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La primera reinvindicacion de la mujer

¿LA PRIMERA REIVINDICACIÓN DE LA MUJER
EN LA HISTORIA DE LA IGLESIA?

(1 Corintios 11:2-15)

"Es inútil suavizar aristas –cual pretenden algunos exegetas-:
el panorama que el AT ofrece de la mujer es triste" [1 ].
¿Qué motivó a las mujeres cristianas de Corinto a abandonar una prenda tan arraigada en la tradición y en el pudor de la indumentaria femenina de su época? ¿Qué leyes sociales y familiares subyacían tras el simple uso de una prenda, como era el velo? ¿Fueron las mujeres cristianas de Corinto las primeras en la historia de la Iglesia en reivindicar derechos de género?

I ESTATUS SOCIAL Y RELIGIOSO DE LA MUJER EN LA BIBLIA.

Situación social y familiar de la mujer en el Antiguo Testamento.
La mujer, mientras vivía en el hogar paterno, estaba bajo la absoluta tutela del padre, quien tenía incluso potestad de venderla (Éxodo 21:7), como asimismo darla en casamiento cuando creyera oportuno y con el pretendiente elegido por el padre (1 Samuel 18:17). La institución de la poliginia creaba una situación de competencia y subestima entre la esposa y las concubinas del mismo marido (Génesis 29-30) Al casarse, la mujer venía a ser un objeto más de la posesión del marido como era su asno, su buey o cualquier otra cosa, según queda reflejado en el Decálogo (Éxodo 20:17). La mujer casada podía sufrir la prueba humillante, exigida por el marido, de su probable infidelidad: (Números 5:11-31). Y, sin embargo, no había nada previsto para el hombre en el mismo caso; del hombre, simplemente, no se tenía nunca sospecha. Cuando la mujer quedaba viuda, la autoridad paterna pasaba al primogénito. Si no tenía hijos, debía esperar a que algún pariente quisiera cumplir con ella la ley del levirato; es decir, que un cuñado la tomara por esposa (Deuteronomio 25:5-10). La viuda sin hijos y sin pariente que ejerciera con ella esta ley, quedaba en el mínimo amparo social previsto en la ley (Deuteronomio 14:15). La iglesia primitiva fue sensible a esta orfandad: "La religión pura y sin mácula delante de Dios el Padre es esta: Visitar a los huérfanos y a las viudas en sus tribulaciones" (Santiago 1:27).
Situación social y familiar de la mujer en el judaísmo del tiempo del Nuevo Testamento.

La situación de la mujer en el judaísmo del tiempo de Jesús era prácticamente la misma que en todo el Oriente. Su formación se limitaba al aprendizaje de las tareas del hogar, coser, tejer, lavar, cocinar, criar a los niños, atender al marido, etc. Existía un total parangón entre la "adquisición" de la mujer y la de la esclava: "La mujer se adquiere por dinero, contrato y relaciones sexuales". Asimismo, se adquiere la esclava por dinero, contrato y toma de posesión (consistente, respecto a la esclava, en realizar para su nuevo dueño un servicio propio de los deberes de la esclava)

Desde un punto de vista jurídico, la esposa se distinguía de una esclava en primer lugar porque conservaba el derecho de poseer los bienes (no disponer de ellos) que había traído de su casa como bienes extradotales, si bien el marido podía gozar del usufructo de estos bienes; en segundo lugar, por la seguridad que le daba el contrato matrimonial, pues éste fijaba la suma que había que pagar a la mujer en caso de separación o de muerte del marido. Las concubinas tampoco tenían este contrato . No obstante, la mujer podía ser repudiada por el marido con las garantías mínimas basada en la propia Ley (Deuteronomio 24:1). Y mientras que el hombre tenía derecho de pedir el divorcio por motivos triviales (quemársele la comida o gritar muy alto la mujer), a ella se le permitía pedir el divorcio en tres casos tipificados: a) cuando el marido ejercía el oficio de recogedor de basura; b) cuando el marido era fundidor de cobre; y c) cuando el marido era curtidor de pieles. La mujer podía alegar: "Creía que lo podía soportar, pero ahora ya no puedo" . Salvo en el estado de viudez o de divorcio, la mujer carecía de solvencia individual. Estaban absolutamente bajo la tutela del padre o bajo la autoridad del marido, quienes podían validar o invalidar cualquier decisión tomada previamente por la hija o la esposa respectivamente (Números 30). Las afirmaciones de algunos rabinos hacen patente la condición de la mujer en Israel: "Mejor fuera que desapareciera en las llamas la Torá antes que le fuera entregada a las mujeres" . No obstante, hubo mujeres que tuvieron un protagonismo de liderazgo en la historia del pueblo de Israel; pero se debió más por su valía personal que por el estatus social que la sociedad les daba (Jueces 4 y 5).

