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libro: Sirácides (3-10)

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11 1 El pobre prudente lleva la frente alta y se sienta entre los grandes.
2 No felicites a un hombre por su facha ni tengas mala voluntad a nadie por su apariencia.
3 La abeja es uno de los más pequeños insectos, pero la miel que produce tiene exquisita dulzura.
4 No te sientas orgulloso por la ropa que llevas; no te pongas soberbio cuando te honran, porque el Señor actúa en forma desconcertante y no sabes lo que está preparando. 5 A menudo reyes han sido destronados y un desconocido recibió la corona.
6 Muchos poderosos fueron terriblemente humillados y hombres ilustres cayeron en el poder de otros.
7 No reprendas antes de examinar, reflexiona primero, y luego reprende.
8 No contestes sin haber escuchado, no interrumpas al que habla.
9 No tomes parte en un asunto que no te toca, ni te mezcles en pleitos de pecadores.
10 Hijo mío, no emprendas muchas cosas; si las multiplicas no será sin reproche; aunque corras no lo conseguirás; aunque huyas no te librarás.

Para andar seguro

o 11 Hay quienes se afanan, se cansan y se apresuran: y al fin son más pobres.
12 Hay quienes son débiles y piden ayuda, faltos de bienes y sumamente pobres; el Señor los mira con bondad y los saca de su miseria. 13 Les levanta la frente, de lo que muchos se maravillan.
14 Bienes y males, vida y muerte, pobreza y riqueza, todo viene del Señor.
15 Los justos pueden contar con la generosidad del Señor y su bondad los guiará siempre.
16 Hay personas que se enriquecen a fuerza de preocupación y de codicia, pero éste es su salario: 17 El día en que se dicen: Ha llegado el descanso, ahora puedo comer de mis bienes; no saben cuánto durará esto. Tendrán que dejarlo a otros.
18 Ama tu oficio, de dedícate a él y envejece en tu labor.
19 No te desconciertes por el éxito del pecador; confía en el Señor y persevera en tu labor. Porque es cosa fácil para el Señor enriquecer rápidamente, de una vez, al pobre.
20 La bendición del Señor es la recompensa del hombre piadoso; en un instante hace florecer su bendición.
21 No digas: ¿De qué tengo necesidad?, o, ¿qué bienes más podría desear?
22 No digas: Tengo bastante, ¿qué desgracia podría pasarme?
23 En el día bueno se olvidan los males y en el día malo, los bienes.
24 Al señor le es fácil, el último día, pagar al hombre según sus caminos.
25 El mal momento hace olvidar el placer; así al final del hombre se descubrirán sus obras.
26 No proclames la felicidad de nadie antes del fin, porque sólo al fin se conocerá al hombre.
27 No lleves a cualquiera a tu casa, porque son muchas las trampas del astuto.
28 Como perdiz de cebo encerrada en su jaula, así es el corazón orgulloso; como un espía espera tu perdición.
29 Cambio los bienes en males, prepara trampas y critica las mejores cosas.
30 Una chispa enciende el carbón; así e pecador está en acecho para derramar sangre.
31 Cuídate del malvado; sepas que medita el mal y teme que te desprestigie para siempre.
Lleva a tu casa a un extraño y te traerá el desorden, te hará extraño a tu propia gente.

o Estas consideraciones no son nuevas en la Biblia que en cada página nos invita a confiar en Dios. Ben Sirá ya dice lo que encontraremos en boca de Jesús, sobre el poco valor de la riqueza (ver Lucas 12,16).
Y dice: Ama la Alianza, dedícale tu vida. La Alianza significa la práctica de la Ley. Jesús también hablará de buscar el Reino de Dios en vez de preocuparse por asegurarse el porvenir.
Nótese el fin de este texto. En el Eclesiástico, como en cierto lugar del libro de Job (Job 19,25), se vislumbra el destino que Dios nos reserva después de la muerte: sólo al fin se conocerá el hombre. Ben Sirá espera que Dios premie al justo el último día de su vida, aunque no sabe nada al respecto.

