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El valor: utilidad vs trabajo

¿El valor de las mercancías está determinado por el trabajo materializado en ellas, o por la utilidad marginal que los individuos le asignan a la obtención de un bien?

Dejo algunos fragmentos iniciales del libro de Diego Guerrero que se propone refutar la pretensión neoclásica de fundar su teoría sobre la noción de utilidad marginal. El libro completo está disponible aquí


El valor: utilidad vs trabajo
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UTILIDAD Y TRABAJO
(TEORÍAS DEL VALOR Y REALIDAD ECONÓMICA CAPITALISTA)



1.1. De la realidad a la teoría, y viceversa
Entre la evolución de la realidad económica y el desarrollo de las teorías que defienden las distintas escuelas de economistas y que se expresan con mayor o menor fortuna en la enseñanza universitaria actual existe una relación desde luego múltiple y no lineal. Sin embargo, la dirección de causalidad principal está más que clara: los aconteceres de esa sección del mundo real que llamamos economía, y en particular los de la economía capitalista actual, se manifiestan entre otras cosas en cambios ideológicos que tienen una influencia decisiva en los programas de investigación y enseñanza de los economistas teóricos y aplicados, así como en la relación que éstos mantienen con el casi omnipotente pensamientos publicado, ligado al papel de los medios de comunicación y demás aparatos o instrumentos institucionales por medio de los cuales se lleva a cabo la reproducción ideológica de la sociedad, parte sustantiva y fundamental de la reproducción social en su conjunto.

Así, no se descubre ningún secreto afirmando que en la época de la burguesía, es decir, en nuestra época actual en la que domina en todo el mundo el modo capitalista de producción, aún en su forma clásica, la profesión de economista en cuanto tal –no la población de economistas en cuanto individuos concretos y subjetivos– está especialmente condicionada y sesgada por las necesidades reproductivas de las actuales relaciones de producción capitalistas.

En este sentido, siguen teniendo razón Marx, o los socialistas clásicos de los siglos XIX y XX, o un humorista actual tan ingenioso como El Roto. Si el primero dejó escrito en esa obra fundamental del pensamiento que es El capital que “el economista es el sicofante del capitalista” (véase el recuadro adjunto), y enseñó a muchos socialistas –aunque recogiendo una tradición nacida antes que él– que había que distinguir entre los “economistas” y los “socialistas” (esas dos especies incompatibles de pensadores de lo social); el último ha demostrado que las cosas no han cambiado tanto como pudiera parecer. En efecto, en una viñeta de este humorista, aparecida en El País de 22 de enero de 2005, se ve a dos obreros jugando a las cartas, el primero de los cuales pregunta al otro (que muestra claros síntomas de haber sido apaleado recientemente): “¿Cómo te pudo pegar el patrón siendo tú más fuerte que él?”; a lo que el segundo contesta: “Es que me estaba sujetando un economista”. A pesar de que no suele ser verdad que una imagen valga más que mil palabras, en este caso la historieta gráfica del genial humorista español resume y ahorra muchos de los litros de tinta que gastaremos en nuestro intento por aclarar el fondo argumental de este libro.

(...)

Sin embargo, como veremos en este libro, algunas de las así llamadas aportaciones neoclásicas tienen muy poco de analíticas y mucho más de puramente propagandísticas y apologéticas del sistema dominante, de forma que a poco que se profundice en el ritmo interno de su discurso el sonido de los más salvajes ditirambos del capitalismo resultará perfectamente audible.
Los estribillos de estos cantos y danzas al moderno Dionisos capitalista son en realidad muy variados, pero quizás el más pegadizo de todos ellos sea el del famoso eslogan de la “soberanía del consumidor”, auténtico pilar popular de las ideas económico-liberales básicas, como son la mano invisible, la autorregulación “general”, “perfecta” y “equilibrada” del sistema de mercado, y su corolario definitivo: la tendencia al “óptimo” social que genera dicho sistema, que sería supuestamente el colmo y la fusión de la máxima libertad de elegir con la mínima intervención externa posible por parte del indeseable Estado (del bienestar, por ejemplo).
Pues bien, no sólo hay que criticar todas estas manifestaciones expresas de liberalismo económico, complemento fundamental e insustituible del paleoliberalismo político que se expresa ahora en forma de neoliberalismo, sino que hay que ir alguna vez al fondo de las premisas teóricas que le sirven de base. Y al autor de este libro no le cabe ninguna duda de que el primer fundamento de toda la construcción neoclásica es precisamente la teoría del valor basada en el principio de la utilidad marginal del consumidor individual, o teoría utilitarista del valor, que en este libro, que tiene por objetivo central la crítica de esta teoría, llamaremos simplemente “TUV”. A desarrollar esta crítica nos dedicaremos, pues, a partir de este momento.

