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libro: Evangelio según Marcos (1-5)

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El libro del Evangelio de Marcos para que lean un poco los viciosos:

MARCOS

INTRODUCCIÓN

Cuando los apóstoles empezaron a presentar al mundo el mensaje de Jesús, solamente usaron la palabra, proclamando lo que habían visto y oído de él. Ninguno de ellos pensó en escribir una <<Vida de Jesús>>, y, a lo mejor, no sabían escribir.
Sin embargo, en varios lugares se pusieron por escrito discursos, parábolas y hechos de Jesús. Marcos, que estuvo al lado de Pedro y de Pablo en Roma, redactó su evangelio a partir de tales ensayos, añadiendo muchos detalles que supo por Pedro.
El Evangelio de Marcos nos muestra, antes que nada, a Jesús actuando. No habla de la infancia de Jesús ni de su vida en Nazaret; tampoco nos transmite largos discursos suyos, pero se esfuerza porque lo veamos con todos sus gestos.
Jesús es el Hijo de Dios. Lo afirma la primera línea del Evangelio, y lo Proclama en la última página el oficial romano que vio morir a Jesús. Pero, ¿qué significa esto: Hijo de Dios? Todo el Evangelio de Marcos quiere contestar con hechos a esta pregunta.

+ 1 1 Comienzo de la Buena Nueva de Jesucristo, Hijo de Dios.
2 En el libro del profeta Isaías está escrito: <<Ahora mando a mi mensajero delante de ti, para prepararte el camino. 3 Escuchen ese grito en el desierto: Preparen el camino del Señor, enderecen sus senderos.>>
4 Y así sucedió: Juan el Bautista se presentó en el desierto. Y predicaba al pueblo, hablando de bautismo y de conversión para alcanzar el perdón de los pecados. 5 Acudía a él gente de toda la región de Judea, y todos los habitantes de Jerusalén. Confesaban sus pecados y Juan los bautizaba en el río Jordán.
6 Juan llevaba un vestido hecho de pelos de camello con un cinturón de cuero, y comía langostas y miel de abeja silvestre. 7 Juan decía muy claro: <<Detrás de mí viene otro mucha más grande que yo, y no me atrevería, ni siquiera de rodillas, a desatar la correa de su calzado. 8 Pues yo los bauticé con agua, pero él los bautizará en el Espíritu Santo.>>
9 En esos días, Jesús vino de Nazaret, pueblo de Galilea, y se hizo bautizar por Juan en el río Jordán. 10 Cuando salió del agua, los Cielos se rasgaron para él y vio al Espíritu Santo que bajaba sobre él como paloma. 11 Y del Cielo llegaron estas palabras: <<Tú eres mi Hijo, el Amado; tú eres mi Elegido.>>
12 En seguida el Espíritu lo empujó al desierto. 13 Allí permaneció cuarenta días y fue tentado por Satanás. Vivía entre los animales salvajes, pero los ángeles le servían.

+ Aquí Marcos resume tres hechos importantes que son el punto de partida de la predicación de Jesús:
- La predicación de Juan Bautista.
- El bautismo de Jesús por Juan.
- La permanencia en el desierto.
Ver comentario de Lc 3 y 4.

LOS PROFETAS

Este es el comienzo del Evangelio, pero, ¿qué hubo antes? Para saberlo, habría que leer esa parte de la Biblia llamada Antiguo Testamento.
Desde hacía muchos siglos Dios había escogido al pueblo judío (el pueblo del que nació Jesús) para que fuera su propio pueblo entre todas las naciones de la tierra. Los judíos tenían su religión, como los demás pueblos; pero conocían mejor a Dios porque él les había dirigido su palabra.
Dios no hablaba desde el cielo, pues ¿dónde está el cielo? No está ni arriba ni abajo. Dios, además, no tiene boca como nosotros para hablar. Sin embargo, comunicaba su Espíritu a algunos hombres para que hablaran en nombre de él: ésos fueron los profetas.

Jesús llama a sus cuatro primeros discípulos

o 14 Después que tomaron preso a Juan, Jesús fue a la provincia de Galilea y empezó a proclamar la
Buena Nueva de Dios. 15 Hablaba en esta forma: <<El plazo está vencido, el Reino de Dios se ha acercado. Tomen otro camino y crean en la Buena Nueva.>>
16 Jesús caminaba por la orilla del lago de Galilea. Ahí estaban Simón y su hermano Andrés, echando sus redes en el mar, porque eran pescadores. 17 Jesús los vio y les dijo: <<Síganme, que yo los haré pescadores de hombres.>> 18 Y con eso, dejaron sus redes y empezaron a seguirlo.
19 Poco más allá, Jesús vio a Santiago, hijo de Zebedeo, con su hermano Juan. También ellos estaban en su barca y arreglaban las redes. 20 De inmediato Jesús los llamó, y partieron tras él, dejando a su padre Zebedeo en la barca con los ayudantes.

o Después de pasar por el desierto, Jesús vuelve a su provincia de Galilea y fija su residencia en Cafarnaún, pues es allí donde viven los pescadores que forman el primer núcleo de sus discípulos.
Jesús vive como allegado en casa de Simón (29).
¿En qué consiste su primera predicación?
El plazo está vencido (15). Finaliza la larga espera del pueblo judío, con promesas de Dios siempre aplazadas. Jesús afirma que hoy empieza tiempos nuevos.
EL Reino de Dios se ha acercado: no más espera porque está a la puerta. Pero ahora son ustedes los que deben dar el paso para entrar a este nuevo mundo en que Dios reina (ver comentario de Mt 5,1).
Crean en la Buena Nueva. Dios ha llegado a los hombres para reconciliarlos. No les trae más mandatos: les pide que le hagan ese favor de creer en sus palabras.
Síganme. Las primeras palabras de Jesús son un llamado a comprometerse. Y empezar a seguirlo, o sea, a convivir con él, dejando su familia y su trabajo. Jesús, como los maestros de su tiempo, les enseñará y les hará memorizar diariamente la doctrina que deberán transmitir a otros en la Iglesia.
Simón, Andrés, Santiago y Juan: Jesús ya los conocía porque se había topado con ellos en el mismo lugar donde predicaba Juan. No eran gente ociosa, sino trabajadores responsables, y se parecían a muchos jóvenes de hoy en día que son bastante generosos para entregarse por completo a una obra grande.
No sabían lo que podría ser el Reino de Dios, pero contaban, eso sí, en que Jesús los guiaría, y esto era para ellos el comienzo de la fe.
- Yo tengo mucha fe –dice la gente-, yo creo que Dios me protegerá, yo creo que las cosas me saldrán bien…
- Muy bien, pero esa fe suya la tienen también las personas religiosas de cualquier religión: no es, pues, la fe cristiana.
La fe cristiana empieza cuando uno toma otro camino por seguir a Jesús. Tomar otro camino es lo que significa la palabra conversión.

Jesús enseña y sana a un endemoniado

 21 Fueron hasta Cafarnaún. Allí Jesús empezó a comunicar su doctrina en las asambleas del día
sábado, en la Casa de Oración. 22 Su manera de enseñar impresionaba mucho porque hablaba como quien tiene autoridad; era todo lo contrario de los maestros de la Ley.

