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"Quiero que Boca tenga la agresividad que yo tenía"

Rodolfo Arruabarrena: "Quiero que Boca tenga la agresividad que yo tenía como jugador"

"Mi equipo se debe vaciar dentro de la cancha", advierte el Vasco; intensidad y sacrificio, dos palabras que el DT xeneize no negocia

"Quiero que Boca tenga la agresividad que yo tenía"

"No me gusta mucho esto de las notas, así que hablo con todo el mundo hoy y después me van a ver nada más que en las conferencias de prensa." No suena a reproche y mucho menos a malestar por sentarse a charlar un poco de fútbol. Se lo oye sincero cuando dicen que se pone incómodo con la exposición. Una mesa muy larga de color negro, de esas de reuniones de grandes empresas, un aire acondicionado que lanza frío y apenas dos personas. Paredes muy blanca y casi ni detalles azules y amarillos, apenas los de su ropa de trabajo. Una escenografía tan sencilla como el personaje en cuestión. El técnico de Boca deja su iPhone a un costado, casi como si no fuese importante tenerlo cerca y después confiesa que no le interesan en lo más mínimo "esas cosas" del Facebook y el Twitter.Rodolfo Arruabarrena, de 39 años, asegura que es un muchacho de Marcos Paz y suena creíble, no hay forma de sacarlo de esa calma que supo acunar en su infancia. Aunque en realidad, le hierve la sangre cuando habla de lo que pretende que irradie su equipo, aprieta los dientes para demostrar qué quiere para su Boca. Exuda pasión cuando habla de la pelota.

El antebrazo izquierdo muestra grabado en tinta el nombre de sus tres amores, sus hijos: Candela, Camila y Tomás. Gesticula cuando quiere explicar algo puntual, pero no altera el tono de la voz. Nunca. Por más enérgico que sea el mensaje. Conoce bien de qué se trata la empresa que le toca liderar y eso no lo saca de eje. No suelta ni una sonrisa, pero sí una mueca de felicidad cuando habla de sus afectos. Es el técnico de Boca, pero eso tampoco parece alterarlo. Es frontal y responde sin rodeos, tal cual asegura ser el Vasco Arruabarrena. Un productor ciento por ciento xeneize.

-¿Pudiste comprender exactamente en dónde estás dirigiendo?

-Sí, porque una vez que asumís, son partidos tras partidos y es todo muy rápido. Y me meto en eso y le doy para adelante. Soy medio raro en ese sentido. Sé las responsabilidades que conllevan estas cosas, sé que soy mirado y que tengo que ser ejemplo en lo que hago y digo. Pero estoy tranquilo. Y trato de ser lo más normal posible y no compararme con cuando estuve en Tigre o en Nacional.

-Pero en el año 2012 no tuviste problemas en reconocer que todavía no estabas preparado para ser el técnico de Boca.

-Es que recién tenía un año y medio como técnico de Tigre. Me faltaban seis meses más para finalizar el contrato, vino lo de Nacional después, que es un club grande internacionalmente y eso me ayudó a conocer algunas otras cosas. Cada experiencia me ayudó a crecer como entrenador y siento que todavía tengo muchas más cosas por aprender y para crecer. Pero también cuando me hacías una nota en 2008 y era jugador en Grecia decía que no iba a ser técnico, porque tengo una forma de ser que creía que iba a chocar mucho con los jugadores. Que mi forma de ser como jugador la iba a querer trasladar e iba a pretender que todos los jugadores sean como yo era y eso es imposible. Pero bueno, es algo que fui negociando, que fui manejando y que aprendí a resolver.

-¿Cómo se negocia eso?

-No todos se pueden acostar a las 21.30 como hacía y hago yo. Es un poco de sentido común. Hay diferentes cosas que uno fue cambiando y que fue permitiendo.

-Aprendiste cómo ser jugador de Boca pero, ¿qué se necesita para ser DT de este club?

-Tratar de hablar poco y trabajar mucho. Tener cuidado con lo que se puede decir, porque una palabra te puede hacer más daño que otra cosa. Después, estoy confiado con el grupo que tengo, tanto de jugadores como de cuerpo técnico. Y respetar mucho el trabajo. Creo que es lo que necesita un entrenador. Y después no queda otra que obtener resultados. Porque puede estar muy contento el club con cómo trabajás o los jugadores conformes con tus métodos, pero si no hay resultados dentro de una cancha, durás poco.

-¿Pero Boca es igual a todos? A Bianchi no le fue bien en la vuelta, Falcioni no resistió a la gente, Borghi dijo que estar en este club era como hacer el amor con la puerta abierta.

-Todos están atentos a lo que hacés. Podés hacer trabajos cerrados y todos se enteran. Pero en ese sentido no tengo problema. Hay cosas internas que charlamos y no se saben, y eso me deja tranquilo. El técnico de Boca necesita que el hincha, cuando va a la cancha, se sienta identificado con el equipo. Que diga este equipo tiene eso que tiene que tener un equipo de Boca. Después podés jugar mejor o peor.

-¿Qué es lo que tiene que tener?

