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La vida en containers

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La vida en containers
En City Bell, Hernández y Sicardi hay experiencias de un fenómeno que crece: las casas armadas en contenedores marítimos reciclados. ¿Cómo se vive en ellas? ¿Qué ventajas tienen sobre otro tipo de viviendas? Aquí, las historias de quienes desafiaron el cuento de Los tres chanchitos y se fueron a vivir a una caja por opción de vida, elección estética o necesidad económica
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-Vos querés un tacho. Así le dijo un camionero a Pablo Nuñez Bascuñan (39), casi arquitecto y dedicado a la construcción, cuando encaró la búsqueda de un contenedor para vivir con su hijo y concretar el proyecto que había ideado con su -ahora- ex mujer. Recién separado, era la solución más rápida y económica que tenía a mano. Otro caso es el de los Telleriarte. Son una joven familia platense, matrimonio y dos hijos chicos. Vivían en un departamento propiedad de los padres de él en pleno barrio norte hasta que en 2011 un amigo arquitecto les propuso encarar una obra no tradicional. Desde diciembre de 2012 viven en una casa que bien podría ser la tapa de una revista de decoración: dos containers marítimos de 12 metros de largo unidos en paralelo y desfasados 3 metros el uno del otro. Un confortable rectángulo de paredes acanaladas, ventanales vidriados y ambientación exquisita, emplazado en una hectárea de bosque en la prometedora zona de Hernández. Patricio Asorey (33) no ve la hora de que llegue el verano. Será la primera vez en su vida que tiene una pileta de lona propia para remojarse cuando las temperaturas no dan tregua en la ciudad. Y lo más importante: tendrá su casa. Un trailer que fue usado de obrador y que ubicó en un terreno en Sicardi, a la altura de 1 y 644. Por opción de vida, sentido estético o necesidad económica, cada vez son más los platenses que eligen vivir en casas poco convencionales: los containers. ¿Cómo es habitar una? ¿Qué ventajas tiene sobre otras soluciones de vivienda? ¿Por qué la eligieron? En esta nota, los que desafían el cuento de “Los tres chanchitos” dan testimonio de un fenómeno que traspasa fronteras y parece afirmarse como tendencia en la oferta habitacional local.
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UN LUGAR EN EL MUNDO Nuñez debe algunas materias de Arquitectura pero igual se destaca en el rubro: llegó a proyectar una inmensa obra en Puerto Madero o a formar parte del proyecto de El Aleph, una mega plataforma arquitectónica residencial para el comercio y las artes ideada por el Faena Group en el mismo borde fluvial. Glamour, brillo, esplendor. Vive en un container: una caja de acero de 12 por 2,4 -alrededor de 30 metros cuadrados- enclavada en un terreno frente al Golf del Club Estudiantes de La Plata en City Bell. Tiene un hijo, José, de 10 años, y dos perras, Matilde y Roberta. Esta última se incorporó a la familia el día que con ayuda de sus amigos puso los pilotines donde se yergue el “tacho”. Así llaman a los trailers los camioneros. La casa iba a conformarse de al menos dos containers. Pero uno quedó en el camino, literalmente: por ser de los más altos no pasó por uno de los puentes naranjas del Camino Belgrano, único acceso al terreno verde y de esmirriados árboles donde viven Pablo y José. Con todo, fue bautizado Los Tachos. -El container es una caja. Tiene un espacio equivalente a unos 12 metros, también los hay de 6 metros, con un alto de 2,60 metros. Hay unos que miden 2,90, denominados high cube. Se pueden apilar, juntar con otras, combinar con otros materiales - explica Núñez, experto, sentado al tablero donde trabaja en la entrada del trailer. Los containers marítimos fueron diseñados para resistir los cambios de temperatura y las agresiones meteorológicas. Malcolm Mc Lean, un empresario del transporte estadounidense, los patentó en la década del 40. Por su impacto en el mercado mundial, el fenómeno fue relatado en el libro “The box that changed the world” (La caja que cambió el mundo). Varias empresas y corredores aduaneros los venden para distintos usos: contenedores sanitarios, oficinas y obradores, refrigeradores y construcciones modulares habitacionales. En Mercado Libre cualquiera puede ver