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Pensamientos de Jesús. Pensamiento #6

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Pensamientos de Jesús. Pensamiento #6

De todos los grandes hombres de la historia de la humanidad, Él fue el que causó más impacto. Nadie revolucionó el mundo como Él. Ya pasaron dos mil años y Él continua siendo la mayor influencia dondequiera que Sus enseñanzas sean divulgadas. Y, al contario que cualquier otro gran líder, nadie jamás pudo encontrar defecto en Él.

El trabajo público de Jesús duró solo tres años y medio. Y claro, no había internet, prensa, televisión, radio… por lo tanto, no fue fruto de propaganda religiosa. No hubo lavado cerebral. En realidad, la máquina política del imperio Romano y la religiosa de los líderes judíos intentaron durante años borrar Su nombre y exterminar a Sus seguidores – pero fracasaron. ¿Y qué tenía aquel Jesús al final? ¿Qué poder era ese contenido en Sus pensamientos? ¿Qué había en Sus palabras capaz de cambiar radicalmente a las personas? ¿Qué ideas las llevaban a una convicción tan grande al punto de morir por Él?

Una cosa es cierta: cuando los pensamientos de Jesús encuentran lugar en las mentes de Sus oyentes, suceden cosas impresionantes. Milagros. Arrepentimiento. Fuerza. Paz interior. Unión familiar. Transformación de vida. Liberación de fuerzas malignas. Alegría en lugar de depresión. Lo improbable sucede. Lo imposible es desafiado.

Cualquier persona que quiera ser mejor, desarrollar su inteligencia, encontrar fuerzas y desencadenar cambios milagrosos en su vida, debe absorber los pensamientos de Jesús.

Pensamiento #5 — Familiaridad y limitadores


De cierto os digo, que ningún profeta es acepto en su propia tierra. – Lucas 4:24

El único lugar donde Jesús no pudo hacer muchos milagros fue en Nazaret, Su propia tierra. Ni Sus hermanos creían en Él. Las personas decían: “¿Ese no es el hijo del carpintero?”

La familiaridad genera incredulidad. Por eso, las personas cercanas a nosotros pueden volverse nuestros mayores limitadores.

Este pensamiento de Jesús muestra que ni Dios puede evitar esa actitud de las personas. Son ellas quienes eligen creer o no, tener buenos ojos o malos, creer en el prójimo o dudar de él, levantar a un familiar o empujarlo al pozo. Por eso, ¿qué hizo Jesús al respecto? Dejó Nazaret y fue hacia los que creían en Él. Lo mismo hizo Dios con Abraham, cuando lo llamó para dejar la casa de su padre.

Cuando las personas más cercanas no creen en usted, es algo emocionalmente muy duro de aceptar. Pero usted puede volverse como ellas y pasar a no creer en usted mismo, o puede ignorarlas y seguir hacia adelante con sus convicciones. Alguien creerá en usted, aunque ese segundo alguien sea usted mismo. El primero que cree en usted, claro, es el propio Dios. Cuando usted entiende eso, del tercero en adelante es un bonus.

Aplicación: Acepte la creencia que Dios depositó en usted y no esté en desacuerdo con Él. Esté de desacuerdo con los que dudan de usted, no con Dios.

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