 En cuanto Jesús se presenta en público, deja en todos una impresión de fuerza y de seguridad. Y, para empezar, en su predicación, pues Jesús hablaba en las sinagogas.
La sinagoga es como la casa de oración de los judíos. Ahí se reúnen el sábado, para el canto de los Salmos y la lectura de la Biblia. El responsable predica o invita a otras personas a que tomen la palabra. Y ésta es la ocasión en que Jesús se da a conocer. No enseña a la manera de los maestro de la ley, los cuales repiten, interpretan, dan su opinión apoyándose en la de otros. Jesús habla con autoridad: <<En verdad, les digo…>>

+ 23 En una ocasión se encontraba en esta sinagoga un hombre que estaba en poder de un espíritu malo. Y se puso a gritar: 24 <<¿Qué quieres de nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a derrocarnos? Yo te he reconocido: Tú eres el Santo de Dios.>>
25 Jesús le hizo frente con autoridad: 26 <<¡Cállate y sal de ese hombre!>> El espíritu malo hizo revolcarse al hombre en el suelo y lanzó un grito tremendo, pero luego salió.
27 Entonces el asombro de todos fue tan grande que se preguntaban unos a otros: <<¿Qué es esto? ¡Con qué seguridad enseña esta nueva doctrina! Incluso le obedecen los espíritus malos.>> 28 A raíz de esto, la fama de Jesús se extendió por todo el territorio de Galilea.

+ Jesús habla con autoridad, y con la misma autoridad echa a los demonios, lo que contiene una enseñanza. Pues diariamente nos encontramos con las fuerzas que esclavizan al hombre y se oponen a la verdad, pero lo que no vemos es que están reunidas en una sola mano. Aparentemente, cada uno hace el mal por su propia cuenta, cuando, en realidad, todos están a disposición de un solo mando: éste es el Demonio.
Las más de las veces el Demonio trata de disimular se presencia y, mientras nadie amenace sus posiciones, vemos solamente una sociedad humana presa de su corrupción y de sus miserias. Aquí o allá se rumorea de algunos casos de brujería o de maldad consumada: en total, es bien poco para inquietarnos.
En realidad, el Enemigo no duerme. Ve con anticipación quiénes son los que pueden debilitar su imperio y, apenas empiezan a manifestarse, despierta contra ellos a los malos, los mediocres, los locos e incluso las malas suertes. Así es como, al presentarse Jesús en algún lugar, se manifiesta también el Malo. Para empezar, en la misma Casa de Oración.
Este primer enfrentamiento resulta impresionante (en realidad, no es el primero; ver Mc 1,12). Habrá otros hasta el día en que toda la sociedad judía se ponga de acuerdo para eliminar al Hijo de Dios.

o 29 Cuando la gente salió de la Casa de Oración, Jesús se vino a la casa de Simón y Andrés, con
Santiago y Juan. 30 La suegra de Simón estaba en cama con fiebre, por lo que, muy luego, le hablaron de ella. 31 Jesús se acercó y la levantó, tomándola de la mano. Se le quitó la fiebre, y, luego, se puso a atenderlos.
32 Pero al atardecer, cuando el sol se ponía, ya estaban trayendo a Jesús todos los enfermos y las personas con espíritus malos: 33 el pueblo estaba ahí reunido, delante de la puerta. 34 Jesús sanó a muchos enfermos con dolencias de toda clase; también echó a muchos demonios, pero no los dejaba hablar, porque sabían quién era.

o Se manifiesta la confianza sencilla de Pedro. Jesús entra en su casa y con él llegan la paz y la salud. Jesús enseña cómo hay que visitar a los enfermo. ¿Qué cosa más natural para quien sale de misa? Ir a ver a los enfermos y demostrarles un cariño que les atrae favores divinos.

Oración nocturna de Jesús

+ 35 De madrugada, cuando todavía estaba muy oscuro, Jesús se levantó, salió y fue a un lugar solitario, donde se puso a orar.
36 Simón y sus compañeros fueron a buscarlo y, 37 cuando lo encontraron, le dijeron: <<Todos te buscan.>> 38 Y él les contestó: <<Sigamos más allá y vamos a los pueblecitos vecinos, y yo predicaré también allí. He salido para esto precisamente.>>
39 Jesús, pues, empezó a visitar las Casas de Oración que había en esos lugares y recorrió toda Galilea; predicaba y echaba a los demonios.

+ Los apóstoles conocían a Dios: desde niños habían recibido las enseñanzas de la Biblia. Pero tal vez no lo descubrían presente en su propia vida, y rezaban como dirigiéndose a una persona lejana. Desde el momento que conviven con Jesús, entienden que hay algo excepcional en su persona. Especialmente los asombra la intimidad que existe entre él y Dios. Todo lo extraordinario que notan en la actuación de Jesús, parece que se debe a su unión estrecha y constante con su Padre.
Al vivir con Jesús, desearán más y más conocer al Padre, un poco como él lo conoce. (Lc 11,1; Jn 14,8; 15,15).

Curación de un leproso

 40 Se le acercó un leproso, que se arrodilló y suplicó a Jesús: <<Si quieres, puedes limpiarme.>> 41
Jesús tuvo compasión, extendió la mano, lo tocó y le dijo: <<Yo lo quiero; queda limpio.>> 42 Al instante se le quitó la lepra y quedó sano.
43 Entonces Jesús lo despidió, pero le mandó enérgicamente: 44 <<No se lo digas a nadie; preséntate al sacerdote y le darás por tu purificación lo que ordena la Ley de Moisés. Así comprobarán lo sucedido.>>
Pero el hombre, en cuanto salió, empezó a hablar y a contar detalladamente todo el asunto. 45 Resultó que Jesús ya no podía entrar públicamente en el pueblo; tenía que andar por las afueras, en lugares apartados. Pero de todas partes llegaban a donde él estaba.

LOS MARGINADOS

 Jesús sale de Cafarnaún para anunciar la Buena Nueva a las familias más aisladas y que son tomadas menos en cuenta. En su gira encuentra leprosos.
La lepra no sólo es una enfermedad tremenda, que hace que el cuerpo se pudra lentamente, sino también contagiosa; por eso los leprosos debían vivir fuera de los poblados. Era además considerada por todo el mundo como un castigo de Dios; de ahí que la religión judía declaraba impuros a los leprosos.
Por el gesto de Jesús, la carne y la piel del leproso vuelven a ser sanas; eso es un verdadero milagro, algo mucho más importante que quitarle la fiebre a la suegra de Pedro. Pero Jesús ha logrado algo mucho mejor todavía: que este leproso salga de su marginación. En adelante será un hombre igual a los demás, ya no evitarán su contacto ni apartarán de él su mirada. La Ley de Dios y de los hombres reconocerá su dignidad.
La Buena Nueva no se queda en palabras, sino que trae un cambio: en adelante, no habrá más personas marginadas.
No se lo digas a nadie (5,42; 7,36; 8,26). Con favores materiales Jesús nos invita a que busquemos las riquezas verdaderas (ver comentario de Mt 9,35). Pero la gente está más ávida de prodigios que dispuesta a acoger la Buena Nueva, y Jesús se reserva para los que buscan la verdad. Estos lo reconocen por su sola manera de ser y de hablar (Jn 4,48), y no se fijan tanto en su fama ni en sus milagros.
Jesús no quiere que lo llamen Hijo de Dios (1,24; 8,30), porque esta palabra puede interpretarse de diversas maneras, pero ninguno de sus contemporáneos le daría su verdadero sentido. Los apóstoles proclamarán a Jesús como Hijo de Dios cuando su muerte y su resurrección hayan mostrado lo que significa serlo (8,9; 15,39).