1.2. Los principales juicios de valor de la Economía neoclásica

Antes de pasar, sin embargo, a la teoría del valor propiamente dicha, haremos una reflexión más general, que pretende contribuir a la demostración de cuatro tesis preliminares e interrelacionadas:

1º) Que el principal juicio de valor de la Economía neoclásica consiste en la afirmación de que el único programa de investigación teórica que merece hoy la pena seguir por parte de los economistas es el dirigido a perfeccionar la absurda tesis siguiente:

Si suponemos que existe un equilibrio general (con todos los precios situados en su nivel de equilibrio) y que todos los agentes económicos se comportan de tal manera que entre todos determinan unas cantidades de oferta y demanda de equilibrio (general), entonces es posible demostrar que puede existir un equilibrio general, que éste puede ser único y estable, y que tendrá necesariamente la propiedad de ser eficiente en el sentido de Pareto (lo cual es una propiedad que está implícita en la propia definición de equilibrio general), es decir, que producirá un resultado tal que nadie podrá mejorar sin empeorar simultáneamente la situación de algún otro”.

Esta tesis es claramente absurda porque, resumida lógicamente, equivale a decir nada más que: si se supone que ya existen los precios y las cantidades del equilibrio general, o sea, que ya tenemos un equilibrio general, entonces se puede demostrar que un equilibrio general es posible y puede ser además único, estable y eficiente.

El alcance científico de una tesis así no es mayor que el que tendría esta otra: “Si suponemos que en la luna existe una especie animal que se comporta de tal manera que obtiene como resultado que ninguno de sus miembros pueda mejorar su situación sin simultáneamente empeorar la de algún otro, entonces será posible demostrar que puede existir una especie animal en la luna que sea única y estable y esté formada por miembros que se comporten de tal manera que el resultado sea que no podrán mejorar sin empeorar simultáneamente la situación de algún otro”.

Sin embargo, la enorme cantidad de tiempo y esfuerzo dedicados a perfeccionar una tesis tan absurda como la anterior, y la increíble fuerza de inercia que tienen las tradiciones intelectuales, lo mismo que todas las tradiciones, dan normalmente la impresión de que la teoría del equilibrio general sí merece la pena. Además, la sofisticación de los métodos instrumentales utilizados en este intento de hacer posible lo que es imposible genera la apariencia exterior de que un edificio así de monumental, no sólo no puede desplomarse, sino que nos tiene que acercar indudablemente al cielo de la verdad buscada.

2º) Que la tesis de que la Economía neoclásica es una construcción “positiva” y científica, ajena a todo juicio de valor subjetivo o ideológico (que en todo caso afectaría como mucho al ámbito especial de la Economía del bienestar) es otro juicio de valor íntimamente relacionado con el primero.

3º) Que como ambos juicios de valor neoclásicos son en realidad poco juiciosos y carecen en gran medida de valor, en todo este libro se defenderá precisamente, y se partirá de, el juicio de valor contrario: que es una necesidad cada vez más acuciante desarrollar un programa de investigación alternativo. En concreto, este programa ha de basarse en el desarrollo de la Teoría laboral del valor (TLV), única teoría del valor que está libre de las contradicciones que aquejan a las demás y que puede servir de base para la construcción de una Microeconomía y Macroeconomía completas, alternativas, realistas, no idealizadas ni apologéticas.

