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Salvador Bahía

Salvador Bahía
Andrés Chávez hizo doblete, dio una asistencia y fue estandarte con Lucchetti de la resurrección de Banfield, que lo goleó bien a Olimpo.

El está. Aunque sólo tenga 21 años, y que la mochila de esta temporada magra en puntos pueda resultarle demasiado pesada, Andrés Chávez dice presente. ¡Acá estoy! ¡Yo doy una mano! ¡Y un par de goles, si hacen falta! Por supuesto, Banfield le agradece tanto esfuerzo a esta gema que fue promovida a Primera bajo el alias de Látigo, por esos remates secos de zurda que casi siempre terminaban en gol cuando Pico Hernández lo dirigía en Inferiores. Sí, en el Sur ya corean su nombre. Y, ¿cómo no hacerlo? Si ante Racing, arrancando en desventaja, puso todo, metió el empate y empujó hasta que el equipo dio vuelta el resultado para que su equipo gane por primera vez en el Clausura. Una actuación que le valió, entre otras cosas, el elogio de Basile cuando se lo cruzó camino al vestuario. Cómo no aplaudirlo si ayer, ante Olimpo, otra vez de visitante y en desventaja, se volvió a lucir haciendo doblete y dando una asistencia.

Porque él, junto con Lucchetti, fueron responsables de que Banfield triunfe en Bahía Blanca. Ya más tranquilo y frío para definir que en sus primeras apariciones en Primera, el delantero hizo la pausa justa para convertir su primer gol, resolvió bárbaro tras pase de Tagliafico en el segundo de su cuenta personal y después, le dio el toque justo a Brum antes del cuarto grito. Olimpo sufría porque Rivoira le había pifiado a los cambios, dejándole espacios a un Andrés movedizo, inteligente en el desmarque y acertado en el cuerpo a cuerpo.

En una semana que incluyó la visita de la barra el miércoles, la dirigencia acercó nuevamente a un grupo de coaching para que dé charlas individuales para incrementar la motivación y la confianza. ¿Y quién fue el primero que habló con los especialistas? Claro, el Látigo, quien dejó en claro que se tiene mucha fe, y que con ese amor propio (y el de Lucchetti, que rechazó todo lo que le pasó cerca) contagió al equipo para que por fin reaccionara. Que diera señales de vida, de que puede. De que sólo hace falta un poco de ánimo y de esperanza para salir adelante.

En Banfield ya lo veneran. Porque cuado hizo falta, apareció. Es un salvador. El Salvador Bahía...

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