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Carmen Balcells

Carmen Balcells

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Carmen Balcells Segalà (Santa Fe de Segarra, Olujas, Lérida, 9 de agosto de 1930 - Barcelona, 21 de septiembre de 2015) fue una agente literaria española. Fue muy valorada por los autores, ya que logró eliminar los contratos vitalicios y otros excesos editoriales como imponer las cláusulas de cesión por tiempo limitado de un libro.
Hija mayor de cuatro hermanos, nació en el seno de una familia de pequeños propietarios rurales en Santa Fe de Segarra, pequeña localidad leridana de la comarca de la Segarra de solo cincuenta habitantes. Cursó sus estudios primarios en su pueblo natal. En 1946 se trasladó con su familia a Barcelona, donde haría diversos trabajos no relacionados con la literatura.
En 1955, entró en contacto con el poeta español Jaume Ferrán y con otros escritores destacados de aquellos años, como los hermanos Ferrater, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Juan Goytisolo, Josep Maria Castellet, etcétera. Tras esto, comenzó a trabajar como corresponsal en Barcelona en la agencia literaria ACER, propiedad del escritor rumano Vintilă Horia. Tiempo después, esta escritora se fue a París, lo que la llevó a fundar la Agencia Literaria Carmen Balcells.
Comenzó con la gestión de los derechos de traducción de autores extranjeros. Posteriormente, sería Luis Goytisolo el primer autor español a quien representó y al que seguirían una larga lista de destacados autores: Gabriel García Márquez, Mario Vargas Llosa, Julio Cortázar, Carlos Fuentes, Pablo Neruda, Miguel Delibes, Álvaro Mutis, Camilo José Cela, Vicente Aleixandre, Gonzalo Torrente Ballester, Manuel Vázquez Montalbán, José Luis Sampedro, Terenci Moix, Juan Carlos Onetti, Jaime Gil de Biedma, Carlos Barral, Josep Maria Castellet, Juan Goytisolo, Alfredo Bryce Echenique, Juan Marsé, Eduardo Mendoza, Isabel Allende, Rosa Montero y Gustavo Martín Garzo, entre otros.
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Mamá Grande del boom latinoamericano:
No le gustaba que la llamaran Mamá Grande, pero con ese apodo pasará a la historia. Será recordada como la matriarca indiscutida del reino de Macondo. O como la matrona que dio a luz en los 60 a la literatura latinoamericana, hasta entonces una gran desconocida, y la paseó por el mundo. Según Dasso Saldívar, biógrafo de Gabriel García Márquez, fue Mario Vargas Llosa -o Varguitas, como a su vez llamó ella al Nobel peruano hasta el fin de sus días- quien la bautizó de esa forma, en referencia al cuento de Gabo Los funerales de la Mamá Grande (1962).
Pero a diferencia de ese personaje de ficción o el de Úrsula Iguarán, la soberana absoluta de Cien años de soledad (1967) que muere ciega a los 122 años envuelta en olor de santidad, la verdadera Mamá Grande, la de carne y hueso, la agente literaria catalana Carmen Balcells, una de las más grandes en lengua castellana, falleció ayer a los 85 años, de manera discreta e inesperada, en su casa del Ensanche barcelonés, en el piso superior de la finca donde había forjado un imperio, aún en su poder: la agencia literaria que lleva su nombre.
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Tan temida -incluso odiada por muchos editores- como amada por sus autores, Carmen Balcells, la inventora del llamado boom latinoamericano, abandonó la escena, pero no el trono, aunque éste fuera en sus últimos años una silla de ruedas desde la cual recibía y despachaba asuntos en su casa, ataviada con imponentes túnicas blancas. Una costumbre que adoptaría por consejo de su amigo Gabo, el Nobel colombiano Gabriel García Márquez. Porque a pesar de la anunciada fusión de su imperio, a comienzos de 2014, con el del otro superagente mundial, el neoyorquino Andrew Wylie, no en vano apodado "el Chacal", la agente literaria más poderosa e influyente de la literatura hispánica conservó el completo control de su reino hasta el último momento.
De allí la reacción ayer de sorpresa del mundillo literario que quizás esperara de ella una longevidad más propia del realismo mágico. Como la de Claudio López Lamadrid, el director literario de Penguin Random House: "Hace 15 días comíamos con ella y el crítico Ignacio Echevarría. Se la veía llena de energía, era un hervidero de ideas, pensando siempre en sus autores, en sus intereses y en nuevas formas de contrato. Me alegra que haya muerto sin dolor, rodeada de los suyos, y que la agencia continuara siendo suya hasta el final. Fue tan irrepetible y única que le caben todos los epítetos maximalistas". O las declaraciones de su viejo compañero de ruta Jorge Herralde: "Le tenía una gran aprecio, la conocía desde fines de los 60. Éramos los últimos en activo de nuestra generación editorial", recuerda el editor de Anagrama en referencia a ese grupo de amigos como Carlos Barral, Esther Tusquets y Beatriz de Moura, conocido como la gauche divine, que renovaron la edición hispánica. "En los últimos años nuestra relación fue más intensa. Era una mujer difícil y dura, pero a la vez un personaje demasiado complejo para despachar en cuatro palabras. Sin embargo, supimos aparcar nuestros desacuerdos profesionales. Carmen oscilaba entre lo genial y lo genialoide, con unos criterios a veces incomprensibles. Y contemplábamos su última etapa de la agencia con dolorido estupor, porque no se veía nada claro cómo finalizarían sus interminables y variables negociaciones", completa.
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Lo cierto es que todo había comenzado a fines de la década del 50, cuando una muchacha de baja extracción de la Cataluña profunda (Santa Fe de Sagarra, 1930) y poca formación (era sólo perito mercantil), pero férrea voluntad, comenzó a trabajar -tras dar sus primeros pasos con el agente literario rumano Vitila Horia- con el mítico Carlos Barral, encargada de gestionar los derechos en el extranjero de sus autores. Y en cierto modo fue el impulso del Premio Biblioteca Breve el creador de la bête noir de los futuros editores, porque para 1960 Balcells fundó su propia agencia junto a la mujer de Barral, Yvonne Hortet -que siempre se arrepentiría de haberle vendido poco después su 50% de las acciones-, y en poco menos de una década no sólo crearía de la nada su imperio, sino que además cambiaría para siempre las reglas de la edición con su agresivo estilo: reduciendo el tiempo de los contratos, fraccionándolos geográficamente o incluso multiplicándolos al eliminar la cláusula de exclusividad del editor.
Isabel Allende

