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El vellocino de oro - Jasón y los argonautas

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Una de las aventuras más conocidas de la mitología clásica fue la que emprendieron, bajo la comandancia de Jasón, un grupo de jóvenes a los que se conoció como "los argonautas", cuya expedición en busca del vellocino de oro fue relatada una y otra vez en el mundo antiguo.

El vellocino de oro - Jasón y los argonautas


Para conseguir que Jasón se convirtiera en rey de Yolcos, su tío le ordenó buscar las cenizas de Frixo, un antepasado asesinado en la Cólquide, en donde también encontraría el vellocino de oro; así fue como Jasón mandó construir un barco, el Argos, en el que se embarcó junto a sus amigos, tras hacer un sacrificio a Apolo, para conseguir su protección.
Durante el viaje hicieron numerosas paradas, la primera que realizaron fue en la isla de Lemnos, en donde las mujeres se encontraban solas, puesto que Afrodita había maldecido a todos los hombres, de tal manera que éstos desprendieran tan nauseabundo hedor que las mujeres primero les rechazaron y después los asesinaron. Ante esta situación, los argonautas se unieron a ellas con el fin de darles hijos con los que repoblar la isla.

La situación en Lemnos era tan placentera que permanecieron largo tiempo, hasta el punto de que el propio Hércules tuvo que imponer cordura y recordarles el motivo de su viaje. Cuando Jasón dio a conocer la noticia de que debían reemprender el viaje, la reina de las mujeres de la isla, llamada Hipsípile, les rogó que no lo hicieran e incluso ofreció a Jasón el trono a cambio de que se quedasen, pero éste no aceptó.

A continuación, llegaron a Samotracia, en donde Orfeo les aconsejó iniciarse en los misterios del lugar, la siguiente escala la hicieron en la isla de Cícico, país de los doliones, allí fueron recibidos con gran hospitalidad, pero se hicieron de nuevo al mar al día siguiente; sin embargo, una tempestad les recondujo a la misma isla, aunque la oscuridad reinante impidió que reconocieran el lugar al que habían arribado. Los isleños, tampoco reconocieron el barco y, tomándolos por piratas, se enfrentaron con ellos de tal modo que el propio Jasón dio muerte al rey. Al amanecer y ver lo ocurrido, los argonautas quedaron consternados por lo que decidieron celebrar unos juegos fúnebres en su honor que duraron tres días y levantar una estatua a Rea en el monte Díndimo. Mientras todo esto ocurría, los expedicionarios que se habían quedado a proteger la nave sufrieron el ataque de unos gigantes de seis brazos, aunque fueron rápidamente vencidos por Hércules.

dragon

Continuando su viaje, la siguiente parada la hicieron en las costas de Misia, para que Hércules pudiera encontrar un árbol de una madera lo suficientemente resistente como para poder construirse un remo, pues el anterior se le había roto. Mientras estaban esperando a uno de los miembros de la expedición, Fineo, les dijo que si necesitaban atravesar las Simplégades, unas rocas traicioneras que estaban en constante movimiento, debían soltar una paloma y seguir su rumbo. Así lo hicieron, y sólo sufrieron pequeños daños en el casco, lo mismo que la paloma que había perdido algunas plumas. Desde entonces, las rocas permanecieron fijas, pues el destino había dicho que así debía ocurrir cuando una nave lograra al fin atravesarlas.

Antes de llegar a la Cólquide atravesaron el país de Lico, rey de los mariandinos, quien los acogió bien, aunque en ese lugar perdieron por enfermedad a Idmón, y a Tifis, el piloto, que fue sustituido por Anceo.

Cuando llegaron por fin a su destino, Jasón se presentó ante Eetes, rey de la Cólquide, para explicarle los propósitos que le llevaban hasta su patria. Eetes le impuso dos condiciones para hacerle entrega de las cenizas de su antepasado y del vellocino de oro, primero debería poner bajo el mismo yugo dos toros nunca uncidos, con pezuñas de bronce y que arrojaban fuego, regalo de Hefesto al rey, y después arar con ellos un campo y sembrar en él los dientes de un horrible dragón que protegía el vellocino de oro, y que estaba consagrado a Ares.