Jesús sana a un paralítico de su pecado y de su enfermedad

o 2 1 Tiempo después, Jesús volvió a la ciudad de Cafarnaún y se supo que estaba en casa. 2 Se reunió tanta gente que no quedaba lugar ni siquiera delante de la puerta. 3 Y mientras Jesús les anunciaba la Palabra, le trajeron un paralítico; cuatro hombres lo llevaban en camilla.
4 Como no podían acercarlo a Jesús a causa de la multitud, abrieron el techo del lugar donde él esperaba y por ahí bajaron al enfermo en su camilla. 5 Cuando vio la fe de aquella gente, Jesús dijo al paralítico: <<Hijo, tus pecados te son perdonados.>>
6 Estaban ahí sentados algunos maestros de la Ley, y pensaron: 7 <<¡Qué manera de hablar! Este se burla de Dios. Pues, ¿quién puede quitar el pecado sino Dios y solamente él?>>
8 En ese mismo instante Jesús supo en su espíritu lo que pensaban. Y les dijo: <<¿Por qué piensan así? 9 ¿Qué es más fácil decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o: Levántate, toma tu camilla y anda? 10 Sepan, pues, que el Hijo del Hombre tiene en la tierra el poder de perdonar los pecados.>>
11 Y dijo al paralítico: <<Levántate, toma tu camilla y vete a tu casa.>> El se levantó y, al momento, en presencia de todos, cargó con su camilla para irse con ella. 12 La gente quedó asombrada y todos alabaron a Dios, pues decían: <<Nunca hemos visto nada parecido.>>

o Con este milagro del paralítico perdonado y sanado, Jesús da tres respuestas a la vez: al enfermo, a sus amigos y a los fariseos.
Cuando vio la fe de esa gente. Esos son los amigos del paralítico. Fueron ellos los que convencieron a su compañero de que debía ir donde Jesús. Y Jesús premia su fe.
Aparentemente el paralítico no había hecho más que consentir el viaje. De entrada Jesús le dice: Tus pecados te son perdonados. ¡Qué palabra más extraña! ¿Cómo Jesús perdonaría los pecados si el hombre no es consciente de alguna falta y, al mismo tiempo, arrepentido y en espera de su perdón? Seguramente, en sus largas horas de ociosidad, el enfermo se había preguntado por qué Dios lo castigaba (pues la gente de aquel tiempo creía que la enfermedad era castigo de Dios). Y, a lo mejor, era consciente de algún pecado que atemorizaba su conciencia. Por eso, mientras los amigos lo invitaban a buscar la sanación, sus remordimientos lo hacían dudar de que, para él también, habría milagro. Pero, apenas está en presencia de Jesús, éste lo mira y le da la seguridad del perdón, que lo preocupaba más que su misma enfermedad.
Luego vienen los fariseos. Cuando Jesús perdonó al paralítico, la gente sencilla no se fijó en lo escandaloso de su sentencia, pues no tenían bastante formación religiosa para darse cuenta inmediatamente que sólo Dios podría dar una absolución como éste. Y son los fariseos y maestros de la Ley los que se escandalizan. Su indignación es muy justificada, puesto que ni ellos, ni los demás, ni los discípulos de Jesús entienden todavía que Jesús es el propio Hijo de Dios. La argumentación de Jesús los deja callados: Si yo doy la salud a lo divino, ¿Por qué no perdonaría a lo divino?
Jesús desconcierta a los que se preguntan quién es él. Mejor todavía demuestra que sólo él puede sanar al hombre entero, en cuerpo y alma.

EL PERDON DE LOS PECADOS

Jesús perdona los pecados.
No confundamos las faltas exteriores que no son siempre pecados, y el pecado verdadero que está en las malas intenciones. El pecado se da siempre que traicionamos algún compromiso o desoímos un llamado de Dios y de nuestra conciencia. Y por eso el perdón de los pecados no se compra con penitencias ni con prácticas religiosas. Lo importante es volver a Dios con humildad, confiado en su misericordia.
Pero todo se hace más fácil si podemos encontrar a Dios en forma personal, y si Dios se hace presente a nosotros con un rostro y una mirada capaces de purificar nuestro corazón egoísta y avivar en nosotros las brasas del amor.

He venido a llamar a los pecadores

 13 Cuando Jesús salió otra vez a orillas del lago, toda la gente fue a verlo, y él volvió a enseñarles. 14
Al pasar, vio al cobrador de impuestos sentado a su mesa: era Leví, hijo de Alfeo. Jesús le dijo: <<Sígueme.>> El se levantó y lo siguió.
15 Después Jesús fue a comer a casa de Leví. Algunos cobradores de impuestos y pecadores estaban sentados a la mesa con Jesús y sus discípulos; en realidad, había buen número de ellos. 16 Pero también seguían a Jesús los maestros de la Ley del grupo de los fariseos. Cuando lo vieron sentado a la misma mesa con pecadores y cobradores de impuestos, dijeron a los discípulos: <<¿Qué es eso? ¿Come con publicanos y pecadores?>>
17 Cuando Jesús oyó esto, les dijo: <<No son los sanos los que necesitan al médico, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores.>>

LOS PUBLICANOS. LOS MAESTROS DE LA LEY

 Para entrar en la familia de Dios, hay que emplear unos medios que tal vez cuesten, pero que están fácilmente a nuestro alcance. El primero es liberarnos de los prejuicios de clase. Dejemos de dividir a los hombres entre buenos y malos; entre los que se puede saludar, y los que no; entre los que se debe amar y ayudar, y los que no. Aprendamos que Dios no odia ni a los ricos, ni a los mal educados, ni a los de izquierda, ni a los de derecha, y que su plan misericordioso contempla la salvación de todos.
El Evangelio habla de los publicanos, o sea, cobradores de impuestos al servicio del poder extranjero. Pues el país de Jesús estaba dominado por el Imperio Romano, y los publicanos eran judíos que trabajaban para el extranjero. Los patriotas los consideraban traidores, el pueblo se daba cuenta de que se llenaban los bolsillos; hasta los mendigos se negaban a recibir sus limosnas. Y Jesús… Jesús no los alabó, pero escogió a uno de ellos, a Leví-Mateo, para incorporarlo al equipo de sus apóstoles, cuya mayoría eran patriotas decididos.
Los maestros de la Ley eran algo así como catequistas y profesores de religión. Eran muy entendidos en cosas religiosas y admiraban la doctrina de Jesús, pero no se atrevían a considerar como hermanos suyos a los publicanos y a otros pecadores (o sea, gente que no tomaba en cuenta los preceptos de la religión).
Leví es el otro nombre del apóstol Mateo (Mt 9,9).

El vino nuevo, en vasijas nuevas

 18 Un día que los discípulos de Juan el Bautista y los fariseos estaban ayunando, algunas personas
vinieron a decir a Jesús: <<¿Por qué no ayunan tus discípulos, como lo hacen los de Juan y los de los fariseos?>> 19 Jesús les contestó: <<¿Puede ayunar los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Cierto que no; no deben ayunar mientras está con ellos. 20 Pero llegará el momento e que el novio les será arrebatado; entonces ayunarán.
21 Nadie remienda un vestido viejo con un pedazo de género nuevo; porque la tela nueva encoge, tira de la tela vieja, y se hace más grande la rotura. 22 Y nadie echa vino nuevo en vasijas viejas; porque el vino las rompería. Así se echarían a perder el vino y las vasijas. ¡El vino nuevo, en vasijas nuevas!>>

