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Informacion sobre el 25 de mayo

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ACTA DEL 25 DE MAYO DE 1810

En la muy Noble y muy Leal Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de Buenos Aires, a 25 de Mayo de 1810; los Señores del Exmo. Cabildo, Justicia y Regimiento, a saber: D. Juan José de Lezica y D. Martín Gregorio Yaniz, Alcaldes ordinarios de primero y segundo voto; Regidores D. Manuel Mancilla, Alguacil Mayor; D. Manuel José de Ocampo; D. Juan de Llano; D. Jaime Nadal y Guarda; D. Andrés Domínguez; D. Tomás Manuel de Anchorena; D. Santiago Gutiérrez; y el Dr. D. Julián de Leiva, Síndico Procurador general; se enteraron de una representación que han hecho a este Exmo. Cabildo un considerable número de vecinos, los Comandantes, y varios oficiales de los cuerpos voluntarios de esta capital, por si y a nombre del pueblo; en que, indicando haber llegado a entender que la voluntad de este resiste la Junta, y Vocales que este Excmo. Ayuntamiento se sirvió erigir, y publicar a consecuencia de las facultades que se le confirieron en el Cabildo abierto de 22 del corriente; y porque puede, habiendo reasumido la autoridad y facultades que confirió, y mediante la renuncia que ha hecho el Señor Presidente nombrado y demás Vocales, revocar y dar por de ningún valor la Junta erigida y anunciada con el Bando de ayer, 24 del corriente; la revoca y anula, y quiere que este Exmo. Cabildo proceda á hacer nueva elección de Vocales que hayan de constituir la Junta de Gobierno, y han de ser los Señores D. Cornelio de Saavedra, Presidente de dicha Junta, y Comandante general de Armas, el Dr. D. Juan José Castelli, el Dr. D. Manuel Belgrano, D. Miguel Azcuenaga, Dr. D. Manuel Alberti, D. Domingo Mateu, y D. Juan Larrea, y Secretarios de ella los Doctores Don Juan José Passo, y D. Mariano Moreno, cuya elección se deberá manifestar al pueblo por medio de otro bando público; entendiéndose ella bajo la expresa y precisa condición de que, instalada la Junta, se ha de publicar en el término de 15 días una expedición de 500 hombres para auxiliar las provincias interiores del reino, la cual haya de marchar a la mayor brevedad, costeándose ésta con los sueldos del Exmo. Sr. D. Baltazar Hidalgo de Cisneros, Tribunales de la Real Audiencia Pretorial, y de Cuentas, de la Renta de tabacos con lo demás que la Junta tenga por conveniente cercenar, en inteligencia, que los individuos rentados no han de que dar absolutamente incongruos, porque ésta es la manifiesta voluntad del pueblo. Y los Señores, habiendo salido al balcón de estas casas capitulares, y oído que el pueblo ratificó por aclamación el contenido de dicho pedimento o representación, después de haberse leído por mi en altas e inteligibles voces, acordaron que debían mandar y mandaban se erigiese una nueva Junta de Gobierno compuesta de los Señores expresados en la representación de que se ha hecho referencia, y en los mismos términos, que de ella aparece, mientras se erige la Junta general del Virreinato: Lo segundo: que los Señores, que forman la precedente corporación comparezcan sin pérdida de momentos en esta Sala Capitular á prestar el juramento de usar bien y fielmente sus cargos, conservar la integridad de esta parte de los dominios de América á nuestro Amado Soberano el Señor D. Fernando VII, y sus legítimos sucesores, y observar puntualmente las Leyes del Reino. Lo tercero: que luego que los referidos Señores presten el juramento sean reconocidos por depositarios de la autoridad superior del Virreinato, por todas las corporaciones de esta capital, y su vecindario, respetando y obedeciendo todas sus disposiciones, hasta la congregación de la Junta general del Virreinato, bajo las penas que imponen las Leyes á los contraventores. Lo cuarto: que la Junta ha de nombrar quien deba ocupar cualquiera vacante por renuncia, muerte, ausencia, enfermedad, ó remoción. Lo quinto: que aunque se halla plenísimamente satisfecho de la honrosa conducta, y buen procedimiento de los SS mencionados, sin embargo, para satisfacción del Pueblo, se reserva también estar muy á la mira de sus operaciones y caso no esperado, que faltasen á sus deberes, proceder á la deposición con causa bastante, y justificada, reasumiendo el Excmo. Cabildo para este solo caso la Autoridad que le ha conferido el pueblo. Lo sexto: que la nueva Junta ha de celar so sobre (sic) el orden y la tranquilidad pública, y seguridad individual de todos