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Cappa y Borghi Apuro toque

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Cappa y Borghi dejaron la camiseta de lado y hablaron ...


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UNO JUGO EN RIVER y ahora es el técnico de Boca. El otro dirigió a Boca (cuatro partidos, pero lo dirigió) y ahora es el entrenador de River. Uno es hincha de Racing por herencia paterna y a su hijo ya le había comprado -antes de nacer- babero, escarpines y vasito celeste y blanco; pero le tocó conducir los destinos de Independiente. El otro se crió como hincha del Rojo escuchando las hazañas contadas por su padre en la peluquería, pero fue DT de Racing. Uno acusa más de 100 kilos en la balanza y por momentos parece a punto de explotar. Al otro se le notan los huesos y sus patitas flacas se parecen quebrar.

“Mucha suerte”, se desean Claudio Borghi y Angel Cappa, uno al otro, y aunque la escena aparenta ser de ficción, porque dónde se ha visto que los técnicos de Boca y River se anden juntando por ahí a charlar de fútbol y de la vida y encima cometer el sacrilegio de tirarse flores, bueno, aunque la escena aparenta ser de ficción, el saludo asoma auténtico.

Borghi y Cappa no se conocían personalmente hasta que se vieron, charlaron y se dieron un apretón de manos hace un mes en los estudios de C5N, invitados por Beto Casella a su programa de entrevistas.

Cruzados por las historias curiosamente antagónicas citadas líneas arriba, en las respuestas que luego entregarán a El Gráfico, los técnicos de Boca y River sumarán muchas más coincidencias que discrepancias y, entre otras cosas, reafirmarán sus raíces filosóficas en la materia, destacando la admiración que profesan por quien consideran como el mejor entrenador del mundo en la actualidad. Ni Mourinho, ni Guardiola, ni Del Bosque. A la pregunta de quién es el mejor de todos hoy, los dos contestaron por separado lo mismo: César Luis Menotti.

-¿No se conocían, entonces?
-No teníamos el placer. Bah, hablo por mí. Por ahí a Angel no le interesaba conocerme.
-Podríamos habernos conocido en el 88, cuando César agarró River y Borghi fue uno de los refuerzos, pero en ese momento yo estaba dirigiendo solo. Sí lo vi jugar, claro. Borghi fue uno de los mejores jugadores que he visto. Recuerdo un Independiente-Argentinos, una noche de Libertadores en Avellaneda: lo que jugó Borghi ese día fue descomunal. Son esos partidos que te quedan para toda la vida.
-A Cappa lo descubrí por su cercanía con Menotti. Cada vez que lo escucho, aprendo dos o tres palabras nuevas, y a mí me encanta aprender todo el tiempo. Lo seguía bastante en una revista española para técnicos llamada Training, en la que él escribía. Cappa me ha convertido en pirata: por su culpa mando a sacar fotocopias de sus notas, y eso creo que está prohibido, ¿no? Estuve muy atento a lo que hizo en Huracán, un club al que quiero muchísimo. Quería ver si su teoría se podía llevar a la práctica, como que le tomé examen: “Bueno ahora que dirigís, a ver si podés hacer lo que me decías en la revista”. Y me tapó la boca. Gratamente.

-Angel, ¿cómo lo ve a Borghi como DT?
-A pesar de ser muy joven lo noto equilibrado, sereno, seguro en lo que hace, así gane o pierda, porque lo vi así en Argentinos y también en Independiente, cuando no le tocó ganar. Domina la situación sin que el resultado le modifique su estado de ánimo ni sus decisiones.