 Muchos eran los hombres religiosos que miraban a Jesús con simpatía. ¡Cómo les gustaba que renovara el fervor de su pueblo! Pero Jesús no pensaba que debía primero reorganizar el culto y multiplicar las devociones.
Los fariseos ayunaban. El ayuno, signo de penitencia y de tristeza, apoyaba las súplicas dirigidas a Dios para que viniera a salvar a su pueblo. Pero precisamente Dios viene en Jesús: conviene más la alegría que el ayuno.
Los profetas habían anunciado las bodas de Dios con su pueblo cuando viniera a visitarnos (Is 62,4-5). Por eso, al presentarse en esta ocasión como el novio, Jesús da a entender quién es él.
¿Qué es el vino nuevo? El evangelio, por supuesto, y la embriaguez del Espíritu Santo que lleva a los discípulos a cualquier locura para dar a conocer el amor del Padre y la libertad que ellos mismos han conseguido. Para entenderlo, leamos los Hechos de los Apóstoles y la vida de los Santos, de los verdaderos desde luego, no de los santos tristes y fingidos.
Vasijas viejas: Los que defienden ciegamente los usos de sus padres, los que temen al mundo moderno, los que no se atreven a buscar las causas de lo que anda mal, por miedo a que haya demasiado que cambiar, los que son incapaces de adquirir ideas nuevas.

o 23 Un sábado, Jesús caminaba por los sembrados con sus discípulos. Ellos al pasar se pusieron a
desgranar espigas. 24 Entonces los fariseos le dijeron: <<Mira: ¿qué están haciendo? Es cosa que no se puede en día sábado.>>
25 El les dijo: <<¿Nunca han leído ustedes lo que hizo David, cuando él y sus compañeros tuvieron necesidad y sintieron hambre? 26 Que entró en la Casa de Dios, en la época del sumo sacerdote Abiatar, y comió los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes, y les dio también a los que estaban con él.>> 27 Y les dijo: <<El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. 28 Por esto el Hijo del Hombre, que es Señor, también es dueño del sábado.>>

o A todos les parecía normal que el transeúnte arrancara espigas o sacara frutas cuando tenía hambre. Sin embargo, los fariseos se escandalizaban porque los discípulos de Jesús lo hicieron en día sábado, día en que se prohibía cualquier trabajo.
El sábado fue hecho para el hombre. Ninguna ley, por sagrada que sea, puede aplicarse de manera que oprima al hombre.
El Hijo del Hombre es dueño también del sábado. Para los judíos, la observancia del sábado era el pilar del orden establecido por Dios: ¿por quién se tomaba Jesús?

Curación del hombre de la mano seca

+ 3 1 Otro día entró Jesús en la sinagoga y se encontró con un hombre que tenía la mano paralizada. 2 Pero algunos lo observaban: ¿Lo sanaría Jesús en ese día sábado? Ellos estaban dispuestos a denunciarlos.
3 Jesús dijo al hombre que tenía la mano paralizada: <<Ponte de pie y colócate aquí en medio.>> 4 Y luego les preguntó: ¿Qué está permitido hacer en día sábado: el bien o el mal?, ¿salvar a una persona o matarla?>>
5 Pero ellos se quedaron callados. Entonces Jesús paseó sobre ellos su mirada, enojado y apenado por su ceguera. Dijo al hombre: <<Extiende la mano.>> El paralítico la extendió y su mano quedó sana.
6 En cuanto a los fariseos, apenas salieron, fueron a ver a los partidarios de Herodes y buscaron con ellos la forma de eliminar a Jesús.
7 Jesús se retiró con sus discípulos a orillas del lago, y muchos galileos lo siguieron.
8 También venía a él muchísima gente de las regiones de Judea, de Jerusalén, de Idumea, del otro lado del Jordán y de los territorios de Tiro y de Sidón, porque habían oído hablar de todo lo que hacía.
9 Jesús mandó a sus discípulos que dejaran una barca a su disposición para que toda esa gente no lo atropellase. 10 Pues, al ver cómo sanaba a no pocos enfermos, todas las personas que sufrían de algún mal querían tocarlo y, al final, lo estaban aplastando. 11 Incluso los endemoniados, cuando lo veían, caían a sus pies y gritaban: <<Tú eres el Hijo de Dios.>> 12 Pero él les mandaba enérgicamente que no dijeran quién era.

PROMOCIÓN HUMANA.-EL SABADO

+ Algunos se preguntaban si Jesús se interesó por la promoción material de los hombres o solamente por su progreso espiritual. En realidad, es imposible separar una cosa de la otra.
Jesús no dejó ningún proyecto para mejorar la economía, la educación o la organización social; pero, en este lugar como en muchos otros más, ataca los prejuicios que nos impiden levantar a nuestros hermanos.
Esto es lo importante, y es así como se libera a la persona humana mejor que con cambios exteriores, no aceptados por la gente. Pues los hombres tienen en sus manos todos los medios necesarios para mejorar su condición, pero los usan mal porque se quedan prisioneros de principios e instituciones que consideran sagrados, y para respetarlos aceptan tranquilamente que muera medio mundo.
La ley judía prohibía todo trabajo el sábado, que era el día de la semana consagrado a Dios. Pero los judíos hasta tal punto se fijaron en esta ley que, reforzando las prohibiciones de generación en generación, llegaron a precisar que ese día no se debía ni prender fuego, ni dar más de mil pasos, ni siquiera desgranar espigas o buscarle remedios a un enfermo.
Jesús los miró enojado. Porque Dios quiere dar la vida. Pero entonces los fariseos y los partidarios de Herodes, a pesar de pertenecer a bandos contarios y enemigos entre sí, se unen en contra de Jesús: es que no les conviene que esté despertando al pueblo de su pasividad.

Los Doce apóstoles de Jesús

+ 13 Entonces Jesús subió al cerro y llamó a los que él quiso, y vinieron a él.
14 Así constituyó a los Doce, para que estuvieran con él y para enviarlos a predicar, 15 dándoles poder para echar a los demonios.
16 Estos son los Doce: Simón, a quien puso por nombre Pedro; 17 Santiago y su hermano Juan, hijos de Zebedeo, a quienes puso el nombre de Boanerges, es decir, hijos del trueno; 18 Andrés; Felipe; Bartolomé; Mateo; Tomás; Santiago, el hijo de Alfeo; Tadeo; Simón el cananeo, 19 y Judas Iscariote, el que después lo traicionó.

LOS DOCE.-Ver Mt 10,1

+ Por una parte, el sinnúmero de los afligidos que buscan un alivio para sus males; por otra, el grupo de los Doce, a los cuales Jesús pide que sean junto a él los constructores del Reino.
¿Qué sabemos de estos doce que pasarían a ser los mandatarios de Jesús, las bases de su Iglesia, los maestros de la fe? El núcleo del grupo lo formaban pescadores del lago, y con ellos un publicano, Mateo; un maestro de la Ley, Bartolomé, y algunos más, de los cuales sólo sabemos que Jesús los había escogido entre hombres del pueblo. El había venido para salvar a todos, pero su obra la empezaría con los pobres.
Jesús no pertenecía más a los pobres que a los ricos, pero, como cualquier hombre, debería ubicarse en un ambiente y en grupo social. Siendo hijo de artesanos, se había ubicado entre la gente sencilla. Más aún, Jesús había tomado una decisión importante a los 18 ó 20 años: se había quedado como trabajador manual en vez de ingresar a una escuela de maestros de la Ley; pues estas escuelas religiosas estaban abiertas a todos. Jesús habría podido empezar su predicación con un título de maestro y, seguramente, habría encontrado sus ayudantes entre maestros de la Ley sinceros, o entre sacerdotes y fariseos de recto corazón.
Pero no, prefirió formarse por medio del trabajo manual, sin otra preparación religiosa que las reuniones bíblicas de la sinagoga, sin más libro que la experiencia de la vida diaria. Y, por eso, llegada la hora, hallaría a sus apóstoles entre la gente común, hombres sencillos pero responsables.
Escuchamos a Jesús y, sin embargo, no nos movemos porque somos cobardes: tenemos miedo a lo que dirán de nosotros si hacemos tal o cual cosa. Y las críticas no faltan en cuanto uno toma en serio el llamado de Jesús. Igual cosa pasó con los apóstoles. ¿En qué se habían metido?
Se ha vuelto loco. Así pensaban de ellos muchos de sus compañeros; así también pensaban de él los parientes de Jesús. Estos hermanos, o más bien parientes (Mc 3,31), habían convencido a María para que los acompañara, pensando tal vez que los ayudaría a persuadir a su hijo.