Una revolución que permitiría la profesionalización de una serie de autores que pasarían a la historia de la literatura. Entre los primeros, Vargas Llosa, flamante ganador del Biblioteca Breve, pero también un ignoto reportero colombiano que por entonces escribía el manuscrito de una obra que prometía, Cien años de soledad, de la que Balcells se enteraría por el soplo de José Caballero Bonald.
Carmen Balcells
Célebres son ya algunas de sus frases: "Yo no tengo amigos, tengo intereses", o la perla que regaló a Antonio Lucas en 2010 en una de sus contadísimas entrevistas: "Valgo más por lo que callo que por lo que digo". Como también la conversación telefónica en la que aquel muchacho colombiano le preguntaría: "¿Me quieres, Carmen?". "No te puedo contestar, eres el 36,2% de nuestros ingresos".
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Lo cierto es que aquella dama de hierro se convirtió, pese a su rudeza, en una verdadera Mamá Grande que cuidó de sus polluelos con celo. Se ocupaba de buscarles casa en Barcelona, del colegio de sus hijos, de la cobertura médica, les hacía de cajero automático en una época en que no los había e incluso los socorría en sus líos de faldas. Sólo dos anécdotas bastan para ilustrar ese saber hacer maternal. Desde que un arruinado Gabriel García Márquez le pidiera 3000 dólares como regalo de cumpleaños, Balcells se los continuaría enviando a cada aniversario hasta su fallecimiento. Y las palabras con que Carlos Fuentes se acercó a ella ya lo dicen todo: "Carmen, ¿quieres ser mi mami? Prometo respetarte y saludarte los días de mayo", le confesó a Xavi Ayén, autor de la biografía colectiva Aquellos años del boom (RBA).
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Eso explica el exponencial crecimiento del imperio Balcells durante las décadas del 70 y 80. Para los 300 representados que atesora hoy su cartera de clientes, y para su legado, el futuro es incierto. Como lo es el de su archivo de originales, cartas y bibliotecas de autor, que había vendido al Ministerio de Cultura español en 2011 por tres millones de euros, porque la agente jamás dio puntada sin hilo. En la incertidumbre que le sigue a la muerte, quien probablemente se relama hoy sea el temible Chacal Andrew Wylie.
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Isabel Allende

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3 comentarios - Carmen Balcells

Anonim01 +1
Interesante
+ 5
Grax por los tuyos en Serie: Los Pintores - 39 - Maqbool Fida Husain
saludos
YnnurB