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Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 19.

Antes que nada les cuento que aquí en mi casa coleccionamos algunos de los fascículos que vienen en los diarios. Hace un tiempo transcribí uno de los más interesantes que tenemos y he decidí compartirlo con uds. Disfruten estos nuevos 5 enigmas de la humanidad.

En el post de hoy veremos:

*El triángulo de las Bermudas
*Las poseídas de Loudun
*El secreto de los huesos de dragón
*Los curanderos filipinos
*Los estigmas de San Francisco


Y en el próximo post veremos:

*La prueba del fuego
*El poltergeist de Enfield
*El caso del platillo Roswell
*Los misteriosos dogones
*El Diluvio


Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 19.

Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 19.


El triángulo de las Bermudas
Las desapariciones en el mar han sido numerosas y aun los casos no resueltos son generalmente explicables. Pero si existe un lugar donde las condiciones en que han sucedido estos dramas permanecen aún en la oscuridad, ese lugar es sin duda el llamado "triángulo de las Bermudas".
Recién en 1964 el periodista norteamericano Vicente Gaddis empleó por primera vez esta expresión en un periódico. De ahí en adelante, el "Triángulo de las Bermudas" se utiliza para referirse a la región situada entre la Florida, las Bermudas y Puerto Rico, donde centenares de aviones, barcos y personas se han desvanecido sin dejar huellas.

Las hipótesis

Se han formulado las más diferentes hipótesis a fin de tratar de resolver el misterio del Triángulo de las Bermudas. Algunos autores hablan de visitantes extraterrestres venidos del espacio para llevarse hombres y aparatos modernos a fin de estudiarlos, mientras que otros dicen que estas desapariciones se deben a seres antropomorfos pertenecientes a una civilización muy desarrollada, que vivirían supuestamente en cúpulas submarinas en el fondo del océano. Ese lugar podría también ser el centro de una distorsión espacio-temporal que arrastraría a los barcos y a los aviones a épocas distintas a la nuestra o a otras dimensiones. Una respuesta más probable sería la existencia de un campo magnético muy poderoso susceptible de explicar algunos de los fenómenos observados, como la descompostura de los instrumentos de a bordo aunque no podría explicar otros aspectos de este enigma.


El vuelo 19 no responde
El 5 de diciembre de 1945, el vuelo 19, una escuadrilla de cinco aviones torpederos Avenger, provistos de un equipo de navegación muy sofisticado, levantaron vuelo desde la base aeronaval de Fort Lauderdale, en Florida, en una misión de rutina.
Todo se desenvolvía normalmente cuando, repentinamente, al cabo de una hora y media de vuelo, el teniente Carlos O. Taylor informó con preocupación a la torre de control que estaban perdidos y que no podían distinguir la superficie del océano.
La torre pidió entonces a los aparatos que se dirigieran hacia el oeste, pero la respuesta del oficial fue aún más sorprendente que su primera afirmación: "No sabemos dónde está el oeste. Todo parece falso, extraño. No estamos seguros de ningún rumbo. Incluso el océano no parece ser el mismo de siempre". Como el contacto radial quedó interrumpido, un gran hidroavión bimotor “Martin Mariner” fue enviado en auxilio de los aviones, pero éste desapareció a su vez, tan misteriosamente como ellos. De este modo, seis aviones y veintisiete hombres se desvanecieron en unas pocas horas, sin que ninguna explicación racional fuera descubierta por la comisión investigadora de la Marina ni por varias "revelaciones" posteriores.

Desapariciones inexplicables
Si bien el vuelo 19 sigue siendo el caso más famoso, no es un caso aislado, ya que la lista de víctimas del Triangulo de las Bermudas es larga. Por lo demás, es esta frecuencia anormalmente alta de desapariciones en comparación con las de otras zonas marítimas, junto a otras razones, lo que ha dado origen a la fama de este lugar. Así, entre 1945 y 1975, treinta y siete aviones, más de cincuenta barcos e incluso un submarino atómico, con toda su tripulación, se han evaporado sin causa aparente y sin que se haya encontrado ningún cuerpo ni resto alguno.
Notorio es el caso del Cyclop, un carbonero de la Marina norteamericana con trescientos ocho hombres a bordo, entre los cuales estaba el cónsul general Alfredo Gottschalk, que desapareció misteriosamente en 1918. Treinta años más tarde, un avión de transporte DC 3 sufrió la misma suerte mientras se encontraba a unas cincuenta millas de Miami. El último mensaje del capitán informaba, sin embargo, a la torre de control que todo estaba bien y que esperaba las instrucciones para aterrizar. Como hecho curioso, cabe señalar que, con excepción del vuelo 19, las víctimas no envían jamás la menor señal pidiendo auxilio sino, por el contrario, a menudo indican un poco antes del drama que su travesía se desenvuelve en forma completamente normal.
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Estación espacial sobrevolando el mar Caribe; los científicos han estudiado la hipótesis de las perturbaciones magnéticas.