El pecado contra el Espíritu Santo

o 20 Vuelto a la casa, se juntó otra vez tanta gente que ni siquiera podían comer. 21 Al enterarse sus
parientes de todo lo anterior, fueron a hacerse cargo de él, porque algunos incluso decían: <<Se ha vuelto loco.>>
22 Mientras tanto los maestros de la Ley que habían venido de Jerusalén decían: <<Está en poder de Beelzebú, jefe de los demonios, por eso puede echar a los demonios.>> 23 Jesús les pidió que se acercaran y empezó a explicarles por medio de ejemplos:
24 <<¿Cómo puede Satanás echar a Satanás? Si una nación está dividida en bandos, no puede durar. 25 Tampoco una familia dividida puede mantenerse. 26 Lo mismo Satanás: si obra contra sí mismo, como ustedes dicen, y está dividido, no se puede mantener y pronto llegará a su fin. 27 La verdad es que nadie puede entrar en la casa de un hombre fuerte y quitarle sus cosas si no lo amarra primero. Sólo así podrá saquearle la casa.
28 En verdad les digo: Se perdonará a los hombres todos los pecados, e incluso si hablaron de Dios en forma escandalosa, sin importar que lo hayan hecho repetidas veces. 29 Pero el que calumnia al Espíritu Santo no tendrá jamás perdón, sino que arrastrará siempre su pecado.>> 30 Y justamente ése era su pecado, al decir que tenía un espíritu malo.

o Está en poder de Belzebú. Más que las curaciones, fueron las expulsiones de demonios las que inquietaron a los fariseos y a los Maestros de la Ley. Ellos, autoridades en materia religiosa, viajaron desde Jerusalén para ver más de cerca quién era Jesús.
Los judíos del tiempo de Jesús estaban obsesionados por la creencia en los demonios: los veían por todas partes y, muchas veces, consideraban las enfermedades como posesiones diabólicas. A Jesús no le importa distinguir lo que es posesión de lo que es enfermedad: en realidad el demonio está detrás de toda miseria humana.
Belzebú, nombre de un antiguo ídolo, era uno de los términos usados para designar el demonio.
Entrar a la casa de un hombre fuerte. Este hombre fuerte es el demonio, y su casa es la persona poseída. Saquearle la casa es quitarle el poder sobre su víctima.
Se perdonará a los que hablen de Dios en forma escandalosa, y Mateo añade: <<Al que haya hablado contra el Hijo del Hombre le será perdonado>> (Mateo 12,32).
Jesús acepta ser criticado por los que no entienden su manera de actuar. Muchos judíos de buena fe no comprendieron a Jesús y se escandalizaron de lo que no entendían; éstos tenían disculpas. Pero otra cosa es llamar obra mala la que es evidentemente buena. Hablar (o blasfemar) contra el Espíritu Santo es atribuir al espíritu malo una obra que es manifiestamente buena. Los que ahora atribuyen sistemáticamente a intenciones malas el bien hecho por otros, o por la Iglesia, o por las personas de otro partido, pecan contra el Espíritu Santo.
El que reconoce la verdad y no a Dios, está en mejor camino que el que dice creer en Dios y no reconoce la verdad.
De las expulsiones de demonios, Jesús saca una conclusión: El Reino de Dios ha llegado a ustedes. La victoria sobre Satanás se gana, en realidad, día a día. Los miembros de la Iglesia deben mostrar que donde ellos están, el reino del mal va desapareciendo y disminuyen los prejuicios, la maldad, la injusticia, la esclavitud.

La verdadera familia de Jesús

 31 Entonces llegaron su madre y sus hermanos; se quedaron afuera y lo mandaron a llamar. 32 Como
era mucha la gente sentada en torno a Jesús, le transmitieron este recado: <<Oye, tu madre, tus hermano y tus hermanas están afuera y preguntan por ti.>> 33 El les contestó: <<¿Quién es mi madre, y quiénes son mis hermanos?>>
34 Y mirando a los que estaban sentados en torno a él, dijo: <<Aquí están mi madre y mis hermanos. 35 Porque todo el que hace la voluntad de Dios, ése es mi hermano, mi hermana y mi madre.>>

HERMANOS DE JESUS

 Jesús ha perdido a sus familiares, pero ha encontrado a sus verdaderos hermanos. Desde el día en que nos comprometemos en la obra de Dios, nos toca descubrir hermanos y hermanas, y a una madre, María, de la que el Evangelio dice: <<Dichosa eres por haber creído que de cualquier manera se cumplirían las promesas de Dios.>> Jesús no dice: <<Ese es mi padre>>, pues Padre hay uno solo y está en el Cielo.
La Iglesia nunca dudó de que María hubiera sido siempre virgen y Jesús fuera su hijo único, como es el Unico del Padre (ver comentario de Lc 1,26). ¿Por qué, pues, se habla aquí de sus hermanos y hermanas?
Primero digamos que, en hebreo, se llama hermano a cualquier pariente (ver Gén 14,14) Para evitar las confusiones, se usaban varios modismos. Si se tratara aquí de hermanos verdaderos, hijos de María, al nombrarlos junto a ella, el Evangelio debía decir: <<tu madre y los hijos de tu madre están aquí>>. Esta era la única manera correcta de expresarse en aquel tiempo.
Luego, recordemos que, en la primera Iglesia, en el tiempo en que se escribían los evangelios, había un grupo influyente integrado por la parentela de Jesús y sus paisanos de Nazaret. A éstos los llamaban en forma global <<los hermanos del Señor>>, y uno de ellos, Santiago, era obispo de la comunidad de Jerusalén. El Evangelio no los celebra mayormente; más bien recuerda que tardaron mucho en creer en Jesús, a pesar de que hubieran vivido tantos años a su lado (Mc 3,21; Jn 7,3-5). Pero, al hablar de ellos o de alguno de ellos, los designa con el nombre que les daba la comunidad: <<los hermanos del Señor>>, o bien: <<fulano, hermano de Jesús>>.

El sembrador salió a sembrar

4 1 Otra vez Jesús se puso a enseñar a orillas del lago. Se reunió tanta gente junto a él, que tuvo que subir a la barca y sentarse en ella, mientras toda la gente estaba en la orilla. 2 Jesús les enseñó muchas cosas por medio de ejemplos. Esto es lo que les decía:
3 <<Escuchen esto: El sembrador ha salido a sembrar. 4 Al ir sembrando la semilla, una parte cayó a lo largo del camino: vinieron los pájaros y se la comieron. 5 Otra parte cayó entre las piedras, donde no había mucha tierra, y brotó en seguida por no estar muy honda la tierra; 6 pero, cuando salió el sol, la quemó y, como no tenía raíz, se secó. 7 Otra parte cayó entre espinos: éstos al crecer la ahogaron, de manera que no diera fruto. 8 El resto cayó en tierra buena; la semilla creció, se desarrolló y dio fruto: unas produjeron treinta granos por semilla; otras sesenta, y otras cien.>>
9 Jesús agregó: <<El que tenga oídos para oír, que oiga.>>
10 Cuando toda la gente se retiró, los que lo seguían, junto con los Doce, le preguntaron lo que significaban estos ejemplos.