4º) Que el hecho de que durante más de un siglo una mayoría de economistas –los economistas neoclásicos– se hayan dedicado a defender por todos los medios unas tesis tan absurdas como las señaladas en los puntos anteriores tan sólo se puede explicar como un intento, puramente ideológico y además fallido, de encontrar una teoría del valor alternativa a la teoría que había construido, hasta entonces, la mejor tradición de los economistas: la TLV.

En el intento de llevar a cabo la demostración señalada al principio de esta sección (que se presenta en la sección siguiente) se verá que, no sólo no se requiere el concepto de utilidad, en ninguna de sus versiones, para deducir la ley de la demanda, sino, además, que es lógicamente imposible deducir la curva de demanda a partir de los supuestos corrientes de la utilidad (Capítulo 2). A continuación, se desarrollarán argumentos utilizados en esos tres capítulos para el análisis y crítica de la Economía del bienestar paretiana, acaso la más ideológica de todas las construcciones neoclásicas (Capítulo 3). Por último, se incluyen dos anexos: el primero pasa revista a las principales aportaciones de los economista neoclásicos y clásicos (incluido Marx) a las relaciones entre oferta y demanda y teoría del valor; mientras que el segundo defiende una tesis que ya se adelantó en otro lugar (Guerrero, 1994, 1995) –la asimetría entre oferta y demanda en la fundamentación de la teoría de los precios mercantiles–, pero de la que se espera dar aquí una argumentación mejorada.

En el aspecto formal, aclaremos por último que todo ello se pretende argumentar usando, sobre todo, la perspectiva y el enfoque didácticos adoptados por los más conocidos manuales actuales –tanto de introducción como intermedios, tanto de Economía como de Microeconomía–, de los que hemos seleccionado una decena o dos, que servirán de ilustración de las tesis aquí combatidas, y de base para nuestra crítica. Como estos manuales contienen las principales argumentaciones y tesis con las que se ven bombardeados cotidianamente los estudiantes de Economía, nos parece que el análisis y crítica detallados de lo que dicen estos manuales1, labor que no se frecuenta demasiado, es decisivamente importante. Mucho mayor de lo que generalmente se cree. Y de aquí este libro.

(...)

Conclusión general

En este libro no ha habido espacio suficiente para desarrollar argumentos directamente favorables a la solidez y relevancia de la teoría laboral del valor (TLV). Sin embargo, las críticas llevadas a cabo a la teoría alternativa del valor más importante, la teoría basada en la utilidad marginal del consumidor (TUV), debido a la falta de lógica que manifiesta ésta y su redundancia para comprender las relaciones reales de valor, son un argumento adicional indirecto en favor de la TLV. Resumiendo las principales críticas a la TUV, podemos señalar las siguientes:

1) El concepto mismo de utilidad marginal no se sostiene. No hay duda de que la utilidad en sí tiene efectivamente sentido, tanto si se la concibe desde un punto de vista objetivo como subjetivo. Pero la idea de la “derivada de la utilidad”, que es lo que realmente significa la utilidad marginal, ni siquiera puede tomarse en serio, como nadie tomaría en serio las ideas equivalentes de “derivada del amor” o “derivada del aburrimiento”. Para que las funciones de utilidad marginal tengan las características técnicas que requiere el adecuado tratamiento matemático que exige la TUV –en especial, la propiedad de continuidad–, no hay más remedio que introducir el absurdo supuesto del conocimiento perfecto, no sólo presente sino también futuro, por parte del consumidor; y no sólo cocimiento perfecto de los precios sino de todo el entorno económico y en realidad social y natural de la sociedad humana.

2) Toda la construcción del valor basada en la utilidad marginal es además superflua. Lo que los economistas neoclásicos pretenden, al partir de la utilidad, es deducir “científicamente” la curva de demanda (representación gráfica de la por otra parte inobjetable ley de la demanda). Pero la demanda decreciente como función del precio es algo que no requiere para nada de la idea de utilidad marginal. Los economistas clásicos y pre-neoclásicos en general demostraron que se podía defender la ley de la demanda sin recurrir a semejante construcción artificial, y los modernos conceptos de efecto renta y efecto sustitución (véase Johnson, 1958) bastan para obtener la curva de demanda sin recurrir a la utilidad marginal y partiendo sólo del concepto de bien económico.

