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CAPÍTULO 1 ¿Que hay en la oscuridad?

Puedo asegurar que nadie, jamás, podrá olvidar el dia al que todos llamamos el dia de la noche; era un 22 de enero de 2019, cuando la NASA, en un comunicado de ultimo minuto descubrió que una estrella de proporciones descomunales compartía, órbita con nuestro sol, al parecer dicha estrella ya había pasado por la misma órbita, millones de años atrás; la estrella no era peligro alguno, ya que su órbita era entre el sol y mercurio.

Obviamente, la estrella pasaría directamente enfrente del sol, creando el eclipse con mayor duración en la historia de la humanidad; la expectativa era inmensa, ya que un evento cósmico como este, nunca había sido presenciado por nadie, la Nasa predecía que el eclipse durará, casi 24 horas, ese día yo estaba sentado frente al televisor, viendo las noticias ya que todos. los canales estaban preparados para llevar una transmisión en vivo y simultánea, en varios países.

Ese mismo día yo tenía planeado viajar a la ciudad a entregar, mi mas reciente trabajo, un novela intitulada simplemente Z, de un tema ya pasado de moda, pero que según mi editor; quien por cierto ya habia leido una buena cantidad de paginas, me aseguraba que mi novela, avivaría la llama casi apagada de los libros sobre zombis; la verdad era que dicha novela la había comenzado años atrás.

Pero ya que mi primer libro publicado, había sido un incipiente libro de autoayuda, mi editor no me había permitido, escribir nada que no fuera de ese tema, hasta unos meses atrás, cuando por error le había enviado las primera páginas de Z, y al dia siguiente me encontré bombardeo de mensajes en mi time line de facebook, todos sobre el mismo tópico, 一 me ha encantado, lo mejor que he leido, lo publicaremos, RESPONDE¡¡¡¡¡¡一.

Elogio tras elogio, algo que jamás podría hacer, publicar algo que no fuera de autoayuda, se volvió realidad, ese exacto dia estaba terminada y lista para ser publicada, pero dicha novela, jamás vería la luz del sol. La euforia de la gente, por ver el eclipse era palpable, incluso en las noticias, habían puesto un horroroso, contador en retroceso del tiempo que faltaba para que el eclipse comenzará; a escaso dos minutos de que iniciara.

Subí a la azotea para ver con mis propios ojos como el tan sonado eclipse comenzaba, para mi sorpresa casi todos mis vecinos, habían hecho lo mismo era cerca del mediodía, y todos estaban en sus azoteas; el doctor Ernesto y familia, mi extraño vecino contiguo, Marcos, que según yo era un científico, y mi vecina del frente Andrea, la chica más guapa que yo había conocido, salude a Andrea como siempre lo hacía.

Recuerdo el dia que ella había llegado, al fraccionamiento, yo vivía en el fraccionamiento las biznagas. Un fraccionamiento no muy grande, pero me gustaba porque era muy tranquilo, como era nuevo casi no nadie vivía ahí, solo yo y los vecinos que mencione previamente.
Andrea había llegado un lunes hacía casi 4 meses, el dia que ella llego, toco mi puerta, esperando a que le abriera un hombre mayor, ella me dijo que como el primer vecino que vio fue al buen doctor, en su cabeza se formó la idea de que solo había personas de edad avanzada viendo en el fraccionamiento, entonces cuando yo abrí la puerta, su expresión de sorpresa no se hizo esperar; me saludo muy tiernamente y me pregunto mi nombre.

Después de una breve charla, me pido un favor, como había llegado al fracionamiento, sus cosas estaban por llegar, y tendría que subir su cama al segundo piso, ya que las casa eran bastante pequeñas, todas seguían el mismo diseño como en todos los fraccionamientos, en él nuestro el diseño era una sala comedor y un baño para invitados en la primera planta, era una sala amplia y una cocina muy bien equipada.

la cochera y en la segunda planta, o la planta superior dos recamaras y un baño principal muy bonito con una tina muy amplia además de una regadera de agua solar, en mi caso yo usaba una recamara para dormir y la otra la tenía montada como mi estudio privado, para escribir; sin pensarlo dos veces ayude a Andrea a subir su cama al segundo piso, mientras acomodamos todas sus pertenencia.

