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La paz de la presencia del Señor

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Cuando llegó la noche de aquel mismo día, el primero de la semana, estando las puertas cerradas en el lugar donde los discípulos estaban reunidos por miedo de los judíos, vino Jesús, y puesto en medio, les dijo: Paz a vosotros.
Juan 20:19


La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.
Juan 14:27


La paz de la presencia del Señor

La paz de la presencia del Señor
(Lea Juan 20:19-23)
El domingo es el día del Señor. El primer domingo fue el de la resurrección del Señor, cuando su tumba fue hallada vacía. También es el día en que Jesús se presentó a los suyos.
Los discípulos habían cerrado las puertas: seguramente temían que el arresto de su Señor desencadenase una persecución. Sin embargo, a pesar del peligro, se habían reunido, pues estaban unidos por un fuerte vínculo: su amor por su Señor ausente. ¿Realmente estaba ausente? No, de repente Jesús se presentó en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros”.
Este saludo, habitual entre los judíos, tomó un nuevo sentido cuando Jesús les mostró sus manos y su costado. La paz que él da emana de su sacrificio en la cruz. Esta paz no depende de acontecimientos externos: la resurrección no modificó las circunstancias de los discípulos, los enemigos siempre están ahí. Jesús ya había dicho: “Si a mí me han perseguido, también a vosotros os perseguirán” (Juan 15:20). Pero la paz del Señor echa fuera sus temores y produce un gran gozo.
Aún hoy la presencia del Señor regocija a los creyentes que se reúnen para adorarlo. Piensan en el Señor (Malaquías 3:16), son atraídos por él y se reúnen en su nombre (Mateo 18:20). Entonces, por la fe, pueden oír al Señor decirles: “Paz a vosotros”. Es la paz de su victoria en la cruz, la paz de su resurrección.

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