-Son distintos en el banco: uno insulta seguido y otro parece un monje tibetano.
-Bueno, ya que dije tantas cosas buenas de Angel, ahora me permito una crítica: no me gusta cómo pierde el control en ciertos momentos. Es más, tengo una solución para que deje de gritar: importar las vuvuzelas de Sudáfrica. Una de las grandes cosas que dejó el Mundial: gracias a las vuvuzelas no vi gritar a casi ningún técnico.
-Tampoco grito todo el partido, pero es cierto, debería tranquilizarme, dar otra imagen. Incluso, si el insulto es un poco largo, a los tres segundos ya ni sé por qué estoy puteando.
-Yo no soy de arengar sino de convencer. En la cancha nunca me van a ver gritar, aunque sí puedo alentar a mis jugadores cuando los tengo cerca. En la Bombonera es imposible gritarle algo a uno que está en el otro lateral. Menos que menos soy de levantar los brazos. Viene de familia: si a mi viejo le levantaba la mano, me mataba a patadas. Si le hago un gesto a un jugador que está lejos, por ahí piensa que lo estoy mandando a la mierda. Entonces, no se lo hago.

SONRISAS y buena onda en el encuentro de elegante sport. Los dos consideran a Menotti como el mejor DT del mundo a Menotti en la actualidad.
-El Bichi parece sedado en el banco; Angel, ¿no pensó en tomar tranquilizantes?
-Tranquilizantes sólo tomo para subirme al avión. En eso nos parecemos con Claudio, aunque no le tengo tanto miedo. Si hay cielo despejado, me subo encantado; si está nublado, bueno... me tomo un Lexotanil y listo.
-Yo me tomo una pastilla y un vasito de ron. Antes no tenía problema con los aviones. Me acuerdo de mi primer viaje, en Argentinos, en 1981. El Loco Salinas se sentó a mi lado y me dijo: “¿Pibe, trajiste guita para la comida? Si no, no pidas nada, eh”. Cuando pasó la azafata y me preguntó qué iba a comer, le contesté que nada. Todavía se deben estar riendo mis compañeros. Mi problema con los aviones empezó cuando tenía 42 años y mi hijo 10, las mismas edades de mi viejo y mía cuando él se murió. Se juntó eso con un estudio del corazón que no le había salido bien a mi hijo. Me subí al avión, me tocó sentarme solo y antes de despegar empecé a transpirar. No aguanté más, me bajé y me puse a llorar como un pibe.

EL PIBE. El sueño del pibe. Como futbolista, Cappa no logró saltar la barrera de Bahía Blanca, así que su aspiración de grandeza debía vincularse sí o sí a un banco de suplentes. Borghi, en cambio, fue un gitano del fútbol que defendió 19 camisetas, y gracias a su título con Argentinos logró resolverle a Boca un enigma que no encontraba solución entre mil y un candidatos.

El de Cappa es un caso curioso. Aunque pocos lo recuerden, en 1987 dirigió al xeneize en cuatro partidos: “Menotti me había llevado para trabajar en Inferiores y para ayudarlo en algunas prácticas. Un sábado a la noche, me avisan que operaron al Flaco de urgencia. Tuvimos que agarrar el equipo con Poncini. Había que dar la charla en una época en que Menotti decía 'Usted no se peinó' y era una genialidad. Adelante teníamos a nenes como Higuain, Rinaldi y Gatti. Todos esperaban a ver qué decíamos. Fue jodidísimo”. Pasó las dos series en la Liguilla, con Armenio (4-2 y 2-2) y Newell’s (1-0 y 5-2) y le devolvió el equipo a Menotti en la final.

En este 2010, Cappa también estuvo cerca de desembarcar en la Bombonera. Existió un sondeo, su apellido fue a parar al escritorio del presidente Ameal en aquellas semanas interminables de cavilaciones, como el de otros tantos entrenadores, y por eso Daniel Passarella –rápido de reflejos- aceleró los tiempos, despidió a Astrada y fue a buscarlo con determinación. También, curiosamente unos días antes del llamado del presidente de River, a Cappa le ofrecieron el cargo en Nacional de Medellín. Angel pidió una fortuna porque no estaba convencido de una nueva mudanza. Se la dieron. Entonces, por educación o intuición, vaya uno a saber, se excusó con el argumento de que esperaba algo importante de la Argentina.