Me contó porque había llegado el pueblo, ya que ella venía de una gran ciudad al norte del país; era una promotora de ventas de una reconocida marca de automóviles, pero después de tener una altercado con un superior la enviaron al pueblo y la asignaron un trabajo de secretaria; por lo que me daba a entender el altercado había sido de índole sexual, ya que un compañero de trabajo la acosaba y al final este movoi influencias para reubicar la en un puesto menor, con menos salario y en un lugar perdido de dios como el pueblo.

Pero por lo que yo podía notar, no le importaba, a demás de que cuando ella llegó, le encanto el pueblo, me contó que toda su vida la pasó en la gran ciudad, y siempre había soñado con vivir en un lugar pequeño y tranquilo como el pueblo; era su sueño hecho realidad, recuerdo haber pasado todo un dia con ella desempacando y acomodando cada recuerdo que tenía; fotos de sus padres, de amigos, artesanías compradas en viajes que había realizado.

Sin que ni ella o yo nos percataramos de que el día se había ido volando y la fría noche se presentaba, con la típica neblina brumosa; de pronto mientras ordenaba unos libros de Andrea la cual tenía un excelente gusto literario, no me di cuenta de que estaba parada justo detrás mío, me voltee y ella me dijo 一hola, ¿cómo vas con mis libros?一 la verdad es que bastante bien dije mirándola directo a los ojos.

Su mirada era cálida y tierna una de esas miradas que uno no ve muy a menudo en el pasar de la vida. 一Migue, como me has ayudado mucho te invito a cenar qué te parece一 dijo Andrea acariciando su largo y sedoso cabello castaño.



一 Por mi esta perfecto la verdad es que tengo hambre y conozco un lugar de comida típica bárbaro, créeme te encantara- Andrea mantuvo su mirada fija en la mía, sonrió y me dio un beso suave, casi imperceptible en la mejilla.

一 Solo que hay una condición, ¿me permitirías, darme un baño en tu casa?, ya que el gas no me lo conectan hasta mañana, ¿no sé por qué? pero eso me dijeron 一. A mí no me molestaba así que no negué para nada.

Cuando Andrea entro a mi casa noto que mi casa era diferente a la de todos, y tenía razón primero tenía paredes más gruesas ya que, estaban reforzadas con titanio por seguridad, los vidrios era más grueso de lo común, ya que eran anti balas, y había tomas de aire en esquinas estratégicas, todo para tener máxima seguridad, desde que yo era un niño, temía por mi seguridad y como tenía el capital para pedir ciertas modificaciones estructurales, no vi ninguna razón para no hacerlo.

Para mi sorpresa, lo que a Andrea le parecía diferente eran los bonitos muebles que tenía y la gigantesca pantalla de 80 pulgadas empotrada en la sala de estar, ella nunca había visto una en persona y quedo boquiabierta literalmente por un buen rato; preguntó si yo era rico a lo cual conteste. 一 No claro que no, aún sigo pagando esa cosa 一. Dije encogiéndome de hombros

Le indique que el baño principal estaba arriba, siempre los hombres decimos que las mujeres tardan años arreglándose, pero Andrea, era la excepción, en el mismo tiempo que yo me cambie de jean´s y me puse una camisa con estampado de cuadros ella estaba lista, bajo las escaleras, radiante con el cabello suelto volando con gracia cerca de sus hombros, sus labios suavemente acentuados con un brillo muy tenue, era la mujer más bella que había visto.

Tenía una linda chamarra que a leguas, se notaba que era abrigadora, y más importante aún era nueva, cuando estuvo parada a mi lado revisando las cosas que llevaba en su bolsa, un aroma de perfume me invadió esa fragancia indescriptible se mi dulzona que tienen las mujeres cuando están arregladas que no es el perfume. 一 Pero que chamarra mas bonita, se nota que es muy abrigadora 一 dije mientras suavemente acariciaba su hombre con el pretexto de admirar la tela.

Andrea levantó la mirada y tomo mi mano que se encontraba en su hombro entrelazo sus dedos con los míos, y se acercó con paciencia a mi oreja y me susurro. 一 Gracias, tu también te ves muy guapo, te sientan las camisas muy bien 一 Regresó a estar frente a mí, y me pregunto si podrías usar mi auto ya que el suyo estaba guardado, que por cierto Andrea tenía una camioneta muy bonita; mi auto también estaba guardado pero era más fácil sacar el mío que ir a su casa y sacar su camioneta.



