidad en un mundo cuya realidad es el Tiempo. La Cuarta Dimensión

De modo que, el Universo no puede crecer para aumentar su desorden, el Espacio no se está desordenando, ningún espacio dentro del Universo se desordena, cuando crece, y el Universo es un espacio que crece.

La  lógica apunta a que el Espacio Universal se está ordenando hasta su total perfección.  Como enseña la lógica de cualquier semilla.


¿Hay algo fuera del Universo o sólo la nada?

Respuesta:

Ya sabemos lo que dice la Ciencia.

¿Sabe la Ciencia lo que dice?



Por un lado, nos impone en la educación un pretencioso principio universal:

La energía ni se crea ni se destruye, únicamente se transforma.

Este principio niega la existencia de la creación de materia o energía a partir de la nada.

Por otro lado, la ciencia define la  Nada como   “Un vacío carente de Espacio, Materia y Tiempo”.

Y por otro lado, nos dice que el Universo, una realidad de materia y energía – espacio y tiempo, tiene su origen en la nada y se desarrolla en medio de la nada.


¿Dónde está la coherencia lógica? ¿Y el razonamiento?



Según parece, la nada es una caja de sorpresas de donde pueden salir universos, dragones y princesas.

Bromas aparte.

Hay muchas cosas que la Ciencia supone o inventa para rellenar las lagunas de sus propias teorías sobre el Universo, que nada tienen que ver con la Realidad.

Realidad que puedo probarte, con Razón, haciendo tú las preguntas adecuadas.

Observando lo bien que se organiza la vida dentro del Universo, ¿no es más lógico considerar la existencia de vida más vieja y altamente organizada fuera de nuestro Universo?

Sólo un feto desarrollado en la oscuridad del vientre materno, antes de nacer a este mundo, pensaría igual que la Ciencia.

“Fuera de esta oscuridad en la que me he desarrollado, sólo puede existir la nada”.


De la nada vengo

De la nada soy

De la nada, espero sólo la nada.


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Fuera del Universo existe una realidad bien distinta, tanto como la noche y el día. Mientras que aquí dentro del Universo reina la oscuridad. Fuera del Universo reina la luz.

Mientras que en el interior del Universo solo podemos ver la luz cuando se refleja al chocar en los cuerpos, y sin la luz del Sol todo queda en la oscuridad.

En el mundo exterior, fuera del Universo, el espacio tiene luz propia, el suelo, las piedras, la hierba, los árboles, los animales, los seres humanos, los planetas... Todo, Todo, tiene su propia luz.

La  realidad que existe fuera del Universo no se puede imaginar estando dentro.


Dentro, está la dimensión del Espacio. Fuera, está la dimensión del Tiempo.
En la Cuarta Dimensión, es visible el Tiempo, la luz, el Alma del Espacio.



Si la realidad del Espacio es la oscuridad, la realidad del Tiempo es la luz y el color.

El Tiempo, la dimensión que está más allá del Espacio, es un lugar tan grande que nuestro inmenso Universo en expansión ocupa, en su interior, un lugar muy pequeño.

Son incontables los Universos que tienen su lugar y su función en la Dimensión Mayor que es el Tiempo Eterno. La Eternidad. La Cuarta Dimensión. Pero todos sin excepción han pasado por el mismo trance que debe pasar el nuestro.

Todos los Universos que habitan la Cuarta Dimensión han tenido el mismo origen que el nuestro.

Todos han tenido el mismo Padre y se han desarrollado en el vientre de la misma Madre.


Son hermanos de la misma sangre a los que sólo les separa un Tiempo.



Cada Universo es el hogar propio de una Humanidad semejante a la nuestra y cada Humanidad pertenece al Universo que habita. Como las células del cuerpo pertenecen al cuerpo y tienen en él su razón de ser, su lugar y su función.


Todos los Universos siguen el mismo recorrido por la Cuarta Dimensión.

Todos tienen un mismo destino. La Quinta Dimensión.