 Ver com. Mt 13,1 y de Lc 8,4.
La parábola del Sembrador encabeza las demás en el Evangelio; aquí Jesús nos dice para qué vino: para proclamar y para iniciar un cambio decisivo en la historia del mundo. El Reino de Dios ya está entre nosotros.
Los judíos hablaban del Reino de Dios como nosotros hablamos de un mundo de justicia y paz. Y al ver que su país atravesaba un período muy crítico, estaban convencidos de que este Reino de Dios llegaría como una revolución violenta o como una intervención espectacular de Dios para derrotar a los opresores y castigar a todos los aprovechadores.
Era verdad que venía el mundo de justicia y de paz: ya está en medio de nosotros desde que llegó Cristo, pero, después de transcurridos veinte siglos, todavía no es más que un sembrado.
Algo vive misteriosamente en lo más profundo de la humanidad, algo se transmite, algo va creciendo y la semilla rompe los suelos más duros.
La palabra es eficaz y produce frutos. Pensemos en los ejemplos de los santos, en la renovación de la raza humana por el Evangelio, renovación tan profunda a pesar de nuestras debilidades, que se manifiesta hasta en la mirada de los niños cristianos. Del Evangelio han salido las inquietudes que hoy sacuden al mundo entero: unidad, justicia y paz. Y la certeza del hombre de hoy de que es una persona y no está sometido a un destino ciego. La conciencia de la dignidad del hombre y sus derechos, la seguridad de que la historia tiene un sentido y debemos llevarla a su término.
Todas esas cosas han nacido de las palabras de Jesús, pero han tenido que madurar en el corazón de personas buenas. Por eso Jesús se fija en cómo los hombres acogen la Palabra de Dios.

+ 11 El les contestó: <<Ustedes están en el secreto del Reino de Dios, pero, a los de afuera, todo se les hace parábolas. 12 Como dice la Biblia: Por mucho que miren, no verán; por más que oigan, no entenderán; no se convertirán ni serán perdonados.>>

+ Hay un misterio del Reino de Dios. La mayoría de los hombres desearían que el mundo fuera por otros caminos que los fijados por Dios. Y dicen: <<Si Dios existiera…>> Pero la misma vida de Jesús contiene la verdad de la historia.
Ustedes están en el secreto. Ustedes que se integraron al grupo de los discípulos y a los que el Maestro da a entender la actuación de Dios. En cambio, para los que no se comprometen con la Iglesia, las enseñanzas del Evangelio les quedan como cosas aprendidas, como comparaciones cuyo verdadero sentido se les escapa. Estos son verdaderamente los de afuera, como los designaban en la primitiva Iglesia (1 Cor 5,12).
Todo se les hace parábolas (12). Los de afuera viven en un mundo de verdades truncadas y no se dan cuenta que su propia sinceridad es muy relativa. Y, porque no se conocen a sí mismos, no pueden conocer claramente las cosas de Dios. Mientras se mueven en un mundo confuso, Dios no puede instruirlos sino con verdades enrobadas y con actuaciones desconcertantes (Is 29,14). Cuando éstos escuchan las parábolas de Jesús, pueden sacar de ellas algunas parcelas de verdad que los ayudan. Pero Jesús no les entrega claramente el sentido de ellas, pues de nada les serviría: todo se les hace parábolas.
Asimismo muchas comunidades cristianas no alcanzan el sentido de las parabolas de Jesús:
- unas, porque se aprovechan de algunos párrafos del Evangelio, siempre los mismos, para justificar sus propias ideas. No quieren realmente escuchar;
- otras, porque están en busca de cosas prácticas: seamos más generosos, más pacientes… y no ven que Jesús quiere comunicarles una visión del mundo y de la Iglesia mucho más amplia de la que tienen ellos.

o 13 Jesús les dijo: <<¿No entienden esta parábola? Entonces, ¿cómo comprenderán las demás?
14 El sembrador siembra la Palabra de Dios. 15 Unos la reciben como a lo largo del camino: son aquellos que, en cuanto escuchan la Palabra, viene Satanás y saca esta palabra que llegó hasta ellos.
16 Otros la reciben como entre las piedras: son aquellos que, al escuchar la Palabra, la reciben en seguida con alegría, 17 pero no tienen raíz en su interior, sino que son inconstantes; y, en cuanto se les presentan angustias y persecuciones por causa de la Palabra, al momento fallan.
18 Otros la reciben como entre espinos: éstos han escuchado la Palabra, 19 pero se presentan los problemas de la vida, las promesas engañosas del dinero y las demás pasiones. Todas estas cosas se unen para ahogar la Palabra, y al final no da fruto.
20 Hay otros que reciben la Palabra como la tierra buena; son aquellos que la escuchan, la aceptan y dan fruto: el treinta por uno, el sesenta o el ciento.>>

o Ver comentario de Mt 14,18.
Con la parábola del Sembrador, Jesús propone una visión del Reino de Dios totalmente distinta a la que se tenía entonces. Es una realidad nueva que brota del corazón de aquellos que han sabido recibir la palabra de Dios: conversión a la verdad y perseverancia en el bien.
La semilla puede ser una palabra del Evangelio, pero también son semillas los concejos que recibimos y las sugerencias de nuestra conciencia. A veces nos parece que el Evangelio no tiene mucha fuerza para transformar la vida, pero, ¿por qué hemos pisoteado tantas semillas que el viento había traído a la casa? Todo depende de nosotros.
Jesús nos habla del treinta y del ciento por uno: la palabra escuchada transforma nuestra vida y da eficacia a nuestros esfuerzos para salvar al mundo. Nadie sabrá decir lo que puede una persona libre y liberada.

Parábola de la lámpara y la medida

+ 21 Jesús les dijo también: <<Cuando viene la luz, ¿debemos ponerla dentro de un tiesto o debajo de la cama? ¿No la pondremos más bien sobre el candelero? 22 Pues si algo está escondido, tendrá que descubrirse, y si hay algún secreto, tendrá que saberse. 23 ¡Quien tenga oídos, que oiga!>>
24 Les dijo también: <<Presten atención a lo que escuchan. La medida con que ustedes midan se usará para medir lo que reciban, y se les dará mucho más todavía. 25 Sépanlo bien: al que produce se le dará más y al que no produce, aun lo que tiene se le quitará.>>

+ Presten atención a lo que escuchan. Jesús nos llama la atención:
<<Ustedes pierden su tiempo si me escuchan solamente y no dejan que lo que han escuchado de mí dé su fruto. La medida con que ustedes midan se usará para medir lo que reciban: es decir, que si empiezan a hacer algo, recibirán de Dios nuevas fuerzas y conocimientos. Y si no hacen nada, sus creencias religiosas no les servirán de nada, ni siquiera para presentarse ante Dios.
Ustedes que leen mi evangelio, pregúntense antes de seguir más adelante…>>.
Si algo está escondido. La palabra actúa en el secreto del corazón, pero, cuando descubrimos la transformación que obró en nuestra vida, con gusto pregonamos a Cristo y damos a conocer a los demás el secreto que nos hizo felices: Ef 2,4; Col 3,3; Fil 2,10.

