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Otro tipo de relatos - Capítulo 1

Amig@s cómo han estado todos.?? espero que bien, pues saben la semana pasada algo me inspiro a escribir esta pequeña obra (si es que logro terminarla y si a ustedes les gusta). La historia no es para nada personal y si notan algún parecido con alguna obra pues no fue plagio LO JUROO... pero bueno espero se diviertan leyendo, si les gustó díganmelo en los comentarios y denme criticas constructivas para poder mejorar... Los siguientes días subiré los demás capítulos... Saludos

CAPÍTULO 1

Acabo de regresar de la escuela con la más triste de las penas, o quizá ese tipo de dolor enfermo que se siente en la cabeza, entre el cuello y los dientes, algo que aprisiona, no sé cómo expresarlo, pero qué más da a éstas alturas; hoy ha sido mi último día de clases, no es diciembre, no se acerca la navidad, sino que el dinero que nos había dado Jorge para la comida y la escuela ya no alcanza para Clara y para mí; mamá a decidido que ambas debemos de trabajar desde mañana, limpiando carros o vendiendo dulces, Clara pensó que robar sería más fácil, pero yo pienso que correríamos demasiado riesgo, somos mujeres y algunos muchachos cerca de mi casa que se dedican a eso son varones, delgados y esbeltos aptos para las carreras rápidas.

Jorge ha desaparecido hace tres días y la verdad no me sorprende, lo ha hecho así todo el año, viene y va; mamá, Clara y yo sabemos que tiene otra familia, pero no sabemos quiénes son o cómo encontrarlos. Algunas veces he notado como mamá llora de impotencia por “la otra”, cree que todo el dinero que gana Jorge es para la “otra mujer” y sus hijos. Lo cierto es que Jorge no tiene ninguna responsabilidad para con nosotros, Clara y yo ni siquiera somos sus hijas, quizá el nuevo bebé que está aun dentro de mi mamá si tenga derecho de reclamar algo.

Vivimos en un hueco armado cerca del puente de Karet, paredes improvisadas con plásticos, calaminas y algunos colchones viejos que hace algunos años Clara y yo conseguimos. Para las noches frías mamá tapa las “ventanas” con mantones o frazadas viejas que hemos conseguido de segunda mano o que a veces las personas botan cerca a los basurales de los ríos. En la casa vivimos también con Roco, es un perro al que Clara rescato luego de que fue atropellado, Jorge lo ha pateado varias veces luego de sus borracheras, pero no sé cómo ese tierno animal ha logrado sobrevivir; mamá no lo quiere en la casa, dice que es un gasto extra y la verdad es que sí lo es, porque tenemos que partir nuestra ración, que no es mucha, para darle un poco al perro; pero no lo botamos porque Clara amenazó con irse si lo hacíamos, a mi madre no le conviene que Clara se vaya, le faltan sólo dos años para cumplir los 18 y así ella podrá viajar a la capital o conseguir un trabajo más estable y ayudarnos.

Clara es ya toda una señorita, es mi media hermana según lo que me contó ella y mi madre; si continuará este año yendo a la escuela, ella terminaría al menos la secundaría, pero creo que eso tendrá que esperar. Su cabello es el más hermoso que yo he visto en las chicas de su edad, es frondoso, muy negro y con unas ondas de diversos tamaños. A pesar que no nos bañamos seguido, su cabello siempre brilla y hace resaltar sus mejillas rosadas. No me gusta verla llorar, pues la cara se le pone toda roja sobretodo la nariz. Ella me ha prometido que viajaremos a la capital y que terminaremos la universidad y yo le creo, aunque por ahora no sé cómo saldremos de donde estamos, andamos sin trabajo, sin casa, sin agua, sin luz, sin escuela y se nos viene los días sin alimento.

Mi nombre es Alelí, tengo 13 años y hasta hoy por la mañana cursaba el segundo año de secundaria en un colegio nacional al que siempre le hemos dicho mentiras en cuanto a dirección y condiciones de servicio. Mi primaria y la de Clara fue dura, muchas veces hemos ido a la escuela sin uniforme, porque el dinero no daba para comprarlo, el padre de una amiga mía de la escuela nos pagaba la compra de útiles, pero desde que su hija se cambió de colegio, nadie nos ha subvencionado dinero. Cuando mi madre conoció a Jorge, él le prometió el cielo para nosotras, le dijo que nos compraría casa y que asistiríamos a una escuela de niñas ricas, que no nos preocuparíamos más por comer y que seriamos una familia feliz, mamá le creyó.

