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Loco Houseman idolo quemero de parque patricios(pasion)

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Ya la vas a ver la bandera de la butteler


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loco tengo 18 años pero tmb me contaron del loco asi q dejo algo de un jugadorazo
me hubiera gustado verlo jugar pero me conformo con saber q hizo feliz a muchos quemeros dentro de los cuales esta mi viejo y mi abuelo

René Orlando Houseman, flaquito, divertido y sin un peso en el bolsillo, no parece haber cambiado mucho desde sus días de plenitud, en los años setenta. El fútbol no le dejó nada material. Aunque eso no signifique que no se sienta un hombre feliz. Ha reconocido que muchas veces, durante su época de oro, despilfarró lo que ganaba haciendo asados y fiestas con sus amigos de la villa, y por supuesto, dándole una mano a algún ser querido que lo necesitaba. Nunca le importó ahorrar ni invertir.

H - Nunca tuve “guita”. Si la tenía, la gastaba. Total, si mi familia y mis amigos están bien, listo. ¿Para qué quiero la plata?

Vive con Olga, su mujer, y su hijo Diego René. También tiene otra hija, Jésica Evelin, que formó su propia familia. Ya me hizo abuelo, dice el Loco.

Suele encontrarse en un bar amurado en la esquina de Avenida del Libertador y Echeverría, en el barrio porteño de Barrancas de Belgrano, barrio en el que vive. Ese café, es el punto de encuentro con sus amigos. Allí transcurren muchas de sus tardes, hablando con los “pibes”, como él les dice, y jugando con una maquinita de videojuegos. “Me rompo todos los dedos jugando a esa porquería”. Eso sí, para que no haya confusiones, enseguida se encarga de aclarar: “Lo único que tomo acá es café”.

Sigue jugando al fútbol. Una vez por semana se reúne con los amigos de su hijo en las canchitas de césped sintético de Parque Norte. “Trato de mantenerme en estado. Mirá si me llaman de la selección....”, bromea René.

- ¿Sigue pasando por Huracán?

H - Si. Por ahí voy a la sede y me reciben muy bien. Eso significa que algo dejé. Además, la gente me sigue reconociendo por la calle.

- ¿Los más jóvenes también?

H - Si. A veces, chicos de quince o veinte años me dicen: “René, ídolo”, y nunca me vieron jugar.

- ¿Alguna vez le molestó el asedio de la gente?

H - No, para nada. Al contrario, que me saluden me encanta, me alimenta el ego. Es reconfortante.

- ¿Tiene algún plan para el futuro?

H - No sé que voy a hacer dentro de dos minutos.

Nació en La Banda, Santiago del Estero, el 19 de Julio de 1953. Dos años después de su nacimiento, sus padres decidieron viajar hacia la Capital Federal. Estaban buscando algo mejor para su familia, compuesta por ellos dos y cuatro hijos.

- ¿Por qué su familia viajó de La Banda a la Capital?

H - No sé, habría que preguntárselo a mis padres. Lástima que están muertos los dos. No te lo puedo decir yo. Pero supongo que para buscar otro porvenir. Un mejor futuro.

- ¿Usted vino de muy chico acá, tiene algún recuerdo de su tierra natal?

H - Si, tengo miles. Vine a los dos años, a los 11 volví y me quedé todo un año allá. Tengo recuerdos muy gratos.

- ¿Le quedó algún amigo de La Banda?

H - No. Ninguno de los amigos que tengo es de Santiago del Estero.

- ¿Qué le gusta mas, Buenos Aires o Santiago?

H - Allá es mucho más lindo para descansar. Acá, la gente vuela. Viven muy acelerados.

Luego del viaje se instalaron en una villa de emergencia, villa miseria o barrio marginal tal como se prefiera, que actualmente no existe. La villa estaba ubicada en el barrio Bajo Belgrano, en el Norte de la Ciudad de Buenos Aires. Allí se dedicó a jugar al fútbol y a estudiar. Terminó sexto grado recién a los 14 años, en el Colegio Mariscal Sucre. Antes había pasado por otros colegios.

- ¿A qué escuela fue?

H - Ni idea. Me parece que anduve por todos los colegios del país.

- ¿Alguna vez volvió a ver a algún compañero?

H - No. Nunca me crucé con ninguno.

Después de terminar la escolaridad primaria tuvo su iniciación en el mundo laboral: trabajó en una carnicería ubicada en las cercanías de la villa, llamada “El Triunfo”. Su dueño, Oscar Canavesi, era hincha de Huracán. Ahí tuvo su primer contacto con los colores del club de Parque Patricios, barrio de la zona Sur de la ciudad.