La semilla que crece por sí sola

o 26 Jesús dijo además: <<Escuchen esta comparación del Reino de Dios. Un hombre echa la semilla en la tierra; 27 esté dormido o despierto, de noche o de día, la semilla brota de cualquier manera y crece sin que él se dé cuenta. 28 La tierra de fruto por sí misma: primero hierba, luego espiga y por último la espiga bien granada de trigo. 29 Pero cuando el fruto está maduro, el hombre manda a recogerlo porque ha llegado el tiempo de la cosecha.>>

o En cada época los hombres se impacientan: ¿Se realizará pronto el Reino de justicia? ¿Se acabarán pronto la violencia y la corrupción? Jesús contesta: Ahora mismo están obrando las fuerzas invencibles que hacen madurar el mundo y que llevan adelante al Reino.

SEMILLAS

¡Cuántas semillas se tiran al viento! Una moda nueva, una canción, un nuevo artefacto, un programa radial… Algunas semillas han crecido, hasta constituir corrientes poderosas que movilizan las masas. Pero sepamos descubrir los comienzos humildes de la obra de Dios: el encuentro de algunas personas de buena voluntad para solucionar un problema comunitario; un gesto fraternal en un ambiente cerrado; un primer esfuerzo para sonreír a la vida después de una decepción.
La semilla crece, y el hombre que recibió la Palabra se siente más seguro en el camino por el que Dios lo conduce.

El grano de mostaza

 30 Y les dijo también: <<¿A qué se parece el Reino de Dios? ¿Qué comparación podríamos dar de él?
31 Es semejante a una semilla de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas que se echan a la tierra. 32 Pero, una vez sembrada, crece y se hace más grande que todas las plantas del huerto. Entonces echa ramas tan grandes que los pájaros del cielo pueden refugiarse bajo su sombra.>>
33 Jesús usaba muchos ejemplos de este tipo para entregar su enseñanza, adaptándose a la capacidad de la gente. 34 Todo se lo decía por medio de ejemplos, pero a sus discípulos se lo explicaba todo en privado.

 Ver comentario de Mt 13,31.

Jesús calma la tempestad

+ 35 Al atardecer de ese mismo día, Jesús dijo a sus discípulos: <<Pasemos a la otra orilla del lago.>>
36 Ellos despidieron a la gente y lo llevaron en la barca tal como estaba. También lo acompañaban otras barcas. También lo acompañaban otras barcas. 37 Entonces se levantó un gran temporal y las olas se lanzaban contra la barca, que se iba llenando de agua. 38 Mientras tanto, Jesús dormía en la popa sobre el cojín. Ellos despertaron diciéndole: <<Maestro, ¿es así como dejas que nos ahoguemos?>>
39 El despertó, se encaró con el viento y le dijo al mar: <<Cállate, cálmate.>> El viento se calmó y vino una gran bonanza. 40 Después les dijo: <<¿Por qué son ustedes tan miedosos? ¿Todavía no tienen fe?>>
41 Pero ellos estaban asustados por lo ocurrido y se preguntaban unos a otros: <<¿Quién es éste, que hasta el viento y el mar le obedecen?>>

+ ¿Por qué no tienen fe? Jesús no los reprende por su temor al temporal, sino por no haber superado el miedo. Pues estaban trabajando por el Reino de Dios, y con ellos estaba Jesús.
Los discípulos de Jesús estaban llenos de admiración por él, y con esto demostraban que no lo conocían bien todavía. Pues se admira a un campeón, a un líder, o a un santo. Pero la noche en que Jesús se encaró con el temporal, lo vieron de repente como Aquel a quien obedece la naturaleza. En adelante, Jesús seguiría siendo su Maestro y su amigo, pero ya había entrado la duda en su mente: <<¿Quién será éste?>> ¿A quién se habían entregado, y hasta dónde los llevaría? Y se asustaron.
Los apóstoles eran hombres creyentes, y honraban a Dios, como lo hacemos nosotros, manteniéndolo a cierta distancia. Pero no estaban listos para ver a Dios entrar en su vida diaria y ser testigo de sus pequeñeces. Tuvieron miedo al sentirse abandonados en el temporal, pero el temor fue más grande al descubrir a Dios tan cerca.
Con esto comprendemos por qué Jesús hacía callar a los demonios. Es que quería darse a conocer paso a paso: ¿de qué nos sirve saber que Jesús es el Hijo de Dios si no nos hemos acostumbrado a vivir en presencia de Dios? Jesús debía enseñarles primero a ser auténticos consigo mismos y ante el Padre, y entonces no tendrían miedo al sentirlo tan cercano.
Esta travesía del mar es la figura de lo que a todos nos ocurrirá en el seguimiento de Jesús. No nos ofrece una vida tranquila, sino que, tarde o temprano, deberemos arriesgarnos y emprender cosas para nosotros nuevas. Y vendrá el temporal precisamente cuando Jesús duerma, o sea, cuando parezca que nos deja solos. Esta crisis, sin embargo, es la condición necesaria para llegar a la otra orilla, es decir, a una fe más firme y clara.

El endemoniado de Gerasa

5 1 Y llegaron a la otra orilla del lago, que es la provincia de los gerasenos. 2 Apenas salió de la
barca, vino a su encuentro, saliendo de entre los sepulcros, un hombre con un espíritu malo. 3 Este hombre vivía en los sepulcros y nadie podía sujetarlo, ni siquiera con cadenas. 4 Varias veces lo habían amarrado con grillos y cadenas, pero él los hacía pedazos y nadie podía dominarlo. 5 Andaba siempre, día y noche, entre los sepulcros y los cerros, gritando y lastimándose con piedras.
6 Cuando divisó a Jesús, fue corriendo, se puso de rodillas 7 y gritó muy fuerte: <<¿Qué tienes que ver conmigo, Jesús, Hijo de Dios Altísimo? Te ruego, por Dios, que no me atormentes.>> 8 Es que Jesús le había dicho: <<Espíritu malo, sal de este hombre.>> 9 Y como Jesús le preguntó: <<¿Cómo te llamas?>>, contestó: <<Me llamo Multitud, porque somos muchos.>> 10 Y rogaba insistentemente a Jesús que no los echara de la región.
11 Había allí una gran manada de cerdos comiendo a pie del cerro. 12 Los espíritus le rogaron: <<Mándanos a esta mandado y déjanos entras en los cerdos.>> Y Jesús se lo permitió. 13 Entonces los espíritus malos salieron del hombre y entraron en los cerdos. En ese mismo instante dicha manada se arrojó al lago desde lo alto del precipicio y allí se ahogó. 14 Los ciudadanos de los cerdos huyeron y contaron el asunto por la ciudad y por el campo. Salió entonces la gente a ver qué era lo que había pasado.
15 Cuando llegaron donde Jesús, vieron al hombre del espíritu malo: el que había tenido la Multitud estaba sentado, vestido y en su sano juicio. Todos se asustaron. 16 Los que habían visto lo sucedido les contaron lo que había pasado al endemoniado y a los cerdos. 17 Pero ellos comenzaron a pedir a Jesús que se alejara de sus tierras.
18 Jesús se volvió a la barca y, al subir, el hombre que había tenido el espíritu malo pidió a Jesús que lo dejara irse con él.
19 Pero Jesús no se lo permitió, sino que le dijo: <<Vete a tu casa, con los tuyos, y cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo y cómo ha tenido compasión de ti.>>
20 El hombre se fue. Empezó a proclamar por la región de la Decápolis todo lo que Jesús había hecho con él, y todos quedaron admirados.