Cuando entramos a mi cochera, su vena inquisitiva, saltó de nuevo, mi auto no era un auto cualquiera, era un challeger negro, Andrea no lo podía creer, ya que era un auto bastante caro, ella solo los había visto en agencia, por segunda vez me hizo la misma pregunta. 一 Migue dime la verdad ¿eres rico? 一. A lo cual nuevamente yo respondí con un seco no.

Es cierto no lo había mencionado mi nombre es Miguel, pero como todo el mundo me llamaba Migue, le había dicho a Andrea que me podía llamar así, mientras conducía al restaurante del que le había comentado, me contaba que en la ciudad donde vivía, siempre hacía calor, y que nunca espero que un día terminara en un lugar tan frío como lo era el pueblo; donde solo con asomarse por la ventanilla de mi auto y mirar al cielo vería tantas estrellas.

Al parecer algo que en la ciudad era imposible de contemplar eran las estrellas, y poder verlas con tal facilidad le fascinaba, incluso las calles le parecían bonitas, con luces tenues, poco abarrotadas, tranquilas, Andrea decía que todo el en pueblo era lindo por ser lento; al principio no lo entiendo, ya que para mi que toda mi vida la había pasado allí, las calles las estrellas todo era lo de todos los días nada nuevo, ni mucho menos sorprendente.

Pero para alguien que toda su vida, la pasó en el ajetreado bullicio de la ciudad, la calma y la paz del pueblo eran algo nuevo y excitante que descubrir. lleve a Andrea un lugar llamado,café briza del cofre, era un bonito café restaurante; el ambiente era muy agradable y en meses de frío tenían una chimenea que mantenía todo el lugar a una temperatura agradable sin llegar a ser bochornosa, siempre tenían música tranquila: normalmente parte del soundtrack de alguna película que el dueño había visto en su niñez.

La cena con Andrea no fue nada fuera de lo común, era muy agradable y carismática, no hay que ser un genio para notar que ella me gustaba, casi estaba seguro de que ella sentía lo mismo que yo, es una de esas conexiones, casi instantáneas, al terminar la cena, le pregunté que si le gustaría caminar un poco en el parque del pueblo. 一 Claro me encantaría, este lugar me gusta mucho 一 dijo mientras daba el último sorba a su bebida un té helado sabor naranja la verdad no se lo comente pero desde que había llegado a la mesa tenía el antojo de probarlo.

Una vez afuera del café, ella buscó mi mano y nuevamente entrelazo sus dedos con los míos, sus manos eran cálidas y suaves, no sé con exactitud pero me acerque a su mejilla dándole un beso, pequeño, suave, casi con un poco de miedo, de que fuera a rechazarme pero no lo hizo, acercó su mejilla más a mis labios y al alejarme me abrazo con mucha fuerza 一 Me encanto la cena, eres una gran compañía 一. Dijo mientras sus brazos apretaban mi cuello y yo respiraba su rica fragancia.

Mientras dábamos vueltas por el parque sin realmente un lugar al que ir, mi corazón latía muy fuerte, no quería que ella soltara nunca mi mano, alguna vez nos ha pasado a todos, es uno de esos momentos, que no quieres que terminen, pero al final, la deje en la puerta de su casa, la mejor tarde que había tenido en mi vida, la mejor cena, y el paseo más largo de mi vida terminaron con un tierno beso en el porche de la casa de Andrea.

La verdad es que nunca definimos con exactitud que éramos ella y yo, pero cada tanto, los dos pasábamos tiempo juntos, ya fuera, charlando hasta altas horas de la noche; o bien viendo una película, o cualquier cosa, me encantaba estar con ella.

En el preciso momento, en el que terminamos de saludar, el cielo comenzó a oscurecerse, levante la mirada con el típico cristal protector, para ver mejor, pero lo que vi no me gusto para nada; todo se veía normal pero muy en el interior algo no estaba bien; baje la mirada, algo me inquietaba, esa sensación en la boca del estómago, cada vez era más fuerte y molesta, algo malo estaba por pasar.

De la nada comencé a escuchar gemidos y gruñidos a los lejos, pero que aumentaban gradualmente como si comenzaran a acercarse, mi corazón dio un pálpito, el sonido era más fuerte mientras más avanzaba el eclipse; por instinto voltee a la derecha de donde, yo creía que venían los extraños sonidos; lo que vi me dejó la boca completamente seca, como en un día caluroso de primavera.