- ¿Se acuerda de la carnicería El Triunfo?

H - Si, por supuesto. El dueño era hincha de Huracán, yo trabajé ahí cuando era chico. Era durísimo, laburaba toda la noche. Después tuve muchos otros trabajos.

En esta carnicería René tenía que hacer los repartos de carne con un carrito. Hasta que un día, lo llamaron de una verdulería. Y como le ofrecían algunas monedas más, aceptó de inmediato. Siempre, después de cumplir con su horario laboral, se iba a jugar al fútbol a una cancha que estaba ubicada en las calles Pampa y Dragones, con un equipo que se llamaba “Los Intocables”.

Muchos de sus compañeros de equipo, y rivales conocidos de la escuela, lo hostigaban diciéndole “villero”. Aunque nunca le molestó ni le pareció un término despectivo. Siempre estuvo orgulloso de serlo.

Siempre le resultó muy difícil alejarse del Bajo Belgrano. Muchas veces confesó sentirse cómodo rodeado de las personas humildes que lo vieron crecer. De hecho, en 1973, los dirigentes de Huracán intentaron sacarlo de la villa para evitar que tenga un fácil acceso al alcohol debido a las supuestas “malas compañías” con las que él contaba. Para lograr esto, le alquilaron un departamento en el corazón de Parque Patricios. Al principio parecía que se estaba adaptando bastante bien. Pero a los veinte días, regresó a la villa para seguir estando con “su gente”.

H - Cuándo vivía en la villa lo único que estaba era la pelota. Con eso nos criamos.

-¿Qué dijeron los directivos de Huracán cuando abandonó el departamento que la habían alquilado, para volver a la villa?

H - No les gustó nada. Pero ese no era mi ambiente.


Fútbol

Toda su vida giró en torno a la pelota. Y aún lo sigue haciendo. Seguramente, lo que tuvieron la suerte de verlo en acción dentro de una cancha, todavía recuerdan las notables gambetas y la gran facilidad que tenía para desbordar por las puntas o meter la diagonal y encarar hacia el arco. Corrida y freno. Amague y gambeta. Centro o tiro buscando el gol. El repertorio era muy amplio, la elección del tema dependía de su intuición. El requisito, la libertad para crear.

En total jugó en Primera división 281 partidos y convirtió 109 goles. Pasó sin pena ni gloria por River (en 1981, jugando 12 partidos con un gol) y por Independiente (1984, tres partidos). Fue en su Huracán donde descolló. Allí jugo 266 partidos y allí hizo 108 goles, entre 1973 y 1980 y entre 1982 y 1983. Allí fue Campeón Metropolitano en 1973. Un equipo que marcó una época en la historia del fútbol argentino.

Pero así como se habla de los Cebollitas de Maradona, primero hay que hablar de “Los Intocables” de René. Era un club de barrio. Allí se realizaban pruebas de talento para seleccionar a los chicos que querían formar parte de él. Houseman quedó, y para él fue como tocar el cielo que las manos. En esa época, no se dedicaba a enloquecer defensores. Al contrario, su obligación era correrlos, ya que jugaba de marcador de punta izquierdo.

- Cuénteme de Los Intocables

H - Era un equipo en el que jugaba mi hermano mayor Carlos. Me acuerdo que era un conjunto imbatible. Yo, a los 14 años, ya estaba jugando ahí, que era como jugar en Primera. Para mí, era comparable a estar en la Selección. En esa época jugaba de “3”.

Luego, con el correr de los años y al crecer dentro da la villa, nació su amor por Excursionistas, club afiliado a la AFA, del barrio de Belgrano, como su archirrival Defensores de Belgrano. Pero al vida le tenía preparada una sorpresa. Cuando tenía quince años, fue a probarse al club del cual era fanático. Cuentan que había jugado muy bien, que le había hecho pasar vergüenza a más de uno de los chichos de la institución. Sin embargo, lo rechazaron por su condición de villero. Algo de lo que un día se iban a arrepentir. René decidió cruzar la vereda y se fue al máximo rival de Excursionistas: Defensores de Belgrano.