-Acá tenés que correr y meter, y cuando hay que jugar, hacerlo bien. Porque la diferencia la hacen los buenos jugadores y los buenos equipos. Lo que no puede ver el hincha de Boca es un equipo sin intensidad. Que no tenga hambre de dar vuelta un partido, de pelear cosas. Eso no debe verlo el hincha de Boca. Después podés ganar o no, pero en noventa minutos los hinchas deben sentir que los jugadores se están rompiendo el alma por ellos.

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-Tuviste que tomar el control después de un mal ciclo de Bianchi y se revirtió la situación, ¿todo te salió como lo esperabas o fue mejor?

-Creo que podemos dar mucho más en cuanto a resultados, entiendo que podríamos haber hecho las cosas mejor todavía. Y en cuanto a rendimiento, si bien hemos jugado en algunos partidos bien, en otros no lo hicimos bien. Debemos encontrar esa regularidad. Pero confío en mi grupo de trabajo y en los jugadores. Confío en que este plantel puede darle alegrías al club.

-Dijiste que Manuel Pellegrini es el mejor DT del mundo. ¿Qué te impresionó de él?

-Manuel es un entrenador que trabaja mucho lo táctico y que tiene ideas muy claras. Son de esos DT que hacen un chiste y les queda mal. Pero que le llega al jugador. De la misma manera que lo ha sido Carlos , con otras formas, pero con el mismo objetivo. Son tipos serios a los que no les gustan las polémicas; que son sencillos, que saben cómo llegarle al futbolista. Yo tuve la fortuna, en Argentina, de estar con los mejores. Y si bien parece una frase hecha, de todos sacás cosas buenas y de las otras.

-Cuando comenzaste como técnico, charlaste con varios DT para a conocer mejor la profesión, ¿lo seguís haciendo?

-Sí. Lo hice, lo hago y lo seguiré haciendo, estando aquí o no. Creo que uno crece como entrenador con esas cosas. He jugado con la mayoría de los sistemas, pero si uno ve un equipo que trabaja bien un sistema específico, trata de charlar con el entrenador que lo aplica para conocer cómo lo hace. Tuve varias charlas, con Simeone, Pochettino, Pellegrino, Pellegrini, el mismo Bianchi. Y las seguiré teniendo.

-En las conferencias de prensa se te suele escuchar que te cuestionás cosas, ¿en Boca es bueno dudar deportivamente de todo para siempre estar atento?

-En Boca y en todos lados. También es mi manera de pensar. En donde te relajás o te sentís cómodo, dormiste. Siempre hay alguien que te puede hacer daño desde lo deportivo. Siempre hay algo que se puede mejorar. Podés hacer las cosas bárbaras, pero siempre hay cosas que se deben perfeccionar. Cuando era jugador, tenía un profe que decía que cuando las cosas vienen bien, siempre hay que armar un quilombito como para que se refresquen todas las ideas. Después, el entorno ya lo conocemos todos.

-Cuando fuiste técnico de Tigre, en 2012, dijiste: "Lo bueno o lo malo que soy como entrenador se lo debo al grupo", ¿qué querías decir con eso?

-Lo pensaba como jugador y lo pienso ahora como técnico. Para mí, al entrenador lo hacen bueno o malo los jugadores. Seguramente que el porcentaje de responsabilidad del DT durante la semana es más alto, pero el día del partido sólo tenés que tener cuidado con los cambios y hay veces que le erramos hasta en eso. Pero son los jugadores los que deciden. A un entrenador bueno lo pueden hacer mucho mejor sus futbolistas. Y yo he tenido la oportunidad de tener en Tigre, en Nacional y ahora en Boca, buenos jugadores. Debo sacarle provecho a eso.

-¿Cuánto te ayudó ser ex jugador de Boca para poder llegar y revertir todo en poco tiempo?

-No sé, son cosas diferentes. Cuando uno es jugador es una cosa y como técnico es otra.

-Pero tenés que conocer el paño para hacer algo así...

-No he salido de Casa Amarilla y me quedo acá hasta las tres de la tarde. Y esto ha cambiado y mucho. Lo que me gusta es ser frontal, le digo las cosas de frente al jugador y quiero que ellos hagan lo mismo conmigo. Creo que así hay menos dudas. Trato de ser justo cuando presento el equipo en el campo, y si soy justo me equivoco menos.

-¿Quizá la diferencia sea el método?

-Puede ser, no sé. Siempre trabajo igual, me gusta la pelota y me gusta que los trabajos tengan un fundamento. Me gusta que el jugador sepa por qué se hace cada cosa. Me parece que pasa por ahí.

-¿Cuánto tiene que ver lo que eras como jugador con lo que sos como entrenador?

-Y... hay mucho. Me gusta la agresividad, en el buen sentido. Quiero que Boca tenga la misma agresividad que yo tenía como jugador. Me gusta recuperar la pelota lo antes posible y tenerla yo. Hay momentos en los que se puede y otros en los que no. Eso quiero que tenga mi equipo. Para mí, un equipo tiene que saber manejar todo. Hay momentos que hay que saber cómo jugar de contraataque, cómo defenderse, cómo circular la pelota. Saber cuándo hacerlo.

