Análisis DuckTales Remastered

No es cuestión de dificultad o de nostalgia, sino de equilibrio.
Análisis DuckTales Remastered

El videojuego antiguo tenía una serie de características propias que con el paso del tiempo se han ido cambiando y cambiando incluso dentro de un mismo género. Muchos de los juegos que hoy en día se jactan de ser homenajes a los 8 bits están demasiado influenciados por el videojuego actual, por conseguir la vida extra fácil, por un número desmesurado de puntos de vida, por un control total sobre las acciones de los enemigos,... Algo que no pasa cuando se trae prácticamente tal cual un juego de hace más de 20 años, con toda la pasión que llevaba entonces el que hoy en día se considera como uno de los clásicos de Capcom.

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No pasábamos mucho tiempo en vagoneta en el original. Aquí se alarga para dar variedad.

DuckTales Remastered, PatoAventuras Remasterizadas, llega ligeramente cambiado. Quienes conozcan el original al dedillo y se esperen sólo unos sprites renovados con todo lo demás intacto ya empezarán por escandalizarse en el nuevo prólogo que hace las veces de tutorial, si es que hace falta un tutorial para un juego así. Hoy en día parece que sí es necesario, pero a quienes lo vivimos en su día no nos contará nada nuevo. ¿De verdad hace falta que nos expliquen tres acciones? Saltar, saltar con el bastón y golpear, no necesitan cinco minutos extra para decirnos lo que hace cada acción cuando lo bonito están en descubrirlo, pero por suerte no están constantemente diciéndonos qué hacer, ni que el salto pogo nos ayuda a evitar tramos de espinas. Tiene algo de antaño que nos hace ir descubriendo poco a poco.

Pato
Demasiados diálogos cortan totalmente el ritmo del juego y un nivel de 6 minutos puede alargarse hasta más de 15.

No hay una curva de dificultad ascendente, no hay habilidades que desbloquear, no hay un camino prefijado a seguir. Podemos escoger cualquiera de los cinco niveles a voluntad como se podía en el 89, desde el Amazonas a la Luna, pasando por el Himalaya o la mansión del Conde Pátula. Todo está ahí, y aunque ha sido ampliado con un par de desvíos adicionales y retoques como una ampliación de los tramos de helicóptero o vagoneta, la esencia sigue ahí, la estructura del mapa persiste, y esta vez incluso nos lo representan con una cuadrícula al más puro estilo Metroid, algo que, por supuesto, no es necesario. Como tampoco es necesario que se interrumpa el juego cada dos por tres con diálogos en clave de humor entre los personajes para el lucimiento de los actores originales de la versión americana de la serie. Desde luego, es toda una muestra de mimo, pero no necesitamos historia ni diálogos cuando buscamos rescatar una experiencia añeja.

Pato Lucas
El prólogo hace las veces de tutorial camuflado, para enseñarnos a medir saltos y demás acciones.
Necesitamos caminos secretos por encima del techo, bloques ocultos y objetos que aparecen al saltar en un sitio en el que aparentemente no hay nada, enemigos con respawns infinitos que vuelven a aparecer siempre que pisemos un cuadro concreto,... Ese tipo de marcas características de la época se respetan al 100% en DuckTales Remastered. El original ya contaba con una calidad a la que muchos de hoy en día ni se acercan. Intentos como Epic Mickey Mundo Misterioso o Rocket Knight HD, que han intentado devolver al presente la gloria del pasado, no han funcionado por estar demasiado influenciados por el público actual que no comprendería detalles como esas reapariciones constantes que suelen convertirse en frustración al hacerte fallar una y otra vez en una plataforma que está acabando con tus escasas dos vidas extra.

No es cuestión de dificultad, sino de equilibrio. No sirve de nada poder conseguir decenas de vidas por fase, tener checkpoints tras cada salto o diez corazones de vida si no se pueden apreciar como se deben por el riesgo que conllevaría perderlos. Empezar una partida en Normal en DuckTales Remastered es empezar con dos vidas y tres corazones. Caer al vacío no te resta un corazón y te pone en la plataforma anterior, sino que te resta una vida y te pone al principio del último scroll. Perder todas las vidas no te devuelve al checkpoint, te lo quita todo. Puede que no haya que necesitar unos pulgares divinos para superar el juego, no es cuestión de hacerlo muy difícil, sino que sencillamente ofrece un desarrollo equilibrado, que nos hace pensar cuándo saltar y nos pone en tensión cuando sólo nos queda un toque para perder. Algo que hoy ya no se nota.

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Todas las melodías se han respetado a la hora de ser adaptadas a la actualidad. Son igualmente tarareables.

Todo esto no hace de DuckTales Remastered el mejor juego de la actualidad, desde luego que no. La etiqueta de 15€ no ayuda a verlo con buenos ojos, más aún cuando no aporta nada más que un golpe de nostalgia que se supera tras la primera partida. Pero puestos a hablar de la calidad de la remasterización, podemos asegurar que es altísima, y que ojalá que se hiciese con muchos más clásicos. No os vamos a engañar, una versión del original en una Consola Virtual cualquiera por 5€ frente a esta versión Remastered ganaría de calle precisamente por esa etiqueta de precio, pero en igualdad de condiciones, el trabajo de WayForward se merecería más de una oportunidad.

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