Las Humanidades que los habitan, en función de su edad, gozan de un estado de bienestar que nosotros no podemos ni imaginar. Viven en auténticos Cielos, de materia, luz y color. Hasta el aire que aquí no vemos y respiramos, allí es luz.

La atmósfera es un mar de luz y su solo contacto es como un baño de amor, dulce y placentero. Un mundo sin sombras, sin noches, sin incertidumbres, sin dolor ni decrepitud ni muerte.

El Amor y la Sabiduría que son invisibles aquí en el Espacio, son visibles en el Tiempo.

Las plantas, los árboles, los animales... se ven rodeados de un campo eléctrico de luces y colores vivientes que dan información de su memoria, de su actividad pasada, presente y futura. La luz, la intensidad, el color, el tono, forman un lenguaje que tendremos que aprender.

Las emociones, los pensamientos, las ideas, también son visibles en la Dimensión del Tiempo.

Las imágenes mentales que aquí nadie puede ver, allí se ven proyectadas en Luz. Con la misma exactitud y nitidez que seamos capaces de imaginar.

Los seres humanos no se reconocen entre sí por su espacio propio, por su cuerpo físico, sino por la luz y el color que irradian.

Los que tienen más Amor, más Paciencia, más Fuerza Creadora, irradian su luz a mayor distancia y con mayor intensidad.

Los que saben más, los que tienen más Poder Creador propio, tienen más colores en su campo eléctrico.

No están dominados por el deseo de tener bienes materiales, aparte de los justos y necesarios que todos disfrutan por igual.

Los bienes que más se valoran, los que todos desean en sí mismos, es tener más luz y más color propios, porque de ello dependen la Fuerza para materializar espacio a voluntad y el Poder para ordenarlo y darle Tiempo, es decir, movimiento. Aprenden a recrear la Perfección Universal como aprendices de Dios.

Allí se aprende a ordenar partículas, átomos, moléculas. Se aprende el orden de creación de todos los espacios del Universo. Se aprende a disfrutar del Poder y de la Fuerza del Gran Creador, como en esta dimensión los hijos aprenden el arte y el oficio de su padre.

No viven para trabajar, sino para aprender y enseñar el uso de la Fuerza y el Poder creador.


La Fuerza es Amor. El Poder es Sabiduría.



Sólo se construye lo que es bueno, verdadero y útil para todos, buscando la mayor eficacia con la mayor economía de medios.

La Justicia, la Educación, la Agricultura, la Maternidad, la Industria, el Orden Social... todo está maravillosamente resuelto con Amor y Sabiduría.

La diversión, el ocio, los viajes, el tiempo libre, tienen una dimensión desconocida para nosotros. Tienen un cuerpo de espacio, como el nuestro y un cuerpo de Tiempo, de Luz.

El cuerpo de luz, de naturaleza eléctrica, no choca con otros, no se rompe, no enferma ni come ni bebe ni se cansa. Se alimenta sólo de luz y con este cuerpo uno no tiene problemas de distancia.

El dominio sobre el Espacio es absoluto, en cuanto que, el cuerpo eléctrico se mueve por el Espacio a la velocidad de la luz.

El cuerpo eléctrico es el vehículo más seguro, más perfecto y más veloz para disfrutar la libertad por todo el Universo.

Cualquiera puede hacer turismo planetario visitando planetas, o sistemas solares vecinos. Aunque no puede trasportar nada material, sí puede regresar cargado de memoria, de todo cuanto ha visto, porque la memoria no es materia, sino luz, la luz que alimenta el cuerpo eléctrico.

Mientras descansa el cuerpo físico, se puede hablar con familiares a miles de kilómetros, sin necesidad de teléfono, se tarda menos en visitarles que en sacar el móvil del bolsillo.

Allí el espacio no es distancia, allí la distancia está en el tiempo. Cuanto más avanzan los Universos por la Eternidad, más luz y más color van encontrando. Más fuerza creadora y más poder creador disfrutan sus habitantes.

El libre albedrío individual es sagrado y goza del mayor de los respetos. Cuando la voluntad humana despierta a la realidad del Tiempo Universal, también despierta a la realidad de su propio tiempo, su cuerpo de luz.