Extraños fenómenos luminosos
Muchos testimonios se refieren, en cambio, a sucesos poco habituales, fenómenos visuales incomprensibles a observaciones de curiosas luces submarinas. Así, el remolcador de salvamento Good News, que cubría la ruta entre Puerto Rico y Fort Lauderdale en 1966, se vio repentinamente rodeado por una neblina muy espesa, y sacudido por un mar encrespado.

humanidad
Bombarderos del tipo Avenger. El 5 de diciembre de 1945 cinco aparatos de este tipo desaparecieron en el Triángulo de las Bermudas,


El compás y los instrumentos eléctricos se descompusieron enseguida, pero cuando el navío salió de esa bruma misteriosa, el tiempo estaba despejado, el mar estaba calmo y los instrumentos funcionaban de nuevo normalmente.
El mismo tipo de contratiempo le sucedió, en 1972, al piloto Chuck Wakely cuando volaba entre Bimini y Miami, creyó ver que las alas de su avión se volvían translúcidas y en pocos minutos la cabina de pilotaje era inundada por una extraña luz, mientras el aparato cambiaba de dirección sin que él pudiera evitarlo. Finalmente, la luz se desvaneció y los instrumentos volvieron enseguida a operar en forma normal.
Por fin, en 1975, cuando la lancha costera Diligence iba en auxilio de un carguero en llamas, su radio se apagó bruscamente sin razón alguna. La tripulación vio unas misteriosas luces verdes que caían del cielo. La investigación posterior no pudo, tampoco en este caso, entregar ninguna explicación racional de esta falla y de estos extraños fenómenos.

San Francisco
Los misterios del Triángulo de las bermudas vistos por el cine: una escena de la película "Nimitz, regreso al infierno", de Don Taylor (1980).


"Cementerios del Diablo" y luces submarinas

El Triángulo de las Bermudas no es la única zona geográfica donde se han producido estas desapariciones inexplicables. El norteamericano Iván Sanderson fue el primero en realizar un paralelo entre estos distintos lugares y en pensar que todos presentan perturbaciones magnéticas, así como una intensa actividad de luces submarinas, como las que han sido vistas en el Triángulo de las Bermudas. Sin embargo, sólo el "mar del Diablo" presenta semejanzas reales con este último.
El mar del Diablo. Este "mar" se encuentra en el oeste del océano Pacífico, entre Japón y las Islas Bonin. Desde hace siglos, centenares de naves han desaparecido allí sin dejar rastros. En 1967, las tripulaciones de tres barcos mercantes vieron "ruedas submarinas fosforescentes", como bandas luminosas que se movían rápidamente bajo la superficie de las aguas y que irradiaban desde un foco central giratorio. Según una leyenda japonesa, existe bajo el "mar del Diablo" un reino donde el tiempo se ha detenido...
Al oeste del Mediterráneo. El español A. Ribera piensa que existiría una especie de "triángulo del Diablo" en el Mediterráneo occidental. Para apoyar su teoría, se refiere a una cantidad de aviones, barcos y submarinos desaparecidos que, en verdad, superan el promedio mundial, pero que podrían tener una explicación racional, ya que frecuentemente se ha invocado la ocurrencia de fenómenos magnéticos.


curanderos


Las poseídas de Loudun
Urbano Grandier ¿sacerdote y brujo?

Presas de una verdadera histeria, las diecisiete hermanas del convento de las ursulinas de Loudun gritan que están poseídas por el diablo. Nombran al que hizo entrar en ellas al demonio: Urbano Grandier, sacerdote de una parroquia de la ciudad, en conflicto con la burguesía local.
Después de dos años de acusaciones, Urbano Grandier es encontrado culpable de brujería y quemado en la hoguera. Sin embargo, las crisis de posesión de las hermanas no terminan ahí.

