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El reencuentro de Cobos y Kristina

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¡Cristina – Cobos, el Reencuentro: Versión 2!
(La situación se desarrolla en la sala de estar de la quinta de Olivos. Cristina Fernández de Kirchner se encuentra abriendo una botella de vino. Entra un Edecán)

EDECÁN: Señora, acaba de llegar el Vicepresidente, el Sr. Julio Cobos.
CRISTINA: Hágalo pasar, Jasper.
EDECÁN: Sí, Señora.

(Sale el Edecán y al ratito vuelve a entrar, seguido por Julio Cobos. Se lo ve un poco nervioso. Desde su voto de desempate en el Senado, que hiciera pomada la llamada “Resolución 125”, no ha vuelto a hablar con la Presidente. Lleva un paquetito en la mano)

EDECÁN: El Vicepresidente, Señora.
CRISTINA: Gracias, Jasper.
COBOS: Hola, Señora Presidenta.
EDECÁN: (Arquea una ceja y carraspea) Ejem... Tal vez se sentiría más cómodo utilizando la gramaticalmente correcta expresión “Señora Presidente”, Señor.
COBOS: ¡Ah! Sí, puede ser. Presidente. Hola, Señora Presidente.
CRISTINA: Por favor, Julio, estamos en privado, olvidemos el protocolo. Puede retirarse, Jasper.

(El Edecán se retira, echando una despectiva mirada de reojo a Julio Cobos)

COBOS: Este... ¿Qué tal, Cristina? ¿Todo bien?
CRISTINA: Por favor, sentate, Julio. No te quedes ahí parado.
COBOS: (Se acerca, un poco inseguro) Sí, sí. (Le ofrece el paquetito) Traje unas madalenas.

(Cristina toma el paquetito y lo coloca en una mesa ratona frente al sofá. Desata el hilo de nylon verde con mucha parsimonia. Cobos se sienta, medio arrinconado contra un extremo en el sofá)

COBOS: Estee... Bueno, Cristina, espero que no estés enojada por lo de la votación. Lo que pasa es que vos sabés que yo soy un hombre de campo. ¡Canejo! (Se ríe de su chiste. Luego se pone serio). En fin, es una situación compleja. Muy compleja. Es algo que nos supera a vos y a mí. O sea, ponete en mi lugar. Qué se yo.
CRISTINA: Está bien. Son las reglas del juego de la democracia. Hay que saber perder. Estoy en desacuerdo, pero daría mi vida para que puedas expresar tu opinión. Es hora de que los argentinos superemos viejas antinomias. C’est la vie.

(Cobos la mira fijo, buscando una intención oculta en sus palabras. Tamborilea sus dedos de una mano contra la otra)

COBOS: Claro, claro. Yo incluso pensaba que esto, de alguna manera, es como que te da la oportunidad de un gesto de grandeza. Como de relanzar tu gobierno. De alguna forma, como que creo que esto va a fortalecer tu gestión. ¿No?
CRISTINA: (Inexpresiva) Ah, caramba, gracias.
COBOS: (Suda) Claro, no, tampoco. En realidad, (tose) pasó algo muy chistoso. O sea, yo, si bien soy un hombre de campo etcétera, etcétera, vos sabés que yo tengo la camiseta puesta. Pero las luces, los fotógrafos, todo el país mirándote. No tengo esa capacidad tan tuya, que me da tanta admiración, de dar un discurso sin leer. Y cuando me tocó a mí, quise decir “Voto a favor” y me salió “Voto en contra” (Se ríe). ¿Podés creer? ¿Nunca te pasó? Yo creo que esto puede pasar a la historia de las “gaffes” políticas. De locos.

(Cristina lo mira fijo. Cobos sonríe, restregándose las manos)

COBOS: ¿Sabés qué? Yo creo que si voy y explico esto al Senado, a lo mejor estoy a tiempo de cambiar mi voto. ¡Si no pasaron ni 48 horas! Es más, ¡soy el Presidente del Senado, qué tanto! Me tienen que dar bola. (Saca de su bolsillo la campanita) ¡Mirá tengo la campanita! Voy ya mismo y arreglo todo.
CRISTINA: (Frunce el ceño, con escepticismo) ¿Se puede hacer eso?
COBOS: No, creo que no.