En el mismo momento que el Universo nace a la Cuarta Dimensión, se despierta una nueva dimensión en la Conciencia humana individual, una voluntad colectiva de orden superior que mantiene interconectadas todas las voluntades entre sí y funciona como una sola. Una voluntad superior que tiene enlace con todas y cada una de las voluntades individuales.


Es el Alma Universal,

Es la memoria del propio Universo desde el principio hasta el fin de su expansión.



Todos están conectados a esta super-memoria que además del saber propio del Universo suma la memoria y el saber de todas las voluntades individuales de la Humanidad.

En consecuencia, tampoco necesitan ordenador.

Ni aviones ni coches ni medios de trasporte como aquí conocemos, se utilizan allí.

Disponen de un conocimiento superior, sobre todas las cosas. Aquí dentro del Universo, todavía anda la Ciencia sin explicar el origen y el funcionamiento de la Gravedad, pero allí aprenden los niños en la escuela, qué es y cómo se invierte. En consecuencia, el transporte sólo necesita un poco de amor y saber, es decir, magnetismo y electricidad inteligentemente dirigidos.

Quienes aseguran que naves espaciales procedentes de otros planetas nos visitan vigilando nuestro progreso tienen y no tienen razón.

En primer lugar, no vienen de otros planetas de nuestro universo. Vienen de más lejos.

Este Universo es el hogar propio de esta Humanidad. La Humanidad pertenece a este Universo como nos pertenecen, a cada uno de nosotros, todos los órganos de nuestro cuerpo.

De modo que si no proceden de este Planeta, con toda seguridad, tienen su lugar de origen en su propio Universo.

Por otro lado, no puede haber una nave intergaláctica construida con materia tridimensional.

Las distancias entre Universos son insalvables para la materia y tampoco hay cuerpo físico que aguante.


La materia es Espacio, y el espacio no puede viajar por el Tiempo,
porque para viajar por el Tiempo se requiere al menos, la velocidad de la luz.



En consecuencia, las naves que puedan verse y cuyo origen no está en nuestro planeta, no pueden estar construidas con materia del espacio sino con Tiempo, con luz, y pueden variar su aspecto con sólo variar su velocidad.

Pueden parecer sólidas, semitransparentes o trasparentes, pueden ser visibles al ojo humano y también pueden ser invisibles.

En cualquier caso, conviene saber que resulta peligroso para el cuerpo físico acercarse a ellas demasiado, porque en realidad, están construidas con electricidad y como no puede haber electricidad sin magnetismo, en las cercanías de estas naves hay campos electromagnéticos muy poderosos que pueden dañar, incluso matar a un cuerpo humano. De modo que si alguien se encuentra con una, que tome la precaución de observar a distancia.

En todo caso, no intervendrán en nuestros asuntos, porque el Código Ético Universal se lo impide y el Alma Universal de su propio Universo los observa.

No obstante, tienen su razón para interesarse por el desarrollo de nuestro Universo y el de la Humanidad, porque ellos ya pasaron por el proceso que a nosotros nos toca vivir en el futuro inmediato.

Para ellos ya es sabido, como también para algunos de nuestros científicos que el cuarto estado de la materia es la Luz.

La expansión de nuestro Universo se va acelerando, su materialización se sucede cada vez a mayor velocidad.

Cuando el Universo acabe su expansión, la materia que lo forma, cuyo origen está en la Luz, alcanzará la velocidad del Tiempo, la velocidad de la luz y todo el Espacio universal cobrará luz.

¡Oh, Divina Sorpresa!

Toda la materia que forma el Universo, incluida la energía y la materia oscura y por supuesto nuestro Planeta con todos los cuerpos materiales que la ocupan, ¡de repente! como por arte de magia, ¡cobrarán luz!

Todo el Universo se verá bajo una luz nueva, la Cuarta Dimensión del Espacio se hará visible.


El Alma del Espacio despertará.


