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Bueno, este es un cuento creado por mí, es de ciencia ficción y según yo, bastante bueno. Sí os gusta escribid un comentario, y si no.... Bueno, a todos les va a gustar. Gracias por ller y si quieres más y mejores cuentos, visita www.historiasficcion.wordpress.com

Ha pasado mucho tiempo desde que el último humano pisó por última vez La Tierra, dejando atrás toda la historia de nuestro ser. Durante años los humanos se han dedicado a vivir en una nave, intentando encontrar un planeta que se adapte a sus necesidades. Solos, en mitad del universo. Perdidos, sin saber bien de donde vienen y sin tener idea de a donde van. Náufragos, en busca de un planeta que les haga sentir igual de vivos que La Tierra.

Varios cientos de años fueron los que pasaron hasta que los humanos encontraron un planeta en el que se podía vivir. Al principio se pensaba que el nuevo planeta iba a ser totalmente distinto a su antiguo hogar, pero pronto todos se dieron cuenta de que Gliese acabaría igual que La Tierra, destruida.

Los años pasaron, las ciudades crecieron y la ciencia avanzó increíblemente. Fue tanto el desarrollo de esta, que tras años de investigación y de duro trabajo los científicos crearon un portal que llevaba a la gente de visita a la Tierra prehistórica, cuando todavía tenía sentido que se le llamase a La Tierra “el planeta verde”. Los humanos utilizaron esta nueva tecnología para hacer tours en su antiguo planeta, haciendo ver a la humanidad la belleza de ese planeta, ahora lejano y perdido entre las estrellas del universo, convirtiéndose en un simple punto de luz, un punto más.

Todo iba a la perfección con el nuevo portal, llegándose a convertir el centro turístico más importante del planeta, incluso más que los pocos bosques y animales alienígenas que quedaban en Gliese. Pero fue entonces cuando llegó Thiago, un muchacho de14 años. Tenía una piel color café, ojos marrones, y un pelo tan moreno como el mismísimo espacio.

Fue un 24 de agosto cuando Thiago se enteró que había un portal capaz de llevarte a la Tierra prehistórica para ver a los animales del planeta de los que tanto se hablaba por esta época.
-Mamá en el colegio nos han dicho que es posible ver leones, ¿no te gustaría verlos? ¿Y qué me dices de los cocodrilos? –Decía Thiago a su madre a la vuelta del colegio.
-Ya veremos hijo, ese tour del que hablas parece ser bastante caro, no todos son tan privilegiados de poder ver leones y cocodrilos. Esos animales se extinguieron hace mucho tiempo.
-Por eso mismo quiero ir, sería una experiencia única. Quiero ver si es verdad que esos animales son tan… tan alucinantes como los describen en mi libro de biología.
-No se hijo, ya lo pensaremos, ahora estoy muy liada.
-Mamá… Yo quiero ir a La Tierra, ¿Quién no quiere ir?-La madre de Thiago, Carla, se acercó a su hijo, y le dijo en voz baja, casi susurrando:
-Sé que quieres ir a La Tierra, hijo mío, pero no puedes tener todo lo que quieres. Además, imagínate como se sentirían esos animales al ver que unos extraños entran en su casa sin avisar.
-A ellos no les importa, mamá, ellos murieron hace millones de años.
-Pues si murieron como los vas a ver tú, Thiago.
-¡Es que no lo entiendes! Han conseguido revivirlos para que la gente los pueda ver. Por eso es tan chulo, por que vas a ver animales muertos en carne viva.
-Bueno, tengo que hablarlo con tu padre Cristóbal antes de tomar ninguna decisión.
-¡Pero el va a decir que no!
-Bueno, por lo menos te estoy intentando ayudar, hijo. –Carla se alejó de su hijo y se puso a fregar los platos que se habían ensuciado a la hora de la cena. –Anda, ve a tu cuarto a jugar escuchar música, a ver si eso te relaja un poco.
-Sí mamá… -Thiago cabizbajo empezó a caminar hacia su habitación, una habitación desordenada y sucia. Cogió sus auriculares, su teléfono y se puso a escuchar música para intentar entrar en “su mundo” y sentirse a gusto y cómodo. Y escuchando música tumbado en su cama se quedó dormido, y entró en un sueño maravilloso.