Normalmente, la desposada, todavía muy joven, iba a vivir con la familia del esposo, lo cual significaba para la joven esposa soportar el penoso deber de convivir en una comunidad familiar que le era extraña y, a veces, con sentimientos hostiles de parte de la madre, de las hermanas y de las concubinas del propio esposo . La parcialidad jurídica hacia la mujer, en los tiempos de Jesús, se puede apreciar en el caso de acusación de adulterio que relata el evangelista. Detuvieron a la mujer supuestamente sorprendida en el acto mismo del adulterio, pero dejaron libre al hombre, que también era convicto por la misma ley en el mismo delito (Juan 8:1-11; Levítico 20:10).

Situación social y familiar de la mujer greco-romana.

La situación de la mujer en el mundo griego en los tiempos del Nuevo Testamento era similar al del judaísmo. La tutela del padre o del marido bajo la cual se hallaba la mujer hebrea y, por lo tanto, su insolvencia, encuentra su parangón en el Derecho romano, bajo el cual la mujer que no estaba sometida al paterfamilias, ni bajo la autoridad del marido, necesitaba un tutor que, si bien no le correspondía cuidar de la persona de la mujer, ni de las gestiones de sus bienes, sí debía intervenir en su nombre en los procesos y en los negocios
Sin embargo, en Roma, la mujer casada, aun cuando ocupa un lugar secundario en la familia, dirigía la casa y no vivía recluida en un harén, como las mujeres griegas y judías. La mujer romana salía de la casa, acompañada, y participaba, sentada, en las comidas de los hombres (algo impensable en la familia hebrea). También aparecía en la vida pública, especialmente en la celebración de ciertos cultos reservados a las mujeres casadas .

