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Vuelos para la historia

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Vuelos para la historia

A bordo de aviones soviéticos entre los años 1987 y 1989 meteorólogos cubanos viajaron en misiones investigativas al centro de varios organismos ciclónicos tropicales

Vuelos para la historia
Avion Laboratorio soviético AN. Personal Cubano-Soviético que tomó parte en las diferentes penetraciones realizadas al ojo del huracán Gilbert entre los días 11 y 15 de septiembre de 1988
Parte del grupo de especialistas cubanos y soviéticos involucrados en los vuelos al centro del huracán Gilbert, entre el 11 y el 15 de septiembre de 1988. Foto: Archivo


El 6 de septiembre de 1986 llegaba al capitalino aeropuerto internacional José Martí el primer avión laboratorio soviético para investigaciones meteorológicas que pisaba suelo de Cu­ba­.

La nave, un Iliushin-18, tendría como misiones fundamentales la de participar en los trabajos dirigidos a incentivar artificialmente las precipitaciones mediante la siembra de yoduro de plata en las nubes (fue una etapa de severa sequía en el país) y realizar vuelos de reconocimiento a los ciclones tropicales, cuyo desplazamiento fuera cercano a los contornos de nuestro archipiélago.

Con base operativa en el Centro Meteorológico Provincial de Camagüey el avión participó en diferentes campañas de lluvia provocada, principalmente en la región oriental. Penetrar en las imponentes nubes del tipo cumulonimbos preparó a los especialistas cubanos para trabajar en condiciones de suma turbulencia.

Sin embargo, no fue hasta septiembre del año siguiente en que se presentó la ocasión de volar a un organismo ciclónico, cuando después de azotar a la República Dominicana y Haití, la debilitada tormenta tropical Emily salió al mar con rumbo próximo al noroeste.

El Doctor en Ciencias Rafael Pérez Parrado, uno de los participantes en aquella histórica primera misión con fines científicos, contó a Granma que a pesar de la poca organización del sistema, el vuelo resultó en extremo peligroso.

“Recuerdo que el piloto soviético entró muy alto a la zona de mal tiempo y nos cogió tremenda granizada. Fueron tan fuertes los impactos que el hielo perforó algunas partes del avión e incluso, inutilizó varios equipos. Quedó tan averiado que no pudo volar más, y lo sustituyeron por un AN-12”.

35 HORAS DE TENSIÓN
La verdadera prueba de fuego llegó el 11 de septiembre de 1988, cuando ante la amenaza inmediata que significaba para las provincias orientales la presencia del huracán Gilbert en los mares al sur de la República Dominicana, se tomó la decisión de que la mencionada aeronave despegara en dirección al centro del peligroso fenómeno.

Según el testimonio ofrecido a este periodista por el fallecido doctor Alfredo Moreno Rodríguez, integrante del trío de compatriotas que viajó a bordo del AN-12 (conformado por dos investigadores y un navegante), junto a cinco científicos e igual número de tripulantes soviéticos, ya cercano a las aguas del extremo occidental de Haití, el avión quedó rodeado por una gruesa capa de nubes, y enseguida rompió a llover.

“De pronto parecía que viajábamos en un submarino acorralado por olas en extremo embravecidas. Solo que nos encontrábamos en el aire y las olas no eran más que densos torrentes de agua salidos de las enormes nubes”.

“Íbamos con los cinturones de seguridad ajustados, bajo tremenda tensión, pero sin dejar de hacer las observaciones indicadas. A cada minuto medíamos la velocidad y dirección del viento, entre otras variables, datos que nos indicaban cuán próxima estaba la región central del huracán”.

“Sacudido por fuertes corrientes descendentes el avión subía y bajaba de manera constante, en tanto la visibilidad se reducía prácticamente a cero. Casi era imposible distinguir el ala de la nave desde la ventanilla, y gracias a la pantalla del radar el piloto hacía las correcciones necesarias que mantenían el rumbo acordado”.