EL DEMONIO

Jesús tiene el arte de llegar directamente al sumo responsable del mal, el demonio (Mc 1,23). El demonio se introduce en la conciencia de los que dirigen este mundo y se mete en todos los rodajes de la civilización. Los contemporáneos de Jesús, que vivían en una sociedad menos desarrollada que la nuestra, notaban la actuación del demonio sobre todo en las personas que sufrían de trastornos mentales. Seguramente que con demasiada facilidad le atribuían al demonio cualquier enfermedad de los nervios, pero había casos en que no se equivocaban, como lo demuestra la presente página.
Jesús echa a los demonios a los cerdos, como si reconociera que todavía conservan un algún lugar en este mundo que fue su dominio. Esta sanación cuesta caro a los criadores de cerdos, pero Jesús da mucho más valor al hombre sanado.
Dicha manada se arrojó al lago. Ver Mt 8,30 y Lc 8,32. El texto actual de Mc dice: en número de dos mil se arrojaron…, lo que es increíble, pues nunca se vieron manadas tan numerosas. Pero hay que saber que en hebreo la palabra manada no difiere de la palabra dos mil más que por un acento: un error de acento originó la frase extraña de Marcos.
Jesús pensó que este hombre no estaría en su lugar en el grupo de los discípulos, pero le dio una misión ahí mismo donde vivía: no todos tienen la misma vocación.
Cuéntales lo que el Señor ha hecho contigo. Jesús está en un territorio pagano por donde no volverá a pasar. Por eso no teme la difusión del milagro. El hombre proclamará a esos paganos que el Señor, o sea, el Dios único, fue el que lo sanó.

Jesús resucita ala hija de Jairo

+ 21 Jesús, pues, atravesó el lago en la barca, pero, en la orilla, otra muchedumbre volvió a juntarse en torno a él.
22 Llegó entonces uno de los dirigentes de la sinagoga, que se llamaba Jairo, y, cuando vio a Jesús, se postró a sus pies. 23 Le rogaba: <<Mi hija está agonizando; ven, pon tus manos sobre ella para que sane y viva.>>
24 Jesús se fue con Jairo en medio de un gentío que lo apretaba. 25 Se encontraba allí una mujer que padecía desde hacía doce años de un derrame de sangre. 26 Había sufrido mucho en manos de varios médicos y gastado en ello todo lo que tenía sin ningún resultado. Al contrario, cada vez estaba peor. 27 Como había oído lo que se decía de Jesús, se acercó por detrás, en medio de la gente, y le tocó el manto. 28 La mujer pensaba: <<Si logro tocar, aunque sólo sea su ropa, sanaré.>>
29 Al momento cesó su hemorragia y sintió en su cuerpo que estaba sana.
30 Pero también Jesús se dio cuenta del poder que había salido de él y, dándose la vuelta, preguntó: <<¿Quién me tocó el manto?>> 31 Sus discípulos le contestaron: <<Cuando ves a esa gente que te aprieta, ¿cómo puedes preguntar quién te tocó?>> 32 Pero él seguía mirando a su alrededor para ver quién era la que lo había tocado. 33 Entonces la mujer, que sabía muy bien lo ocurrido, asustada y temblando, se postró ante él y le contó toda la verdad.

+ Esta mujer, debido a su enfermedad, era <<impura>> según los conceptos judíos (Lev 15,19) y contaminaba a cualquiera que tocara. Se le prohibía mezclarse con el gentío. Pero se atrevió a pasar en medio de la gente y quiso tocar por lo menos el fleco del manto de Jesús. Esta osadía, que la hizo despreciar tanto las leyes de <<pureza>> como el posible escándalo, daba la medida de su fe.
Esta mujer no sabía quién era Jesús: solamente pensaba que la sanaría y <<tenía fe>> en él. Jesús respetó esta fe bien poco instruida, pero invitó a la mujer a que lo reconociera. Hoy también hay gente que pide los sacramentos como cosas sagradas, sin buscar a Cristo; él quiere que, al recibirlos, nos acerquemos y nos entreguemos a él.

 34 Jesús le dijo: <<Hija, tu fe te ha salvado, vete en paz y queda sana tu enfermedad.>>

LA FE Y LOS MILAGROS
SANACION Y SALVACION

 ¿A qué se debe el milagro? ¿Lo produce la fe del que viene a pedir, o bien será Cristo el que obra el milagro?
Si el milagro se debe sólo a la fe de las personas, ¿dónde está la diferencia entre el que pide con fe a Dios y el que acude a cualquier curandero? Bastaría en este caso con que uno se sugestione a sí mismo, y no importaría mayormente la persona en quien confía.
La mayoría de las sanaciones que cuenta el Evangelio no se parecen a las que hace el curandero. Bien es cierto que los que venían a Jesús estaban muy lejos de reconocerlo como el Hijo de Dios, pero tenían la convicción íntima de que Dios les reservaba algo bueno por medio de él, y esta fe los disponía para recibir la gracia de Dios en su cuerpo y en su alma. ¿Cómo sanaría Dios a los que se niegan a esperar?
La presenta página destaca a la vez el poder de Cristo: Jesús se dio cuenta del poder que había salido de él, y el papel de la fe: Tu fe te ha salvado. Jesús dice: Te ha salvado, y no: Te ha sanado. Pues esta mujer lo había arriesgado todo, y, al final, había visto con qué amor Dios la quería.

o 35 Jesús estaba todavía hablando, cuando se acercaron algunos de la casa del dirigente de la sinagoga, diciendo: <<Tu hija ya murió, ¿para qué molestas ahora al Maestro?>> 36 Jesús se hizo el desentendido y dijo al dirigente: <<No tengas miedo, solamente ten fe.>> 37 Pero no dejó que lo acompañaran más que Pedro, Santiago y Juan, hermano de Santiago.
38 Cuando llegaron a la casa del dirigente, había gran bulla: unos gritaban, otros lloraban. 39 Jesús dijo: <<¿Por qué esta bulla? La niña no ha muerto, sino que duerme.>>
40 Ellos se burlaron de él. Pero Jesús los hizo salir a todos y llegó donde estaba la niña, acompañado por el padre, la madre y los que venían con él. 41 Tomando la mano de la niña, le dijo: <<Talitá kum>>, que quiere decir: <<Niña, a ti te lo digo, levántate.>>
42 Y ella se levantó al instante y empezó a corretear, pues tenía unos doce años. Había que ver el estupor que esto produjo. 43 Pero Jesús les ordenó severamente que no lo contaban a nadie, y además mandó que dieran de comer a la niña.

o Aquí Jesús se enfrenta con la muerte de un ser joven llamado a vivir. Jairo era jefe de la sinagoga, o sea, responsable de la comunidad local de religión judía.
-¿Por qué molestas ahora al Maestro? También nosotros pedimos a Dios la salud, pero no nos atrevemos a pedir que resucite a nuestros muertos. Porque consideramos la muerte como la cosa más fuerte e insuperable de la condición humana. Pero Jesús quiere enseñarnos que para Dios lo más fuerte no es la muerte, sino la vida.
-Unos gritaban, otros lloraban. Era costumbre en aquel tiempo llamar a lloronas profesionales y a músicos. Hoy también multiplicamos en los funerales los discursos y signos de dolor, porque queremos disimular, a fuerza de palabras y de ceremonias, el desconcierto que la muerte produce en nosotros. Jesús no se deja impresionar por nuestros disfraces.
-La niña no ha muerto, sino que duerme. Duerme esperando que Cristo la levante, lo mismo que <<duermen>> en algún sentido los creyentes en espera de la resurrección. Los verdaderos muertos son aquellos que han ahogado y esterilizados todo lo bueno que Dios había sembrado en ellos; se han negado a ser hijos de Dios y, por eso, están para siempre muertos.
-Levántate. Porque Jesús te llama para que vivas. Lo bueno para nosotros no es prolongar una vida desgastada por nuestros pecados y nuestras decepciones, sino descubrir el secreto de una vida nueva gracias a la fe y el perdón de Dios.


OTROS

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