-¿Lo sorprendió el llamado de River?
-Sí, totalmente, no me lo esperaba para nada. Hubo insinuaciones de amigos antes de las elecciones, pero con los otros candidatos, nunca del lado de Passarella. Cuando Daniel me llamó a España y me lo propuso, le dije: “Esperá, dejámelo pensar..” (risas). “Bueno, está bien”, le dije como a los dos segundos.
-A mí también me sorprendió que me buscara Boca, porque nunca tuve nada que ver con el club. No sé qué número de candidato era, lo importante es que estoy acá. Y muy cómodo.

-¿Tuvieron alguna duda para aceptar?
-¡¿Cómo voy a tener dudas!? Te llama River...

-Puede haber miedos.
-A ver, ¿te invita a cenar Claudia Schiffer y le decís que no? Por ahí te ponés un poco nervioso, pero vas igual, ¿o no?
-Yo lo charlé con la familia, siempre antes de tomar una decisión acerca de aceptar o no un equipo, se charla entre todos. Esta vez mi mujer se va a instalar acá, igual que mi hijo Filippo. Dominique, mi hija, se quedó en Chile, estudiando publicidad: será la primera de la familia Borghi en recibirse en una universidad. Y eso es un orgullo para todos. Pero bueno, habrá que ver cómo lleva la madre estar separada de su hija. De acuerdo con eso, veremos si este es el último año que dirijo en Argentina o no.
-No es fácil el tema familiar. Yo, desde que me exilié en el 76, siempre estoy despidiéndome de alguien. Tengo dos hijos españoles, uno acá, que es dramaturgo, mi mamá y mi hermano acá. Y mi mujer ahora viene más de lo que va, porque mis hijos ya están grandes, así que se va a instalar conmigo. Con mis hijos nos queremos mucho, nos hablamos todos los días. Mi hija es de River en Argentina y del Madrid en España; mi hijo es del Barcelona, y el de acá es de Independiente, pero después son todos hinchas míos, lógicamente. Lo raro es que apenas salí de Huracán, María, mi hija, me dijo textual: “Tú tienes que ir a River, tú vas a ir a River”. Cuando ahora me eligieron, me comentó con naturalidad: “Yo te lo había dicho”. Es una especie de adivina.

LA RABONA, UN CLASICO. Borghi jugó en River. Hoy, es el técnico de Boca.
-¿Sienten que hay una revaloración del tiqui-tiqui? Ustedes dos, Ramón en San Lorenzo, Menotti-Garnero en Independiente, España campeón del mundo?
-El tiqui-tiqui es un término que encuentro despectivo –responde Borghi-. Como si fuera una burla. No me gusta cómo se utiliza. Creo que quienes se lo pusieron a un equipo como Huracán nunca creyeron que iba a hacer buen fútbol. Decían que se iba a caer en la quinta fecha. Sí, se cayó… en la última, y con un penal Yo fui hincha de Huracán ese año. Fui hincha de Cappa y quería que saliera campeón. Ahora ya no quiero que lo sea, claro…
-Yo también lo veo como algo peyorativo, una chicana, como si se tratara de un jueguito: mirá lo que hacen estos muchachos, tocan la pelota. Igual, no me ofendo. Y sí, creo que en el país hay una revalorización del buen juego.

-Bichi, ¿un DT puede ser hincha de otro?
-Por supuesto. Yo soy hincha de varios técnicos. Así como lo fui de Cappa, soy hincha de Sabella, porque jugaba en el mismo puesto que yo. Está el mito de que los que jugábamos de 10 no podíamos ser entrenadores. Ojalá que les vaya bien a todos los 10, para destruir ese mito. La mayoría de los técnicos son defensores o mediocampistas de marca. Cuando Carrasco empezó en Uruguay y su equipo hacía de a cuatro goles, me ponía contento porque era otro habilidoso al que le iba bien.