La noche transcurrió en Gliese, y en la cabeza de Thiago, el viaje a la Tierra daba vueltas y vueltas.
-¡Feliz cumpleaños Thiago! –Dijeron sus padres.
-Vamos levántate, tu padre y yo tenemos una sorpresa muy especial para ti.
-Me acabo de despertar mamá, no puedo dormir un poco más… -Entonces Thiago se acordó de algo. -¿Es el viaje a La Tierra? Por favor que sea eso.
-Vamos, por que no lo abres, es tu cumpleaños, ya verás como te encantará. –Miguel desenvolvió el pequeño regalo apoyado en una silla de aquella moderna casa. -Vaya, no lo puedo creer… ¡Un tour en la Tierra! Gracias mamá, gracias papá.
-No es nada, hijo. –Respondió Cristóbal. –Te lo mereces por lo bien que has estado portándote este tiempo. El tour es hoy por la tarde, por que no preparas tu mochila emprendemos viaje a la ciudad.
-Sí, es justo lo que quería. –Thiago abrazó a sus padres. –Gracias por haberme escuchado, muchas gracias. -Emocionado se fue a su habitación nombrando todo tipo de cosas que fue colocando en su mochila. En el salón se quedaron Carla y Cristóbal, asombrados por las ganas de su hijo de ir a La Tierra. Tras hablar sobre como sería el viaje al centro de la ciudad, prepararon sus mochilas y los 3 emprendieron rumbo a esta emocionante aventura.