ofertas de los de mayor tamaño por alrededor de 30 mil pesos, mientras que el metro cuadrado de un módulo de vivienda se estima en 5 y 6 mil pesos, según indicó a El Día el Grupo Podemos, empresa platense del rubro. A Nuñez le costó mucho menos. Consiguió la caja a mitad de precio y con la ayuda de estudiantes de Arquitectura de la UNLP concluyó la obra en un mes. En la casa no hay tv ni internet. Sí, una colección de revistas de arquitectura, y una mesada larga donde se apilan desde La Guerra y la Paz del historiador Eric Hobswahm hasta el Horóscopo de Ludovica Squirru. También la colección de autos “escarabajos” de José. -Hay un montón de cosas que parecen imprescindibles y no lo son. No hay gas y por bastante tiempo no tuve auto y vivo bárbaro así- abunda. Huele a madera, las paredes son blancas, la luz natural. Sobre la entrada, además del tablero hay un sommier de dos plazas, un sillón de escritorio comprado en un remate y una estufa eléctrica. El baño corta a la mitad el ambiente alargado con una puerta pintada de rojo. De allí hacia el fondo se ubica la cocina, con muebles de fibromelanina de diseño moderno, hechas con retazos de las obras de Puerto Madero por las que pasó el dueño. -Soy un amante de la construcción en seco porque tiene bondades superiores a las de los ladrillos. Brinda confort hidrotérmico, es decir, que no te morís ni de frío ni de calor- explica Nuñez, por muchos años ayudante docente de Arquitectura 6 y de Técnicas de dibujo de esa carrera. -Imaginate planes de vivienda de contenedores -fantasea- la mayoría de la gente desconoce que estas construcciones tienen más rendimiento y mejor costo si se adecuan al ambiente. Una casa de barro en La Plata no sirve por la humedad pero sería sustentable en Chaco. Su conocimiento, sin embargo, no le alcanzó para evitar el desastre de la primera noche. -Lloré como un perro. Tuve que armar una carpa para no morirnos de frío porque no tenía aislación -recuerda. La aislación es clave en este tipo de construcciones y generalmente se hace con lana de vidrio o telgopor de alta densidad, explican los expertos, para luego revestir las paredes con placas de yeso. El resto de la construcción es similar a la de cualquier casa: se usan cañerías de pvc para las instalaciones eléctricas y de agua y, según dónde esté ubicado el trailer, los desagotes irán a cloacas o a un pozo. En cuanto al gas, lo importante es que la conexión esté a cargo de un gasista matriculado. En Los Tachos no hizo falta: tanto la calefacción como la cocina son eléctricas. Nuñez comenzará a ampliar antes de fin de año. -Quiero que José tenga su espacio, que estemos cómodos -dice- acá encontré mi lugar en el mundo.
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EN HERNÁNDEZ, COMO EN LA REVISTAS No es fácil llegar a 151 y 531 sin un GPS o un mapa. Hay que dejar la avenida y tomar 155 para luego bajar por una calle de tierra y sin salida hasta la casa de los Telleriarte, en la zona de Hernández. Valentín y María Elcira viven junto a sus dos hijos, Francisca, de 3 años y Ceferino, de apenas 1. Llevan 11 meses viviendo en el trailer, en rigor dos cajas de 12 por 2,4 metros revestidas y unidas en paralelo por un reconstituido de un metro y medio. Hay un carro de juguete antiguo sobre el paño de vidrio de la entrada que contiene una colorida manta tejida. Detrás, un living con sillones, alfombra y lámpara de acero que cuelga sobre los asientos de un cuerpo, un LCD ultrafino y una mesa baja en el centro. Un gran ventanal de marcos de acero separa el ambiente de un bosque casi salvaje donde sólo rompen el verde los colores chillones de las hamacas. Todo, absolutamente todo, está pensado. Hay un porta cd que es un símil de una cabina de teléfonos londinense, elefantes hindúes colgantes, una biblioteca empotrada que en el futuro tendrá puertas y un orden semejante al de un set de filmación. Nadie podría afirmar que además de la pareja viven dos pequeños, a no ser por la bulliciosa presencia y permanente deambular de ambos. La idea del trailer surgió en 2011 por una cuestión económica, dice Valentín pero también porque a María le gusta el reciclado y le parecía “una aventura” vivir en un contenedor. Spina (32) es diseñadora de indumentaria y tiene una tienda de ropa en City Bell, además de dar clases en la Universidad del Este. Se reconoce fanática de la decoración y obsesiva del orden. Su desvelo actual es hacer un deck que rodee la casa y llenar de plantas el jardín. Telleriarte, que asume la tarea de mantenimiento y limpieza del terreno (60 x 40 metros cercados) es empleado judicial y analista de video en La Plata Rugby, club donde antes jugaba. María había comprado un viejo vagón de tren para reciclar e integrarlo a otra construcción, pero resultó complicado