Apariciones y posesiones
En 1632, la pequeña ciudad de Loudun en la provincia de Touraine tiene más de 14.000 habitantes. Entre mayo y septiembre, una terrible epidemia de peste mata a más de 3.700 personas. La población de la ciudad está desesperada, traumatizada. La calamidad es interpretada como signo de la cólera divina: en esta atmósfera de fin del mundo aparecen los primeros casos de posesión.
Durante la noche del 21 de septiembre, en el convento que abriga a diecisiete ursulinas, la superiora Juana de los Ángeles y dos hermanas ven aparecer el espíritu de su confesor, el prior Moussat, que murió víctima de la peste algunas semanas antes.
En los días que siguen, extraños fenómenos se manifiestan: una bola negra vuela a través del refectorio, un fantasma se pasea por los pasillos. A principios de octubre, varias hermanas manifiestan señales de demencia, gritan y ruedan por el suelo. Las contorsiones se generalizan y pronto el convento entero es afectado. Los sacerdotes acuden y la conclusión no tarda: las ursulinas están poseídas, victimas del maligno. Siguiendo la lógica de los sacerdotes, Lucifer no puede aparecer si no ha sido invocado por un brujo. Por lo tanto, en alguna parte, hay alguien culpable de este acto demoníaco.
De toda la región, luego de toda Francia, llegan sacerdotes. Realizan sesiones de exorcismo, acorralando al diablo, buscando al hombre que lo hizo venir. El 11 de octubre, una religiosa poseída, según dice, por el demonio Astaroth suelta un nombre: el de Urbano Grandier, sacerdote de la iglesia de San Pedro del Mercado, en el centro de Loudun. Surgió un culpable, otras hermanas lo acusan a su turno y, en la ciudad, los rumores se extienden con prontitud: Urbano Grandier es un brujo. El pueblo ya ha juzgado.

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El exorcismo de la superiora, detalle de un grabado del siglo XIX (Paris, Biblioteca Nacional)


Atestado de una posesión
Acta establecida por el señor de Laubardemont, encargado del sumario del proceso Grandier. Lo que es francamente admirable, habiéndosele ordenado en latín (al diablo) que le permitiese (a Juana de los Ángeles) juntar las manos, se observaba una obediencia forzada, y las manos se juntaban aunque temblando. Y el Santo Sacramento recibido en la boca, quería, soplando y rugiendo como un león, devolverlo. Ordenado de no cometer ninguna irreverencia se veían cesar (las manifestaciones) y el Santo Sacramento descender al estómago. Se veían arcadas para vomitar y, siéndole prohibido hacerlo, cedía (...) Y ordenado (el diablo) de decir el nombre del tercero (la poseída) se convulsionaba todavía más, hundiendo la cabeza, sacando la lengua con movimientos indecentes, soplando, escupiendo y levantándose muy alto (...) El cuerpo de la hermana, siendo acostado sobre el vientre y tomando sus brazos hacia atrás tuvo grandes y violentas contorsiones, como también sus pies o manos, los que se hallaban tan unidos, e incluso las plantas de los dos pies, que parecían pegados y amarrados por unos fuertes lazos. Varias personas trataron inútilmente de separarlos.


Grandier, un sacerdote molestoso
Urbano Grandier es un hombre alto y bien parecido, vivaz e inteligente. Cautiva a su auditorio cuando sube al púlpito, aunque se le reprocha su libertinaje y, muy especialmente, su gusto por sus parroquianas. El asunto, hasta entonces religioso, se convierte poco a poco en político. El hombre no entró nunca al convento de las mujeres: pero la ciudad entera habla de él, las ursulinas lo saben y empiezan a soñar con él. Los burgueses de Loudun critican su arrogancia y su extrema ambición. Los capuchinos, también instalados en Loudun, aprovechan el juzgamiento de Grandier para denunciarlo como autor de un violento panfleto en contra de Richelieu. Da la casualidad que el barón de Laubardemont, comisario del ministro cardenal, llega a la ciudad en septiembre de 1633, en una misión sin relación con el asunto. Ahí sólo escucha hablar de las sucesivas crisis de las religiosas, de los exorcistas que acoden y de las presunciones contra el sacerdote de San Pedro. De regreso a Paris, se hace asignar la causa. El 8 de diciembre, está de vuelta en Loudun con plenos poderes, encargado por Richelieu de instruir el proceso contra Grandier.

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Una reclusa poseída, escena de la película Los Diablos, de Ken Russel (1970).


Un proceso ejemplar
Al día siguiente de su llegada, Laubardemont hace arrestar a Grandier. Manda registrar la casa del sacerdote, sin encontrar nada comprometedor y durante el mes de enero de 1634, recoge declaraciones y testimonios. Del 4 al 11 de febrero, interroga a Grandier. El sacerdote niega las acusaciones de brujería y luego rehúsa contestar las preguntas de Laubardemont.
En su convento, sometidas a exorcismos periódicos, las poseídas aún no son liberadas. La gente va a verlas contorsionarse, gritar el nombre de su demonio, e injuriar a los sacerdotes. Laubardemont decide separarlas para examinar cada caso: lo que no impide al público asistir, en masa, a los innumerables exorcismos. Los médicos, invitados por Laubardemont para observar a las poseídas, entregan rápidamente su conclusión: "Encontramos que en todas estas cosas las fuerzas y los medios de la naturaleza están absolutamente sobrepasadas..." El caso está concluido: las religiosas son víctimas de lo sobrenatural. El proceso se abre el 8 de julio de 1634. Se designan doce jueces, que llegan de pequeños tribunales de la región. Leen los informes del sumario realizado por Laubardemont, interrogan a las poseídas y buscan en Grandier "pruebas extraordinarias". Así, una cicatriz en el pulgar indica el punto, antigua herida que se habría infligido para firmar con su sangre un pacto con el diablo. La insensibilidad de un hombro se convierte en la prueba de que el maligno se apoderó de esa parte de su cuerpo y la hizo escapar a las leyes de la naturaleza. Estas pruebas son consideradas decisivas. El 18 de agosto, a las 5 de la mañana, los jueces pronuncian la sentencia. Dos horas más tarde, Laubardemont recoge a Grandier en su prisión. Es sometido a la pregunta, es decir, torturado; luego, hacia el mediodía, llevado a la plaza del mercado donde lo espera la hoguera. La histeria de algunas monjas le cuesta la vida a un hombre culpable de haber sido solamente el objeto de sus fantasías.
Las poseídas se han convertido en una atracción que la gente viene a ver de lejos: las crisis, todavía espectaculares, continúan varios años después de la muerte de Grandier, hasta el día en que la más virulenta de las poseídas, Juana de los Ángeles, cambia de personaje y se convierte en una visionaria habitada por Dios.

