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Análisis Assassin’s Creed IV Black Flag

Análisis Assassin’s Creed IV Black Flag

Llevamos ya, con este, seis juegos de Assassin’s Creed y desde que saliera el primero en noviembre de 2007, ha sido uno de los imprescindibles de cada año, como si se tratara de un FIFA o un PES del que esperamos que nos siga sorprendiendo, en este caso, con nuevos personajes y acontecimientos históricos.

Y en esta cuarta parte (argumental) del credo de los asesinos, la saga da un salto definitivo hacia el ‘open world’, hacia los mundos abiertos donde el jugador toma muchas más decisiones de las que tenía disponibles en las primeras entregas. Y el escenario escogido, el Caribe, da para muchas posibilidades y ojo, por primera vez en la historia de la saga, este cuarto juego narra acontecimientos previos del título anterior: es decir, de Assassin’s Creed III.

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Assassin’s Creed IV Black Flag comienza con un personaje que, aunque entronca con el credo de los assassins, no es uno de ellos cuando empezamos a jugar con él. Lógicamente no os reventaremos las cosas que ocurren hasta que llega su conversión, pero sí podemos decir que habrá momentos que podríamos considerar como ‘paradójicos’, ya que Edward entrará en contacto con unos (templarios) y con otros (asesinos) de una forma que, seguro, ninguno de los presentes hubiéramos esperado jamás.

Así las cosas, Edward Kenway, abuelo de Connor, el personaje medio-indio de Assassin’s Creed III, se enrola a principios del siglo XVIII en la aventura del Nuevo Mundo desde su pueblecito pesquero de Swansea, dejando atrás a su querida esposa (la historia personal tiene su peso) y con el único objetivo de hacerse rico. Esto le llevará a formar parte de la tripulación de un barco que poco depués será hundido… pero un golpe de suerte le dará la oportunidad de contactar con algunas de las personas más influyentes del Caribe. Concretamente, el gobernador español en La Habana, Laureano Torres, un hombre ya mayor que anda detrás de un lugar llamado el Observatorio.

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En él, según cuentan las leyendas, se esconde un objeto capaz de localizar a cualquier persona en el mundo y que tiene el poder suficiente como para terminar de un plumazo con los grandes imperios navales que dominan el Caribe: españoles e ingleses sobre todo, pero también franceses, holandeses y portugueses. Y no contamos más, no sea que os reventemos alguna cosilla que hay por ahí…

Assassin’s Creed IV Black Flag no cambia muchas de las cosas que ya habíamos visto en anteriores entregas y básicamente se ciñe al guión escrito que organiza el mapa alrededor de grandes ciudades y luego pequeños enclaves que también podremos visitar. Así, cuando desembarquemos por primera vez en La Habana, tendremos la sensación de haber visto ya lo que viene a continuación: ir a un lugar para coger una misión, subirnos a las atalayas, mirar qué hay alrededor y completar el encargo que nos hagan o, si lo preferimos, perdernos por sus calles salvando a piratas, jugando con rudos nativos o bebiendo a destajo en la cantina.

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Hasta aquí todo normal. Un par de secuencias que hacen evolucionar la historia y que nos van enganchando y ya damos, por fin, el salto al mar, que es el auténtico cogollo de Assassin’s Creed IV Black Flag y, si me lo permitís, lo que merece que contemos con mayor profundidad.

Obviamente no os diremos qué cosas ocurren para que Edward se acabe haciendo con un bergantín al que después llamará Jackdaw, pero el caso es que lo acaba consiguiendo y será el eje fundamental de la historia. Antes, tendremos que reclutar a unos cuantos piratas para conseguir una tripulación que nos ayude a comandar la nave y entonces tendremos varias opciones: seguimos el guión de la historias y nos ceñimos a las misiones que nos van mandando, o nos zambulimos en la aventura en busca de tesoros y riquezas.

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El Caribe es un enorme mapa donde no sólo están las grandes islas con sus capitales como La Habana, Nassau o Kingston sino que hay decenas de pequeños enclaves que sirven para ir recorriéndolos y hacer acopio de materiales. Sin llegar a convertirse en un juego de estrategia, en Assassin’s Creed IV Black Flag tendremos que andar atentos a ciertas materias primas que serán las que nos permitan hacer evolucionar tanto a nuestro barco como al propio Edward Kenway: tela, azúcar, metal, ron, oro, madera, etc.