-¿Discutís con tu cuerpo técnico?

-Sí, pero en realidad somos parecidos en cuanto a pensamientos de juego. Quizá discutimos más sobre el entorno. Cambiamos opiniones siempre y después el que decide soy yo. No me sirve tener a mi lado gente que me diga todo que sí.

-¿Como DT se pueden soñar con objetivos como los que soñabas cuando eras futbolista?

-Uno puede tener un sueño y apuntar a cosas, pero después chocás con que los exámenes los das partido tras partido. Sea en Boca, en Tigre o Nacional. Anhelos personales tengo, sueños tengo, pero no soy de pensar mucho en el futuro. En realidad, el cargo no te lo permite demasiado. Ahora, mi presente es Rosario Central, el domingo.

-¿Quién es tu cable a tierra para esta locura que es Boca?

-Tengo varios. Mi señora, con ella trato de hablar para descargarme. Hablo mucho con mi cuerpo técnico. Sé que muchas veces hay cosas que no me dicen para que no me enganche. No tengo Facebook, no tengo Twitter, no me gustan. Cuando fui el otro día a hacer la conferencia de prensa antes del clásico, no sabía que Teo había salido con el cartelito ese ("No fue córner". En mi cuerpo técnico me cargaban y me decían: "¿Cómo no vas a saber?" Y les dije que no me interesan esas cosas, me interesa la cancha. Después, cada uno es responsable de lo que hace.

-Pero, ¿podés desengancharte de ser el técnico de Boca?

-Hay veces que sí. Quizá me voy a pescar. O me quedo jugando con los chicos. Miro películas.

-Cuando tomaste la determinación de venir, sabías que el proyecto de los dirigentes eran los Mellizos, ¿eso te generó más responsabilidad de tener que demostrar algo?

-Lo hablé con Daniel y después lo hablé con Gustavo [Barros Schelotto], pero yo no tengo problema con eso. Tengo responsabilidad por ser el primero de una generación que ganó bastante y la oportunidad de dejar una puerta abierta para los demás. Tengo la obligación de hacer las cosas bien. Y estoy tranquilo porque tengo un buen grupo y confío en mi trabajo.

-Si alguien ve tu equipo en la cancha, ¿cómo lo identifica?

-Porque mis equipos se tienen que entregar y vaciar dentro de la cancha. Porque tiene la idea bien clara de lo que se necesita para estar en Boca. Un equipo que demuestre que merece defender los colores de esta camiseta. Si el hincha de Boca ve esas cosas, está tranquilo, aunque está claro que son los resultados los que mandan.

-Si alguien no te conoce y quiere saber quién es el Vasco Arruabarrena, ¿qué le decís?

-Un muchacho de Marcos Paz ¿Qué le voy a decir? Un muchacho de Marcos Paz que tuvo la suerte de jugar en la primera de Boca y hoy es el entrenador. Pero esencialmente un muchacho de Marcos Paz, porque sino se enoja la gente de ahí.

"Espero que el grupo crezca mucho más"
"Con un buen grupo, compacto, que va creciendo y que esperemos crezca mucho más como equipo y como grupo." Arruabarrena contesta sin rodeos. Está muy a gusto en Boca.

-Te lo pregunto porque hasta hace un tiempo se habló del clima interno del plantel de Boca.

-¿Por qué lo decís?

-Porque se hablaba que era compleja la convivencia en la época que estaban Román y Palermo, después cuando estaba Riquelme solo.

-En los otros yo no estaba. Cuando estuve desde el 98 hasta junio del 2000 no hubo ni un solo problema. Nada. He estado, con 17 años, en el famoso Halcones y Palomas, y nunca noté nada. Después, escuché a integrantes de aquella época que se decían cosas. Yo llegaba en el Citroën de mi viejo y él me decía que en la radio decían que estaban todos peleados, pero le respondía: "Yo no noto nada". Pero bueno, éste es un buen grupo, un grupo que tiene ideas bien claras y sabe adónde apunta. Esperemos que los resultados ayuden.

-¿Sentís que vos bajaste el nivel de locura y trasmitiste tu perfil bajo?

-Puede ser. Pero te digo la verdad: para mí los grupos son importantes. Si el grupo tiene ideas claras, apunta para el mismo lugar y todos van juntos. es más fácil. Si hay alguno que se descarrila, bueno le digo, "vení para acá, vamos para este lado".

-¿Esa es la frontalidad de la que hablás?

-Sí, claro, porque a mí como jugador me gustaba que me digan las cosas en la cara.

-Está bien, pero eso a todos los futbolistas no les gusta....

-Pero te juntás y charlás con el jugador. Porque uno también tiene que escuchar.

170
Son los partidos que acumula como entrenador. Dirigió 76 partidos en Tigre, 27 en Nacional y acumula 8 juegos en Boca, con 4 victorias, tres empates y una derrota.

249
Son los partidos que disputó con la camiseta de Boca, entre el 12

10/92 hasta el 5/7/2000. Además jugó en Rosario Central, Villarreal (España), AEK (Turquía), Tigre y Universidad Católica, de Chile.

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