Solución para el mal de ojo

La solución Parapsicológica para enfrentar el mal de ojo


Desde la Antigüedad más remota se conocen los daños provocados por malos sentimientos y se recurrió a cientos de antídotos para cuidarse. Los griegos, los romanos, los árabes e hindúes tienen sus recetas para protegerse de las fuerzas malignas.

La sabiduría popular afirma que hay individuos capaces de perjudicar a otros a través de la fuerza de la mirada. Es lo que se conoce como “mal de ojo”. Los parapsicólogos suelen tener serias dudas sobre que esto fuera posible, pero la experiencia y las investigaciones demostraron que sí es posible. Aunque existen métodos para evitar el “mal de ojo”, lo cierto es que la influencia telepática de personas que poseen sentimientos negativos hacia otros pueden arruinarle la vida. La Parapsicología es, en este punto, muy clara: una persona es capaz de influir sobre otra en forma negativa causándole graves trastornos, lo que popularmente se llama “un mal”.

La mirada maléfica y envidiosa del “mal de ojo” es conocida desde muy antiguo. Ya en la Grecia Imperial – hace 2500 años – existía la creencia de que el envidioso emitía “unas formas cargadas de perversidad y mal de ojo”, según enseñaba Demócrito, filósofo griego nacido cinco siglos antes de Jesús, a quien se considera el padre de todas las teorías atomistas y autor de “De la naturaleza del mundo”. El temor al “mal de ojo” se evidencia también en todo Oriente.


El velo protector

Entre árabes e islamitas el uso del velo es un claro ejemplo. En la India, los hindúes no utilizan hoy la expresión “mal de ojo”, pero se escucha otra que tiene su historia: “nazar lagna”. En una época lejana, en una aldea hindú, se intento imponer a los campesinos una semilla especial para lograr una cosecha óptima.
Un anciano reflexionó entonces: “Si obtengo la cosecha excepcional prometida y la nueva semilla resulta exitosa, tendré el temor de “nazar lagna”. Será terrible”.
En lenguaje urdu “nazar lagna” significa “mirada”, pero en sentido maléfico.
Las evidencias acerca de la existencia del “mal de ojo”, impulsó a algunos a proponer ciertos remedios contra el maleficio. Entre ellos el romano Cayo Plinio Segundo (nacido en el siglo I, de nuestra era), conocido como Plinio el Viejo y autor de una “Historia Natural” sugirió el uso de la piel de una hiena, la raíz de serapia o un hueso de dátil pulido para evitar los efectos del “mal de ojo”. Si bien el efecto de estos elementos condujo a muchas dudas, en gran número de casos, surtió el efecto esperado. Plinio el Viejo, fue una de las principales autoridades en Medicina hasta el siglo XVI. No era un desinformado, ni un aventurero, ni un improvisado.


La envidia en la sociedad

La cuestión es que el “mal de ojo” es resultado de la envidia y puede evitarse. El envidioso hace al otro responsable de su desgracia y la agresión aparece como un ingrediente normal, pues este individuo sufre por el bienestar o la dicha de vivir del otro. Lo cierto es que en todas las etapas de la humanidad, la envidia ocupó un lugar destacado y siempre trató de ocultarse como algo vergonzante. La presencia de este sentimiento de los demás hacia nosotros y a la inversa se advierte en repetidas ocasiones. ¿Por qué cuando iniciamos un proyecto determinado, por ejemplo, lo mantenemos en secreto hasta que se concreta? Es el miedo a la envidia.

Este temor no tiene nada de absurdo. Mediante sugestión telepática una persona puede conseguir que muchas cosas le salgan mal a otra y todo sucede al revés de cómo hubiera deseado. Así, el que “recibió el mal” quedará convertido en un títere sin saberlo concientemente, a las órdenes de los mensajes que, parapsicológicamente, le envíe el otro sujeto.

Helmut Schoek, sociólogo austríaco, señaló que si bien el sentimiento de la envidia es milenario, subsiste en la sociedad. Agrega que se inicia cuando un hombre se enfrentó con otro y se comparó. Su difusión es preocupante: “La envidia es condenada en todas las culturas, en todos los idiomas, en todos los proverbios y fábulas de la humanidad”. Sin embargo, perdura.

Hay fórmulas sencillas para evitar ser afectado por los malos pensamientos. Es conveniente aclarar que algunos casos requieren atención directa de profesionales, porque las perturbaciones ocasionadas por lo que comúnmente se conoce como “daño”, “trabajo” o “maleficio” han llegado a un punto crítico. No es cuestión de atemorizarse, pues si el milenario “mal de ojo” le causó problemas, siempre es tiempo de encarar soluciones.


Técnicas de defensa

Hay que adelantarse y ganarle de mano a quien intenta perjudicarlo. Telepáticamente usted puede influir en la acción de quien tenga sentimientos negativos hacia su persona. Las técnicas son simples, pero es importante respetar todas las indicaciones. Hay que seguir estos pasos.

Acuéstese en una superficie lisa y dura. Afloje todos los músculos de su cuerpo y consiga un profundo relax.

Con los párpados cerrados, imagine que aquella persona sobre la que necesita influir está cerca de usted. (Si no sabe quién le habría hecho el “mal de ojo”, deje que la imaginación se la presente. Por acción del psiquismo profundo o por telepatía tendrá las características de quien lo afecta).

Amplíe la imagen hasta que sólo se vean sus ojos. Mírelos con firmeza. No tema enfrentarlos.

En su fantasía, hable con la imagen. Sea severo y ponga los límites necesarios. No permita que lo invadan. Debe desear terminar con el trabajo intensamente.

Repita este procedimiento varias veces durante el día. Este método obtiene mayor éxito si se realiza al despertar y antes de dormirse. Durante el sueño, el deseo continúa presente y se hace mucho más intenso. Paralelamente, la comunicación telepática alcanza su mayor fluidez.


Fuente: http://www.antoniolasheras.com.ar/

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