Por ejemplo, siempre podremos acercanos a un islote, bajar a matar iguanas y ocelotes y con su piel mejorarnos la cartuchera de la pistola y ganar tanto en potencia de disparo como en resistencia a los ataques. Igualmente, es recomendable tener metal para conseguir mejoras en los cañones del Jackdaw o madera para disponer de un nuevo mascarón, por lo que además de combatir con habilidad, también será importante estar al loro de dónde podemos conseguir esos recursos. De una manera o de otra, siempre tendremos que estar pendientes de mejorar nuestro barco y a nuestro héroe para que luego sean más sencillos los enfrentamientos en alta mar.

Análisis Assassin’s Creed IV Black Flag

Nassau por ejemplo, en las Bahamas, es un enclave tomado por los piratas que, aunque está bajo bandera inglesa, allí se traman muchas de las incursiones que se realizan para saquear a los terratenientes y oficiales de la marina inglesa que andan en el Nuevo Mundo lucrándose para ganar dinero. Así, en una de esas misiones tendremos que infiltrarnos en una isla, buscar dónde guardan el azúcar, encontrar una llave y limpiar el almacén. Pero hay otras formas de obtener estos recursos, eso sí, arriesgándonos un poquito más. Se trata de los abordajes a otros navíos que surcan los mares del Caribe cargados hasta arriba de todo tipo de materiales.

Las materias primas, por cierto, no sólo están en tierra o en los barcos que surcan las aguas del Caribe. También veremos por nuestros viajes pequeños barriles flotando que podremos recoger o naufragos que se enrolarán en nuestra tripulación si los rescatamos, cosa que nos servirá para tener más mano de obra y, también, subir la moral de nuestros hombres.

Cuando se habla de batallas navales en Assassin’s Creed IV Black Flag parece que nos limitamos a decir “y además podéis hundir a otros barcos” como si se tratata de algo completamente marginal, pero no es así. Cuando Edward saca su catalejo (fundamental) y se pone a mirar al horizonte, no sólo ve el tipo de barco que viene, sino su categoría, nivel de dificultad y, muy importante, los recursos que transporta. Por lo que hay que seleccionar el objetivo en función de nuestra potencia de fuego y, como es lógico, de la riqueza que queremos confiscar en nombre del Rey de los Piratas.

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Cada uno de esas embarcaciones, a su vez, tiene un armamento con el que van equipadas y cuando entramos en una zona del mar que se denomina como restringida, tendremos que tener mucho cuidado con no meternos en su zona de influencia. ¿Esto qué es? Bueno, pues si recordáis cómo eran las zonas de visión de los soldados en el mítico Metal Gear Solid de PSX, pues es algo parecido: es la zona en la que si entramos, el barco que tenemos cerca nos ataca al instante.

Estas zonas son más o menos grandes dependiendo del tipo de embarcación que sea: si es una goleta no lo será mucho. Si es un bergantín tampoco aunque sí un pelín más amplia que la de la goleta… pero si nos cruzamos con un galeón español, su zona de influencia es gigante y eso significa que sus cañones tienen alcance suficiente como para hundirnos sin necesidad de acercarse en exceso hasta nosotros.

Los abordajes se realizan de forma rutinaria arreándole al enemigo hasta que su barra de energía se reduce los suficiente como para decidir entre mandarlo al fondo del mar o abordarlo. Si decidimos lo primero perderemos un porcentaje bastante alto de las riquezas que lleva, pero si optamos por lo segundo, antes de vencer tendremos que acabar con un número determinado de miembros de la tripulación para conseguir el control sobre el navío. Si queréis un consejo, aprovechad la aproximación del Jackdaw a la embarcación enemiga antes del abordaje para acabar con el capitán de varios disparos de vuestra pistola. Así os quitáis de en medio al enemigo más peligroso que hay en todos los enfrentamientos.