En el pasado vi eclipses lunares, y también de sol pero nunca ninguno, como ese eclipse, mientras el sol era ocultado una sombra, tan oscura como un cubo de brea se posaba sobre todo, ni las luces de los autos escapaban, a ella, todo a su paso era engullido, era imposible mas sin embargo ahí estaba observando la sombra más profunda que en mi vida logré presenciar.

De la nada caí en el piso de la azotea, una fuerte explosión se había escuchado en dirección a la sombra; a lo lejos los apagados gritos de terror y angustia eran casi inaudibles, el dolor en mi estómago era mortal algo no estaba bien; nada bien, gire la cabeza para ver a andrea, ella estaba parada sin moverse intentando ver a través de la oscuridad, yo la conozco muy bien y sabía que tenía mucho miedo tal vez incluso más que yo.

De un solo impulso me levante y baje de la azotea parecía que nadie más, escucharan los ruidos que no dejaban de acosar a mis oídos, pero no me importaba si los escuchaban o no, yo tenía que ir por Andrea, no se que era lo que estaba pasando, pero no lo quería descubrir y mucho menos dejarla sola, contra lo que causará esos ruidos; yo sabía que mi casa era la mas seguro de todas en el fraccionamiento y tenia mucha comida en reserva.

No me importaba lo que me costara, pero yo tenía que ir por andrea, y rápido, el ruido se hacía mayor a cada segundo y la oscuridad se acercaba más, pero ningún vecino se movía, parecían moscas viendo una lámpara, baje corriendo la escaleras, esperando no caerme, al llegar a mi puerta por un segundo, observe el pomo con temor, pero no podía dejarla solo, no debía.




Salí de la casa de golpe y no vi nada más que la puerta de Andrea, entre a su casa y comencé a llamarla a gritos 一¡Andrea! ¡Andrea!一. mi garganta estaba seca con el segundo grito pero andrea no bajaba, no se realmente como subi a su azotea, pero al verla mas de cerca sabia que tenia mucho miedo, estaba temblando, era como un titiriteo, ya sabía que no estaba nada bien y mi única reacción fue correr y abrazarla.

Al principio se resistió, pero al final se volteo al ver mi rostro se apretó contra mi pecho一 Migue tengo mucho miedo, creo que nadie más lo escucha pero hay algo en la oscuridad一 dijo mientras yo acariciaba su cabello y le susurraba que todo saldría bien pero que teníamos que ir a mi casa, que era la más segura de todas; ahí estaríamos bien.

Corrimos los mas rapido que pudimos y dejando casi todas las cosas de Andrea, pero no era momento de pensar en eso, al entrar por la puerta de mi casa la cerré por completo, como todo estaba comenzado a oscurecerse, encendí las luces; Andrea estaba temblando muchísimo, le dije que le haría un té para que se relajara un poco y que lo mejor era esperar a que el eclipse terminará, solo serian 24, teniamos películas, comida y todo para estar bien.

Busque una frazada, para que Andrea se calentara, un poco y tal vez dejara de temblar mientras buscaba la frazada, los ruidos desaparecieron, y comenze a escuchar el sonido de mi televisión; encontré una frazada muy reconfortante y abrigadora, al regresar a la sala de estar Andrea estaba viendo, el canal de noticias, una de tantas transmisión en directo del eclipse, la cubrí con la frazada abrazándola mientras besaba la corona de su cabeza.

En la pantalla el eclipse estaba casi completo, y los sonidos ya no estaban, como comenzaba a estar muy oscuro, las cámaras habían encendido las luces, de pronto lo que mis ojos y los de Andrea vieron no lo podíamos creer, de la oscuridad salió una garra con piel oscura, y rugosa como si fuera la piel de un elefante, pero la reportara no la noto; hasta que la golpeó y tiró al piso, el camarógrafo gritó, con tal fuerza que las bocinas de la tele, casi volaron.

El dolor en mi estómago, era cada vez mayor, era el miedo que reprimía, en un tonto intento de verme tranquilo para que Andrea no tuviera tanto miedo, le di un beso en la frente y subí las escaleras para ver por la ventana, no lo había notado pero antes de que el eclipse se completara, el alumbrado se había encendido por sí solo.

