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El mejor jugador del Mundial todavía se asombra de lo que la Celeste generó en su pueblo. Sus goles en Sudáfrica, la Copa América 2011 y su fanatismo rojo: "Con el Kun bromeamos con volver...".

Antes del Mundial no era así -dice el hombre, estirando y torciendo el cuello para que lo veamos en el retrovisor-. Los botijas andaban con la camiseta de Messi, la de Ronaldo, la de Kaká. Europa, Real Madrid, la Pleistation (sic), ¿no? Y ahora, mírenlos ahora: se visten con la Celeste, la 10 de Forlán. No, si este país es otro después del Mundial, totalmente otro, vo’. Uruguay cree, ahora, en Uruguay. Y eso lo lograron los botijas éstos: Abreu, Lugano, el Dieguito Forlán...".

El camino es de tierra. El taxi blanco acelera y las piedras rebotan en la chapa como una llovizna fatal. Hace unos diez minutos que nos escapamos del centro de Punta del Este, donde la palabra del taxista se había hecho cuerpo, camiseta, realidad: adolescentes y niños caminan las cuadras y las playas con la 10 de Forlán. La primera epidemia que viste de celeste la piel le ha borrado a Uruguay su eterna lágrima murguista.

"Ver a los niños con mi camiseta fue lo que más me asombró, lo más fuerte, sí. Antes no se veía eso, o al menos yo no solía ver eso. Que la gente esté orgullosa de vestir la camiseta de Uruguay es lo mejor que pudimos conseguir", nos dice entonces Forlán, Diego Forlán, el mejor jugador del Mundial. El taxi blanco ha llegado: fotógrafo y cronista ya están en el Club de Golf de la ciudad. La Fundación Alejandra Forlán, hermana del delantero, ha organizado una clínica de golf. El verde de los green se extiende con la eternidad del mar. Y aquí, bajo la sombra de una carpa, el otro Diego, el Obdulio rubio, mano a mano con Olé.

-Y pensar que antes del Mundial nos decías que en Uruguay te criticaban como nosotros a Messi, que la prensa insistía en comparar al Forlán de la Celeste con el del Atlético Madrid.

-Y era así, tal cual. Casi siempre me preguntaban por qué allá hacía goles y acá no, y la verdad es que nunca supe qué contestar, por qué me ocurría así. En el Mundial consolidamos un gran equipo, convertí cinco goles (NdeR: un doblete en el 3-0 a Sudáfrica, un grito en el 1-1 con Ghana y otros dos en los 2-3 ante Holanda y Alemania) y logramos lo que habíamos ido a buscar: que Uruguay volviera a ser un grande mundial.

-Otra coincidencia con Messi: ninguna hinchada te pertenecía o te defendía, porque vos tampoco jugaste en tu país.

-Es verdad. Increíble, ¿no? Pero bueno, son particularidades. Y ahora los chicos de Uruguay usan mi camiseta (se ríe). En Juveniles había jugado bastante (NdeR: disputó el Mundial Sub 20 de Nigeria 99, en el que Uruguay también fue 4°) y luego busqué otros horizontes. Ya en el 97 estaba en las Inferiores de Independiente. 97, la de años que han pasado...

-Recién me decía Pablo, tu viejo, que jugó en Inglaterra 66 y participó de Alemania 74, que antes de Sudáfrica le pedías que te contara historias de Obdulio Varela, el héroe de Brasil 50.

-Y no sólo de Obdulio, sino también de los partidos que él vivió, cómo se juega un Mundial, todas esas cosas. Siempre es lindo escuchar, aprender. Hemos pasado horas y horas hablando con mi viejo.

-¿Hoy son la mejor selección de Sudamérica?

-Fuimos la mejor clasificada en el Mundial, que no es lo mismo. No creo que el cuarto puesto influya en una Copa América dificilísima, la más dura de las últimas ediciones. Se vio en el Mundial: Paraguay llegó a cuartos y le hizo un gran partido a España, lo de Chile, nosotros, más Argentina y Brasil, que siempre son Argentina y Brasil. Es la primera vez que todas las selecciones pueden ganarla. En serio lo digo. Y más Argentina, que corre con la ventaja de ser local.