“Debutó en Primera a los 18 años. Sus locuras en el certamen de Primera C, en 1972 fueron el delirio de los hinchas -propios y rivales- y el llamado de atención para los pensadores de futuro. Allí eludía rivales, los golpes y las ondulaciones, pozos e imperfecciones de los terrenos de juego. Campeón, con vital y decisiva participación en el ascenso de Defensores de Belgrano, pasó a Huracán, cuando parecía que iba a River o a Independiente”1. En Enero de 1973, Cesar Luis Menotti, el Director Técnico de Huracán, lo puso frente a San Lorenzo, en el vestuario del viejo estadio San Martín de Mar del Plata dijo una frase que buen pudo haber sido una premonición: “Ese flaquito desgarbado que ustedes vieron hoy, va a ser figura del fútbol argentino”. No se equivocó mucho. El 4 de marzo debutó en forma oficial en el Torneo Metropolitano e integró el que sería el equipo sensación del año. Un conjunto recordado por su juego exquisito y efectivo a la vez, por las genialidades de Miguel Brindisi y Carlos Babington.

Dos semanas después, el técnico de la Selección Nacional, Enrique Omar Sívori, lo citó para disputar un partido frente a Uruguay (que terminó 1 a 1) por la Copa Lipton. Al año siguiente, en 1974, el técnico de la Selección, Vladislao Cap, lo incluyó en la lista de jugadores que viajaron a Alemania para disputar la Copa del Mundo.

René fue uno de los mejores de Argentina, que no tuvo una buena performance. Se destacó entre las grandes figuras que conformaban el equipo, en especial con una inolvidable actuación y golazo en el empate 1 a 1 con Italia. Sin embargo, el Loco siempre dijo que ese no fue un verdadero conjunto; cada uno jugaba para sí mismo, se querían mostrar. Para él, esa fue la causa de las dos derrotas espectaculares de la Argentinas frente a Holanda, el mejor equipo de la época. La primera antes de comenzar a jugarse el mundial, 4 a 1, y otra durante el torneo, por 4 a 0.

- Hablando de los Mundiales ¿qué plantel le gustó más, el del '74 o el del '78?

H - El del '78 eran mejor como personas. Pero como jugadores era mejor el del '74. Lástima que en ese plantel reinaba la envidia. Ninguno tiraba para la Selección. Todos jugaban al “Deportivo Yo”. (En 1974) parecía que estábamos a kilómetros de distancia. Pero después agarró el Flaco Menotti, el máximo, y la historia cambió. Él hacía jugar el fútbol que a mí me gustaba. El mismo de Huracán

Cuatro años después, tuvo su revancha. Esta vez el Mundial se jugó en la Argentina y a pesar de que pudo consagrarse campeón del mundo, le quedó un sabor amargo. Su juego no tuvo el mismo nivel que había mostrado en la Copa anterior. Por eso tuvo que pelear el puesto con el “negro” Ortiz. Todo se debió, dice René un poco en broma y otro poco en serio, a la buena preparación física con la que contaba. Según su explicación, lo suyo era siempre la improvisación y una gambeta que tenía que hacerla con el último esfuerzo para que le saliera bien. En cambio, si tenia resto y buena recuperación, como le sucedió en el '78, corría mucho más pero gambeteaba menos de lo que debía. Sea como fuera, le quedó una deuda personal. Participó en la mayoría de los encuentros, pero no le alcanzó. Él quería “romperla”.

El ídolo de René fue Angel Clemente Rojas, aquel delantero de Boca poseedor de una cintura mitológica. Pero dice que en realidad nunca tuvo un modelo a seguir. Argumenta que te pueden ordenar o indicarte por donde moverte, pero que el fútbol no se enseña, es la inspiración que nace de la piel de cada uno. Entre los jugadores nacionales, destaca a Miguel Brindisi: era completísimo. Generaba jugadas y después las definía. De los de afuera, destaca a Cruyff, parecía una gacela. Aunque asegura que no podría elegir a un wing por que no vio a casi ninguno. Ni de acá ni del exterior. De lo que sí está convencido, es que todos los jugadores de cualquier época se encuentran por debajo de “Dios”, como él define a Maradona: Dios no tiene comparación.

Da la sensación de que el “Loco” Houseman no tiene problemas con nadie, que su buen humor todo lo supera. Incluida queda la discusión que mantuvo con Daniel Bertoni durante el Mundial 78. No pasó nada. Ahora está todo bien, aclara René. Si se deseara encontrar a alguien con quien sostenga alguna discrepancia, chocamos inevitablemente con Carlos Bilardo. Dice René: El wing desapareció por culpa de Bilardo. El lo mató. Nunca tuve la oportunidad de hablar con él, ni la quiero tener. Su ceño fruncido lo dice todo. Está incómodo. Y como queriendo relajarse comenta: A mí el que me gusta es Menotti. Es el técnico que más cosas me dejó, y una leva sonrisa se dibuja en su cara.