12 1 Si haces el bien, mira a quién lo haces y tus beneficios no se perderán. 2 Haz el bien a un hombre bueno, él te lo agradecerá; si no él mismo, al menos el Altísimo.
3 Los beneficios no son para el que persevera en el mal y no quiere tener compasión.
4 Da al hombre bueno y no ayudes al pecador.
5 Haz el bien al humilde y no des al impío; niégale el pan, no se lo des, porque llegaría a dominarte. Te pagaría con redoblado mal por los bienes que le hicieras.
6 Pues el propio Altísimo tiene horror de los pecadores y devolverá la venganza a los impíos.
7 Da al hombre bueno, pero no vayas en ayuda del pecador.
8 El amigo no se volverá adversario en la prosperidad ni en la adversidad se ocultará el enemigo.
9 Cuando un hombre es feliz, sus enemigos se desaniman; cuando es desdichado, hasta sus amigos lo abandonan.
10 No te fíes jamás de un enemigo; así como el bronce se cubre de óxido, así hace su maldad.
11 Aunque haga el humilde y camine agachado, cuídate y desconfía de él; más bien obra con él como quien pule el bronce, sábete que su moho no resistirá hasta el fin.
12 No lo pongas junto a ti, podría echarte y desplazarte. No lo hagas sentarse a tu derecha, trataría de ocupar tu puesto, y por fin comprenderías mis palabras y te arrepentirías al recordarlas.
13 ¿Quién se compadecerá del encantador mordido por una serpiente y de todos estos que se acercan a las fieras? 14 Esto vale para el que es amigo del pecador y participa de sus pecados. 15 Lo ves tranquilo durante una hora, pero apenas tropiezas él no se aguanta.
16 El enemigo tiene dulzura en los labios, pero en su corazón piensa cómo echarte al sepulcro. El enemigo tiene lágrimas en los ojos, pero si halla la ocasión no se hartará de tu sangre.
17 Si la suerte te es contraria, lo encontrarás frente a ti y bajo pretexto de ayudarte, te hará una zancadilla. 18 Moverá la cabeza y aplaudirá, hablará sin parar y cambiará la cara.

Cuidarse de los que tienen una situación mejor

+ 13 1 El que toca el alquitrán se ensucia, el que anda con un soberbio se vuelve igual a él.
2 No lleves una carga muy pesada, tampoco te hagas de uno que tiene más fuerza y es más rico que tú. ¿Para qué juntar la olla de barro con la de hierro? Si ésta le da un topón, la quiebra.
3 Cuando un rico comete una injusticia, más encima amenaza; si un pobre es insultado, sólo atina a pedir disculpas.
4 Mientras le eres útil, se sirve de ti; cuando ya no te queda nada, te abandona. 5 Si tienes algo, vivirá contigo; te agotará, pero sin que él se moleste.
6 Si tiene necesidad de ti te engañara, te sonreirá y te dará esperanzas, te dirigirá buenas palabras, y dirá: ¿Qué necesitas?
7 Te hará su agradecido con sus festejos hasta que te haya quitado lo que tienes, y se burlará de ti al fin. Después te mirará y te abandonará, meneando la cabeza al encontrarte.
8 Ten cuidado de no dejarte engañar, para no ser humillado por tonto.
9 Cuando un poderoso te llame sácale el cuerpo, y tanto más te llamará.
10 No te adelantes tanto que te rechacen, ni te dejes demasiado para que te olviden. 11 No pretendas hablar con él de igual a igual ni creas en sus muchas palabras. Con su palabrería te pondrá a prueba y con muestras de benevolencia te examinará. 12 Sin compasión repetirá tus palabras, no te ahorrará ni golpes ni cadenas.
13 Cuídate y pon mucha atención, porque caminas en compañía de tu propia desgracia.
15 Todo ser viviente ama a sus semejantes y todo hombre a su prójimo.
16 Todo animal se acopla con otro de su especie y el hombre se junta con sus semejantes.
17 ¿Puede el lobo andar junto con el cordero? Lo mismo el pecador con el hombre piadoso. 18 ¿Qué paz puede haber entre la hiena y el perro? ¿Qué paz entre el rico y el pobre?
19 Los burros salvajes son presa de los leones en el desierto; así los pobres son presa de los ricos.
20 El soberbio aborrece una condición humilde; asimismo el pobre es una abominación para el rico.
21 Cuando el rico da un mal paso, sus amigos lo sostienen; pero, cuando el pobre cae, sus amigos lo abandonan.
22 Cuando el rico se equivoca, son muchos los que le vienen en ayuda; si habla tonterías lo felicitan. Cuando el pobre comete un error, lo critican; si dice cosas sensatas, no le hacen caso. 23 Cuando el rico habla, todos se callan y alaban su palabra hasta las nubes. Habla el pobre y preguntan: ¿Quién es éste? Y si tropieza, lo echan al suelo.
24 La riqueza es buena si en ella no hay pecado; y la pobreza mala, por cuanto es del impío.

+ Este largo párrafo invita a no buscar la compañía de los de arriba. A menuda el <<rico>>, o sea, el de arriba, es un impío, es decir, un hombre sin escrúpulos. El autor destaca los peligros:
- el de arriba aprovecha al que busca su familiaridad;
- para ser admitido en la amistad del rico, uno debe aceptar muchas humillaciones y olvidar su propia dignidad;
- incluso al contacto de los ricos, uno llegará a imitar sus defectos.

