Mujeres en la guerra, las Juanas de Arco serbias

Eran valientes luchadoras, ayudantes de confianza, mensajeros de confianza, enfermeras autodidactas y alimentadoras de soldados en guerra. En el país esclavizado mantuvieron el hogar y a familia, preservaron los bienes para continuar la vida cuando los anfitriones regresasen de campos de batalla; fueron y siguen siendo núcleo de todos los hogares. Comités valientes como se les llamaba entonces, en una serie de acciones fueron acompañados por mujeres.
Mujeres en la guerra, las Juanas de Arco serbias

Sobre el coraje y la resistencia de mujeres en las guerras de liberación de Serbia testifica claramente el escritor y periodista francés Henry Barby, quien reportaba al público mundial sobre la Primera Guerra Mundial en los Balcanes, y junto con el ejército serbio pasó la gólgota albanesa:

“…Las miraba en zonas de operación, con fusiles y granadas en las manos; en hospitales, donde en sus pechos sanaban heridas de héroes; en retiradas a través de Albania através de cañadas, donde se disparaban los impotentes y rotos por el dolor en las espaldas, desde emboscadas, y donde gente morría de hambre y de frío…”

“¡Las miraba y les admiraba! ¡Sin miedo, sin vacilación, sin lágrimas, sin suspiros! No hubo sacrificios que no iban a ser capaces de soportar para su patria. Son hijas valientes de Serbia, madres y hermanas de héroes de las montañas Cer y Kolubara, mis compañeros de guerra, quienes valoraban más su patria que sus vidas y quienes, entre la humillación y la muerte, eligieron la muerte.”
guerra

“En ese momento no había ningún oficial francés que no fuera contento entregar su espada a los pies de estas heroínas, como una señal del profundo respeto. Con su coraje y su sufrimiento ganaron el respeto de la gente… “

Valientes mujeres serbias mostraron dignamente su patriotismo en las guerras de la segunda mitad del siglo 19 y durante las primeras décadas del siglo 20: participaron en numerosas batallas, curraban y cuidaban de los heridos y enfermos, y desafiaron al enemigo donde pudieron.

Madres e hijas – oraron a Dios para la salvación de Serbia y sus seres más cercanos; preservaron sus hogares y sus familias; preservaron sus propiedades para poder continuar la vida cuando guerreros regresasen del campo de batalla; fueron y siguen siendo la base de todos los hogares.

Los corazones heroicos latían en pechos de estas mujeres con valentía de unas Juanas de Arco: Milunka Savić, Sofija Jovanović, Jelena Šaulić, Natalija Bjelajac, Marica Savić, Milosava Perunović, Lenka Rabasović, Dragica Purić, Ljubica Kujundžić, Ljubica Čakarević, Mara Kučkova, Jelena Lozanić…
Segunda Guerra Mundial

Para la salvación del pueblo serbio desinteresadamente lucharon las mujeres de ejércitos aliados de Francia, Inglaterra, Escocia, Grecia, Canadá…

Serán siempre recordados los nombres de médicas y enfermeras Elsie Inglis, Evelina Haverfield, Flora Sandes, Elinore Sato… Todas sacrificaron su juventud para ayudar al pueblo serbio ganar el derecho a la libertad y la paz en su país.

Con las decisiones del Congreso de Berlín, que tuvo lugar en 1878, fue anulado un convenio de paz entre Rusia y Turquía, firmado el mismo año en San Stefano, según el cual al principado búlgaro perteneció el territorio de Macedonia. Los serbios, que desde siempre viveron en la antigua Serbia y Macedonia, con entusiasmo aceptaron las decisiones del Congreso de Berlín, porque éste no estaba de acuerdo con la ocupación.

En los años posteriores se produjo una situación complicada: Turquía quería conservar su influencia en los Balcanes en todos los aspectos, mientras que los búlgaros trabajaron en destruir o despoblar a la población serbia, para demostrar que incluso en estas regiones los búlgaros son la población autóctona. No les importaba mucho el hecho de estar unidos en la lucha contra el régimen turco. Cada día cometían atrocidades escandalosas, sobre todo después del fracaso de la Revuelta de Ilinden en 1903.

Humillados y envergozados por ser robados, los campesinos de la antigua Serbia y de Macedonia iban a bosques para luchar por la libertad, que en sus pueblos no tenían.

Huían frente los gendarmes turcos y frente los ejércitos búlgaros que iban robando a la gente, mataban a niños, deshonraban a mujeres y muchachas serbias o las mandaban a harenes turcos.

Las autoridades de Belgrado no tomaron ningunas medidas organizadas en estos lugares, aunque el pueblo serbio iba siendo destruido sistemáticamente.

Hubiera sido lógico que Serbia tomase medidas diplomáticas y militares que hubieran podido mejorar la vida de sus hermanos en la esclavitud. Esto lo tenían claro los líderes serbios, pero decidirse por un conflicto mayor no hubiera sido razonable en ningún aspecto y hubiera sido muy riesgoso para el país, sobre todo debido al agotamiento completo durante las guerras anteriores y la falta de aliados confiables.

Serbia, al fin, fue firmante de convenios y tratados que prohibieron operaciones de combate en territorios de otros países, sin darle importancia a motivos humanos y otros, que justificarían tales acciones.

Quedaba únicamente la acción diplomática que, por lo general, no aportaba ningún beneficio.

La población, sin embargo, se opuso a la atrocidades de comités búlgaros y gendarmes turcos. A finales de agosto de 1903 tuvo lugar una demostración en Belgrado, en la que hablaron los ciudadanos prominentes de Belgrado, como el consejero estatal Živan Živanović, yerno del coronel Dragutin Dimitrijević Apis. Después, demostraciones similares tuvieron lugar en Kragujevac y Leskovac. Pronto se formó la “Organización revolucionaria de Serbia”, y luego el “Comité Central Revolucionario”, dirigida por Milorad Gođevac, el principal organizador del ejército serbio, al cual mandaba fuera de las fronteras, para proteger y defender al pueblo serbio en Macedonia.

Para luchar por la libertad del pueblo serbio en las áreas aún oprimidas de la antigua Serbia y Macedonia, se ofrecían voluntariamente jóvenes, militares, estudiantes, comerciantes, empresarios…

Los más conocidos eran Vojin Popović – el duque Vuk, Vojislav Tankosić, Vasilije Trbić, Kosta Milovanović Pećanac y otros. A comités valientes, como se les llamaba entonces, en muchas ocasiones se les unían las mujeres también.

Eran combatientes valientes, ayudantes de confianza, mensajeros para pasar numerosas informaciones importantes, enfermeras autodidactas, acojedoras de soldados…

Escrito por Novica Pešić

Traducido para Serbios Unidos por Sanja Bojić

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