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¿Los mundiales de fútbol están arreglados?

¿Los mundiales de fútbol están arreglados?
Las estadísticas con respecto a los mundiales de futbol arrojan deducciones que permiten poner bajo tela de juicio los resultados futbolísticos desde los exactos comienzos de este tradicional campeonato que organiza la FIFA.

Entrando en el ámbito de resultados de partidos inaugurales, de las diecinueve ediciones disputadas en la historia del Mundial, ocho contaron con el equipo anfitrión en el partido inaugural. De estos, cinco resolvieron con victoria para el equipo local y tres con empate.

Los tres empates se registraron en mundiales de Inglaterra 1966 donde igualó ante Uruguay en el partido inaugural; México 1970, empatando con la Unión Soviética y en el mundial actual: Sudáfrica 2010, donde emparejaron resultados ante México con un aburrido 1 a 1.

En el Mundial de 1930, Uruguay se impuso en la apertura a México por un decisivo 4 contra 1, y cuatro años después, en la inauguración del Mundial de 1934, Italia sorprendió a Estados Unidos con un 7 a 1.

En 1950 y en el Maracaná, la selección local abrió el Mundial de Futbol Brasil 1950 venciendo a México por 4 a 0, y en el Mundial de 1958 Suecia superó a México 3 goles contra 0.

En 1962 Chile se impuso a Suiza 3 a 1 en el primer partido del Mundial 1962, y Alemania ganaría a Costa Rica por 4 a 2 en el partido inicial de la anteúltima edición.


Conclusión, la totalidad de los países anfitriones ganan o al menos empatan el partido inaugural. ¿Y las rondas finales? Pues estos lanzan un resultado similar, de los diecinueve campeonatos mundiales, 12 tienen al anfitrión dentro de los 4 primeros puestos y 6 como campeón. Pero… ¿por qué?

francia
La razón que puede apreciarse a simple vista son los grandes beneficios económicos en materia turística y de lo que a ingresos por entradas a los estadios se refiere que produce el público local. Este resulta el mayor interesado en asistir a los partidos para ver a su propio equipo que a otro en su lugar, una vez que el local pueda llegar a quedar desclasificado. Atraer al público mayoritario hasta el final, o hasta cuartos de final para ser exactos, es la llave del éxito.
Esto explicaría porque los países se matan por ser sedes del Mundial. Pero no sólo hay una razón económica escondida en dicho propósito, sino popular. Pan y futbol… o bueno, tal vez sólo futbol.
En noviembre del 2009, un libro llamado Soccernomics -algo así como “futboleconomía” de los autores Simon Kuper y el economista Stefan Skymanski, inició el debate sobre ciertos beneficios políticos económicos que arrastra este campeonato arrojando interesantes resultados estadísticos sobre este deporte.
Un mundial es “buen negocio” cuando el país anfitrión cuenta con una infraestructura importante como activo. Tal es el caso de la Copa organizada por Estados Unidos en 1994, que le costó a ese país apenas US$50 millones y que permanece como la más rentable en la historia.
En el pasado Mundial de Alemania, éste vio la oportunidad perfecta de modernizar sus estadios teniendo en cuenta que luego del Mundial, los rentabilizarían sus respectivos clubes invirtiendo € 3.700 millones en ser anfitriones. Seis meses después se reportaron los números que justificaron el tremendo gasto. Con 20 millones de espectadores, la mayoría locales, la industria turística logró ganancias adicionales de € 300 millones con respecto al período anterior y el ministro del Interior, Wolfgang Schäuble, reconoció la creación de 50.000 empleos.
En este mismo sentido, la elección de Brasil como sede de la Copa FIFA del 2014 es significativa, lo que retundió en un pico en la popularidad en la imagen del presidente Lula Da Silva. La supremacía económica del gigante carioca lo perfilo como único postulante ya que es una de las 10 economías más grandes del mundo. Brasil estrenará sus capacidades “anfitrionales” a un costo de US$ 9.420 millones
Según los autores, en países que han alcanzado un ingreso per cápita de más US$ 15.000, su felicidad, no es algo que mejore sustancialmente con un poco más de dinero, pero sí se logra organizando un Mundial.
¿Por qué? “Lo que consigue la sede es cohesionar a un colectivo en pos de un objetivo común, algo que en la práctica descubrieron las dictaduras fascistas. Las Olimpiadas de Berlín 1936 (Hitler), el Mundial de Italia 1938 (Mussolini) y el Mundial de Argentina 1978 (Videla) son ejemplos claros de cómo es posible lograr unión nacional en sociedades dislocadas, donde hasta el terror más explícito puede ser solapado bajo parafernalia deportiva”, expresan los autores.
La teoría está comprobada por estudios hechos por Georgios Kavetsos y el propio Szymanski, quienes compararon los datos sobre bienestar con los resultados obtenidos por los siguientes países antes y después de los eventos: Italia (Eurocopa 1980), Francia (Eurocopa 1984), Alemania (Eurocopa 1988), Italia (Mundial 1990), Inglaterra (Eurocopa 1996), Francia (Mundial 1998) y Holanda (Eurocopa 2000). En casi todos los casos, salvo uno (el de los británicos), la sensación de bienestar aumentó inmediatamente, algo que no se hubiera podido lograr si se hubiera destinado esa inversión económica a colocar asfalto donde no lo hay. Se estima que la cantidad de dinero gastada por el gobierno sudafricano en preparativos mundialistas - US$6.000 millones-, equivale a lo que invierte el Estado en viviendas durante 10 años.
Cuando hay pobreza, obtener trabajo digno o servicios básicos como casa, luz, agua potable mejora notoriamente la calidad de vida de las personas y repercute en índices de bienestar más “reales”. Rápidamente, es posible aprovechar la postulación a un evento regional como excusa para modernizar la infraestructura deportiva nacional, como fue el caso de la Copa América que organizó Perú en el 2004 a un costo de US$ 6 millones.
La línea inicial para generar felicidad con dinero deportivo es, entonces, de US$ 15.000 per cápita. Por debajo de ello, claramente, es recomendable la inversión social. El PBI per cápita de Colombia, país que hace años rechazó la postulación ofrecida por la FIFA, es de US$ 5.400. El de Sudáfrica es de US$ 10.1003.
Esto da una explicación al por qué de la elección de Blatter por un país tan problemático como Sudáfrica, donde declaró: “todo el mundo mira a África con condescendencia, pero nadie les otorga responsabilidades”. Una respuesta diplomática ante la verdadera razón: el huso horario conveniente para Europa, el principal espectador televidente de este Campeonato en un país hoy por hoy, contendido entre el rugby y el criquet colonial inglés.
Dicho esto, los autores ofrecen las fórmulas para vaticinar a los finalistas: países en ascenso económico como Corea o Japón, o países asentados económicamente como Italia, Francia o Estados Unidos que necesiten urgentemente la varita de la felicidad en sus habitantes, pueden perfilarse como ganadores de este certamen o como futuros anfitriones de los que están por venir.

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