(Cristina sonríe, arrugando la nariz, y niega con la cabeza como diciendo “no, yo tampoco”. Se produce un silencio muy incómodo. Cobos se seca el sudor con una servilleta)

COBOS: Bueno, por suerte aclaramos esto. No te molesto más, ¿eh? (Se para)
CRISTINA: Por favor, Julio, no me vas a hacer este desaire. Ahora hay que seguir adelante y cuento con vos. Por favor, sentate.
COBOS: (Se sienta) Bueno.
CRISTINA: ¿Querés un poco de vino? (Le sirve)
COBOS: Sí, necesito un... (Mira la copa) ¿Vino?
CRISTINA: Sí, vino. Un vino excelente de Santa Cruz.
COBOS: Vino, vino, vino. Bueno, vos sabé que yo soy de Mendoza. Como que si tomo un vino de otra provincia sería como una traición.
CRISTINA: ¡Ja, ja! ¡Una traición! ¡Justo vos!
COBOS: ¡Ah! ¡No! (Se ríe, nervioso) ¡Uy, uy, uy! Bueno, yo...
CRISTINA: Dale, probalo y contame lo que te parece.
COBOS: Estaba pensando que lo mejor es que renuncie a la Vicepresidencia. ¡Eso es, renuncio! Así no te jodo más.
CRISTINA: Julio...
COBOS: ¡Dejo la política! ¡Ahí está! ¡Dejo la política para siempre y me meto en un convento de clausura!
CRISTINA: ¡Julio, me voy a ofender!
COBOS: ¡(Con un hilo de voz) ¡Uy, uy, uy! ¡No, no! Lo pruebo, lo pruebo.

(Cobos toma la copa, muy nervioso. Le tiembla la mano. Levanta la copa, como brindando. Luego toma un sorbo. Mantiene el vino dentro de la boca. Finge catarlo como si fuera un experimentado sommelier. Hace un par de buches. Cristina no le saca la vista de encima. Por fin, traga, con los ojos cerrados. Luego, los abre lentamente)

COBOS: Está rico, ¿eh?
CRISTINA: (Alza su copa) Salud, Julio, por cien años de democracia y tolerancia. (Bebe)
COBOS: (Aliviado) Ah, sí, sí. Salud, salud.
CRISTINA: Ah, y probá esto que es una exquisitez patagónica: ¡hongos silvestres en escabeche!
COBOS: (Pequeño sobesalto) ¡Uy, uy, uy! ¿Ho-hongos?
CRISTINA: Sí. Dale, no me vas a decir que no querés traicionar los hongos mendocinos. ¡Ja, ja!
COBOS: ¡Ja, ja! No, pero, la verdad prefería una madalen...
CRISTINA: (Golpea la mesa) ¡A comer!
COBOS: ¡Sí, sí!

(Agarra un hongo y se lo mete en la boca, masticándolo como un desesperado. De golpe, se abre la puerta violentamente y entra Alberto Fernández, cargando un estuche de violín)

ALBERTO FERNÁNDEZ: ¡¡¡Te voy a matar, Cobos!!!
COBOS: (Escupe el hongo masticado) ¡Uy, uy, uy!
ALBERTO FERNÁNDEZ: (De adentro del estuche saca un violín) ¡De risa, porque estuve practicando el número de violín y monociclo que practicaba Juan Verdaguer en sus comienzos! ¡Quiero que me den su opinión!

(Alberto Fernández saca de atrás del sofá un monociclo de tres metros de altura, se sube a él y empieza a tocar una alegre melodía, mientras cuenta el chiste de “Mientras venía para acá, una señora me paró en la calle y me dijo: ‘Lo hacía más joven, lo hacía más alto, etc’”. Cristina se sirve unos hongos siguiendo el ritmo de la melodía)

CRISTINA: Es bueno, ¿eh? Yo digo que el humor es lo mejor para distenderse luego de una derrota política.
COBOS: Sí... Yo.. Eh...
CRISTINA: Uh, probate esto, Julio, son unas almendras amargas remojadas en anís. Una delicia patagónica.
COBOS: (Está pálido) ¿Alm...? Sí, yo... Eh...