De acuerdo con lo relatado por el doctor Moreno, codirector en aquellos años del Laboratorio Conjunto Cubano-Soviético para el Estudio de la Meteorología Tropical y los Huracanes, casi al filo de las seis de la tarde de ese propio día y rompiendo nubes a una altura estimada de 3 000 metros, el AN-12 penetró en el ojo del Gilbert, que tenía un diámetro cercano a los 70 kilómetros. La impresionante claridad del cielo permitió divisar sin dificultades la superficie del mar.

“Enseguida empezamos a reportar al Instituto de Me­teo­ro­lo­gía la posición, el valor mínimo de presión atmosférica registrado, intensidad del viento, rumbo y localización de las áreas de lluvias más fuertes.

“Fue entonces cuando vimos a un costado de nuestra nave un avión cazahuracán norteamericano. Establecieron contacto con nosotros, y de forma respetuosa hubo un provechoso intercambio de información científica. Para toda la tripulación cubano soviética significó un momento muy emocionante, pues hablamos con ellos en igualdad de condiciones”.

La experiencia acumulada en tan difícil periplo resultó de mucha utilidad en las restantes misiones hechas al centro del huracán Gilbert los días 12, 13, 14 y 15 de septiembre de 1988, las cuales permitieron seguir con notable exactitud el rumbo y evolución del fortísimo organismo tropical, que llegó a tener vientos máximos de hasta 337 kilómetros por hora, y una presión mínima central de 888 hectopascal al cruzar por las inmediaciones de Caimán Grande.

Eso lo convirtió en el huracán más intenso registrado en el siglo XX en la Cuenca del Atlántico tropical, que incluye también al golfo de México y el mar Caribe.

Como señala el doctor Alfredo Moreno, fueron en total 35 horas de tensión en el aire, donde la pericia de la tripulación, y el afán investigativo de los científicos cubanos y soviéticos, se impusieron a las fuerzas destructivas de la naturaleza.

Vale apuntar que el 1ro. de octubre de 1966 y mientras hacía un vuelo de entrenamiento, un avión IL-18 de Cubana pidió permiso para acercarse al área de mal tiempo asociada a la circu­lación de la tormenta tropical Inés, situada al sur de la región central de nuestro país.

En la nave iba el meteorólogo Rolando Medina Prendes, trabajador de la oficina meteorológica del aeropuerto internacional José Martí, quien realizó un grupo de observaciones que contribuyeron a seguir la trayectoria del ciclón mientras atravesaba la mencionada zona.

Para el doctor Rafael Pérez Parrado, el más peligroso de los vuelos donde participó fue el efectuado al intenso huracán Hugo en septiembre de 1989, cuando se movía por los mares al norte de Puerto Rico.

“Nos cruzamos con el cazahuracanes norteamericano y al salir del ojo del ciclón una corriente descendente atrapó al aparato AN-12 y lo hizo caer cientos de metros en apenas unos pocos minutos. Era como si hubieran tirado un piano del último piso del Habana Libre, de veras pensé que no haríamos el cuento”.

La impronta dejada por aquellas riesgosas misiones constituye un hito digno de recordar en el año del aniversario 50 de la creación del Instituto de Meteorología, un capítulo a resaltar en la historia de esa disciplina científica en Cuba.

Meteorólogos cubanos participantes en los vuelos científicos al centro de ciclones tropicales

Alfredo Moreno Rodríguez, Rafael Pérez Parrado, Car­los Alberto Pérez, Daniel Martínez, Ramón Pérez Suá­rez y Omar García. Maritza Ballester y Milagro Sar­miento tomaron parte en una misión aérea a la periferia de la tormenta tropical Floyd en octubre de 1987.

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1 comentario - Vuelos para la historia

@SabriPuntoG -1

- Lo que estos cubanos-Soviéticos no pudieron pronosticar en su super avión... es que 6 meses después caía para siempre la Unión de Repúblicas Socialistas Soviética.... URSS....!!!