II. SIGNIFICADO DEL VELO SEGÚN LA TRADICIÓN RABÍNICA.

Significado estético y ético del velo.
Parece ser que la tradición en Oriente de ocultar la cara de la mujer tras un velo tiene su origen en una ley asiria del año 1200 a.C . Los primeros datos en la Biblia respecto al uso del velo lo hallamos en la historia de Isaac. Cuando el hijo de la promesa se acercaba a la comitiva donde venía Rebeca, y el criado de Abraham le informó a ésta que se trataba de Isaac, Rebeca "entonces tomó el velo, y se cubrió" (Génesis 24:65). En los días de Jesús, cuando la mujer judía de Jerusalén salía de casa, llevaba la cara cubierta con un tocado que comprendía dos velos sobre la cabeza, una diadema sobre la frente con cintas colgantes hasta la barbilla y una malla de cordones y nudos; de este modo no se podían reconocer los rasgos de su cara . En los círculos más legalistas de la época del Nuevo Testamento, las mujeres y las hijas doncellas quedaban encerradas en los harenes y sólo podían mostrarse en público cubiertas con un velo. Y las mujeres más extremistas se cubrían incluso estando en el hogar. La madre Kimhit, que había tenido siete hijos, que todos fueron sumos sacerdotes, reconoce: "Jamás vieron mis trenzas las vigas de mi casa" (TB Yomá 47ª)
Este pudor impuesto a la mujer mediante la prenda del velo revela el concepto esencialmente sexual y reproductivo que el hombre tenía de la mujer. De Jesús Ben Sirá, autor de Eclesiástico, es esta porción literaria:
"Una hija es tesoro engañoso para su padre,
Le quita el sueño por la preocupación:
Si es joven, no se le quede en casa;
Si casada, no se la repudien;
Si doncella, no se la seduzcan;
Si casada, no sea infiel;
En la casa paterna, no quede encinta;
En casa del marido, no quede estéril.
Vigila a tu hija doncella,
Para que no te acarree mala fama,
Comentario de la ciudad, desprecio de la gente
Y burlas de los que se reúnen en la plaza.
Donde ella vive no hay una reja
Ni miradores a los accesos en torno.
No exhiba su belleza ante cualquier hombre
Ni trate familiarmente con las mujeres;
Porque del vestido sale la polilla
Y de una mujer la maldad de otra.
Mejor es la dureza del marido que la indulgencia de la mujer,
De la mala fama trae infamia a la casa"
Significado legal del velo.
Primeramente decir que la sumisión de la mujer al hombre, ya sea al padre o al marido, está implícito en el tipo de familia patriarcal. El padre es "señor" de todo cuanto depende de él personalmente, de vida o muerte, o pertenece al ámbito del hogar en el cual él es el jefe único e indiscutible (Jueces 11:30-39). De ello se deduce que el estatus de la mujer es una consecuencia de esta institución social y familiar vigente tanto en el mundo griego como en el judaísmo en los días del Nuevo Testamento. El cristianismo simplemente recogió el testigo de esa cultura e hizo la misma exégesis rabínica tal como leemos en los textos del Nuevo Testamento (1 Corintios 11:8-9; Efesios 5:22-24; Colosenses 3:18; 1 Pedro 3:1)
En segundo lugar decir que, según el texto que estamos considerando, el uso del velo iba más allá de una simple y tradicional costumbre de los pueblos de Oriente Medio relacionado con el pudor. Como veremos enseguida, tras la imposición del velo había un sometimiento y dominio del hombre sobre la mujer, de los cuales el velo era un símbolo.
De la apología de 1 Corintios 11:2-15 se deriva lo siguiente:
a) El velo era una "señal" de la autoridad que el marido tenía sobre la mujer (vs.7-10)
b) Esta autoridad venía impuesta por el orden jerárquico Hombre-Mujer (vs. 3-5)
c) Ante la osadía que mostró la mujer cristiana de Corinto al prescindir del velo, el apóstol, irónicamente, le sugiere que se rape también la cabeza, o si no, que se cubra (v.6)
d) Según el argumento de Pablo, la "naturaleza" misma convertía el cabello largo en un símbolo del velo que debía usar la mujer para cubrir su cabeza. (vs. 14-15).
e) Pablo apela al sentido común de los corintios como último argumento: "Juzgad vosotros mismos: ¿Es propio que la mujer ore a Dios sin cubrirse la cabeza?" (v.13)

Pero, ¿cuándo se introdujo esta enseñanza explícita del velo o cómo evolucionó su doctrina en el judaísmo? ¿Cuándo vino a significar el velo la sumisión de la mujer al hombre? Porque 1 Corintios 11:2-15 es el único texto en toda la Biblia que relaciona el velo con dicha sumisión.
Independientemente de cuándo tomó el velo este significado, lo cierto es que en los días del Nuevo Testamento esta doctrina debió de estar bien desarrollada y consensuada en el judaísmo, y Pablo, como hemos visto, la apoya. Sin embargo, un estudio crítico de esta doctrina, desde un punto de vista sociológico y religioso, nos llevaría a las siguientes y legítimas propuestas:
a) ¿Se derivaba la institución social y familiar de signo patriarcal de la jerarquía Hombre-Mujer?
b) ¿O la jerarquía Hombre-Mujer es una consecuencia desarrollada progresivamente de la institución social y familiar patriarcal?
Me temo que dicho estudio vendría a confirmarnos que el establecimiento de esta jerarquía no estaba al margen de la institución social y familiar de signo patriarcal, de donde se deriva el estatus de la mujer. Es decir, el papel institucionalizado de la mujer es el que marca el espacio social de dicha jerarquía, y como consecuencia el estatus institucionalizado de la mujer y su carencia de personalidad jurídica. Y todo este conglomerado legal, social y religioso, en el que se encontraba la mujer, especialmente en el judaísmo, vino a estar simbolizado en una prenda de vestir: el VELO.