los vecinos, haciéndosele, como desde luego se le hace, responsable de lo contrario. Lo séptimo: que los referidos Señores se componen la Junta provisoria, queden excluidos de ejercer el poder judiciario, el cual se refundirá en la Real Audiencia, a quien se pasarán todas las causas contenciosas, que no sean de gobierno. Lo octavo: que esta misma Junta ha de publicar todos los días primeros del mes un Estado en que se dé razón de la administración de Real Hacienda. Lo nono: que no pueda imponer contribuciones, ni gravámenes al pueblo: ó sus vecinos, sin previa consulta y conformidad de este Exmo. Cabildo. Lo décimo: que los referidos Señores despachen sin pérdida de tiempo órdenes circulares á los Jefes de lo interior, y demás á quienes corresponda, encargándoles muy estrechamente, y bajo de responsabilidad, hagan que los respectivos Cabildos de cada uno, convoquen por medio de esquelas la parte principal, y mas sana del vecindario, para que formando un Congreso de solos los que en aquella forma hubiesen sido llamados, elijan sus Representantes, y estos hayan de reunirse á la mayor brevedad en esta Capital, para establecer la forma de gobierno que se considere mas conveniente. Lo undécimo: que elegido así el Representante de cada ciudad, ó villa, tanto los electores, como los individuos capitulares le otorguen poder en pública forma, que deberán manifestar cuando concurran á esta Capital, á fin de que se verifique su constancia; jurando en dicho poder no reconocer otro soberano que al Sr. D. Fernando VII y sus legítimos sucesores, según el órden establecido por las leyes y estar subordinado al gobierno que legítimamente les represente. Cuyos capítulos mandan se guarden y cumplan precisa, y puntualmente, reservando á la prudencia y discreción de la misma Junta el que tome las medidas mas adecuadas, para que tenga debido efecto lo determinado en el artículo diez, como también el que designe el tratamiento, honores, y distinciones del Cuerpo, y sus individuos, y que para que llegue a noticia de todos, se publique esta acta por bando inmediatamente, fijándose en los lugares acostumbrados. Y lo firmaron de que doy fé. Juan José Lezica; Martín Gregorio Yaniz; Manuel Mancilla; Manuel José de Ocampo; Juan de Llano; Jaime Nadal y Guarda; Andrés Domínguez; Tomas Manuel de Anchorena; Santiago Gutiérrez; Dr. Julián Leiva; Licenciado D. Justo José Núñez, escribano público y de Cabildo.

ACTA DE LA INSTALACION DE LA JUNTA

En la muy Noble y muy Leal ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa Maria de Buenos Aires, á 25 de Mayo de 1810, sin haberse separado en la Sala Capitular los Señores del Excmo. Cabildo, se colocaron á la hora señalada bajo de docel, con sitial por delante, y en él la imagen del Crucifijo y los Santos Evangelios y comparecieron los Señores Presidente y Vocales de la nueva Junta Provisoria gubernativa, D. Cornelio de Saavedra, Dr. D. Juan José Castelli, Licenciado D. Manuel Belgrano, D. Miguel de Azcuénaga, Dr. D. Manuel Alberti, D. Domingo Mateu y D. Juan Larrea; y los Señores Secretarios Dr. D. Juan José Passo y Dr. D. Mariano Moreno, quienes ocuparon los respectivos lugares que les estaban preparados, colocándose en los demás los Prelados, Jefes, Comandantes y personas de distinción que concurrieron. Y habiéndose leído por mi, el actuario, la acta de elección, antes de jurar expuso el Sr. Presidente electo, que en el día anterior había hecho formal renuncia del cargo de Vocal de la primera Junta establecida, y que solo por contribuir á la tranquilidad pública y á la salud del pueblo, admitía el que se le conferían de nuevo, pidiendo se sentase en el Acta esta su exposición: seguidamente hincado de rodillas, y poniendo la mano derecha sobre los Santos Evangelios prestó juramento de desempeñar legalmente el cargo, conservar íntegra esta parte de América á nuestro Augusto Soberano el Sr. Don Fernando VII, y sus legítimos sucesores, y guardar puntualmente las leyes del Reino. Lo prestaron en los mismos términos los demás Señores Vocales por su orden, y los Señores Secretarios contraído el exacto desempeño de sus respectivas obligaciones: habiendo expresado el Sr. Don Miguel de Azcuénaga, que admitía el cargo de vocal de la Junta, para que por el Excmo. Cabildo, y por una parte del pueblo había sido nombrado en este día, atento al interés de su bien orden, y tranquilidad: más que debiendo ser la opinión, no solo del Exmo. Cabildo, sino la universal de todo el vecindario, pueblo, y partidos