Alcoholismo

René no oculta su pasado asociado a la adicción al alcohol. En su etapa más oscura no podía despegarse del vino.

-¿Cómo fue el inicio de adicción?

H - La verdad, no te lo puedo decir con exactitud. Iba tomando un vasito, dos, tres, hasta que me tomaba una botella entera. Lo hice porque quería. Me gustaba la bebida.

- ¿Nadie del ambiente futbolístico se acercó en esos momentos?

H - No, porque no me juntaba casi con nadie. Además, yo lo hacía consciente de que me estaba perjudicando solo. NO necesitaba que nadie me lo dijera.

Muchas historias se hilvanaron alrededor de su adicción, como por ejemplo, que jugaba mejor los partidos cuando estaba borracho. René se encarga de aclarar que solo ocurrió una vez:

- ¿Es verdad que jugaba mejor borracho?

H - No. Nada que ver. Una sola vez jugué borracho.

En 1976, jugando para el “Globo” de Parque Patricios, se fue de la concentración por que era el cumpleaños de su hijo Diego. Cumplía un año y él quería estar presente. De Santis, que era dirigente del club, era el encargado de ir a buscarlo siempre que se escapaba. No obstante, esa vez no hizo falta, por que el “Hueso” (otro de los apodos de René) volvió solo. Llegó más o menos a las 11 de la mañana siguiente totalmente borracho. Con una “curda barbara”, como él mismo dice. Cuatro horas después, tenía que jugar un partido contra River Plate. Durmió nada más que una hora. Con varias duchas de agua fría intentaron recuperarlo entre varios compañeros. Mientras tanto, los dirigentes discutían. Unos estaban convencidos de que debía jugar. Otros se oponían firmemente.

El que tuvo la responsabilidad de decidir fue el Director Técnico, José Vigo. Entonces fue a verlo y le preguntó si se sentía bien y si tenía ganas de jugar. El “loco” le contestó: Por supuesto. Yo juego hasta en una pierna... Finalmente, entró, hizo un gol y luego pidió el cambio. Está buena esta fórmula... cuando me marcan pongo “en pedo” a los contrarios, declaró alguna vez.

- ¿Le costó mucho superar la adicción?

H - No. Llevo diez años sin tomar ni una sola gota. Cuando lo quise largar, lo largué.

- ¿No necesitó de alguna terapia?

H - Estuve internado 22 días. Pero después, nada más. No tuve ningún problema.

- ¿Alguna vez le ofrecieron droga en el medio del fútbol?

H - Sí, varias veces. Una vez me equivoqué. Estabamos en Sudáfrica y me convidaron pimienta. Yo no quería saber nada. Pensé que me estaban dando cocaína...

Hoy declara haber adquirido el hábito de fumar... “aunque no paso de los seis o siete cigarrillos por día”, comenta.


El partido homenaje

Los amigos íntimos de René se cansaron de verlo luchar contra una situación económica adversa. Y estuvieron pensando algo para poder darle una mano. Así nació la idea de que Houseman tuviera un merecido homenaje en el estadio Tomás A. Ducó, su segunda casa, y que todo lo recaudado fuera directamente al bolsillo del Loco. Los dirigentes de Huracán ni siquiera tuvieron que pensarlo. El “sí” fue automático, René iba a volver al Palacio de Parque Patricios. Pero no como espectador, algo que hace desde hace muchos años, sino como jugador y centro de la atención general. La fecha pactada fue el 18 de junio de 2000.

Por un lado estuvieron algunas de las glorias del club del barrio de La Quema2: Omar Larrosa, Jorge Carrascosa, Roque Avallay, Miguel Brindisi, Claudio Morresi, Claudio García, Carlos Babington. Por el otro, estaba el combinado de las estrellas: Ricardo Enrique Bochini, Daniel Bertoni, Ubaldo Matildo Filliol, Olarticoechea, Mario Kempes, Claudio Marangoni, Sergio Goycoechea, Quique Wolff, entre otros. Faltó el más grande de todos, quien estuvo invitado, pero no pudo asistir a la fiesta. En el banco de Huracán, por supuesto, estuvo Cesar Luis Menotti.

La hinchada se rompió las manos para aplaudirlo cada vez que tocaba la pelota. Y él, en medio del partido, alzaba la vista y saludaba con su mejor sonrisa. Y chupe, chupe, chupe y no deje de chupar, el Loco es lo más grande del fútbol nacional, cantaban los quemeros y los de otros clubes.

