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De nostalgia no vive el jugador

De nostalgia no vive el jugador


La industria del videojuego avanza a pasos agigantados, los videojuegos cambian de tácticas publicitarias, estallan escándalos bochornosos que empañan el respeto de las compañías y la sociedad sigue en un in crescendo acelerado que transgrede a la industria, cambian las modas, los jugadores cambian y nada parece detenerse ante el avance inexorable del tiempo, un tiempo valioso que parece haberse congelado en nuestros recuerdos, entonces llega un punto donde este tiempo acelerado se detiene para una clase de jugador característico: El jugador clásico.

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No malinterpretes el eje fundamental del artículo que no es otro estereotipo de jugador nostálgico que busca atacar a las formulas nuevas “e innovadoras” (aun cuando lo desee con todas mis fuerzas) Es para expresar lo mucho que se puede llegar a perder un jugador que, por un momento en su trayecto como persona que busca entretenimiento y ocio interactivo tiene un ataque de nostalgia o, como muchos, llega un punto donde su idea de videojuego se estanca y pierde significado, donde los videojuegos y el cambio rápido de fórmulas, la evolución inexorable de la industria atropellan al jugador que ha visto mil y un títulos pasar por su computadora o consola, se trata de ese momento donde los videojuegos, dejan de ser disfrutables.

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La humanidad se compone por ideas conservadoras y ancladas, donde una idea universal sobresale hay cientos defendiéndola y siempre sosteniendo el proverbio radical de “Todo tiempo pasado fue mejor” Lamentablemente, esas ideas conservadoras acaban agotando al jugador, las continuas comparaciones, los recuerdos de tiempos y videojuegos pasados, los momentos vividos con una u otra saga, las mecánicas olvidadas por la industria o el simple hecho de sentir el paso del tiempo por encima hacen que el jugador alguna vez llegue a una fase de bloqueo de entretenimiento, incluso yo he vivido esto en los últimos tiempos , el crepúsculo de mi gusto hacia los videojuegos y mi capacidad de disfrutarlos, por alguna razón, los videojuegos que se hacen hoy en día no me llaman demasiado la atención, los géneros que emergen como etiquetas sin sentido y los videojuegos que dan experiencias vacías no hacen más que dar la razón al jugador nostálgico que ya no disfruta de jugar videojuegos como antes lo hacía.

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Y entonces… Algo cambia.


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Si, como en todo Status Quo, hay un cambio radical, algo llega de nuevo y cambia totalmente esta forma de pensar pero que, curiosamente, es una oleada de nuevos títulos que comparten características con los juegos añorados por el nostálgico, la nueva ola de los RPG es la apoteosis de los nostálgicos al género clásico del Role Play Gaming, personalmente, la nostalgia había aletargado mi gusto por los videojuegos, por más que consumió uno tras otro, no encontraba algo pasional que llegase a sentir por estos, entonces surgió “El juego que tiene todo lo que quiero y que es perfecto por sobre los demás que son una completa basura que me desagradan” Si, los humanos tenemos la curiosa característica de encumbrar en un pedestal los juegos que nos parecen únicos mientras despreciamos a los demás, eso sucedió el día que probé Wasteland 2 y quede maravillado por la gama de recuerdo que se extendía ante mí, esto quizás pudo ser el equivalente a un “éxito pero no hay más así” y cambio totalmente cuando entro en escena Divinity Original Sin. Dos títulos de tinte clásico que no dejaran impávido al jugador promedio de buen rol. Sin embargo, este artículo no es para desmenuzar las cualidades de los títulos mencionados. Es para explicar lo que noté después.

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Al terminar Wasteland 2 y saborear la nostalgia dolorosa que deja cada final del trayecto, cada “Fin” de la historia, cada epilogo traumático que termina con una experiencia gratificante de 60 horas me di cuenta pasmado ante la pantalla de lo que había perdido por semanas, meses: La pasión por un videojuego. Me di cuenta entonces que me había empeñado en querer comparar juegos, querer comparar décadas y, como muchos, renegar de todos los títulos actuales, destazarlos a críticas injustas y fundirlos en el olvido con la típica frase “Antes se hacían videojuegos mejores” Había olvidado totalmente lo que era disfrutar de un videojuego porque la industria me había agotado y paradójicamente había regresado en el tiempo con Wasteland 2 justo para darme cuenta que fui injusto con todos los títulos desechados o no disfrutados.