Gozar la vida sin avaricia ni codicia

25 El corazón del hombre se refleja en el rostro, sea para bien o para mal.
26 Un corazón alegre, una cara feliz, difícilmente los encontrarás.
14 1 Feliz el hombre que no pecó en sus palabras ni está atormentado por el remordimiento de sus faltas.
2 Feliz a quien su conciencia no condena y que no decayó de su esperanza.
3 Al avaro no le sienta bien la riqueza; tampoco los bienes al envidioso. 4 El que atesora a costa de privaciones, atesora para los demás: otros gozarán de sus bienes.
5 El que es malo consigo mismo, ¿con quién será bueno? No goza de sus riquezas.
6 Nada peor que el que se tortura a sí mismo, ése es el pago de su maldad.
7 Si hace el bien, lo hace por descuido, pero al fin manifestará su maldad.
8 El hombre de mirada codiciosa es un malvado, que aparta los ojos y desprecia las personas.
9 El ambicioso no está contento con lo que tiene, la injusticia mala seca el corazón.
10 El ojo envidioso codicia el pan del otro; en su mesa estará triste y hambriento.
11 Hijo mío, si tienes con qué, date buena vida, y presenta al Señor ofrendas generosas.
12 No olvides que la muerte no demorará, ni te ha sido revelado el día de tu muerte.
13 Antes de morir, haz el bien a tu amigo y de acuerdo a tus medios sé generoso.
14 Goza los días felices y no desprecies un placer legítimo cuando te toca.
15 ¿No dejarás a otro el fruto de tus labores? Los frutos de tus fatigas, ¿no serán repartidos a la suerte?
16 Da y recibe, y da contento a tu alma, porque no ha que buscar el placer en el sepulcro.
17 Toda carne envejece como vestido. Esta es la ley eterna: ¡Tú morirás!
18 Como hojas verdes en árbol frondoso: caen unas y brotan otras; así las generaciones de carne y sangre: una muere y otra nace. 19 Toda obra corruptible desaparece y su autor se va con ella.

Feliz el que se dedica a la sabiduría

20 Feliz el hombre que se dedica a la sabiduría y que se hace preguntas hasta que tenga respuestas: 21 que interioriza los caminos de la sabiduría y reflexiona en sus secretos; 22 que la persigue como el cazador, acecha sus pasos, 23 atisba por sus ventanas y escucha a sus puertas; 24 acampa junto a su casa, fijando sus estacadas en sus murallas.
25 En las manos de la sabiduría colocó su carpa: ya aloja en el lugar de la felicidad. 26 Pone a sus hijos bajo su protección y halla abrigo bajo su ramaje. 27 Bajo su sombra se protege del calor y acampa en su gloria.
15 1 Así hace el que teme al Señor; el que se abraza a la Ley conseguirá la sabiduría. 2 Como una madre le saldrá al encuentro, lo recibirá como una esposa virgen; 3 lo alimentará con el pan de la inteligencia y le dará a beber el agua de la sabiduría. 4 Se fijará en ella y no vacilará; se apoyaría en ella y no será defraudado.
5 Ella lo pondrá encima de sus familiares y hará que tome la palabra en medio de la asamblea. 6 Será suya la felicidad, y se verá coronado de alegría. La suerte que le toca es un nombre eterno.
7 Los insensatos no la conseguirán jamás, ni la verán los pecadores. 8 Está lejos de la soberbia y los mentirosos no sabrán de ella.
9 No corresponde a los pecadores alabar, puesto que su alabanza no viene del Señor.
10 La alabanza corresponde al sabio y el Señor es quien la inspira.

Dios hizo al hombre libre y responsable

 11 No digas: <<Fue Dios quien me hizo pecar>>, porque Dios no puede hacer lo que él odia.
12 No digas: <<El me hizo errar>>, porque no tiene qué hacer de un pecador.
13 El Señor odia toda maldad y tampoco la aman aquellos que lo temen.
14 Al principio hizo al hombre y lo dejó en manos de su propia conciencia.
15 Si tú quieres, puedes observar los mandamientos y está en tus manos permanecer fiel.
16 El ha puesto ante ti el agua y el fuego, llevas tu mano a lo que quieres.
17 Ante el hombre está la vida y la muerte: lo que prefiere cada cual le será dado.
18 ¡Qué grande es la sabiduría del Señor! Porque es poderoso y todo lo ve.
19 Sus ojos miran a los que lo temen. El conoce todas las obras del hombre.
20 A nadie ha mandado ser incrédulo y a nadie ha autorizado para pecar.

 Este poema afirma claramente la libertad y responsabilidad del hombre. Santiago en su carta (1,13) recordará la primera frase del presente párrafo. Ya en Deut 30,15-20, Moisés decía a su pueblo: <<Ante ti están la muerte y la vida; tú escogerás>>.
A veces la Biblia parece decir que Dios impulsa al hombre a pecar para después castigarlo (ver Ex 10,27; 2 Sam 24,1); sin embargo, no hay duda de que el hombre es libre. Los israelitas estaban tan convencidos de que nada se hace sin Dios, que les costaba explicarse cómo un hombre puede pecar sin que ésa sea la voluntad de Dios. Pero aunque les faltaban las palabras para expresarlo, consideraban siempre al hombre como responsable de sus actos.

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