A los cinco minutos del segundo tiempo, pasó algo que estaba fuera de los planes de cualquiera. René había salido segundos antes de terminar el primer tiempo y luego volvió a ingresar para saludar a la gente que no paraba de elogiarlo. Ahí nomás, una de las puertas de la platea del lado sur, se abrió y todo el mundo invadió la cancha para abrazarlo, tenerlo cerca y subirlo en andas, como a un verdadero campeón. El partido quedó interrumpido. Pero a René no le molestó.

Estaba todo preparado para que vinieran a saludarme, justificó. Lo que más recuerdan de ese partido no son las dos habilitaciones que le puso al Turco García para que definiera sólo frente al arco, sino el reconocimiento de la gente, que no se olvidan lo que fue uno en el fútbol.


Para terminar...

Algunos dijeron de él que fue el mejor wing de la historia del fútbol argentino, inclusive por encima de Omar Orestes Corbatta y de Raúl Emilio Bernao. El que le brindó el menor elogio fue Carlos Babington, cuando dijo: Para mí, que lo vi de cerca y lo disfruté en miles de entrenamientos, René estuvo a la altura de Pelé y Maradona. Era un mago, no repetía nunca. Siempre estrenaba una gambeta nueva.

- ¿Cómo le cayó que Babington haya dicho que usted fue similar a Pelé y a Maradona?

H - Fue muy importante para mí. Y que lo diga alguien como el “Inglés”, fue impresionante.

- Podría definirse como jugador.

H - Era hábil, inteligente. Me gustaba gambetear. De los jugadores de ahora me gusta Ortega, cuando se para como puntero.

- ¿El fútbol le dejó algún amigo?

H - La palabra “amigo” es muy especial para mí. Me quedaron muchos conocidos, pero amigos, ninguno.

- Si no hubiese sido futbolista ¿a qué se hubiera dedicado?

H - A mirar minas3.

Eso pinta genuinamente al “Loco” ...... ¿loco?


Notas

Enciclopedia del Fútbol, Diario Olé, 1998

El Club Atlético Huracán, fue llamado así debido a un Globo Aerostático de un famoso “sportman” de la época, Jorge Newbery. El club nació en el barrio de Nueva Pompeya y luego se afincó en el cercano Parque Patricios. Se lo llama el club de La Quema y a sus simpatizantes “quemeros” debido a que en cercanías del Parque existió en el siglo XIX, la Quema Municipal de basura.

Mujeres jóvenes y bonitas.


Bibliografía

Revista del Club Huracán

Diario Clarín, 5 de junio de 2000

Enciclopedia del Fútbol, Diario Ole, 1998


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me voy con el poema del turco mohamed

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7 comentarios - Loco Houseman idolo quemero de parque patricios(pasion)

quemero69
Ante todo...excelente POST, Rene fue, es y sera el emblema mas grande del Club! (siii Turquitooo vos tambiennn)...lo que me llamo la atencion es tu NICK!!! si sos cuervo e hiciste este post, la verdad que te no te dejo puntos porque no tengo, pero si mis mayores felicitaciones!!!!
Aramis
un fenómeno rené.
palvarez86
che no quiero bardear pero no pueden ser tan pobres de tener de idolo al turco que no gano nada (1 ascenso) si se dicen grandes actuen como tal y dejen de jugar en un metegol que encima ni siquiera llenan y houseman se la pasa en pedo con la banda de excursio

= fue un grande no lo discuto

pero huracan sos muy chico
gabinino
Mkira este Post ortega, para ahi vas.
javidelbajo
El Loco es un genio, a palvarez86 que dice que vive en pedo con la Banda de Excursio le digo que está muy equivocado. René se rescató del escabio por su familia y por la gente de Excursionistas, en el barrio lo amamos todos, es padrino de la murga del barrio, y siempre va a la cancha a alentar, o si lo saludás se te queda hablando, NUNCA JAMÁS PERDIÓ LA HUMILDAD, eso es algo para destacar sobre él, te lo digo porque lo conozco personalmente.

Un abrazo muy buen post excelente
peposergio
palvarez86 dijo:che no quiero bardear pero no pueden ser tan pobres de tener de idolo al turco que no gano nada (




ESE ES EL PROBLEMA , LOS IDOLOS NO SON IDOLOS POR LAS COSAS QUE GANARON SIMPLEMENTE SON IDOLOS