Assassin’s Creed IV Black Flag ahonda un poco más y convierte su viejo corazón aventurero en un pequeño alumno ‘sandbox’ ya que no sólo de batallas o saqueos en islas estamos hablando, hay mucho más: como buscar riquezas sumergidas, cuevas de piratas donde se han dejado tesoros (unos grandes y otros no), etc.

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Precisamente, sorprende que con todo lo que hay que hacer en la superficie, tanto en tierra firme como en el mar, haya todavía más debajo del agua. Y es que por primera vez no sólo podremos aventurarnos a ver qué encontramos por un enorme escenario submarino, es que tendremos tareas que resolver que tienen que ver con la propia historia. Eso sí, mucho cuidado porque además de disponer de un indicador de oxígeno que se agota, hay tiburones que dan mordiscos a la que nos descuidamos.

¿Nuestra recomendación ante tanto que hacer en Assassin’s Creed IV Black Flag? Si sois de los que tanta libertad les paraliza, no temáis: poned rumbo a las misiones que se van encadenando de la historia principal, id completando los cometidos que os encargan y que os van metiendo en su nueva dinámica y cuando os sintáis ya seguros de poder recorrer con garantías el ancho mar, ya os decidís por hacer esas búsquedas secundarias recolectando materias primas, tesoros o simplemente hundiendo navíos para mejorar vuestro Jackdaw.

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Precisamente nuestro bergantín necesita casi siempre de una manita de pintura tras cada enfrentamiento, así como algunas mejoras tanto en su apariencia (mascarón, timones y velas) como en sus prestaciones (cañones, munición, cascos o almacenes extra para materias primas), por lo que es casi obligado pasar por el astillero para garantizar que vamos pudiendo con enemigos cada vez mayores. Esto nos obliga, como es de imaginar, a buscar monedas y recursos para aplicar esos cambios que serán fundamentales si en algun momento de Assassin’s Creed IV Black Flag queremos hacerle frente a un galeón español con garantías.

Todos estos cambios, así como los de Edward en su apariencia o en la mejora de sus espadas y pistolas podemos llevarlas a cabo en el camarote del capitán, por lo que no será necesario pisar puerto para completarlas. No es lo más real, pero bueno, todo sea en aras de una mayor fluidez en el desarrollo del juego.


Bueno, pues aquella megacorporación oscura y templaria de los anteriores juegos ha dado paso a una cosa llamada Abstergo Entertainment, que parece más una empresa de las historias de Philip K. Dick (el de Total Recall, Minority Report, etc.) dedicada a facilitar recuerdos y experiencias a la gente y que, en vez de inventarse personajes o épocas históricas inéditas, ha decidido tomar como referencia las vivencias de la estirpe del mítico Desmond: que ya no está en el juego aunque sí su recuerdo.

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Es curioso el primer paseo que nos dan por las instalaciones y la presentación que nos hacen, donde Ubisoft ha decidido jugar con el hype de qué es lo que pasará en futuros Assassin’s Creed ya que se lanzan constantes guiños a nuevas entregas que podrían desarrollarse en La Revolución Francesas, en Japón, en Asia… Concretamente se escuchan cosas como “un antepasado que vivió en el Japón feudal”. Ya os digo que esos escasos minutos que hay en el trayecto hasta nuestro Animus son para sacar el bloc de notas y apuntar todo lo que dicen. Por que hay reseñas de todo tipo. A cuál más sorprendente: como la de Asassin’s Creed Liberation, que fue el primero en utilizar el nuevo Ánimus .

De todas formas, aunque lo gordo está dentro de lo que ocurre con los piratas y Edward Kenway, hay mucho también que ver en las oficinas de Abstergo con algunos secretos que debemos descubrir cotilleando en las distintas estancias de la empresa. No serán tan determinantes para la historia pero sí dan sentido a muchas de las cosas que se cuentan.


Assassin’s Creed IV Black Flag es un juego que nos ha sorprendido, sobre todo, por que no esperábamos un cambio así de profundo y que consiguiera quitarnos de la cabeza muchas de las cosas que ya hacíamos en las entregas anteriores y que ya estaban dando señales de agotamiento.