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Sólo entonces, los habitantes de otros Universos podrán entrar en contacto con nosotros para recibirnos. Como un niño, que nace a este mundo, se ve recibido por su familia.


¿Qué destino espera a la Humanidad?



Un destino mucho más largo que el que apunta la Ciencia, cuando asegura que el destino de la Humanidad va parejo al del Sol. Que la Humanidad se verá destruida con el colapso final del Sol.

El Sol que nos ha ayudado a construirlo todo, terminará finalmente por destruirlo todo. Opina la Ciencia.

No sólo se equivoca la Ciencia en su diagnóstico sobre el fin de la Expansión Universal, y su realidad final.

Se encuentra sin inspiración, en un callejón sin salida, por haberse vendido al albur de la Seguridad. Está intentando mantenerse a flote en un mar de burocracia mientras sus propios prejuicios científicos son un lastre que no sabe soltar. No le queda tiempo para rectificar.

También a la Iglesia se le acaba el tiempo de sembrar. Debe afrontar su cosecha, con la Humanidad antes de pisar la Eternidad. Horas difíciles aguardan a la Humanidad.


El Entendimiento y la Fe mantendrán viva la llama de la última esperanza.



No obstante, aunque la Iglesia de este mundo todavía no ha pisado el otro.

Lleva mucho tiempo hablándonos del Cielo y de una vida inmortal que hay al final del tiempo de vida en este mundo.

De nuevo acierta la Iglesia en el fondo, pero no en la forma.

Ella será la más sorprendida cuando vea que el Cielo, no es un estado de conciencia ni una realidad virtual.

El Cielo es un lugar que se puede pisar con los pies terrenales.

Cuando vea la realidad de la Tierra Prometida, al fin, bajo sus pies, bajo los pies de toda la Humanidad. Verá cumplida: La Promesa de Dios.


Como siempre ha sido, es, y será.

La Tierra Prometida no se encuentra en el Espacio, la Tercera Dimensión.

La Tierra Prometida es el Tiempo, la Cuarta Dimensión.



Es por tanto, ¡cierto! que todos terminaremos viviendo felices en el Cielo, pero hay que entender que esto no sucede al final de nuestro tiempo en este mundo. Sino al final del Tiempo del Universo, cuando alcance su Perfección.


¡Así, todos sabrán cómo se ha construido el Cielo!



El Cielo que esta Humanidad habitará en su paso por la Eternidad.

Esta Humanidad conocerá el Cielo, pisará la Tierra Prometida, correrá sobre ella, se bañará en su atmósfera de luz y la reconocerá.

Aunque nadie sabe ni el día ni la hora que guardan este suceso, excepto DIOS PADRE. EL UNO.

Yo sólo cumplo mi deber al ofreceros mi comprensión de la realidad de este mundo y del otro, con el ánimo de daros razón suficiente que fortalezca vuestra fe para poder resistir en la larga noche que aguarda a la Humanidad, antes de tocar la Luz del Tiempo.

También conviene aclarar:

Si los muertos se levantarán o NO se levantarán de sus tumbas, al Final de los Tiempos.

Es cierto que todos podrán abrazar a los seres queridos que dejaron su cuerpo en este mundo.

Pero hay que entender que un cuerpo muerto, un cadáver, es un espacio, es materia, y la materia no puede levantarse por sí sola, porque eso es contrario a la ley de la Gravedad Universal. Es contrario a la Ley que rige el desarrollo del Espacio. Es contrario a la lógica de Dios que lo construye.

De modo que es cierto que los abrazaréis, pero no abrazaréis sus cuerpos de materia, sino sus cuerpos de luz.

Aunque nunca hayáis visto un cuerpo de luz, lo reconoceréis al instante, porque es su memoria lo que veréis primero, la memoria que compartísteis con ellos en el Espacio.


Será el día más inolvidable. Pero no por vuestros abrazos.

Sino porque veréis el Rostro de Dios.

Al Padre de vuestras Almas. El Padre de todas las Almas

Nuestro Padre Celestial.

Él es... El Autor del Universo.




FIN

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