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Urbano Grandier sometido al suplicio (grabado del siglo XIX)


El siglo demoníaco
En 1598, Enrique IV promulgó el edicto de Nantes y pone fin a las guerras de religión. Rápidamente, la intolerancia encuentra otras vías para expresarse: el siglo que comienza es más abundante en casos de brujería y de posesión que ningún otro. La brujería se extiende en el campo y afecta a los pobres, la posesión se concentra en las ciudades y toca a los burgueses. A principios del siglo XVII, decenas de casos se instruyen en Bretaña, Franco Condado, Lorena, Alsacia, Poitou, Béarn, Provenza... Los poseídos son más frecuentemente mujeres que hombres. Algunas adquieren celebridad: Nicole Aubry, Juana Féry, Marta Brossier. El caso que causa más revuelo es el proceso de Gaufridy que se lleva a cabo en Aix-en-Provence, y que dura más de dos años, entre 1609 y 1611. El año siguiente se publica un libro que relata detalladamente los hechos: no puede excluirse que su lectura no influirá en los casos posteriores, especialmente el del Faubourg Saint Jacques, entre 1621 y 1622; de Loudun, entre 1632 y 1640; de Louviers, entre 1642 y 1647, y de Auxonne, entre 1658 y 1663.


Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 19.


El secreto de los huesos de dragón.
El descubrimiento de una mítica dinastía china

A fines del siglo XIX, un descubrimiento debido al mayor de los azares abre una nueva luz sobre una dinastía china de la Edad de Bronce considerada más o menos mítica, los Shang.
Hasta ahora, los arqueólogos pensaban que la historia escrita y las primeras tentativas de organización social no se habían iniciado realmente sino con la dinastía Zhu (entre los siglos XI y III antes de Cristo).

Un remedio contra el olvido
Un día de 1899, en Pekín, un médico prescribe a la familia de un tal Wang I-yung un remedio contra el paludismo. Uno de los ingredientes es lo que se denomina desde siempre "huesos de dragón" reducido a polvo. Al momento de triturarlos, Wang se percata que son, en realidad, pedazos de caparazón de tortuga decorados con extrañas marcas. Experto en escrituras antiguas, Wang constata que estos signos son pictogramas, es decir, representaciones simbólicas e ideogramas como los utilizados en la lengua china y japonesa.
Seguro de haber descubierto algo excepcional, Wang se apura en comprar todos los huesos de dragón" que encuentra, ya sea fragmentos de esqueletos de animales o nuevamente caparazones de tortuga. Al mismo tiempo, trata de obtener información acerca del origen de estos huesos y descubre que los fragmentos de tortuga provienen, en su mayoría, del yacimiento de Xiaotun, en las cercanías de Anyang, en la provincia de Henan, ubicada en la cuenca del río Amarillo.

La adivinación mediante fisura de huesos
Desde el descubrimiento de la verdadera naturaleza de los "huesos de dragón”, los arqueólogos están intrigados por la omnipresencia de fisuras que no tienen, según los análisis, nada de accidental. Terminaron por establecer la manera de proceder de los adivinos para tomar las decisiones que regían la vida del pueblo y de los soberanos. Estos grababan la pregunta sobre el hueso, luego practicaban una muesca cerca de la inscripción. La aplicación de una punta metálica calentada al rojo provocaba la aparición de fisuras que el adivino se apuraba en descifrar para conocer la reacción de los poderes sobrenaturales. En seguida, el adivino grababa sobre el hueso una respuesta más o menos larga que comunicaba al solicitante.


