leyendas urbanas (parte 3)

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La leyenda de un monstruo marino gigante conocido como Leviatán, es conocida desde la antigüedad. Hay referencias a esta criatura en la Biblia, en el Talmud, pero también en las mitologías, sumeria, hindú, y otras.

La leyenda de una gran serpiente marina, es una de las más conocidas del folklore marino. Se supone que el Leviatán hebreo, que aparece en la Biblia, es esta serpiente mitológica.

Este monstruo marino figura en varios pasajes bíblicos. En el libro apócrifo de Enoc, es mencionado como una hembra que vive en el abismo, sobre el manantial de las aguas.

El Leviatán aparece en el Génesis, donde aparece una hembra y un macho, y Dios mató a la hembra, para evitar que procrearan, pues nadie podría detenerlos. También figura en el libro de Isaías.

En el Talmud, también es mencionado, en el Avoda Zara.

La leyenda habla sobre el banquete posterior al Armagedón, donde el caparazón de esta criatura, será servido como comida junto al Behemoth y el Ziz.

También se lo puede identificar con el mar en sí mismo, y sus contrapartidas, Behemoth, la tierra, y Ziz, el espacio y el aire.

Algunas leyendas judías, consideran al Leviatán como un dragón andrógino, que habría seducido a Adán y a Eva, tomando alternadamente formas femenina y masculina.

El cristianismo lo identifica con un demonio, en algunos casos, lo asocian con el monstruo Rahab.

Las leyenda bíblica podría tener origen en una leyenda canaanita, que habla de la confrontación entre Hadad (Baal) y un monstruo marino de siete cabezas, al que derrota.

También recuerda a la creación babilónica de Enuma Elish, donde el dios tormenta Marduk, mata a su madre (Tiamat, diosa del caos y la creación representada por un monstruo marino), y crea la tierra y los cielos con las dos mitades de su cuerpo.

El temor del hombre hacia los monstruos marinos es generalizado. Las serpientes marinas gigantes han atemorizado a los marinos desde la antigüedad.

Avistamientos de monstruos marinos y la leyenda del Leviatán:

Olaus Magnus, un arzobispo de Uppsala (Suecia) del siglo XVI, describía a la serpiente marina como un animal de 60m de largo y 6m de ancho, color negro, con escamas filosas y pelo en el cuello. La consideraba muy peligrosa, como un presagio de desastres.

Hans Egede, un misionero noruego, testificó la visión de un monstruo marino en las costas de Groenlandia, el 6 de julio de 1734. Así también, el obispo Eric Pontoppidan, de Bergen, publicó en 1752, un libro con relatos de avistamientos de serpientes marinas, una de las serpientes tenía cabeza gris, similar a la de un caballo y ojos y boca, negros, con una melena larga blanca. Detrás de la cabeza del monstruo, se divisaron ocho promontorios que sobresalían del agua, el cuerpo de la bestia se retorcía formando espirales.

Los marinos europeos identificaban al Leviatán como una ballena gigantesca y monstruosa, o una serpiente marina, que atacaba las naves, creando un torbellino en torno a ellas y devorándolas luego.

Hay quienes identifican al Leviatán con otras criaturas marinas de la mitología, como los Nafa de siete cabezas, de la mitología de Oriente Medio.

Los testimonios más confiables son los pertenecientes a embarcaciones de guerra, como el buque británico HMS Daedalus, que en 1848, protagonizó el avistamiento de una serpiente marina, que los científicos de la época atribuyeron a un plesiosaurio, o ictiosaurio, o cualquier reptil gigante que pudiese haber sobrevivido.

El 15 de mayo de 1833, cuatro oficiales británicos y un intendente militar, vieron una serpiente de cerca de 24m de largo, mientras pescaban. La serpiente nadaba a unos 180m del sitio donde se encontraban, en Mhone Bay, a unos 65km de Halifax, en Nueva Escocia.