-Angel, defínase como jugador, no se lo vio.
-Un crack, ja, ja. A Claudio lo puedo engrupir porque no me vio. Siempre digo lo mismo: para el medio donde me movía, era un buen jugador. Fui defensor y volante central. Intuía, adivinaba la jugada para interceptar, era correcto con la pelota, por lo general se la daba a un compañero, no tenía resistencia para correr mucho, cabeceaba poco, tenía dominio de la pelota pero no le pegaba bien, entonces nunca intentaba hacer un pase de más de 10 metros. Mi papá fue un gran crítico, sólo 2 o 3 veces lo vi contento por cómo jugué. Hoy hay jugadores que erran un pase por 10 metros, y pienso: “Si yo erraba un pase así, no podía volver a dormir a mi casa, me tenía que ir a lo de mi tía”.
-Yo era como una mina bien vestida en un boliche: aparentaba ser mucho más de lo que era. De pibe jugaba muy bien; de grande, empecé a ser más productivo para el equipo pero dejé de hacer los chiches que hacía de chiquito.

-Los dos estuvieron en River y Boca, ¿qué diferencias notan entre ambos clubes?
-River tiene otra filosofía –anticipa Cappa-, se nota inmediatamente en la gente. En Boca importa cómo jugás. Pero menos. Boca, para mí, es como el Real Madrid, que a pesar de tener grandes equipos y todo, si gana, ya está; si un jugador tiene entrega, ya está. En cambio, en el Barcelona tenés que jugar bien, por eso lo comparo con River.

-Sin embargo, siempre se pone a River a la par del Real Madrid.
-En el Madrid, la Quinta del Buitre, por ejemplo, nunca fue del todo aceptada. Y eso que ganó cinco campeonatos seguidos, algo que no hizo nadie en España, eh; sin embargo, porque no eran jugadores que salían con la camiseta ensangrentada ni con la ceja partida, recibían bastantes críticas. Por eso para mí es mayor el paralelismo entre River y Barcelona. Al Barcelona nadie lo mueve de su identidad, acentuada de Cruyff para acá. Yo creo que el hincha de River aspira más a eso que a ganar un campeonato. Y aunque en algunos años se desvió, el Barcelona siguió confiando en su identidad. Parece que la palabra identidad ofende a algunos, pero River la tiene.
-Yo jugué un solo clásico en la cancha de River y perdimos 2-0. El River-Boca es diferente a todos. Espero vivirlo con la misma intensidad como entrenador. Y que siga la racha: que gane Boca. Para lo demás, dejame recordar una famosa frase de Labruna: Boca es grande porque River es grande; uno depende del otro.

-¿Prometen que en los próximos superclásicos se verá buen fútbol?
-Las intenciones van a estar –asegura Borghi-. De nuestro lado y del otro. Si se cumple o no es otro cantar.
-Yo he dirigido Racing-Independiente, con Menotti de un lado y yo del otro, y hemos hecho partidos buenos y también malos. Esto no es una ciencia exacta. Los que juegan son los jugadores.

-¿Creen que después de un par de torneos muy flojos, River y Boca pelearán el campeonato?
-Ojalá, le hace falta al fútbol argentino que los grandes peleen arriba.

-Claudio, ¿te gustaría ver a River en la B?
-No, yo no estoy dispuesto a faltarle el respeto a la gente de River para ganarme el cariño de los de Boca. No es mi estilo. Además, nunca podría querer eso: tengo muchos amigos de River.

MISMO TALANTE. Cappa, a la derecha de Menotti, en Boca. Higuain y Tapia: dos testigos de lujo.
-¿Cuál es la frase que más les repiten los hinchas por la calle?
-La gente de River ha sido muy afectuosa conmigo desde el primer día. Es un afecto que me lo tengo que ganar todavía, me está dando un afecto anticipado, como un crédito. Espero poder pagarlo.
-A mí, por ahora, me siguen diciendo “bienvenido”. Veremos qué sucede cuando vayan pasando los partidos.

RIQUELME, PASSARELLA Y MENOTTI. Los tres apellidos están vinculados de algún modo a Cappa y a Borghi.

