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Roma: invasión a la privacidad [P.2]

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Roma: invasión a la privacidad

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Virtuosismo puro: Estimado lector, concentrados en los datos filiatorios, en los orígenes y en cómo se esfumaron del planeta Tierra los "amigos" que hoy nos convocan, penetramos en el palacio que aloja sus pertenencias. Es difícil -casi ¡una utopía!- restar indiferente ante cientos y cientos de piezas de oro, bronce, marfil, cerámica, etc.
Si bien de formas bizarras, su uso, las transforman en objetos de la realidad cotidiana.

En cada uno, trataremos de hallar la clave para interpretar su afición a las supersticiones, a los banquetes, a las competencias deportivas. Su respeto por los muertos y su insaciable curiosidad por lo que sería el otro mundo, lleno de incertidumbre y oscuridad. A partir de ahora, nos limitaremos a observar. Las imágenes que captarán sus ojos, las escenas que reflejan el pasado, pasarán a depositarse en su mente como trasvasadas, de golpe, y sólo en ese instante único e irrepetible, Ud comprobará, que aunque sea temporalmente, acaba de sumergirse en el antiquísimo mundo de los etruscos. Ya las primeras salas de la exposición fascinan al visitante con contrastes sorprendentes: pequeños carros rituales de bronce, poblados de guerreros, como sólo se habían encontrado en el ámbito celta del Danubio; plaquitas de marfil con relieves tallados de tradición inequívocamente oriental: un huevo de avestruz pintado con motivos geométricos propios del Mediterráneo. Anillos. Un collar que lleva engarzadas 45 diminutas figuras de dioses egipcios de porcelana.

Pulseras, fíbulas (prendedores para ajustar las túnicas) y colgantes de una filigrana de oro increíblemente fina y espolvoreados con minúsculas esferitas, con un granulado -exclusivamente reconocibles- bajo la lupa.

La riqueza que creó tales piezas, o las que trajeron de los cuatro puntos cardinales, tuvo que ser enorme. ¿Su origen? El territorio: la zona entre los Apeninos y el Mar Tirreno era fértil. Ahí se ocultaban muchos "tesoros" naturales como en ninguna otra región. Los etruscos no exportaban únicamente metales y minerales sino, además aceite y vino, frutos y sal hasta las costas del Mar Negro y más allá de Los Alpes, en terreno celta. Anforas de maestría artesanal, jarras, cántaros y "crateras" de cerámica luminosamente negras y de un bronce resplandeciente son testigos de las vías comerciales que surcaban el planeta entonces conocido. Aprovecho para comentar que ellos introducen los primeros carros conocidos en Italia: vehículos forjados con maestría, adquirida, quizá, en Asia menor. Al morir un noble etrusco se suponía que emprendía el camino al Más Allá montado en su carro, al igual que un egipcio descendía a ultratumba en una barca.

Como estos últimos, nuestros amigos trataban de proveer a sus muertos con cuanto les era necesario para que lograsen disfrutar durante la eternidad de lo que habían gozado en la vida terrenal. Estas "particularidades" se detectan en los murales, donde desarrollan al máximo su capacidad y su genio artístico. La pinacoteca de Tarquinia -subterránea- forma parte de uno de los monumentos más extraordinarios de la antigüedad. Quien paseó por entre los arbustos que proliferan en la necrópolis, y luego -a través de las primitivas chozas- bajó hasta las cámaras mortuorias, suntuosamente pintadas, nunca olvidará esa "inmersión" desde el árido paisaje agrícola al ambiente festivo y alegre del subsuelo.

En aquellas escenas dedicadas a los muertos se presenta de un modo narrativo, libre de cualquier lastre mitológico todo lo que resultaba imprescindible para los aristócratas de la Etruria de hace 2.500 años: festines con vino y música. Danza y juegos malabares. Los placeres de la caza, la pesca y la competición atlética, entretejidos en una exuberante ornamentación de vivos colores. A propósito, no piensa que es momento para -basándonos en fuentes históricas y en elementos que desfilan ante nuestra mirada- reconstruir los hechos, costumbres, y modos de actuar de quienes fueron los protagonistas absolutos de las más dispares hipótesis y conclusiones.

Vida privada

Con una estatura media de 1,64 m para los hombres y 1,55 para las mujeres, en poco divergen del tipo físico que hoy prevalece en las áreas en las que se asentaron. El parecido con la población está confirmado por investigaciones biológicas que individualizaron en Murlo (Siena) el epicentro de la conservación de sus características genéticas ¡No es cuestión de bromear con el ADN! que además lo confirman en la entera Toscana, en el alto Lazio y en parte de Umbria.