3) Incluso si por razones ideológicas, más que científicas, se pretendiera mantener la construcción de la teoría del valor a partir de la utilidad marginal, y olvidando provisionalmente los inevitables problemas lógicos estudiados en el libro, los resultados serían mínimos en la práctica, ya que los valores o precios que se obtendrían tendrían sólo validez para un instante temporal y serían diferentes para cualquier par de instantes elegidos, por lo que se carecería, desde el punto de vista de una teoría así, de cualquier medio para determinar cuál de la infinita variedad de conjuntos de precios resultantes debería considerarse el de los precios normales o estables del sistema.

4) Incluso olvidando todo lo anterior, toda la construcción neoclásica de la demanda es asimismo superflua si se sustituye la insostenible tesis de la simetría (de la oferta y la demanda en la determinación de los precios de equilibrio) por la única tesis lógica y empíricamente posible: la de la asimetría. Son las condiciones de producción y oferta, determinadas por las técnicas usadas y las estructuras de costes resultantes, las que realmente determinan el nivel normal de precios; y la demanda sólo colabora con la oferta a la hora de fijar la cantidad de producto de equilibrio que corresponde a ese precio de equilibrio determinado sólo por la oferta a largo plazo.

5) La deseada entronización de la demanda al mismo nivel que la oferta sólo responde a una motivación ideológica y apologética. Se quiere defender la tesis de la soberanía del consumidor –ese limitado ciudadano pergeñado desde los postulados del individualismo metodológico– como la materialización concreta y subjetiva de la supuesta libertad de elección que los liberales asocian con el democrático sistema de mercado. Pero hemos visto que el modo de producción capitalista es incompatible con la democracia auténtica porque en vez de consagrar la real soberanía de los individuos iguales y ciudadanos, basada en el principio de un hombre, un voto, lo que hace es institucionalizar el principio plutocrático y antidemocrático del un euro, un voto.

6) El desprecio por la democracia que inspira las ideas liberales y neoclásicas de los economistas defensores de la economía de mercado se manifiesta especialmente en esa área particular de nuestra disciplina que se conoce como la Economía del bienestar. En este terreno reina sin discusión el omnipresente principio de Pareto (su Óptimo), que no sólo se basa en un criterio antidemocrático en sí mismo, sino que asume una multiplicidad de supuestos lógicamente indefendibles y un cúmulo de juicios de valor que en realidad lo despojan de sus injustificadas pretensiones de objetividad científica.


Por todas estas razones, lo que se impone como conclusión final es el desarrollo de un programa de estudio e investigación de la economía que vaya más allá de los engañosos e idealizados postulados neoclásicos y tenga como objetivo principal la comprensión realista de los fenómenos. Tanto si se quiere defender como atacar a la actual economía capitalista de mercado con algún fundamento, la primera preocupación científica debe ser siempre la comprensión profunda de la realidad del sistema. Para ello hace falta entonces una teoría del valor alternativa, ya que, como hemos visto, la TUV no puede cumplir esta tarea. La teoría laboral del valor se destaca como un candidato adecuado para servir de base a la reconstrucción de la Economía teórica. Y la búsqueda de un espacio privilegiado de atención a esta última teoría en el seno de los actuales programas de estudio de Licenciaturas y Doctorados universitarios de Economía es sólo una dimensión, entre otras, de la lucha por poner en práctica la realidad de una aspiración justa.


Sigue en la FUENTE


Pasen por la Comundiad Socialista GSI

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2 comentarios - El valor: utilidad vs trabajo

@LukeWan -2
despues voy a ver si leo un poco mas para ver si entiendo la imagen, aunque en principio dice que no pueden aclarar mucho mas...
@Maesse -1
Muy bueno che, no lo tenía. Te dejo 10