Destaca Cappa del 10 de Boca: “Lo conocí en España. A través de Signorini se armó un almuerzo con otros jugadores más. Terminamos a las 7 de la tarde, después nos fuimos a cenar y seguimos hasta las 4 de la mañana. Acá también nos juntamos varias veces cuando dirigía a Huracán. Y lo seguiremos haciendo. Riquelme es uno de esos tipos que llevan puesto el fútbol. Cuando lo compró el Barcelona, a un amigo mío le preguntaron si creía que Román se iba a adaptar al fútbol europeo. Y mi amigo contestó: ‘Si no se adapta, hay que cambiar a todos los europeos, porque el que sabe jugar es Riquelme’. Cuando se conoció la noticia de mi llegada a River, la primera llamada que recibí en España fue la de Riquelme. ‘Lo felicito, ojalá le salga todo bien’, me dijo”.
“Riquelme es un clásico que no se fabrica más –analiza Borghi-. Cuando está por surgir uno nuevo, los técnicos lo echan a perder: le piden que corra más, que gambetee menos y chau.

-¿Por qué tiene fama de ser un tipo jodido?
-No soy íntimo de él, pero antes de llegar a Boca me invitó a comer a su casa y hablamos mucho. Mi hijo Filippo se crió teniendo trato con muchos jugadores y yo le vi admiración sólo por dos: Riquelme y Orteguita. Román le servía la comida y no lo podía creer. Tiene fama de áspero, de secote, de hosco, les contesta mal a los periodistas; tal vez sea una imagen que da hacia afuera: como es tímido pone cortinas para que los demás no descubran cómo es realmente. Pero no es así, para nada.

-Angel, ¿con Passarella mantuvo contacto todos estos años?
-A Daniel lo conocí en la época del Mundial 82, cuando yo colaboraba con Menotti. Recuerdo un partido entre Barcelona y Argentina, un homenaje a Carles Rexach. Daniel tenía una gripe terrible, con mucha fiebre, pero no había posibilidad de reemplazo y jugó igual, se mató, una cosa increíble. Con el tiempo mantuvimos el contacto, sí, nos vimos en varias ocasiones cuando pasaba por Madrid, con él y también con Sabella.
-Yo lo tuve de compañero en el Mundial 86 y para mí era muy raro: con 12 años, lo había visto salir campeón del mundo en el 78. El tipo inspiraba respeto. Era un caudillo. Después volví a estar con él en River. Daniel es un tipo con enorme personalidad, se ganaba el respeto con su sola presencia.

-¿Quién es el mejor DT del mundo, hoy?
-En este momento, el Flaco Menotti.

-Vamos, Angel...
-Sí, para mí es el que más conoce, el que más sabe, el que reúne todas las condiciones que debe tener un entrenador. Junto con Rinus Michels son los últimos dos revolucionarios del fútbol: uno por el concepto y el otro por la táctica. Mi paralelismo es el siguiente: Marx y Freud fueron a la historia y a la psicología lo que Menotti al fútbol.
-Para opinar de un técnico, hay que haberlo tenido. Y de los que yo tuve, Menotti fue el mejor. Yo dije que defendía como Bilardo y jugaba como Menotti. Carlos me llevó al Mundial 86, aunque no sé si me necesitaba. Igual, siempre se lo agradeceré. Pero mi gran maestro es Menotti, tengo muchas más coincidencias con él. Menotti dignificó la vida del jugador. Hay un antes y un después de Menotti. Eso mismo siento por Alfonsín en la política, aunque no le haya ido tan bien. Son personajes que marcan épocas, por más que no todos coincidan. Antes de Menotti, se nos trataba como tarados que corríamos detrás de una pelota. Después de Menotti, somos personas que practicamos un deporte profesionalmente. Ahora seguimos teniendo de todo: tontos e inteligentes. Pero somos dignos. Tiene tanto encanto el Flaco, que si en una mesa somos 10 personas, los 9 hablamos sólo cuando él se levanta para ir al baño. El y Mercedes Sosa fueron las personas que más me conmovieron en una charla. A la Negra la conocí en una cena en Chile, ella no sabía quién era yo y me atendió con mucho cariño. Me puse bastante nervioso ese día.
-En el fútbol, primero está el Flaco. Y después Cruyff. Estuve varias veces con él. Tiene una claridad y una sencillez absolutas. Y te hace reír, es muy divertido.