II. IMPLICACIONES DE LA SUPRESIÓN DEL VELO.

Implicaciones éticas y estéticas
La admonición de Pablo a las mujeres cristianas de Corinto, relacionada concretamente con el velo, pone en evidencia que, al menos algunas féminas, habían tomado la contundente decisión de prescindir del velo y las consecuencias fueron inmediatas. Primero, una cuestión de orden estético. Al despojarse la mujer del velo hería la sensibilidad de las demás mujeres y, sobre todo, de los familiares, especialmente de los maridos si estaban casadas. Segundo, una cuestión de orden ético. Al liberarse del velo degradaban el decoro del cual el velo formaba parte de la indumentaria femenina. En Corinto las únicas mujeres que se atrevían a salir a la calle sin el preceptuado velo, eran las mujeres de vida sospechosa, como eran las rameras.
Implicaciones legales.
Pero sobre todo, la supresión del uso del velo estaba directamente relacionada con el estatus social y familiar de la mujer. La supresión del velo suponía por sí mismo un reto y una reivindicación del derecho a ser una persona independiente y un desafío a la individualidad. Aunque fuera sólo en el ámbito de los gestos, la mujer en la iglesia de Corinto se estaba liberando del símbolo externo y público de aquella clase de sujeción que nada tenía que ver con el espíritu que abanderaba el mensaje de las Buenas Nuevas de Jesús.
No obstante de estas implicaciones, derivadas del gesto de la supresión del velo por parte de las cristianas en Corinto, aunque fuera en la esfera de los símbolos, como era el velo, sus consecuencias estaban fuera de los propósitos de la predicación del evangelio en aquel siglo. Como también estaba fuera de cualquier reivindicación la situación de los esclavos. Cuando Pablo sugiere a los esclavos que, si pueden, "procuren liberarse" (1 Corintios 7:21), lo hace desde la posibilidad de la legalidad vigente: bien mediante la libertad que el amo le concediera, o pagando el esclavo su propia libertad. El envío del esclavo Onésimo a Filemón, por parte de Pablo, muestra, antes que nada, la expectativa que cualquier ciudadano esperaba en esa situación (Carta de Filemón). Cualquier otra cosa hubiera estado fuera de la ley. Y si el cambio de este estatus de la mujer estaba fuera del propósito de la predicación del evangelio en aquel siglo, ¿cuánto más la supresión del velo, por los significados añadidos de orden ético y estético que dicha prenda conllevaba? Desde un punto de vista pragmático, ninguna postura amante del orden y de la continuidad, en la sociedad donde se abría camino el cristianismo, hubiera dirigido una reivindicación de género como las mujeres de la iglesia de Corinto protagonizaron (¿conscientes o inconscientemente?)
III. ¿QUÉ MOTIVÓ A LAS MUJERES DE CORINTO PARA PRESCINDIR DEL VELO?

