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Cine mexicano e inmigrante

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La generación dorada de realizadores provenientes de México ha buscado el triunfo fuera de las fronteras del país latinoamericano

Cine mexicano e inmigrante
Alejandro G. Iñárritu posa con sus tres Óscar. / LUCY NICHOLSON (REUTERS)

“Para todos los que van de clase a siete, una mala noticia: ¡Ya no llegaron!”. La voz era de Martín Hernández y lo decía hace unos 25 años, en un programa matutino transmitido en WFM, una cadena juvenil donde conoció a Alejandro G. Iñárritu, entonces creativo y productor. Hernández estaba nominado este domingo al Óscar por la Edición de Sonido de Birdman, la película dirigida por Iñárritu que conquistó también la estatuilla a Mejor Película, un triunfo que consolida a una exitosa generación de creadores mexicanos de cine. Para cuando Hernández e Iñárritu estaban en las cabinas de WFM, el cine mexicano atravesaba una de las mayores crisis de su historia. De 85 películas producidas al año a inicios de los ochenta, el número se redujo a solo 16. Pero ese grupo de jóvenes y otros tantos que estudiaban en el Centro de Capacitación Cinematográfica (CCC) y el Centro Universitario de Estudios Cinematográficos (CUEC) algo se cocía. Comenzaron a emerger los primeros avisos de lo que vendría después.

Alfonso Cuarón contó en Solo con tu pareja (1991), ya con la fotografía de Emmanuel Lubezki (ahora ya nominado siete veces al Óscar y ganador de dos estatuillas), la historia de Tomás Tomás: un publicista mujeriego al que, como dice un poema de E. E. Cummings, le gustan todas las chicas: excepto las verdes. Guillermo del Toro, un joven de Guadalajara, se convertiría en un aventurado realizador de una película de terror llamada Cronos (1992). Iñárritu se había aventurado como compositor de películas y director de cortos y anuncios, pero fue hasta 2000 que presentó su ópera prima, Amores Perros, y la presa se rompió. Festivales, premios, portadas… El cine hecho por mexicanos estaba de vuelta.

Pero la historia también tiene paradojas. Las entradas en México son las más baratas de América (el precio promedio es de 47 pesos, unos tres dólares) y el país ocupa el cuarto sitio entre los que congregan al mayor número de espectadores del mundo, por detrás de China, Estados Unidos y la India. Pero el mexicano no suele ver mucho cine hecho en México. En 2014 se estrenaron 71 películas, pero la taquilla registró una caída de un 10,7%. Ese mismo año, el Gobierno de Enrique Peña Nieto anunció un recorte de 4.000 millones de pesos (265 millones de dólares) al gasto de cultura en 2014: casi un 36%.

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El director nicaragüense Gabriel Serra (izquierda). / STEVE GRANITZ (WIREIMAGE)

Las producciones mexicanas han conseguido solo cinco nominaciones en los 87 años de historia de los Óscar (una de ellas para Amores Perros) y ni un triunfo. El talento es mexicano, pero las películas son financiadas, en su mayoría, por capital extranjero. Varios de la generación dorada se convirtieron en inmigrantes.

Aun así, las escuelas mexicanas continúan entregando talentos. La Parka, un cortometraje de 29 minutos compitió en la categoría de Mejor Corto Documental. El director es un joven treintañero, y la producción es un trabajo final del CCC. Se llama Gabriel Serra y es nicaragüense, el primero en conseguir una nominación a un Óscar. Y también un inmigrante.

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