De nostalgia no vive el jugador

ANTES: extensos cuadernos llenos de contraseñas – AHORA: guarda cada diez segundos.


Lamentablemente esto no me sucede únicamente a mí, conozco de buena fuente un puñado de personas que reniegan totalmente de los juegos actuales por la falta de empatía hacia estos y la constante comparación al pasado, el ancla que los funde con el tiempo pasado y evita que disfruten de los juegos del presente, un síndrome crónico que afecta al menos una vez en la vida a todos los jugadores (y sino, benditos sean) y que lamentablemente nos hace querer escribir doscientos artículos donde decimos “En que se equivoca la industria” en vez de recordar que “La industria avanza y es para todos” Olvidamos reflexionar sobre lo importante que nos sentimos. En el momento en que terminé Wasteland 2 y vi Divinity Original Sin me di cuenta que me había empeñado tanto en destruir a críticas a la industria y a pensar que habían títulos que lo hacían bien y otros que fallaban estrepitosamente en complacer MIS gustos. Esa es la clave.


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Lamentablemente el ser humano es egocéntrico, cree que sus gustos son únicos y que los medios deben acomodarse a ellos, ese egocentrismo esta, normalmente, controlado por el entretenimiento que nos dan las artes (en este caso, videojuegos) Sin embargo siempre llega el día donde al levantarnos y encender la computadora o la consola y ponernos con el enésimo título Shooter de turno nos demos cuenta que, por un momento, nos queremos sentir los más importantes del medio, queremos sentir que aún podemos ser complacidos por las empresas de videojuegos. Como muchos, habría optado por escribir un análisis de los juegos que me complacen a mí, prefiero más bien hacer una invitación, desde la humildad que caracteriza a los videojuegos, a reflexionar sobre la importancia que nos queremos dar y queremos dar a nuestros recuerdos, nos gusta destruir con críticas a los videojuegos que no llenan ese vacío que hace 10 años, 20 años quedaron inconclusos o insatisfechos con videojuegos que siempre estarán ahí, en el recuerdo pero que de un modo u otro, están en constante avance. Esta es una invitación para los jugadores que, como yo, nos hemos estancado y dejado de disfrutar los videojuegos porque sentimos que debemos ser satisfechos en nuestros gustos clásicos que, de un modo u otro, se encargan de volver.

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Entonces, si se encargan de volver, ¿Qué sentido tiene escribir este artículo? ¿A que va referido? ¿A dar una charla demagógica sobre algo que podría resumirse? No, va dirigido a aquellos que destruyen a criticas videojuegos por deseo a que las mecánicas que se quieren se hagan y se cumplan, a aquellos que, por egocentrismo desean (y deseamos, también hago introspectiva) ser satisfechos de todas las maneras con juegos de corte clásico en cualquier género y nos lanzamos a despotricar contra juegos que no nos divierten porque no queremos ser divertidos sino llenar ese vacío generacional que nos dejan las artes, ya sea el cine de los 80s, la literatura clásica o los videojuegos. No está mal sentirse nostálgico, de hecho, no hay sensación más bella que tener un buen recuerdo sobre algo que alimento tu vida por un tiempo, ¿Qué sería de nosotros sino sintiéramos nostalgia por la música del inicio de Monkey Island? ¿Qué sería de la industria si no recuerda constantemente sus raíces? No, no está mal sentirse nostálgico pero lo que es reprochable es el hecho de quejarnos por default, por querer encontrar problemas en videojuegos que, en realidad, son recuerdos y conflictos generacionales reflejados por nosotros mismos pues, queramos o no, la industria no está allí siempre para calmar nuestras ansias personales de algo en específico, avanza y con ella los gustos de todos sus espectadores.


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