(Entra Néstor Kirchner, blandiendo una katana y lanzando un grito)

KIRCHNER: ¡Iaaaaa!
COBOS: (Pega un salto y se esconde atrás del sofá) ¡Uy uy uyyyyyy!!!!
KIRCHNER: ¡Ah! ¡Julio! ¿Qué hacés? ¡Justo te estaba buscando!
COBOS: ¡No, no soy Cobos! ¡Soy el hermano menor de Luis Aguilé! ¡En serio!
KIRCHNER: ¡Ja, ja! Muy bueno. Bueno, te quería regalar esta espada japonesa hecha a mano por un Maestro del Ninjitsu, regalo del Primer Ministro de Japón, como reconocimiento de tu gesto de valentía. Has sido un digno adversario.
COBOS: ¿Qué?
KIRCHNER: (Se inclina) Desde que estudio karate y filosofía zen, me siento mucho más equilibrado y en paz con el mundo, Cobos-San.
COBOS: ¿Me tengo que hacer el hara-kiri?
KIRCHNER: ¡Ja, ja! No, no.
COBOS: Ah, bueno.
KIRCHNER: Se dice “sepukku”.
COBOS: (Pálido) ¿Cómo?
KIRCHNER: Es un chiste, Cobos-San. ¡Ja, ja, ja!
COBOS: ¡Ja, ja, ja! “Sepukku”.

(Entra Luis D’elía, con una motosierra encendida. Tiene un delantal como de carnicero, de cuero negro, y una máscara que parece hecha de piel humana. Grita como un enajenado)

LUIS D’ELÍA: ¡Graaaaaaa!!!
COBOS: (Desmayándose) ¡Uy, uy, uyyyyy!
KIRCHNER: (Lo ayuda a levantarse) ¡Eh Cobos-San! ¿Qué pasa? ¡Arriba, es sólo nuestro amigo D’elía-San!
LUIS D’ELÍA: ¿Qué pasa? La presidente me invitó para que vivamos un momento de contención después de este duro revés, y para entender cómo seguimos adelante. Propuse hacer un asado para vos, Julio, así hacemos catarsis todos juntos. Por eso tengo puesto este delantal de cuero. Y estaba usando la motosierra para cortar leña. Porque es asado a la leña. COBOS: Pe...Pe... Pero, ¿y la máscara de PIEL HUMANA?
LUIS D’ELÍA: (Se ríe) ¡No tengo ninguna máscara! Tuve un accidente con una bengala en la última marcha. El médico me dijo que me ponga vendas, pero este negro de Laferrere tiene aguante, entendés.
COBOS: Entonces... Este... ¿No me odian?
LUIS D’ELÍA: ¡Por favor! Este asunto está cerrado. Miremos para adelante.
COBOS: (Se tranquiliza) Bueno... Este... entonces creo que...

(Irrumpe en la sala el Senador Piccheto. Tiene una expresión diabólica y su cuerpo está cubierto por terribles llamas. Conduce un gigantesco carro de dieciséis ruedas, arrastrado por cuarenta y dos hienas preñadas, y secundado por humanoides genéticamente diseñados, armados con fusiles lanzagranadas, armaduras de adamantium y máscaras antigás. Habla en un idioma del futuro, mezcla de sánscrito, inglés flogger y esperanto, peor al revés, como si estuviera poseído. De fondo se escucha el “Carmina Burana”)

COBOS: ¡Uyuyuyyy!!! ¡Mis nervioos! ¡No aguanto máaas!

(Cobos huye, sale a la calle Libertador y es atropellado por un tractorazo festivo por la derogación de la Resolución 125. Cristina y los demás se quedan mirando el accidente, muy impresionados)

CRISTINA: ¡Qué horror! ¡Qué trágico accidente!
KIRCHNER: Qué desgracia. Su aporte antitético era importante para llegar a un proyecto consensuado.
PICCHETTO: ¡Y ni siquiera pude pedirle disculpas mostrándole este número del Cirque Du Soleil que contraté personalmente!

(Todos lloran y se abrazan. Las hienas preñadas aúllan. El sol se pone, tiñendo de destellos dorados el cuerpo de Julio Cobos)



Fuente
http://weblogs.clarin.com/podeti/

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5 comentarios - El reencuentro de Cobos y Kristina

@peluq
JAJAJ TE PASASTE, pero es humor por escrito no va en taringa
@me_duele_el_culito
con c cirstina bostero olor a mierda peruano se nota q no sos argentino
@Arigatoo
me_duele_el_culito dijo:con c cirstina bostero olor a mierda peruano se nota q no sos argentino




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