de su dependencia, pedía se tomara la que faltase y la represente; para la recíproca confianza, y seguridad de validez de todo procedimiento. Finalizada la ceremonia dejó el Excmo. Cabildo el lugar que ocupaba bajo el docel y lo tomaron los Señores Presidente y Vocales de la Junta; y el Sr. Presidente exhortó al concurso, y al pueblo a mantener el órden, la unión, y la fraternidad como también á guardar respeto, y hacer el aprecio debido de la persona del Excmo. Sr. Don Baltazar Hidalgo de Cisneros, y toda su familia; cuya exhortación repitió en el balcón principal de las casas capitulares, dirigiéndose a la muchedumbre del Pueblo que ocupaba la plaza. Con lo que se concluyó la acta de instalación, retirándose dicho Sr. Presidente, y demás Señores Vocales, y Secretarios á la Real Fortaleza por entre un inmenso concurso con repiques de campanas, salva de artillería en aquella, adonde no paso por entonces el Excmo. Cabildo, como lo había ejecutado la tarde de la instalación de la primera Junta, á causa de la lluvia que sobrevino, y de acuerdo con los Señores Vocales, reservando hacer el cumplido el día de mañana y lo firmaron de que doy fé Juan José Lezica; Martin Gregorio Yaniz; Manuel Mancilla; Manuel José de Ocampo; Juan de Llano; Jaime Nadal y Guarda; Andrés Domínguez; Tomas Manuel de Anchorena; Santiago Gutiérrez; Dr. Julián Leiva; Cornelio de Saavedra; Dr. Juan José Castelli; Manuel Belgrano; Miguel de Azcuénaga; Dr. Manuel Alberti; Domingo Mateu; Juan Larrea; Dr. Juan José Passo; Dr. Mariano Moreno; Licenciado Don Justo José Núñez, escribano público y de Cabildo.


* La Revolución de Mayo: una deuda argentina a Napoleón

Después de la derrota del ejército español en las Navas de Tolosa el 20 de enero de 1810, Andalucía cayó en poder de Napoleón, y su hermano José entró en Sevilla el 1º de febrero de 1810. Toda la casa real estaba prisionera en Francia. Con excepción de Cádiz y la isla de León, defendidas por el duque de Albuquerque con apoyo británico, todo el territorio español quedaba bajo dominio francés. La Junta Suprema se autodisolvió, presionada por el general Wellesley y el embajador británico Frere, pero en acuerdo con la Junta de Cádiz creó el Consejo de Regencia, que infructuosamente pretendió gobernar España y sus colonias en nombre del rey Fernando VII.
El derrumbe del régimen español ya era total e inocultable, desafiado por los mismos monopolistas españoles y sin base popular. Esta, por supuesto, era una situación que venía gestándose desde la deposición de Fernando VII, y que se extendía mucho más allá del Río de la Plata. En Chile en 1808, cuando el gobernador Muñoz de Guzmán murió, la milicia criolla apoyó a su comandante contra el presidente de la Audiencia y lo ungió gobernandor interino. Aunque la situación no duró demasiado, fue un duro golpe al orden colonial existente. Gradualmente, en toda la región se tornaría cada vez más difícil definir los términos de la legitimidad y la legalidad.
Algo similar había ocurrido en 1809 en el Alto Perú con las intrigas de la infanta Carlota, que había conspirado para ser reconocida como soberana interina. En Charcas fue apoyada por Pizarro, el presidente de la Audiencia, pero los oidores de ésta, que hacía tiempo se oponían a Pizarro, reaccionaron instituyendo una Junta Criolla que gobernó en nombre del rey cautivo. Esta fue una revolución de blancos criollos, y fue seguida por una revolución de mestizos en La Paz. Ambas revueltas fueron sofocadas por las tropas enviadas por los virreyes de Buenos Aires y Lima, pero ilustran la gradual quiebra del orden colonial antes de que éste sufriera un colapso total en Buenos Aires en 1810. Aun los sectores proespañoles entendían que las instituciones prevalecientes ya no podían garantizar el orden.
En este sentido, es interesante subrayar que tal como se daban las cosas en la América española, no existía ni un dejo de las fuerzas centrípetas que en ese mismo momento soldaban a la sociedad española en su guerra de independencia contra Francia. En España existía una sociedad "nacional" en un grado mucho mayor que en Hispanoamérica (siendo la existencia de una sociedad "nacional" siempre una cuestión de grado). Si a pesar de las fuerzas centrípetas que efectivamente operaban en España hacia 1810 Francia estaba conquistando España, la situación de Hispanoamériaca, donde las fuerzas centrífugas eran mucho más poderosas, sólo permitía prever la anarquía, y ése pronto sería el destino del Río de la Plata.