La verdad es que Jorge ha venido golpeando a mamá los últimos meses, Clara le ha sugerido que lo denuncie, pero mamá nunca se anima, se justifica diciendo que son las borracheras que lo hacen comportarse así, que sano jamás lo haría. Yo ya no le creo.

Hoy hemos almorzado papas, sólo papas, a cada una le tocó dos, Clara le dio una a Roco y yo le compartí la mitad de una de las mías a ella. Mamá ha dicho que le duele la cabeza, yo la veo mal, lleva un moretón en el ojo desde hace dos semanas y dice sentirse muy débil, solo duerme y si le alcanza el tiempo sale a las avenidas a recolectar botellas de plástico, le dan un sol por cada kilo de plástico.

- ¿Ya no volveremos jamás a la escuela? – le pregunte a Clara mientras lavábamos los trastes viejos en los cilindros de agua.
- No lo sé, yo espero que sí, nos sería de gran ayuda volver a estudiar. – me dijo mientras buscaba un trapo para secar esos tres platos.
- ¿en qué podríamos trabajar desde mañana?
- Mamá consiguió dos bolsas de dulces una para ti y otra para mí, ya verás tú su los vendes en el parque o en algún bus. - me dijo Clara mientras se alejaba

Intenté perseguirla, pero ya no tenía ningún caso, ya le había preguntado lo que necesitaba, al menos por hoy. Me dirigí a las barracas de cama que teníamos, cogí mi libro de literatura y un cuaderno, los guardé en mi bolso con algunos dulces de la bolsa que tenía que vender mañana; pienso que si alguna vez nos falta la comida, yo sacaré esos dulces para compartirlos. Lo he escondido bajo las maderas de la cama.

Sentada en la cama observando esas paredes plásticas pero con estilo que hemos armado los últimos años pienso en mis compañeras de la escuela, o mi profesora a la que en la salida le dije “hasta mañana”, quizá nunca más la vuelva a ver. Pienso en los caminos que recorría para ir a la escuela, en los recreos; me agarro la cara he intento no llorar. Toco mis esqueléticas rodillas y trato de hacer presión para evitar las lágrimas correr cuando de repente escucho un quejido, el de Clara.

Corriendo salgo de lo que se llamábamos “cuarto” y encuentro en el patio cerca de las piedras a Clara llorando.
- ¿Qué te pasa?, Volveremos a la escuela, no dices que sería bueno terminar la escuela, tendremos nuevos amigos de aquí a unos meses. – le dije.
- ¡cállate mocosa! – Me gritó
- ¿Qué te pasa Clara, que te he hecho? – le dije mientras me acercaba a ella y la cogía del brazo.
- No me has hecho nada, solo que no lloro por la escuela, eso me da igual, me falta solo unos meses para terminarla.
- Entonces, ¿Por qué lloras?
- No lo entenderías, no entenderías nada, absolutamente nada.- me dijo mientras se paró y se fue dejándome entre las piedras más confundida que antes.

Clara sólo puede llorar por dos motivos, o mamá le gritó, le pegó o algo parecido o el problema se debía a algún chico del barrio, pero eso no era novedad ella ya con 16 años ya había tenido un enamorado, era un ladrón y demasiado infiel, bueno nunca lo conocí más que de vista, pero eso era lo que Clara me contó de él.

El vagabundear por la casa, sin poder salir porque la noche ha caído, no hacer las tareas, no tener televisión y mucho menos computadoras o esas cosas modernas hace que la noche se vea aburrida. Sólo he salido al borde del puente, ahí se puede ver el cielo estrellado y no descuido la casa. Clara se ha encerrado en nuestro espacio y mamá se ha quedado dormida en la mesa.
Lo que llamamos casa tiene tres espacios, una habitación armada para mamá y Jorge, un cuarto más pequeño con una sola cama para Clara y para mí y un tercer ambiente para lo que llamamos cocina. Tenemos una cocina de piedra, toda negra; una mesa muy vieja y unas sillas que no son sillas sino más bien troncos de árboles cortados. Estos tres ambientes rodean un patio, donde hay piedras y donde duerme el perro. El puente nos da como un techo superior, nos cubre algo del sol de las mañanas y del frío de las noches. Hemos tenido suerte de que el río nunca suba su caudal, a las justas pasan pequeños arroyos y algunas veces se seca. Nadie nos puede botar porque Karet es tierra de nadie, alta delincuencia, drogas y prostitutas por todos lados; Karet es frontera nunca vienen los policías y cuando vienen nosotros nos refugiamos en la casa de la señora Inés, así la policía cree que nuestra casa esta inhabitada desde hace tiempo.

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Fuentes de Información - Otro tipo de relatos - Capítulo 1

El contenido del post es de mi autoría, y/o, es un recopilación de distintas fuentes.

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