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. Fue Tomás Fernández Gentile quien le habló de los “desarrollos modulares sustentables”, la denominación formal que el mundo de la construcción encontró para este tipo de viviendas. Fernández Gentile dice que las ventajas de estas casas son que tienen una mayor velocidad de ejecución que la construcción tradicional, alrededor de dos meses, que son transportables y se pueden trasladar el día de mañana y que por su capacidad de reutilización y reciclaje son sustentables. También la particularidad de que sean modulares permite realizar el proyecto en tramos, dice. Las cajas admiten además el uso de distintos revestimientos y su colocación en lugares de difícil acceso. -El aislamiento se hizo con espuma de poliuretano -cuenta Valentín, acunando paciente a Ceferino- y contra lo que uno imagina, aún en invierno con el sol del día estamos bien. La obra llevó ocho meses y costó unos 300 mil pesos, estima Valentín. Fue financiada con ahorros y ayuda familiar. La desventaja de este tipo de construcción es que la gente no la conoce lo suficiente, asegura Fernández Gentile, quien sin embargo afirma que es una modalidad en crecimiento debido a la velocidad de ejecución y la relación costos y calidad. El tema de la innovación y la sustentabilidad también es importante, sostiene, ya que mucha gente también está buscando en este tipo de construcción estilo, diseño y diferenciación. EL SUEÑO DE LA CASA PROPIA Patricio Asorey es empleado de la Autoridad del Agua, está por recibirse en Periodismo y, desde que tiene memoria, vivió en departamentos. De chico con su familia, los padres y la hermana, ya de grande con amigos, novias o solo, como ahora. Mientras despliega los planos de su casa de Sicardi, confiesa: “todo está atravesado por la necesidad”. Cuenta que compró el terreno en 2010 y que cuando empezó a proyectar la casa se encontró con que la construcción tradicional era carísima y no estaba a su alcance. Dice que siempre asoció la opción de vivienda premoldeada o prefabricada a sentidos negativos como el de alta vulnerabilidad o inseguridad.
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El container fue una solución. Por intermedio de un carpintero amigo consiguió a 5 mil pesos uno que había sido usado de obrador. El hombre se quedó con otro y un tercero se lo vendió a una arquitecta, amiga de Asorey y encargada del proyecto de vivienda de él, que lo usará para el desarrollo de un trabajo barrial en Villa Alba. Cuando se le pregunta por qué lo eligió, no duda: el contenedor no fue una elección estética o una opción ecológica como sucede en Europa. En su caso pesó la cuestión económica. -Soy el primero de mi familia que cumple el sueño de la casa propia. Quien piense en mudarse a un trailer deberá tener en cuenta además los costos del traslado y las grúas, estimados en 3 mil y 5 mil pesos, apunta Asorey que, como los Telleriarte, también lo apoyó sobre pilotines de cemento. Hasta allí las coincidencias. Él buscará mantener la estética propia del trailer, no volverla una casa normal. -En Taringa hay un tutorial que te enseña cómo armarte el container. Es una pareja de sanjuaninos que la hicieron íntegramente solos. Pero es una casa como cualquier otra. Podría pasar por una de material- dice.
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Él, por ahora, restauró las manchas de óxido y algunos agujeros que traía la caja y piensa alquilar un baño químico para empezar a habitar el próximo verano. La vida en departamento lo marcó. Cuenta que pintará la caja de verde para integrarla con el paisaje semi rural de la zona y se imagina días de pelopincho y noches estrelladas, al calor de algún fueguito. La casa definitiva está lejos, pero no tiene prisa. El único apuro es dejar de pagar alquiler.
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