Un historiador griego -que mucho no los quería- asegura que "son gente de gustos rebuscados, despilfarradores, que llevan siempre consigo objetos artísticos costosos, destinados al placer de mostrar su poder material". (Con amigos así, es preferible la soledad ¿No?) Teompompo -ese es su nombre- dominado por los prejuicios e influenciado por el rol de subordinación absoluta, a la que confinaban a las damas de la sociedad griega se "estremece" al relatar las costumbres etruscas que suscitan opiniones escandalosas. Según él, las mujeres -amparadas por la Ley- podían relacionarse con cualquiera que les atrajese "Es tan cierto -agrega- que los niños son criados sin que conozcan quién es su progenitor" (¿?) Por otra parte, las etruscas son famosas por los cuidados que dan constantemente al cuerpo (aunque es probable que sólo se refiriera al aseo, pulcritud y depilación). Un texto moderno las describe como: "Bellas, soberbias, fuertes, libres, desprejuiciadas".

Amigo lector, me resulta imposible aseverarlo, lo que sí es una prueba contundente que su posición social se encontraba a idéntico nivel que la del marido que, si bien encarnaba el papel de dueño de casa, al lado se hallaba la esposa, vestida con elegancia. Admitida en los banquetes y diversiones. Administradora de las finanzas familiares, no excluida de la función pública. Representaba una colaboradora y no una sirvienta dócil e ignorada. Y si le quedan ciertas dudas le propongo detenernos frente a los sarcófagos de piedra y cerámica del Museo de Villa Giulia, en el que la pareja de esposos, en una tierna actitud -el abrazándola- y ambos cómodamente apoyados en un diván-que no brilla por su ausencia- son el símbolo del amor conyugal. La serenidad de los rostros, la dulzura de las sonrisas, la melancolía, también en las expresiones, inspiran una perturbadora emoción.

Esas figuras y tantas otras similares, nos transmiten un mensaje de amor terrenal, que no habrá de esfumarse en su paso al Más Allá. En síntesis: la libertad en las costumbres y la profundidad de los sentimientos no se neutralizan entre ellos, a pesar de las conclusiones a las que arribaron los moralistas de la antigüedad y los modernos.

Respecto a la descripción física de un hombre etrusco, Teompompo, que los odiaba con ternura, cuenta que son corpulentos, mostrando abdomen y papada, esta última enmarcando un rostro rubicundo y redondeado, pero luego se contradice, afirmando que son una especie de "metrosexuales" (no olvide considerar que nos trasladamos a los siglos VI y V A.C.) que se obsesionan por mantener su cuerpo rasurado y depilado con un tipo de brea (¿?), y que no se avergüenzan de asistir a los SPA del lugar, donde lo citado, masajes y demás yerbas, se realizan a la vista de los que pasan por allí. Un atento reconocimiento de los estudiosos de esculturas y pinturas (de un centenar de ellas) si bien la bulimia o la anorexia difícilmente podrían considerarse enfermedades nacionales, sólo identificaron a 6 etruscos un tanto obesos. Parece que tenían con el cuerpo una relación positiva. Y es lógico, si nos atenemos a los fanáticos participantes que son de competencias deportivas y de la práctica de gimnasia (nuestro amargado historiador puntualiza que las mujeres realizan sus entrenamientos desnudas, junto a los miembros del plantel masculino o femenino).

Además, las reiteradas citaciones de la afición a la danza -que no falta en ninguna celebración- nos hace arribar a la conclusión, que se trataba de una sociedad en la cual los ideales de belleza, de salud física y de armonía poseían una importancia vital.

Aristóteles sostenía que escuchaban música mientras boxeaban, castigaban a los servidores, cocinaban y hasta cuando dormían, los acompañaban melodías ejecutadas con la flauta etrusca que es un híbrido entre el clarinete y el obóe. Tambores, flauta dulce y traversa, tromba, trombones son instrumentos usados en todas las ocasiones. ¿No cree Ud, que aquellas ciudades -sumado al ruido de la marcha de los carros y de la actividad cotidiana- al contar con una continua música de fondo esta influiría, en sus ansias extremas de vivir con plenitud y sin inhibiciones sea lo que sea que tuviesen que enfrentar? Me atrevo a responder que sí, nadie resulta inmune al poder de la música ni siquiera los exóticos y supersticiosos etruscos.


Dra. Ana María Vottero
FUENTE

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