Por la ventana todo se vía normal, pero había algo que no concordaba, siempre la luz se expande, pero parecía como si la luz no pudiera expandirse, formaba un círculo perfecto de no más 2 metros de diámetro como si la misma luz tuviera miedo de ir en contra de la oscuridad, de la nada cayó la esposa del doctor Ernesto, vestida con un bello vestido blanco; en la azotea solo había visto al doctor y a sus dos hijas pero no a su esposa, seguramente fue al pueblo por algo para desayunar.



Pero al regresar la oscuridad ya la había atrapado, tirada en el piso, su vestido casi hecho jirones se teñía de un fuerte rojo carmesí, que brotaba a borbotones, la mujer levantó la mirada y su ojos encontraron los míos, nunca olvidaré la mirada de aquella mujer que por el momento no recuerdo su nombre, mirándome fijamente, en el momento que quiso gritar, de la oscuridad un especie de cuchilla como la de una mantis religiosa; salió atravesándola de extremo a extremo, levantándola lentamente para llevársela a la plutónica penumbra.

Quería vomitar pero me contuve con todas mis fuerzas, estoy seguro de que grito, pero como las ventanas eran aprueba de balas, eso me tranquilizaba un poco, Andrea estaba muy, alterada, con lo que habíamos visto por la tv, y no era conveniente, que hubiera visto lo que yo vi, mucho menos escuchado el grito de la mujer, baje rápido las escaleras, Andrea seguía viendo, las noticias pero la cámara estaba en el piso y no enfocaba nada.

En todos los noticieros se presentaba los mismo que no salieran de sus casas, nadie sabía que estaba pasando pero el gobierno había tomado cierta iniciativas, yo estaba seguro de algo lo que estuviera en la oscuridad no podían entrar en donde hubiera luz, por suerte para los dos, mi casa tenía muchas luces en el exterior, y nada de lo que estuviera ahí afuera, se acercaría.
No entendía que era lo que estaba sucediendo pero por el bien de Andrea tendría que estar los más calmado posible.

Después de dar la advertencia, las noticias terminaron, la programación de la televisión era normal como si nada hubiera pasada, yo me dirigí directamente a la cocina para prepararle el té que la había prometido a Andrea con la esperanza de que se calmara un poco y pudiéramos afrontar la situación en la que nos encontrábamos de la mejor manera, escogí un sencillo te de mora y frambuesa muy rico que relajaría a Andrea.

Una vez listo él te; Andrea se había levantado del sillón, con la frazada aun en los hombros, apretándola fuertemente, con un suave temblor en sus muñecas.─ Migue que está pasando ─ pregunto Andrea con un tono de incertidumbre, como si fuera hacer la última ocasión en la que ella y yo podríamos charlar, levante la mirada con lentitud, mis manos comenzaba a tener ese suave hormigueo inalienable, si no me controlaba comenzarían a temblar no sabía que sucedía que mucho menos que sucedería pero tenía que ser fuerte para Andrea.

Levante la mirada lentamente y note que sus ojos comenzaban a tener ese tono vidrioso, me acerque a ella la tome en mis brazos y ella simplemente me abrazo con la frazada, me aleje un poco y le dije que yo la mantendría a salvo no importara lo que me costara, era totalmente verdad, lentamente la lleve al sillón, y fui por la taza de te, que había preparado; para que la tomara, esperando que sus nervios se calmaran, poco a poco el color en su piel volvió mientras ella se calmaba yo también lo hacía.

A los pocos minutos Andrea ya estaba recompuesta, yo me sentía tranquilo y feliz al verla, para mí era una persona muy importante en más de una sentido, tenía que hacer todo para que ella estuviera, tranquila, ya tendría tiempo para pensar que había sido lo que había visto por la venta y mas importante aun que teníamos que hacer, no tenia ni las mas minima idea de como afrontar el problema en el que estábamos, decidí continuar viendo la televisión, esperando que informaran algo que fuera de ayuda, pero la programación se mantuvo normal, la oscuridad ya era total por fuera de la casa se escuchaban ruidos extraños, gruñidos guturales y cosas que con palabras no podría describir; de pronto Andrea reacciono, como si hubiera vuelto de la muerte.
CAPÍTULO 1   ¿Que hay en la oscuridad?

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