La dinastía perdida
Este yacimiento es conocido desde el siglo XI por aficionados a las antigüedades de la corte imperial china, por las vasijas rituales de bronce y los jades que allí se encuentran. Con el paso de los siglos, los coleccionistas y los comerciantes continúan explotando estos tesoros, seguros de su valor histórico. Después del descubrimiento de Wang, los arqueólogos buscan con éxito los "huesos de dragón" y se convencen rápidamente que estos son la prueba que la escritura en China es mucho más antigua de lo que se creía. En 1915, Luo Zhenyu determina que los signos fueron grabados en los huesos y en las caparazones de tortuga para ser usados en la adivinación y que se remontan a la semi-mítica dinastía Shang.
La China de esa época, que se dedica sobre todo a la agricultura, ya conocía el carro a timón enganchado a dos caballos. En el campo arquitectónico sabía edificar palacios y templos de ladrillo sobre cimientos de piedra y murallas para proteger sus ciudades. Su cuerpo social ya está fuertemente estructurado y encabezado por una casta noble constituida por los parientes y los aliados del rey. La religión está dominada por el culto a los antepasados y la importancia atribuida a la vida en el más allá, como lo atestiguan las grandes riquezas encontradas en las tumbas. Arqueológicamente hablando, estos yacimientos chinos no tienen parangón sino con los del Cercano Oriente antiguo.

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Hueso grabado que sirvió a la adivinación (3000 antes de Cristo Paris, Museo (Carnuschi).


La escritura china más antigua
El poder real era asistido en sus actividades administrativas y religiosas por un cuerpo de escribas y de adivinos. Junto con la escritura ya evolucionada, encontramos también un sistema de numeración decimal.
Pero lo que hace original a esta cultura es el uso intensivo de las artes adivinatorias (en las que la escritura juega un papel fundamental), tanto en la vida cotidiana como en el manejo de los asuntos del Estado. Los textos grabados sobre estos huesos son muy cortos, pero existen otros más largos, sobre las vasijas rituales de bronce. Cualesquiera que hayan sido las consecuencias políticas y militares, esta influencia de la religión permitió la constitución de cuerpos de especialistas de la escritura, aunque carecemos de cualquier prueba que hayan existido verdaderas obras literarias. Hay que esperar el final de la dinastía de los Zhu occidentales (hacia 800 años antes de Cristo) para ver aparecer las obras originales de la tradición literaria china.
A pesar de la importancia de ciertos yacimientos de huesos grabados (se han encontrado hasta 17.000 en un mismo lugar en Qishan, en el Shoanxi, y que datan del principio de la época Zhu), ¿quién sabe cuántos datos históricos han desaparecido con el transcurso de los siglos bajo el mortero de los boticarios? Un interrogante para plantear sin duda, a un hueso adivinatorio...

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Curación para las enfermedades. Los "huesos de dragón" reducidos a polvo, formaban parte de la composición de numerosos remedios prescritos por médicos chinos.


La dinastía de los Shang
El reino de la dinastía Shang (siglos XVIII al Xl antes de Cristo) marca la entrada de la China en la Edad de Bronce. Establecidos en el valle del río Amarillo, los Shang reinan sobre un pueblo de aldeanos y han organizado su sociedad según estructuradas de clanes que descansan sobre el culto a los antepasados y la sumisión a las órdenes reales, inspiradas por los oráculos de los huesos adivinatorios de los sacerdotes. Su civilización está admirablemente avanzada, particularmente en los ámbitos de las artes, la astronomía y el cálculo. Conquistadores empedernidos, los Shang son, sin embargo, derrocados por una de sus antiguas colonias, la ciudad de Zhu, que da lugar a la dinastía del mismo nombre.


San Francisco

Los curanderos filipinos
Médicos que sanan con las manos

Sanar el cuerpo por medio del espíritu constituye una antigua ambición del hombre. La ciencia occidental, sin embargo rehúsa terminantemente esta posibilidad, mientras que otras prácticas médicas, como la china, son menos reticentes a aceptarla. Por su parte, la Iglesia parece admitir implícitamente la posibilidad de una acción del alma sobre el cuerpo al aceptar oficialmente las curaciones milagrosas.
A partir de los años 70, los métodos de los curanderos filipinos que "operan" a sus pacientes sin ningún instrumento quirúrgico hicieron renacer esta polémica. Un equipo científico occidental viajó ahí para investigar los hechos.