Análisis Assassin’s Creed IV Black Flag

La parte más ‘Assassin’ del juego está presente, y es la que tiene que ver con las ciudades, la cosa de subirnos por los edificios, pasar desapercibidos y completar misiones de asesinato (aquí no hay muchas al principio, la verdad). Por eso, cuando Ubisoft nos habló del mar, de los barcos y del nuevo mundo que se abría ante nuestros ojos no la llegamos a creer del todo, pensando en que sería como en Assassin’s Creed III pero con algo más de libertad.

Pues no. Podemos decir que la inclusión de ese ‘sandbox’ que nos da libertad de movimientos para ir y venir por donde queramos del Caribe es el punto que necesitaba la saga para ‘reinventarse’, para ser distinta, para volver a enganchar a los que la creían dentro de un bucle del que sería muy complicado que saliera. Así, el hecho de poder navegar, guerrar, investigar, buscar tesoros, mejorar al personaje o a nuestro Jackdaw, fabricar objetos, recoger materias primas y, sobre todo, descubrir el ancho mar, es el acontecimiento más inteligente que sus creadores podían haberse sacado de la manga para revitalizar la serie.

De cosas técnicas ni hablamos por que os puedo asegurar que todo es sobresaliente: gráficamente es impresionante, la recreación de las ciudades o cuando salimos a mar abierto y nos enfrentamos a las olas asesinas, a los navíos enemigos o a las ballenas; la música recuerda por momentos a la de Hans Zimmer y su “Piratas” (sobre todo en los combates navales) aunque en otros lugares recuerda a las pelis más clásicas, estilo Seahawk con los acordes de Erich W. Korngold. Pero de verdad, donde el juego gana en ambientación es cuando la tripulación se pone a cantar las típicas melodías piratas, que hablan de chicas españolas y puertos en las que los esperan. ¡Una gozada!

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En fin, sin ánimo de alargar mucho este análisis, decir que estamos ante una auténtica joya, un juego que gustará a los que creían estar hartos de hacer lo mismo en un Assassin’s Creed y que dentro de lo que supone esa pata del mar abierto, nos encontramos ante el movimiento más inteligente realizado por Ubisoft con una de sus principales sagas desde el primer título que salió en 2007.

Una auténtica maravilla que, esperemos, sirva de inspiración para encarrilar la serie hacia mares mucho más grandes y profundos cuando dentro de algunos meses nos lleguen noticias de que Assassin’s Creed V ya está en camino. ¿En la Revolucióin Francesa? ¿En el Japón Feudal? Se admiten comentarios.

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Comentarios Destacados

ricardogp +6
buen juego pero se perdio un poco la historia de los assassins

7 comentarios - Análisis Assassin’s Creed IV Black Flag

ricardogp +6
buen juego pero se perdio un poco la historia de los assassins
Guille_Pincha +1
A mi me parecio una mierda este juego...
kimikazio +3
si, tanto el 3 como el 4 es como si no tuvieran ningún sentido en la saga. Lo que pasa es que muchos ni jugaron al 1, 2, brotherhood o revelations y empezaron con el 4 porque salio para ps4 y se dejaron engañar por los gráficos, pero para los que hemos seguido la saga sinceramente es un insulto
AlberichXIVDelta -3
Super-Crapero extraordinario.
¡Fenomenoide! ¡Fenomenoide!
Trollea hasta mas no poder.
¡Fenomenoide! ¡Fenomenoide!

Postea A Cada Rato.
¡Fenomenoide! ¡Fenomenoide!
Cuando no hay nada en la Web
¡Fenomenoide! ¡Fenomenoide!
-BRYBA- +1
Super-Crapero?

no se tu pero yo posteo informacion actualizada sobre juegos, y no posteo cada minuto, solo hay que saber cuando postear y cuando tomarse un descanso...

su yo soy un "Super-Crapero" por postear cosas informativos..... entonces que eres tu al comentar algo inservible y sin sentido???

PD: en la proxima piensa bien antes de insultar.... Saludos
NiicoMdQ
mi primer assasins.. me parecio bueno pero a veces se ponia muy pesado.
facundor12
hubiera sido un mejor juego si hubiera sido fuera de la franquicia assasssins creed
tigerskin_1984
Me diverti con este juego pero es cierto que se desviaron de los asesinos, espero que con este nuevo vuelvan a las raices