Antes de ir al portal, se dieron una vuelta por las tiendas y los mercados de la zona. Comieron en un restaurante peruano, fueron a una tienda donde regalar algo más a Thiago y cogieron el coche para ir al lugar.
-Buenos días familia.
-Buenos días. –Dijo Cristóbal. –Teníamos reservado tres viajes a las cuatro en punto.
-A ver… Sí, arriba esta Carlos, él os explicará todo y os meterá en el planeta Tierra. Por favor, pasen por aquí.
Los 3 cruzaron una puerta, llegando a la sala donde la aventura los esperaba. Era una sala grande pintada de blanco, una gran sala vacía. Tan solo se podía ver una máquina de acero redonda, de al menos 3 metros de alto, conectada a muchísimos cables que desaparecían detrás de una puerta donde salía “Prohibido entrar, alto voltaje.” De esa puerta salió un hombre alto y delgado, con una descuidada barba que le cubría la mayor parte de la cara.
-Tú eres Carlos, supongo. –Dijo Cristóbal.
-Bien supuesto. Yo soy Carlos, vuestro guía y supervisor una vez dentro de La Tierra.
-¿Cuándo vamos a entrar?
-Hijo presta atención, escucha atentamente lo que va a decir ese señor.
-Pero si son siempre las mismas reglas en todos lados. Yo quiero entrar…
-Y lo harás, pero primero tienes que escuchar las instrucciones. –Dijo el guía. –Bien, el tour dura 15 minutos, en los cuales haremos un recorrido viendo a muchos de los animales que habitaban la Tierra hace miles de años. Las reglas son 3 y son muy simples. Regla número uno, nadie se separa del grupo, nunca puede quedarse nadie solo. Regla número dos, cuando yo diga, todos entraremos al portal de vuelta aquí. Y la última regla, divertíos, esta es una experiencia única.
Los 3 miembros de la familia aplaudieron, y se fueron a los probadores para cambiarse y ponerse la ropa que había en él: Un traje verde que cubría todo el cuerpo con una visera en los ojos para poder ver, unas botas negras y una cámara de fotos un tanto extraña.
Thiago, Carla u Cristóbal caminaron por la vacía sala hasta el portal.
-Bien, ¿Preparados? En cuanto se encienda el portal podéis saltar a él, una vez ahí no os alejéis, para empezar todos juntos. –El portal se encendió, y una extraña capa rellenó el círculo creado por la máquina. Los tres saltaron juntos. La vista se les nubló y se marearon. En cuanto abrieron los ojos para ver donde estaban lo vieron, un planeta verde de verdad, lleno de árboles gigantes y hierva fresca. Una mariposa naranja pasó volando enfrente de los tres, haciéndoles sentir las personas más felices del mundo. Enfrente suyo había un camino de hierva con arbustos a los lados. Las gigantes palmeras crecían a los lados de los arbustos, y si conseguías ver detrás de los árboles podías ver gigantes montañas cubiertas de árboles. Los tres miraron al despejado cielo de La Tierra y pudieron ver unos pájaros amarillos cruzando el lugar, trinando una hermosa melodía entre todos. Una suave brisa acarició la mejilla de la familia, haciéndoles reaccionar ante el bellísimo paisaje.
-Bien, esta es La Tierra, nuestro antiguo hogar.
-Vaya, es…
-Es magnífico. –Interrumpió Cristóbal a su hijo.
-Increíble… -Dijo Carla.
-Bien, el tiempo corre. Podemos quedarnos aquí viendo estas palmeras o ir a ver a los animales más peligrosos que habitaban la Tierra.
-Entonces avancemos. –Contestó Thiago.
Caminaron sobre el sendero, mientras que a los lados empezaban a verse animales de todo tipo.
-Bien, si miramos a la derecha podemos ver a la jirafa camaleopardalis, más conocida como la jirafa común.
-¡Es altísima!
-Sí, muchacho. La jirafa común puede llegar a medir 5.8 metros, y su gran cuello le permite comerse las hojas de los árboles más altos. Y si miramos a la izquierda podemos ver al aluropoda melanoleuca, también conocido como oso panda o panda gigante. Entró en extinción muy rápido, haciéndole desaparecer del mundo animal en el año 2027.
-¿Vamos a ver a un león?
-Disfruta al resto de animales, muchacho, ya veremos al león.
Los 4 continuaron su paseo por La Tierra viendo todo tipo de animales, desde gigantescos rinocerontes hasta pequeños e indefensos insectos. Thiago, más que a escuchar, se dedicó a tomar todo tipo de fotos a los animales, quería recordar esta experiencia para siempre. Y así paso el tiempo, hasta que llegaron los 14 minutos.
-Bien, el tour se acaba aquí, espero que hayan disfrutado de esta increíble experiencia.
-Desde luego que la hemos disfrutado. –Contestó Carla. -¿Verdad que sí Thiago?
-No hemos visto al león.
-Son animales, normalmente aparecen todos lo que tenemos, pero a veces alguno se va a otro sitio y no va cerca del camino. Pero aparte de eso, has visto cientos de animales que tus amigos jamás verán. –En un lado del camino el portal se abrió. –Ya se ha abierto el portal, tenemos que entrar. –Carla y Cristóbal entraron los primeros. Thiago cabizbajo fue hacia el portal, y justo cuando se iba a ir, escuchó el sonido de un león, se giró y lo puedo ver: Un enorme y precioso león apareció en el camino de hierva. –Deja al león Thiago, entra, el portal se cerrará.
Thiago, cegado por el león, caminó hacia él. -¡Thiago, vuelve! –Thiago miró a Carlos a los ojos durante un momento, volteó la cabeza y se fue donde el león. -¡No! –Carlos fue corriendo hacia Thiago, lo cogió de sus hombros, y justo cuando iban a entrar, el portal se apagó, dejándoles solos en La Tierra.
-¡Por todos los santos! –gritó Carlos. Se dio la vuelta y fue a donde estaba Thiago, ahora de rodillas y a punto de llorar.
-Nos… Nos hemos quedado… atrapados. –Carlos se acuclilló y se acercó al joven.
-Eh, vamos a salir de aquí. Ya se nos ocurrirá algo. Nuestra mayor preocupación ahora es un refugio.
-Yo se hacerlo. –Thiago se levantó, y a su vez Carlos. –Me enseñaron en un campamento hace no mucho tiempo.
-Pero cuando te enseñaron, no te dijeron nada sobre la amenaza de los animales ¿no?
-¿Quieres un refugio o no? –Un gran silencio invadió La Tierra.
-¿Qué necesitas?
-Palos, necesito palos. Ve a por ellos tú, yo intentaré encontrar un lugar seguro dentro de lo que cabe.
-¿Cuántos necesitas?
-Un buen montón, y si puedes, corta un poco de fibra de la madera para atar los palos.
-No te manejas mal para ser un adolescente. –Los dos empezaron con su tarea. Thiago encontró un árbol bien alto donde se podría hacer un refugio, y Carlos, también cumplió con su deber. Se juntaron y empezaron a construir.
-Será más fácil construir si uno de los dos está abajo.
-Sí, es verdad. –Contestó Thiago. –Yo me quedaré abajo.
-Bien, pásame el palo gordo.
-No muevas ni un músculo. –Carlos giró su cabeza y vio a un tigre dando vueltas al árbol.
-¿Qué haremos? –Susurró Carlos.
-¿Y te haces llamar guía? –El tigre lanzó un gruñido a los extranjeros. –Mantén la calma, solo atacará si nos ve como a una amenaza, según mi libro de biología.
-Es un maldito tigre, nos matará.
-Conserva la calma…
-Saltaré.
-Todavía no, espera. –El tigre miró a los dos hombres con cara amenazante. –Espera, espera, espera… -El tigra saltó sobre el árbol lanzando un gruñido que retumbó en todo el planeta. -¡Ahora!
Los dos terrestres saltaron del árbol, cayendo en la fresca hierva. –¡El tigre nos sigue! –Gritó Carlos.
-Sí, ya lo veo. ¡Corre! –Turista y guía empezaron a correr hacia la tupida selva, intentando que el tigre no los cogiese. De pronto se encontraron con un precipicio de no menos de 20 metros de altura. Un río a los pies de este les hizo pensar si merecía la pena.
-Bien, no tenemos muchas opciones.
-El tigre viene. –Dijo Thiago, ahora asustado.
-¡Salta! –Y los dos saltaron al vacío mientras el tigre veía como caían al agua.

A la mañana siguiente, Thiago apareció a orillas del río, tumbado en la arena, y en seguida se dio cuenta de que estaba solo.
-¡Carlos! ¿Dónde estás? –Thiago dio una vuelta por el lugar, intentando encontrar al desaparecido. –No, no…¡Noooo…! –El joven se tiró a la arena. Estaba solo, sin poder contactarse con nadie. Solo, en La Tierra…
CONTINUARA…

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