”Los poderes de un curandero"
Es posible que intervengan fenómenos electromagnéticos. Pero se trata sobre todo de una fuerza espiritual que actúa a través de mí. Esta fuerza no viene de mí. Tengo la impresión de ser un canal por el cual pasa esta fuerza, o quizás no soy más que un instrumento de esta fuerza... (Veo si hay que operar) según el color del aura, (el doble a veces visible de un hombre) del paciente y el color de mis manos. Mis manos cambian de color cuando las extiendo hacia el paciente. Cuando veo el color amarillo, puedo operar, si mis manos toman un color anaranjado o rojo durante la operación, debo interrumpir inmediatamente mi intervención, porque podría poner en peligro la vida del paciente. Entonces le doy unos remedios y le hago seguir un tratamiento magnético que lo fortalecerá. Y a menudo, puedo operarlo después (...) Los curanderos filipinos, podemos lograr aparentemente una mejoría incluso en los casos más desesperados o, al menos calmar los dolores y a veces sanarlos completamente. Nunca se debe perder la fe (...) Hasta ahora no he provocado la muerte de ninguno de mis pacientes.
Extractos de una entrevista realizada en 1978 a Tony Agpao.


Una operación sin anestesia
La mayoría de los curanderos filipinos pertenece a la Unión espiritista cristiana, nacida de la Sociedad espiritista fundada en 1857 por Allan Kardec. Practican la humildad, la oración y el aprendizaje de capítulos de la Biblia que tratan sobre la curación. No tienen mayores conocimientos de medicina ni pueden explicar en términos científicos su procedimiento operatorio.
Los científicos del equipo dirigido por George Meek que viajó a Filipinas en 1973 y, posteriormente, en 1975, provenían de siete países y eran especialistas en distintas disciplinas: medicina, biología, parasicología, química e incluso prestidigitación. Observaron a un gran número de curanderos y de manera especial al más famoso de ellos. Tony Agpao, cuyas operaciones siguen todas, el mismo patrón.
Se tiende al paciente sobre una mesa y, la mayoría de las veces, éste no es desvestido. Solamente el vientre y a veces el pecho quedan descubiertos. Enseguida se coloca una toalla sobre la ropa para que no se manche. El curandero se acerca al paciente y, con ayuda de un algodón mojado, limpia el vientre frotándolo con fuerza. Enseguida masajea la carne suavemente y luego con más firmeza. Un líquido escarlata surge pronto y los dedos ensangrentados del hombre parecen penetrar en la carne. Cuando se trata de operar un tumor, el curandero lo extrae después de haberlo empujado con la mano. Masajea nuevamente la herida, luego frota la carne con otro algodón, la herida, si hubo alguna, se ha cerrado y no se ve la marca de ninguna incisión. El paciente no sintió ningún dolor durante toda la operación, que dura apenas entre dos y tres minutos, y puede levantarse de inmediato e irse.

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El niño no parece sentir ningún dolor mientras el curandero le opera.


La opinión de los científicos
Miles de enfermos acuden a estos curanderos poco comunes para que los sanen. En Brasil existen igualmente curanderos que operan casi del mismo modo, y entre ellos hubo uno llamado José Arigo, ya fallecido. Este último efectuaba ablaciones quirúrgicas muy rápidas, con ayuda de un simple cuchillo, sin que haya habido, por lo que parece, alguna infección postoperatoria.
La medicina oficial ha rechazado estos métodos, que tampoco había realmente estudiado hasta 1973; se contentó simplemente con negarlos, apoyándose en las leyes conocidas de la fisiología. Una investigación de la Asociación Médica Norteamericana concluyó lacónicamente en 1960 que la mayoría de estos curanderos eran unos estafadores.
En cambio, la investigación de Jorge Meek, a pesar de haber encontrado algunos fraudes, constató la realidad de los hechos y la "materialización de sangre, tejidos y órganos humanos, así como objetos de origen no humanos. Las filmaciones realizadas no son realmente probatorias, aunque la existencia de fotografías, tomadas a menudo desde lejos, excluye por lo menos la eventualidad de una hipnosis colectiva. En ellas se pueden ver las manos del curandero, un líquido rojo que podría ser sangre y filamentos. Los exámenes realizados después de las operaciones muestran que la sangre recogida no siempre corresponde al grupo sanguíneo de los pacientes y que a veces es de origen animal. Sigrun Seuteman, un médico homeópata de Karlsruhe, que ha supervisado más de 6.000 operaciones, estima que en un 98% de los casos el tejido conjuntivo que se materializa en la superficie del cuerpo no es humano. Sin embargo, ha constatado que un gran número de pacientes ha experimentado efectivamente una mejoría espectacular en su estado patológico después de la intervención.

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El comienzo de una operación: un curandero realiza a mano limpia la incisión para extraer el tumor de un enfermo.