La idea de libertad que abanderaba el evangelio

Sin duda, el evangelio abanderó una libertad que sobrepasaba las expectativas de su época. Independientemente del contexto, la sola palabra "libertad" generaba un entusiasmo en las personas que vivían subyugadas a cualquier ley impuesta, ya fuera en el ámbito social, familiar o religioso. Pablo mismo tuvo que reivindicar la "libertad que tenía en Cristo Jesús" frente a las imposiciones legales religiosas de los judaizantes (Gálatas 2:4) A los corintios les había enseñado y, posteriormente les había escrito: "Porque el Señor es el Espíritu; y donde está el Espíritu del Señor, allí hay libertad" (2 Corintios 3:17) Pablo luchó contra lo que él llamaba el "yugo de la esclavitud" de la ley judaica; y resueltamente llama a perseverar "en la libertad con la cual Cristo nos hizo libres" (Gálatas 5:1) Que las gentes tomaron conciencia de este espíritu de libertad que infundía el evangelio lo vemos por el mal uso que algunos hicieron de ella. Pedro tuvo que exhortar a ser "libres, pero no como los que tienen la libertad como pretexto para hacer lo malo, sino como siervos de Dios" (1 Pedro 2:16) Las mujeres cristianas de Corinto se vieron embriagadas de ese espíritu de libertad y, desde él, tomaron iniciativas (¿equivocadas?
La idea de un nuevo estatus como individuo
El evangelio no llamaba al paterfamilias para que creyera y, junto con él, el resto de la familia como un acto de obediencia al patriarca, sino que llamaba a las personas de manera individual a que creyeran en el mensaje de la cruz. La declaración de Jesús: "Porque he venido para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre, y a la nuera contra su suegra" (Mateo 10:35), debemos leerla a la luz de la experiencia misionera de la iglesia en las primeras décadas y los primeros siglos. Las mujeres que creían en el evangelio lo hicieron a título particular exponiéndose, en muchos casos, a las consecuencia que Jesús apuntó. Pero la decisión de aceptar el evangelio les hizo sentirse persona, individuo, como nunca antes lo habían experimentado.
Frente a las instituciones sociales de aquel tiempo, Pablo se atrevió a decir "porque todos sois hijos de Dios por la fe en Cristo Jesús, pues todos los que habéis sido bautizados en Cristo, de Cristo estáis revestidos. Ya no hay judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer, porque todos vosotros sois uno en Cristo Jesús" (Gálatas 3:26-28). Pablo enseñaba que los creyentes formaban el cuerpo de Cristo, "y miembros cada uno en particular" (1 Corintios 12:27). Es más, como miembros de ese Cuerpo venían a ser individualmente responsables de sus propios actos, toda vez que también ellas, las mujeres, habrían que comparecer "ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo" (2 Corintios 5:10) La mujer, porque se sentía responsable de sus propios actos ante Dios, reclamaba esa libertad de acción para servir a su Señor y a su libertador. La exhortación de Pedro: "Asimismo vosotras, mujeres, estad sujetas a vuestros maridos; para que también los que no creen a la palabra, sean ganados sin palabra por la conducta de sus esposas" (1 Pedro 3:1), es compatible con la libre decisión que la mujer ha de tomar en casos concretos. Estas enseñanzas implícitas en el mensaje del evangelio debió de haber corrido como la pólvora entre las clases subyugadas o agraviadas por las instituciones sociales de la época, y especialmente entre las mujeres.

El hecho de ser receptoras individuales de dones del Espíritu
Santo.

En la iglesia de Corinto había mujeres que tenían dones específicos de profecía (1 Corintios 11:5) que ejercían "para edificación, exhortación y consolación" (1 Corintios 14:3). Estos dones, que confería Dios mismo, sin pedir "autorización" a los tutores de las mujeres, eran ejercidos mediante el impulso del Espíritu Santo, con poder y autoridad en la iglesia. Por otro lado, aun cuando estos dones tenían una dimensión meramente espiritual, no obstante, hacían cobrar no poco protagonismo entre los que lo poseían. Pablo tuvo que poner cierto orden sobre este particular: "ni el ojo puede decir a la mano: No te necesito, ni tampoco la cabeza a los pies: No tengo necesidad de vosotros" (1 Corintios 12:21). Y tuvo que subordinar todos los dones a un "camino mejor": el amor (1 Corintios 13). La mujer cristiana en Corinto se sintió, por primera vez en aquella sociedad, con la autonomía y la relevancia que transfería un don espiritual fuese cual fuese este don. Por primera vez, al menos en el seno de la iglesia, la mujer podía hablar sin el consentimiento del padre o del marido, porque su autoridad procedía de un ente superior: Dios. La mujer de Corinto tomó conciencia de ese estatus nuevo que le ofrecía las Buenas Nuevas del Evangelio.