-En la Copa América les volvió a tocar uno de los grupos más difíciles. ¿Ya es cábala? -Es increíble, ¿viste? -Chile, donde ayer se reflotó la chance de que siga Bielsa, México, al que le ganaron 1-0 en el Mundial, y Perú.

-Difícil, muy difícil. Pero así fue en el Mundial, y fijate hasta dónde llegamos. Primero hay que clasificarse a los cuartos. Y luego, bueno, se verá. En Sudáfrica ya se observó un Chile muy agresivo, que ha crecido muchísimo, y Perú, con Markarian, querrá resurgir su escuela. Pero se puede, siempre se puede. Si hubo algo que logramos en el Mundial fue eso: demostrar que Uruguay puede hacerlo. Hasta en la sociedad se nota ese cambio. Y el equipo querrá repetir esa hazaña, una vez más.

Sólo una cosa no puede ignorarse en el fútbol, y es el color. Los libros y la historia siempre juegan, pesados e invisibles entre el número ocho y el volante tapón. Siete meses antes de que Facundo Parra se eternizara con dos goles en el 3-1 ante el descendido Goiás e Independiente fuera campeón de la Sudamericana, Diego Forlán alzaba la Europa League con el Atlético Madrid. Equipo grande, campaña silenciosa, irrespeto en los medios, la gloria final. "Me sentí recontra identificado con esa Copa", se sonríe el uruguayo, también culpable de dos goles en su final. Entonces fue 2-1 al Fulham, en el Volksparkstadion de Hamburgo, para que el copero Aleti fuera campeón. Y en Mónaco, hace cuatro meses nomás, fue Agüero, otro diablo rojo, quien cerró el 2-0, en la Supercopa de Europa, al Inter de Milán. ¿Quién dijo que los libros no muerden? La historia de estos clubes es así.

-¿Te enganchaste viendo la Sudamericana por Internet?

-No, ¿qué Internet? Por televisión la vi. Era Independiente, por favor.

-¿Y qué te pareció?

-Muy similar a nuestra campaña en la UEFA (sic), ¿no? Al principio empatamos muchos partidos (NdeR: cinco de los primeros seis; los octavos y los cuartos, ante Sporting Lisboa y Valencia, los superaron por el gol de visitante), a veces jugábamos mejor, a veces peor, que sí, que no, que sí, que no, y de repente ya estábamos en la semifinal ante el Liverpool. Nuestra virtud fue aprovechar las pocas oportunidades que teníamos en cada partido, como lo hizo el equipo de Mohamed.

-Agüero también había escrito, en Twitter, que la campaña de Independiente le había recordado a la de ustedes.

-Porque fue así. Nosotros tampoco éramos favoritos, y mirá cómo terminamos. La autoridad con la que le habíamos ganado al Liverpool (NdeR: 1-0 en el Vicente Calderón y 1-2 en Anfield) nos dio una fuerza para la final que en otras fases no habíamos tenido.

-¿Recuerdan con el Kun sus pasos por el club?

-(Se ríe) Sí, sí. Cada tanto bromeamos con volver a Independiente.

-¿Lo dicen, se lo prometen o sólo bromean?

-Nah, bromeamos, pero... Bueno, todos sabemos que hay una gran diferencia de edad para que los dos juguemos allá, aunque las ganas de volver estén siempre. Al Kun le quedan muchos años en Europa.

-¿Y a vos?

-Y a mí también, ojalá. Mi idea es quedarme el tiempo que pueda. Tengo dos años y medio de contrato con el Aleti, y la verdad es que los quiero cumplir.

-¿Cuántos años tenés, Diego?

-31.

-¿Y cómo no te va a dar para volver? A los 34 ya estás acá. Y te retirás a los 37, a lo Palermo.

-No estaría mal (se ríe). Las ganas de volver están, siempre estarán. Pero aún quiero continuar acá, y luego, bueno, esto es así: en el fútbol nunca se sabe.

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