Diferentes tipos de curaciones
Al lado de una multitud de charlatanes, cierto número de curanderos honrados parecen haber alcanzado éxitos incuestionables. Muchos de ellos ejercen su talento gratuitamente. Es cierto, sin embargo como lo señala Roberto Tocquet, especialista en fenómenos paranormales, "el agente de la curación no proviene esencialmente del curandero, sino que tiene su origen en el mismo enfermo". Se han ordenado estas curaciones en distintas categorías.
Curaciones religiosas. Se basan en la influencia trascendente de la divinidad, o del Dios único, según la religión. Los ejemplos más clásicos son las curaciones milagrosas realizadas en Lourdes.
Tratamientos mágicos. Se apoyan sobre la idea que un lazo une a los seres y a las casas y que cualquier parte aislada de un organismo está siempre relacionada con el todo. De ahí la elección de tratamientos "simpáticos", como la utilización de ungüentos, talismanes, pociones mágicas, transferencia de las enfermedades, hechizos que curan...
Tratamientos magnéticos. Se basan en la manipulación física que realiza el curandero a fin de captar y reforzar el fluido vital del paciente. Mesmer fue uno de sus principales exponentes.
Tratamientos síquicos. El Dr. Dubois fue uno de los precursores de estos tratamientos a comienzos de siglo, y Emilio Coué, especialmente, continuó con sus enseñanzas y las perfeccionó. Se apoyan en la sugestión y consisten en bajar el umbral de la conciencia del paciente y en condicionarlo.
Los tratamientos sicoanalíticos. Son utilizados por la medicina sicosomática y se basan en la interpretación simbólica de la enfermedad. Su objetivo es lograr que el paciente recobre su libre albedrío.


Los parasicólogos están muy escépticos respecto de los poderes reales de los curanderos. En 1968 una investigación del profesor Hans Bender concluyó que eran fraudes, ya que no se observó ninguna modificación orgánica postoperatoria y que los tejidos materializados eran a menudo de origen animal. Pero Lyall Watson, un biólogo especializado en fenómenos paranormales que asistió a numerosas operaciones, no logró descubrir ninguna superchería.
Como se observa, el tema es muy controvertido. La verdadera pregunta debiera referirse en realidad a la forma en que el fraude se realiza, es decir, cómo aparecen la sangre y los tejidos extraños al paciente que se exhiben después de la operación.

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Los estigmas de San Francisco
Un monje con las heridas de Cristo

A mediados de septiembre de 1124, Francisco de Asís se retira para meditar y ayunar en el monte Alverno, cerca de Arezzo, en Toscana. A su vuelta, lleva en su cuerpo heridas parecidas a las de Cristo en la cruz: herida de lanza en el costado, marcas de clavos en los pies y en las manos, lo que llamamos estigmas.
Francisco esconde sus heridas, vuelve a ponerse los zapatos que se había sacado desde que había comenzado a predicar. En vano: el fundador de la orden de los franciscanos, ya ilustre, no puede esconder durante mucho tiempo lo que le sucedió.

Numerosos milagros
Jamás se había visto algo semejante. Hasta el siglo XVIII, se llamaban estigmas las incisiones practicadas por los fieles paganos en honor a sus dioses o las marcas en forma de cruz que los primeros cristianos se hacían en los brazos para testimoniar su fe. Todavía se habla de los estigmas de una enfermedad o de un vicio. Sin embargo, las heridas infligidas al cuerpo de San Francisco son, sin lugar a duda, de origen sobrenatural.
Es sólo uno de los milagros entre los que colman la vida del santo desde la domadura de un lobo feroz en Gubbio con un simple signo de la cruz o la sanación de enfermos, hasta el hecho que después de morir, su cuerpo habría comenzado a resplandecer y exhalado un perfume admirable, luego se le habría aparecido en 1228 al papa Gregorio para mostrarle su herida al costado, llenando incluso un frasco con su sangre. Sin embargo, los estigmas tienen una importancia especial, por su novedad, por otros casos testimoniados hasta nuestros días, por la cantidad de personas que los han visto y por los numerosos cuadros que han inspirado.

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San Francisco entre dos ángeles, pintura del Maestro de San Francisco (Asís, Basílica Santa Maria de los Ángeles.)


La estigmatización de San Francisco
En una visión, el servidor de Dios percibió sobre él un serafín crucificado que imprimió las marcas de su crucifixión sobre Francisco, de una manera tan evidente, que el propio santo parecía haber sido crucificado. Sus manos, sus pies y su costado fueron marcados con el signo de la cruz; pero escondió estos estigmas con mucho cuidado. Sin embargo, algunos se los vieron en vida, pero a su muerte hubo muchos que lo observaron. Extracto de J. de Vorágine, La Leyenda Dorada.