ESTAMPA DE CRACK. Pensar que era hincha de Independiente y fue DT de Racing.
-¿Cuál es el esquema táctico preferido de cada uno?
-A mí me gusta el 3-4-1-2 –afirma Borghi-. Mi apuesta parte de una premisa: jugar con línea de 3 para no sacrificar al enganche. El 4-4-2 es el más cómodo, el menos riesgoso, el que menos tenés que trabajar y el que la gente más acepta.
-Yo no tengo ningún esquema en particular, salvo que me gusta jugar con cuatro en el fondo para que los laterales se sumen y jueguen. Después, lo que surja.

-¿Creen que el 4-2-3-1 que se usó mucho en el Mundial comenzará a imponerse?
-Si le ponés el 0291 adelante llamás a mi primo en Bahía Blanca –sonríe Cappa-. Te contesto con un Coco Basile ilustrado: “Yo acomodo a los jugadores y una vez que empieza el partido se me desacomodan todos”. Es decir: te invito a sacar fotos de los equipos en distintos momentos del partido y vas a ver la cantidad de numeritos telefónicos que salen.
-Si alguien me puede certificar con qué esquema juega España, lo felicito. Ponerle numeritos a esta España sería bárbaro, pero no encuentro ninguno.

-Díganme tres requisitos básicos de un buen entrenador.
-Conocer el juego, respetar el juego y transmitir bien el juego (Cappa).

-¿Qué es conocer el juego, Angel?
-Saber de jugadores y cómo se juega, los conceptos básicos de este juego, como saber jugar al truco o al ajedrez.

-Un par de conceptos.
-A ver... Uno: es mucho más eficaz una pelota segura hacia atrás, que una dividida hacia adelante. Dos: para salir jugando, los laterales no pueden estar a la altura de los centrales, deben ubicarse más adelante; si no, bajan los volantes y te marcás solo. Otra: el defensor tiene que estar con el culo apuntando al arco, ahí va a estar siempre bien parado. Cuatro: no se va hacia la pelota sino a ocupar un espacio. Los mejores volantes son aquellos que saben ocupar los espacios con inteligencia: Xavi, Iniesta, Césc Fábregas.

-Se desearon suerte al despedirse hace un rato... ¿tenían los dedos cruzados, atrás?
-¿Por qué no le puedo desear suerte a Claudio? Es un compañero de trabajo. Yo no me alegro de que a los demás les vaya mal, me alegro si a mí me va bien.
-De verdad le deseo a Cappa que le vaya bien. Que le vaya bien, sí, pero un poquito peor que a mí.

