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La Odisea - Parte II - Los comedores de loto

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Pronto se levantó un huracán. Las nubes eclipsaron la vista. Los barcos, con las velas rasgadas y los mástiles rotos, fueron conducidos lejos de su trayectoria y, tras diez días, llegaron hasta la isla de los lotófagos, o comedores de loto, un pueblo cuya única dieta consistía en el fruto del loto y flores.

La Odisea - Parte II - Los comedores de loto


Tres de los mejores hombres de Ulises desembarcaron para reconocer el terreno; no habían caminado apenas cuando se encontraron con los nativos, sentados bajo sus árboles favoritos, festejándose con su dulce comida. Recibieron a los extranjeros con hospitalidad y les ofrecieron sus flores de loto; tan pronto como los tres hombres probaron la comida, sus mentes se olvidaron completamente de los compañeros que les esperaban o de sus hogares distantes, sumiéndose en un estado letárgico, lo cual les indujo a quedarse allí para siempre.

"Quienquiera que probara una vez aquella dulce comida
dejaba de desear volver a ver su tierra nativa,
sin comunicarle a sus amigos el destino que había corrido.
Y mis mensajeros desearon vivir
entre los comedores de loto y alimentarse
del loto, para nunca volver".

Homero.


Ulises esperó impacientemente su regreso, hasta que, viendo que no aparecían, temió que alguna desgracia hubiera caído sobre ellos; emprendió su búsqueda con unos pocos hombres bien armados. En vez de encontrarlos encadenados, como esperaban, los descubrió festejando entre los comedores de loto. Sus ojos habían perdido toda su vivacidad y se posaron en él de un modo vago y distraído, que levantó sus sospechas. Al mismo tiempo, algunos de los comedores de loto avanzaron para invitarle a él y a su tropa para que se unieran al banquete.

"Llevaban ramas del tallo encantado,
cargado de flores y fruta, las cuales
daban, excepto a aquellos de los que se recibía,
el sabor efusivo de la ola
lejana, tan lejana como para lamentarse y delirar
con costas extrañas, y si su compañero hablaba,
su voz era delicada, como una voz de ultratumba;
profundamente dormido parecía, aunque del todo despierto,
y su corazón latente le sonaba como música en sus oídos".

Tennyson.


En tono autoritario, Ulises prohibió a sus hombres probar la mágica comida, ordenándoles que cogieran y ataran a sus reacios camaradas, llevándoles después a la fuerza a sus barcos. Allí desapareció rápidamente el efecto de la comida de loto, y los hombres remaron enérgicamente hacia el oeste, hasta que llegaron a la isla de Sicilia, por aquel entonces habitada por los cíclopes, una tosca raza de gigantes con un solo ojo.

"Un solo globo ocular aparecía
en sus frentes: de ahí el nombre de Cíclope,
ya que un ojo circular estaba ampliamente fijado
en la mitad de la frente; suya era la fuerza y el poder,
y la artesanía de curiosos instrumentos".

Hesíodo.


El cuerpo principal de la flota estaba anclado en otra isla no lejana, pero Ulises y doce compañeros desembarcaron en Sicilia en busca de comida. Las perspectivas eran prometedoras, pues grandes rebaños de ovejas pastaban en las llanuras y las colinas cubiertas de hierba fresca; además, Ulises y sus seguidores descubrieron una cueva llena de abundantes suministros de leche y queso. Ésta era la morada de Polifemo, hijo de Poseidón, el más grande y el más feroz de entre toda la gigantesca raza de los cíclopes. El primer impulso de los griegos fue el de robar la comida, ya que no había nadie que se lo impidiese; sin embargo, decidieron esperar a que el dueño llegara a su casa y solicitar su ayuda de forma cortés. Habían amarrado su barco bajo un acantilado sobresaliente, donde nadie pudiese encontrarlo, por lo que no temieron que le pasara nada a su medio de escape.

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