Grandes Enigmas de la Humanidad. Parte 19.
La estigmatización de San Francisco, pintura de Giotto, a comienzos del siglo XIV (Paris, Museo del Louvre)


La aparición del serafín
A pesar de todas las divergencias en los detalles todos los relatos de sus compañeros o de los primeros biógrafos concuerdan:
Francisco vio llegar, quizás mientras estaba en estado de éxtasis, a un serafín, ángel con las alas luminosas y en llamas, que parecía crucificado.
Según San Buenaventura, el ángel tenía los pies y las manos extendidos y atados a una cruz, y sus alas estaban dispuestas de tal forma que dos se extendían para volar y las otras dos le cubrían todo el cuerpo. El santo, impresionado medita una vez más acerca de la crucifixión y ve aparecer sus estigmas. Por lo tanto éstos no le fueron infligidos por el ángel, sino por su amor por Cristo martirizado. Sólo el hermano León, compañero del santo mucho después de un primer relato muy sobrio y sin detalles, le dice a un franciscano inglés, Pierre de Tewkesbury, que el serafín "tocó duramente" a Francisco.
Esta explicación les conviene más a los fieles, sedientos de todo lo maravilloso, pero poco dados a aceptar que los estigmas pudieron aparecer espontáneamente. La iconografía la mejora aún más: Giotto, Brueguel, Durero y luego los Carracci muestran a Francisco arrodillado frente al ángel crucificado, desde el que parten haces luminosos, verdaderas flechas de fuego. Son ellas y no una fuerza interior, las que dejan en su cuerpo las marcas de la Pasión de Cristo. Paradójicamente, la intervención física del ángel es una racionalización, según señala Francisco de Sales a comienzos del siglo XVIII.

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Marta Robin (1902-1971) la pequeña estigmatizada de Drôme


Algunas explicaciones menos sobrenaturales
Por supuesto, no faltan los comentaristas para dar una explicación más pedestre de los estigmas. En el siglo XIV, los protestantes, indignados que se haya podido hablar de Francisco de Asís como un segundo Cristo, imaginan una disputa con Santo Domingo, el fundador de la orden de los dominicos; según éstos San Francisco se habría refugiado bajo una cama, y el otro lo habría acribillado de estocadas de asador, causándole heridas que casualmente correspondían a las de Cristo. Más allá de esta pantomima voluntariamente grotesca, el Gran Diccionario Universal del siglo XIX, publicado entre 1863 y 1876 por Pierre Larousse, portavoz del racionalismo republicano, prefiere creer en alguna superchería de los sacerdotes, de la que el mismo Francisco pudo muy bien ser víctima durante uno de sus sueños catalépticos. Los esfuerzos del santo por esconder sus estigmas y la larga incredulidad de gran parte de los sacerdotes parecen incompatibles con una mistificación.
Más seriamente, el mismo diccionario invoca la sobreexcitación nerviosa del asceta y la extraordinaria tensión de su alma, siempre en contemplación ante las distintas fases de la vida del crucificado, que habrían bastado para que aparecieran estos estigmas tan ardientemente deseados. Es evidente que Francisco de Asís haya deseado llevar en su carne las heridas de Cristo. Y podemos excluir la hipótesis de una herida común, o de un engaño. Entonces a cada uno le toca juzgar, según sus convicciones, si los estigmas del santo tienen un origen divino o si son una manifestación sicosomática, que constituiría a su vez un misterio tal que calificarla de simple, sería una gran equivocación.

Otros casos, desde el siglo XIII hasta nuestros días
Después de Francisco de Asís, otros santos de la Iglesia católica recibieron estigmas. Se trata esencialmente de mujeres.
Algunos casos son sólo leyenda. Así por ejemplo, el de Margarita de Hungría (1243- 1270), representada en los cuadros como estigmatizada, aunque no exista ningún texto al respecto. Por otro lado, otros casos han sido testimoniados, como el de Verónica Giuliani (1660-1727), una religiosa italiana muy vigilada por su orden: llevó sus estigmas durante treinta años y al morir la autopsia reveló que su corazón estaba atravesado de un lado a otro, “como por una lanza”. Todos los estigmas no producen las heridas de Cristo, y no siempre sangran. De este modo, los de Catalina de Siena (1347-1380) no sangraron nunca. Rita de Cascia (1381?-1447) tiene una herida en la frente, causada por una espina de la corona de Cristo recibida en el momento en que asistía en estado de éxtasis a una prédica en la iglesia franciscana de su ciudad; y, el 28 de agosto de 1812, en Westfalia, una cruz ensangrentada marca el pecho de Ana Catalina Emmerich, conocida por sus éxtasis y sus predicciones.
En el siglo XX. Un caso más reciente fue popularizado por el académico católico Jean Guitton: paralítica y al borde de la ceguera, alimentándose sólo de la hostia de la comunión, dictando textos de una gran riqueza espiritual y teológica, Marta Robin (1902- 1971), hija de campesinos del departamento de la Drôme, en Francia, revive en su carne la Pasión de Cristo cada viernes, a partir de 1930, experimentando entonces una ”paz y una alegría humanamente incomprensibles”. Por cierto, la simulación o la histeria pueden ser invocadas, sin embargo la prudencia de la misma Iglesia y el control al que somete a los estigmatizados hacen que el misterio permanezca.


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