Perfiles

Angel Cappa
Nació en Bahía Blanca y escuchó las primeras proezas futboleras en la peluquería de Don Blas, su padre. Con Rivadavia, el club de baby, un día ganaron 17-0 y el técnico del equipo los masacró: “Fuimos un desastre, ganamos porque los otros eran muy malos”. Allí comenzó a florecer en su interior el menottismo, antes de que César Luis le pusiera apellido a sus ideas. Se inició en Villa Mitre con 11 años. Fue lateral izquierdo y luego volante central. Jugó en Olimpo, se rompió los ligamentos a los 27 años y se retiró. Estudió filosofía y dio clases en la Universidad de Bahía. Militó en el peronismo de base, una vertiente de izquierda del gran movimiento de masas. Nunca empuñó un arma. Comenzó a dejarse el bigote, requisito tan indispensable para sus actividades como haber leído a Marx. En los primeros años de la última dictadura, lo detuvo un control cuando manejaba su Citröen cargado de panfletos revolucionarios. Ya tenía amigos desaparecidos. “Cappa, el que juega al fútbol”, lo reconoció el militar de turno y le hizo la venia sin revisarlo. Ahí mismo decidió exiliarse. “Si me paraban en otro lugar que no fuera Bahía, hoy no la cuento; el fútbol, a mí, me salvó la vida”, afirma. Vendió el auto y se fue a España con un amigo y 200 dólares en el bolsillo. Trabajó en una tienda de muebles y como "ghost writer”, escribiendo para otros. Con un grupo de exiliados denunciaba a la dictadura y proponía el boicot al Mundial 78 en la revista Correo Argentino. Cappa escribía y distribuía, de todo un poco. Paradojas de la vida: “Después nos juntamos a ver los partidos y gritábamos los goles de Argentina como locos”. En 1980 comenzó a colaborar con Menotti siguiendo equipos por Europa. Consiguió que la Federación Castellana lo enviara a Uruguay para realizar un informe sobre el Mundialito 81. “Dormía en una pensión y morfaba una vez por día”, recuerda. Con Menotti trabajó en el Barcelona y también en Boca, donde llegó a dirigir a la Primera en cuatro partidos. Luego conoció a Valdano y lo acompañó en Tenerife y Real Madrid, hasta que el DT que todos llevamos adentro necesitó salir del cuerpo de Angel y declarar su independencia.

Claudio Borghi
Criado en una familia de ocho hermanos, tenía 10 años cuando murió su papá –sereno en el INTA- por un ataque al corazón. Los cuatro hijos mayores debieron salir a trabajar. Claudio repartió sodas, fabricó jaulas, fue herrero y zapatero. El apodo Bichi se lo puso el padre, pero no recuerda por qué. No olvida otros: Icho, adjudicado por el hermano mayor, porque hinchaba. En los potreros de Castelar, en la villa de Camino de Cintura donde jugaba partidos por plata, era Chueco, Negro, Mono; y en Chile se ganó el mote de Guatón (panzón) Parrillero. La abuela Hipólita ocupa una porción grande de su corazón. “En casa no había idea de fútbol, los pibes me venían a buscar para jugar y mi abuela debió pensar que algo bueno tendría y me empezó a llevar al club Luz y Fuerza todos los días”. Comida no faltaba, pero el menú tenía apenas cuatro renglones: polenta, sopa, guiso con menudos de pollo y mate cocido con sánguche de mortadela. Iba al Gran Tía de Haedo a practicar el trueque: dejaba sus zapatillas viejas y se llevaba las Flecha nuevas. “Pero no era robo porque dejábamos algo”, aclara. El padre del Checho Batista lo sumó a Argentinos tras verlo en un picado. Se colaba en el tren y jugaba a las escondidas con el guarda: de Morón a Argentinos tomaba dos colectivos y un tren. Terminó la primaria y no pisó la secundaria. “Por suerte me quedó mucho espacio libre sin ocupar”, resalta. Intermitente, pachorriento, exquisito como pocos, estrenó el rótulo de “sucesor de Maradona” con su explosiva aparición en el Bichito. Popularizó la rabona: era capaz de cruzar un pelotazo de 50 metros pasando la derecha por detrás de la zurda. “Las usaba como recurso, no como cargada”, explica. Gitano del fútbol, defendió las camisetas de 19 equipos, incluyendo 3 de baby. Conmovió al ambiente cuando contó que era mormón y llegaría virgen al matrimonio. Admite que no cumplió. Intentó ser representante, pero no duró ni un mes. Hoy sigue practicando la rabona, pero en la vida: “Nunca hago lo que la gente está pensando que voy a hacer, soy un tipo raro”.

info de Revista El Grafico

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4 comentarios - Cappa y Borghi Apuro toque

@gastonbordet95
se tienen que pelear ??? cappa es quemero y borghi es del bicho
@Tinker__Bell
gastonbordet95 dijo:se tienen que pelear ??? cappa es quemero y borghi es del bicho

cappa quemero ? jauajaua