Jasón preocupado ante tamañas solicitudes, empezó a pensar en cómo solucionarlo, cuando recibió la inestimable ayuda de Medea, la hechicera hija del rey. Medea, debido a las artes de Eros, que seguía los dictados de su madre, Afrodita, se había quedado prendada de Jasón y le ofreció su ayuda a cambio de que se casara con ella y la llevara hasta Grecia. Ya que el héroe había recorrido un largo camino para llegar hasta allí, y necesitaba realmente el vellocino de oro, aunque no estaba enamorado de ella, aceptó su colaboración. Así Medea le entregó un ungüento gracias al cual ni el fuego ni el hierro le dañarían durante un día, por lo que la primera prueba estaría pronto realizada, respecto al dragón, le dijo que de sus dientes saldrían soldados que intentarían matarlo pero que resolvería el problema lanzándoles una piedra y que ellos se pondrían a luchar entre sí por ver quién había sido el culpable.

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Así, Jasón pudo hacer lo que Eetes le había pedido. Sin embargo, el rey no pensaba que lo lograría, pues no estaba dispuesto a entregarle el vellocino de oro, sino que, por el contrario, quería quemar la nave Argos y matar a todos sus ocupantes. Jasón tuvo conocimiento de tales pretensiones, así que durmió al dragón que protegía su preciado tesoro, de nuevo con ayuda de Medea, y se dio a la fuga.

Cuando el rey de la Cólquide se enteró de la huida de los argonautas persiguió a la nave que atravesaba ya, según los consejos de Fineo, el río Istro. La inteligente y despiadada Medea había previsto la reacción de su padre, por lo que para dificultar su persecución mató y descuartizó a su hermano Apsirto, aún niño, cuyos restos fue arrojando poco a poco para que su padre tuviera que recogerlos. Cuando Eetes reunió todos, paró en el puerto más cercano, Tomes, y le hizo exequias fúnebres, lo que permitió a Argos ganar la distancia suficiente. Según otra leyenda, los colcos, encabezados por un Apsirto adulto, habían podido alcanzar la expedición y los argonautas empezaron a negociar con ellos una salida al conflicto. El acuerdo era que a cambio del vellocino, Medea debía quedarse en los templos de Ártemis que había en la zona. Sin embargo, Medea y Jasón mataron a Apsirto a traición en uno de esos templos y se lanzaron de nuevo a la fuga.

De cualquier manera, Zeus se irritó enormemente por la muerte de Apsirto y condenó al barco a perder su ruta. Desesperados por la fata de rumbo, decidieron dirigirse a la residencia de Circe, la maga, para ser purificados por sus crímenes, y aplacar la ira de los dioses. Allí Circe les ayudó, aunque se negó a dar alojamiento a Jasón en su palacio.

Ya en camino de nuevo hacia Grecia, pasaron por la morada de las sirenas, aunque nada les ocurrió porque el canto de Orfeo fue mucho mejor que el de ellas, sólo Butes se lanzó al mar atraído por ellas, pero Afrodita lo salvó de las aguas llevándolo hasta Sicilia. Más tarde, llegaron a Corfú, cuyo rey era Alcínoo, que tenía trato con los colcos. Los compatriotas de Medea habían negociado con Alcínoo la entrega de su princesa si ésta era virgen. Enterada la mujer del rey del acuerdo se lo comunicó a Medea, quien se unió apresuradamente con Jasón aquella noche.

La nave de Argos fue llevada a Corinto para su consagración a Poseidón.
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La expedición de los argonautas

El relato mitológico del viaje de los argonautas sirvió de inspiración a poetas líricos, como Píndaro, y a los tres poetas trágicos por antonomasia: Esquilo, autor de las tragedias Atamas, Ipsipili, Argo y Caviro, todas perdidas; Sófocles, Atamas, Colquides, Squite y Rimotomoi, también perdidas; y Eurípides, la famosa Medea.

Medea, la hechicera

Los antiguos griegos creían que las magas o hechiceras tenían poderes sobre el cielo, la tierra y los infiernos; así, ni siquiera dioses como Zeus o Poseidón, eran obedecidos ante el encantamiento de una de ellas.

argonautas


Para sus sortilegios, utilizaban plantas venenosas, huevos de mochuelo, sangre de sapo, o los huesos de los muertos. Con estos ingredientes en sus filtros, eran capaces de inspirar amor u odio, rejuvenecer o envejecer, resucitar o quitar la vida.
Némesis, Perséfone y Hécate eran las diosas que patrocinaban actividades mágicas.

Más mitos y leyendas de culturas grecorromana, egipcia, nórdica, celta, oriental y americana en mi blog: http://thechestofdreams.blogspot.com.es/

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1 comentario - El vellocino de oro - Jasón y los argonautas

@yo_mati33 +1
Excelente post.
@Arwen91
Muchas gracias