Mapuches quieren formar una nacion dentro de Argentina

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El problema mapuche en el sur argentino

Según el miembro de la Academia Argentina de historia Roberto Edelmiro Porcel,
miembro de la Academia Argentina de Historia, invocando la reforma constitucional sancionada el 1994, que agregó el inciso 17 a su artículo 75, se han producido en nuestro sur, ocupaciones y reclamos de tierras totalmente improcedentes, que afectan ante el desconocimiento o desinterés de estos sucesos por muchos argentinos y la pasividad, cuando no la colaboración de autoridades en el orden nacional, provincial y municipal, nuestra soberanía territorial, violentando además garantías esenciales, consagradas por los artículos 14 y 17 de nuestra Constitución.


us autores son los mapuches, que carecen en absoluto de derechos para sus reclamos y violencias, por no ser el suyo “un pueblo originario” de nuestro país. Lamentablemente cuentan en su accionar con el apoyo o la pasividad de organismos dependientes del estado, del obispado de Neuquén y de organismos que se crearon para proteger derechos humanos, que aparentan con su proceder desconocer nuestro pasado histórico o un gran desinterés por defender lo nuestro.

El hoy llamado pueblo mapuche, nuevo nombre que han tomado en el siglo XX las naciones araucanas, es originario del Arauco, en la hermana Republica de Chile. ¿Que hay entonces detrás de esto? Como paso inmediato, un gran negocio inmobiliario, del que son protagonistas indígenas (no todos) de ascendencia chilena, de raza andino-peruana, que cuentan con el apoyo económico de intereses foráneos (la principal OIG -Mapuche International Link- que los apoya, tiene su sede en 6 Lodge Street, Bristol, Inglaterra. También operan desde Holanda). Como segundo paso, la desmembración de parte de nuestro territorio.

Los mapuches, originariamente denominados aucas, fueron llamados araucanos por lo españoles que entraron a Chile durante la conquista y posteriormente por nosotros hasta fines del siglo XIX. Su territorio original (el Arauco), estaba perfectamente delimitado en Chile (ya que eran sedentarios, por ser además de cazadores y recolectores, agricultores). Sus límites eran el río Bio Bio al Norte, el Toltén al Sur, el Océano Pacifico al Oeste y la cordillera de los Andes al Este. Por eso vivían en rucas, casas hechas de madera en las regiones boscosas o de piedra en las montañosas, a diferencia de nuestros aborígenes, de ascendencia pampeana, que como eran nómades, vivían en toldos de cueros, fácilmente transportables en sus continuos traslados.-

Los indígenas araucanos se caracterizaban por su baja estatura (alrededor de un metro 60), siendo su torso mayor que sus extremidades, a diferencia de nuestros tehuelches que eran altos, atléticos, muy bien proporcionados. Medían nuestros Guenaken (llamados también puelches o pampas serranos) y los Gununa Kena o Pampas, alrededor de 1 m .70/1 m. 75. Los Aoniken (patagones), eran aun más altos (1m. 80/1 m. 92). También se diferenciaban por la forma de sus cabezas, unos eran braquicéfalos, los otros dolicocéfalos. Los araucanos estaban mucho más adelantados que nuestros aborígenes sureños. Conocían el arte del tejido para su vestimenta, mientras nuestros indígenas se cubrían con pieles de los animales que cazaban, cocidas con tientos entre sí. Finalmente también sus armas eran diferentes, la lanza contra la bola.

Vemos -señala el académico- que se trataba de pueblos totalmente distintos, que comenzaron a comunicarse por la presión de los españoles en Chile y más aún con la llegada y uso del caballo, que les permitió tener originariamente tratos y relaciones comerciales. Pero los hechos que se produjeron en la última parte del siglo XVIII y más aun en el siglo XIX, durante el proceso de emancipación de Chile (la llamada guerra a muerte), hicieron que los aborígenes del oeste de los Andes entraran masivamente primero a malonear y posteriormente a asentarse y posesionarse de nuestro mal llamado desierto, venciendo y lanceando por su superioridad numérica y mejor preparación para la guerra, a nuestros naturales, que debieron cederles sus asentamientos y tierras.

¿Con que derecho invocan entonces el carácter de “pueblo originario” en suelo argentino? Con ninguno.