Hans christian andersen :

Cuentos de terror
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La obra de Hans Christian Andersen es reconocida sobre todo por sus maravillosos cuentos infantiles, en los cuales narra en un lenguaje cotidiano, sucesos de interés para el público más joven.

Hans Christian Andersen (1805-1875), fue un escritor danés, y uno de los mayores autores de cuentos para niños.

Criado en al pobreza, se fugó a Copenhague donde fue apadrinado por Jonas Collin, director del Teatro Real. Publicó poesía, novela y obras teatrales con éxito, pero su principal aporte está en los cuentos infantiles, entre los que destacan: “El patito feo”, “La sirenita”, “El traje nuevo del emperador”, “Las zapatillas rojas”, entre otros.

Empleó el lenguaje cotidiano en su obra infantil, logró expresar los sentimientos e ideas de su público. Su obra ha sido traducida a más de 80 idiomas, fue adaptada al teatro, cine, dibujos animados, ballet, video juegos, etc.

“El diablo y sus añicos”. Cuento de Hans Christian Andersen:

Cierto día un duende malo, el peor de todos, puesto que era el diablo, estaba muy contento porque había preparado un espejo que tenía la propiedad de que todo lo bueno, bonito y noble que en él se reflejaba desaparecía, y todo lo malo, feo e innoble aumentaba y se distinguía mejor que antes.

¡Qué diablura malvada! Los paisajes más hermosos, al reflejarse en el espejo, parecían espinacas hervidas y las personas más buenas tomaban el aspecto de monstruos o se veían cabeza abajo; las caras se retorcían de tal forma que no era posible reconocerlas, y si alguna tenía una peca, ésta crecía hasta cubrirle la boca, la nariz y la frente.

-¡Vengan diablitos, miren que divertido! -decía el diablo.

Había algo peor todavía. Si uno tenía buenos pensamientos, aparecía en el espejo con una sonrisa diabólica, y el peor de todos los duendes se reía satisfecho de su astuta invención. Los alumnos de su escuela, pues tenía una porque era profesor, decían que el espejo era milagroso, porque en él se podía ver, afirmaban, cómo eran en realidad el mundo y los hombres.

Lo llevaron por todos los países y no quedó ningún hombre que no se hubiese visto completamente desfigurado. Pero los diablos no estaban satisfechos.

-¡Quisiéramos llevarlo al Cielo para burlarnos de los ángeles! -dijeron sus alumnos.

Así lo hicieron, pero cuanto más subían, más muecas hacía el espejo y más se movía, y casi no lo podían sostener. Subieron y subieron con su carga, acercándose a Dios y a los ángeles. El espejo seguía moviéndose; se agitaba con tanta fuerza que se les escapó de las manos y cayó a tierra y se rompió en más de cien millones de pedazos.

Pero entonces la cosa fue peor todavía, porque había partículas que eran del tamaño de un granito de arena y se esparcieron por todo el mundo, y si caían en el ojo de alguien, se incrustaban en él y los hombres lo veían todo deformado y sólo distinguían lo malo, porque el más pequeño trozo conservaba el poder de todo el espejo.

Lo terrible era cuando una partícula se incrustaba en el corazón de una persona, porque se convertía en un pedazo de hielo. Algunos hicieron cristales de gafas con los trozos que se encontraron pero fue espantoso. El que se ponía las gafas veía todas las cosas transformadas en cosas tristes y desagradables y ya no podía ser feliz.

El diablo se desternillaba de risa vendo lo que habían hecho sus discípulos. Se reía tan a gusto que su gordo vientre se agitaba y se cansaba de felicitar a sus alumnos.

bien. esto fue todo por hoy. avisenmen que post quieren que haga, menos de descarga, porque no se eso.
No se ovliden de puntuar y comentar.

2 comentarios - leyendas urbanas (parte 3)

@migue19555 +1
que miedo lo del diablo capo esta noche no duermo xD