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Comprender a los jóvenes (Erik Blumenthal)

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Comprender a los jóvenes (Erik Blumenthal)

"Que nunca se imagine que los jóvenes tienen que esperar a sus años de madurez antes de poder prestar servicios de valor inestimable".
Shoghi effendi

La historia de la vida de numerosas familias está caracterizada por una constante general: simple y sencillamente, no hay un entendimiento entre las dos generaciones. Los jóvenes viven en el futuro, los mayores en el pasado, y todos tienden a olvidarse del presente. La nota dominante es la rivalidad que con frecuencia reina en las familias, y esta falta de armonía afecta a todo el mundo, tanto a los jóvenes como a los mayores. La generación de los mayores intenta educar a sus hijos con métodos que no están de acuerdo con los tiempos en que vivimos, y constantemente tienen la sensación de estar fracasando. La gente se desalienta y teme, los jóvenes exigen más libertad y los mayores no quieren renunciar a sus privilegios. La tensión va en aumento hasta que el desafío y la rebelión se convierten en algo cotidiano; poco importa si los jóvenes se rebelan abierta o encubiertamente. Los jóvenes que no se sienten comprendidos o apoyados, buscan la aprobación de sus iguales y, unidos en su rebelión, buscan cualquier método que sirva para poner de manifiesto la impotencia de la generación de sus mayores: desorden, cortes de pelo estrafalarios, música alta, tabaco, alcohol, sexo, drogas y un rechazo total de los valores de sus padres.

Solamente cuando los padres aprenden a ver a sus hijos de manera diferente, a mostrarles su respeto desde temprana edad, a tratarles como amigos e iguales, a permitirles colaborar y a darles responsabilidades, a creer en ellos, empezaremos a ver armonía, respeto mutuo, amor y estima entre la generaciones.

Hay muchos padres que no están dispuestos a admitir esto, que no están preparados para ver los signos de los tiempos, para quienes todas estas ideas "nuevas" son demasiado incómodas, que, sobre todo, no están dispuesto a renunciar a los privilegios de que han disfrutado hasta ahora. Pero incluso en estos casos no hay razón para el pesimismo, puesto que aunque los esfuerzos por fomentar una mayor comprensión y una relación más armoniosa los hagan únicamente los jóvenes, aún así todavía se puede conseguir mucho. La condición previa para que esto ocurra es que se aleccione a los jóvenes a creer en sí mismos y en la capacidad de sus padres para cambiar, y dar los pasos precisos para conseguir esto. Los mayores puede aprender de los jóvenes tanto como estos de aquéllos. Sin embargo, es tan inútil que los jóvenes intenten "educar" a sus mayores como que los educadores vean a los jóvenes solamente como ignorantes que necesitan ser formados.


Educación

DIEZ REGLAS PARA ACABAR CON LOS CONFLICTOS INTERGENERACIONALES


Las siguientes directrices pueden ser de ayuda en cualquier situación conflictiva, pero especialmente en caso de dificultades generacionales:

1) Aceptar la situación (aceptar no significa aprobar).

2) No huir del problema.

3) Procurar descubrir los motivos ocultos.

4) No guardar ninguna animosidad secreta.

5) No intentar echarse la culpa el uno al otro.

6) Analizar qué puede cambiar en sí mismo.

7) Preguntarse qué puede hacer uno mismo por aliviar la situación.

8) Olvidar la sensación de desamparo.

9) No recurrir al conflicto ni a la fuerza.

10)Recordar que la otra persona también está sufriendo.


hijos

Las dos partes pueden aprender y aplicar estas pautas de comportamiento. Es totalmente inútil hacer conjeturas sobre quién tiene más culpa. Cuando la paz se ve perturbada, siempre hay dos partes. Todos cometemos errores, y necesitamos tener el valor de ser imperfectos. Es comprensible que los jóvenes piensen siempre que son sus padres quienes cometen el primer error, pero ellos tienen que darse cuenta de que si reaccionan de manera incorrecta ante los errores de sus padres, sólo van a conseguir perpetuarlos. La amenaza sigue a la amenaza, la venganza al castigo, y la guerra al uso de la fuerza. Y, sin embargo, nadie debería permitir que otras personas le digan cómo tiene que comportase. Los jóvenes quieren libertad e independencia, pero no se dan cuenta de los dependientes que se hacen ellos mismos a causa de sus reacciones y su imitación inconsciente de los métodos equivocados de sus padres. Por razones comprensibles, normalmente a los jóvenes les resulta más fácil que a los mayores darse cuenta de cuál es la manera correcta de comportarse y de que la libertad interior, que es prácticamente ilimitada, es mucho más importante que la exterior.

¿Qué podemos hacer nosotros, cualquiera que sea el lado del conflicto en que nos encontremos?

1) Tenemos que aceptarnos a nosotros mismos, al joven y a la situación, renunciando a los sentimientos negativos, a las emociones y a las agresiones.

2) Tenemos que reconocer los problemas de los jóvenes y las razones de su rebelión.

3) Tenemos que darnos cuenta del significado de nuestro propio miedo y nuestro propio desaliento.

4) Tenemos que comprender las consecuencias del cambio de los valores sociales y el consiguiente conflicto generacional.

5) Tenemos que respetar a los jóvenes en su calidad de compañeros en igualdad de condiciones, escucharles y ayudarles a conseguir la libertad interior y a aprender a tomar sus propias decisiones.

6) Tenemos que compartir las responsabilidades con los jóvenes.

7) Tenemos que permitir que los jóvenes colaboren y debemos darles reconocimiento y prestigio, puesto que todos los grupos, ya sea en la familia, en la clase, en el trabajo o en el tiempo libre, poseen la cualidad de formar valores y, por tanto, pueden ayudar a los jóvenes a construir sus propios valores.

8) Podemos formar consejos de familia, alumnos y estudiantes, pero no de manera que sean dirigidos por adultos que no hayan sido elegidos por los miembros del grupo. Los jóvenes también deben tomar parte en los asuntos de la comunidad, porque siempre podemos aprender de ellos, con su valor y su entusiasmo. Un ejemplo de esto nos llega de Jacksonville, Florida, donde la delincuencia juvenil se redujo a la mitad tras la introducción del jurado juvenil. El jurado no tenia autoridad legal, pero sí un importante efecto psicológico, y los componentes del jurado juvenil, que tenían una mejor comprensión de sus iguales, se daban cuenta mejor y más rápidamente de lo que estaba ocurriendo, eran unos agudos observadores, estudiaban sus veredictos cuidadosamente y eran notablemente imparciales.

9) Podemos darnos cuenta de que el diálogo y la comunicación con los jóvenes en su propio ambiente es, con frecuencia, más importante que el hecho de que se les faciliten centros de recreo o educativos, o que se les dé orientación y ayuda terapéutica


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