Analizando el poblamiento actual en Argentina de los hoy denominados mapuches, Outes y Bruch en su opúsculo publicado en 1910 sobre “Los aborígenes en la República Argentina”, nos informan que los araucanos, que a partir de mediados del siglo XVIII fueron ocupando espacios de nuestros pampas, no pasaban en nuestro país en esa época (principios del siglo XX), de unos pocos centenares de personas, diseminados en la provincia de Buenos Aires y las gobernaciones de La Pampa. Neuquén y Río Negro. Horacio Zapater, que a mediados del siglo XX viajó al país araucano (el Arauco en Chile), explica con claridad en las “Notas de su Viaje por el país Araucano”, el problema de su aumento poblacional y gran expansión, que se extiende hoy también a nuestro país. La cultura araucana, en su tierra de origen (Chile), se encontraba en 1950 en una encrucijada. Algunos buscaban la asimilación a la civilización occidental católica. Otros se aferraban a sus tradiciones.

La familia araucana era ya en ese entonces muy numerosa, merced a que el término medio de hijos de cada familia rondaba en seis o siete y que carecían de enemigos que los diezmasen, desde que en Chile fueron batidos por el coronel Urrutia, en la misma época de las campañas de Neuquén del general Villegas.Explica Zapater que tras pacificarlos (1883), el gobierno de Chile dispuso que se le repartieran extensiones importantes de tierra en el Arauco para su subsistencia, pero esta disposición no se cumplió. En Chile se pensaba que conviviendo el aborigen con el hombre blanco, por su debilidad para soportar las enfermedades de estos últimos, como eran por ejemplo en esos tiempos la peste y el cólera, éstas los diezmarían y con ello y el lógico mestizaje, estaban llamados a la extinción.

Nada de eso ocurrió. Hoy su número es varias veces mayor que en épocas de la guerra del Arauco, y por sus reclamos de tierras en Chile por medios violentos, se les aplica la ley antiterrorista, reprimiéndose con severidad por las fuerzas de seguridad (carabineros), sus intentos de apropiación de tierras y sus desmanes. En cambio en nuestro país no se los reprime. Por ello cada vez son más los que cruzan la frontera a nuestra sur y aunque sus padres o sus abuelos son chilenos de nacimiento, pretenden derechos sobre tierras que tienen legítimos propietarios y que a ellos no les correspondieron jamás. Su número actual en la Argentina se estima que supera las 120.000 personas, de los cuales cerca de 80.000 están en Neuquén y nuestro sur. Pero debe hacerse respecto de las mismas una diferenciación. Son muchos -sobre todo los más antiguos en Argentina- los que están asimilados a nuestro modo de vida, se sienten argentinos, que por cierto lo son y no participan ni apoyan el movimiento denunciado. Ellos son ajenos a estos reclamos y a este proceder de las comunidades organizadas para usurpar.

Conviene aclarar que “pueblo originario” -dice el académico Porcel- es conforme las convenciones de la OIT Nº 107 del 1957 y Nº 169 de 1989 y la ley nacional Nº 23.302, aquel que vivía en nuestro territorio, o en una parte de nuestro territorio, en el momento de la conquista y colonización española.

Finalmente, debe tenerse en cuenta que estas comunidades organizadas, mediante el uso de la fuerza, usurpan y ocupan campos y terrenos que no les pertenecen por ser legalmente de propietarios privados, del Estado o de Parques Nacionales. Así, sólo a titulo de ejemplo, han desalojado de su colegio Mamá Margarita en el Parque Lanín, zona del Lago Lacar, a las educadoras salesianas, han prohibido el culto en una capilla católica de Quila Quina ubicada dentro de un Parque Nacional, ocuparon un hotel 5 estrellas en Piedra Pintada, en Villa Pehuenia, ocuparon el cerro Belvedere en La Angustura , la estancia Tiger Way en el lago Quillen, piden 500 hectáreas en tierras aledañas al cerro Otto en Bariloche, un campo de la escuela militar de montaña en el Circuito Chico, cobran peajes para cruzar caminos públicos de nuestra patria, invocando que están en tierra mapuche, han bajado de un mástil en un campo militar nuestra azul y blanca, para reemplazarla por la bandera que han diseñado a fines del pasado siglo XX y han realizado más de 400 ocupaciones de tierras ricas. Reclaman y/u ocupan como propias, nada menos que varios millones de hectáreas.

No puede dudarse que su pretensión final es tener un estado mapuche independiente, dentro de nuestra República Argentina, ya que, como confiesan, ellos no se sienten argentinos, sino mapuches.

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