¿Cómo no iba a engendrar cierto espíritu de superioridad no sólo sobre el resto de la comunidad, sino sobre los mismos padres y esposos, tutores de las mujeres? ¿Y cómo no iba a crear problemas institucionales, generacionales y eclesiales? Pero, claro está, eso sería auténtico, sería legítimo y sería lícito, "pero no todo convenía", había establecido el Apóstol. "No había que buscar el propio bien, sino el del otro" (1 Corintios 10:23-24).

Los "Dichos" de Jesús que circulaban entre las iglesias.
Antes que los evangelios fueran escritos como obras literarias, ya circulaban en forma de historias (anécdotas) orales fragmentadas. Entre esas historias "acerca de Jesús" se cree que había una sobre los "Dichos" de Jesús. Entre los evangelios sinópticos, Lucas y Mateo incorporan estos "dichos" en sus obras. De hecho, estas historias orales "acerca de Jesús" fueron el primer material didáctico en la vida de las jóvenes iglesias, y las enseñanzas de esos "dichos" relacionadas con la mujer era muy jugosa para los oyentes del género femenino.
Jesús habló mucho de la mujer en sus parábolas y muchas historias "acerca de Jesús" tenían como personaje principal alguna mujer, cosa poco frecuente en las enseñanzas rabínicas. La síntesis que cualquier oyente o lector podía hacer de esas historia "acerca de Jesús" era que Jesús había sacado a la mujer del anonimato al cual las instituciones la habían relegado. La historia de la mujer adúltera y perdonada (Juan 8:1-1), la historia de la mujer samaritana (Juan 4:3-42), la historia de María (Juan 12:3-8) la historia de María Magdalena y las otras mujeres que fueron al sepulcro (Juan 20:11-18), etc. debieron ser historias que hicieron soñar despiertas a todas la mujeres que la escuchaban o la leían.

Ciertamente, Jesús abrió una ventana por la cual entraba un rayo de luz y de esperanza hacia otra forma de vida, hacia otra manera de entender y vivir la vida, especialmente para las mujeres sometidas a un estatus en el que carecían de personalidad jurídica, no sólo moral sino también legalmente. Y todas estas historias "acerca de Jesús" se constituían por sí mismas en un caldo de cultivo preparando las mentes y los corazones para el gran salto. Las mujeres de Corinto conocían esas historias e hicieron de ellas la perla más preciosa hallada.

CONCLUSION

Aún así, debemos formularnos estas interrogantes: ¿Qué propósitos había detrás de aquel gesto de prescindir del velo? ¿Qué intención se escondía tras aquella ingenuidad? ¿Eran conscientes aquellas cristianas de Corinto de lo que estaban protagonizando? ¿Fue una actitud deliberada con alguna meta en concreto? ¿Fue aquello realmente una reivindicación de género, adelantándose en el tiempo? Sabemos lo que dijo Pablo, pero, ¿hubiera dicho lo mismo Jesús? ¿Y nosotros? ¿Qué decimos nosotros hoy?
El evangelio fue –y es- portador de valores, aún hoy inéditos. Tuvieron que pasar muchos siglos para ir emergiendo de entre los muchos obstáculos que la historia de los hombres, y los hombres de la historia, le fue levantando. El potencial del evangelio era mayúsculo para dinamizar la sociedad del entorno donde iba abriéndose camino, pero el corazón de los hombres y sus intereses no sólo impidió su progreso, sino que consiguió esporádicamente su estancamiento. Pero como la semilla debajo de tierra espera las condiciones adecuadas para su germinación y desarrollo, así el poder de transformación de la Buenas Nuevas espera las condiciones para irrumpir y producir su fruto: el reino de Dios, donde no hay "judío ni griego; no hay esclavo ni libre; no hay hombre ni mujer" .

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2 comentarios - La primera reinvindicacion de la mujer

HabermusNegrus
Parece interesante... de donde lo sacaste? Tenes que poner la fuente cuando haces un post de este tipo, por más que sea escrito por vos