El 13 de mayo de 1810 las noticias de la caída de Andalucía llegaron a Buenos Aires y a Montevideo a bordo de embarcaciones británicas. Cisneros expresó públicamente su pesimismo sobre el futuro de España y su decisión de luchar por la independencia de América, pidiendo unión y calma a la población. Gracias, pues, a Napoleón, el terreno estaba preparado para la Revolución de Mayo. Frente a la disolución de la Junta Suprema, que supuestamente había representado hasta entonces la soberanía española, el 20 de mayo el Cabildo, los jefes militares y los vecinos principales decidieron tomar medidas para la defensa contra Francia.
Para resolver esta crisis que desafiaba su autoridad como virrey, Cisneros necesitaba apoyarse en la fuerza militar. A las ocho de la noche del mismo día 20 convocó a los comandantes de la ciudad, que se negaron a darle apoyo. El comandante Saavedra le respondió que, frente a la situación española, estas provincias reasumirían sus derechos de autogobierno, y que el virrey carecía ahora de autoridad.
Sin apoyo militar, Cisneros se dio por vencido, resignándose a aceptar la atribución de elegir la forma de gobierno que los vecinos exigían para sí. Confiaba, sin embargo, en que el Cabildo buscaría mantener al virrey en la jefatura del gobierno, con el apoyo de algunos patriotas que creían posible alcanzar la independencia con su figura. A su vez, los militares patriotas resolvieron el acuartelamiento de los batallones porteños, listos para salir a la calle.
Al día siguiente, una multitud conducida por French y Beruti reclamó Cabildo Abierto, exigiendo la representación del pueblo en las decisiones. A partir de entonces, en todos los documentos aparecería el "pueblo" apoyando la revolución. Se trataba de los "manolos" y "chisperos", un nuevo grupo social que emergió con la revolución y cuya movilización marcaría la historia del país durante muchas décadas.
El Cabildo solicitó a Cisneros permiso para convocar al pueblo a un "congreso público", y éste dio autorización para un Cabildo Abierto limitado a los vecinos principales, como mejor manera de asegurar el orden. Era el último recurso del virrey para conservar su autoridad, confiando en el apoyo de los vecinos peninsulares. A estas alturas todos, incluido el virrey, coincidían en el principio de que la soberanía residía en el pueblo y que debía aceptarse el deseo de la mayoría. Saavedra sería el responsable del orden público.
El 22 de mayo se reunieron más de doscientos ciudadanos en el Cabildo. El obispo de Buenos Aires, Benito Lué, expresó la tesis del bando peninsular de que no debía producirse cambio alguno, pues mientras existieran autoridades españolas, cualesquiera que ellas fueran, éstas debían gobernar las colonias americanas. Dicha tesis fue rebatida por el abogado criollo Juan J. Castelli, quien se basó en el hecho técnico de que América no dependía de España sino del monarca. Frente a su ausencia y a la ocupación de España por los franceses, sólo cabía reasumir la soberanía popular y nombrar un gobierno representativo.
El fiscal de la Audiencia, el respetado jurista Manuel Genaro de Villota, dijo aceptar la tesis de Castelli, pero sostuvo que la soberanía popular no podía ser ejercida por una sola provincia o municipio, y antes de tomar decisiones se debía consultar con las demás jurisdicciones del virreinato. A la postura de Villota respondió Juan José Paso, el abogado patriota de mayor prestigio, arguyendo que Buenos Aires era la "hermana mayor" de las provincias, y que ante la urgencia debía asumir la gestión de sus negocios, sin perjuicio de consultar con las demás posteriormente. La Asamblea aclamó el discurso de Paso, que se convirtió en el héroe de la jornada. Hubo consenso en la ilegitimidad de los títulos del virrey. Muchos peninsulares, incluido el general Pascual Ruiz Huidobro y los conservadores canónigos, votaron por la cesación del virrey y la elección de un nuevo gobierno.
El 23 de mayo el Cabildo se reunió para terminar el escrutinio. La Asamblea había resuelto claramente que la autoridad recayera provisionalmente en el Cabildo, quien designaría una Junta "en la manera que estime conveniente". Esta Junta ejercería el gobierno hasta que se reunieran los diputados de todas las provincias para establecer una forma de gobierno más permanente. Consecuente con estas facultades, el 24 de mayo el Cabildo designó una Junta de Gobierno provisional cuyo presidente era el ex virrey Cisneros y los vocales el comandante Cornelio Saavedra, el doctor Juan José Castelli, el presbítero Juan Nepomuceno Solá y el comerciante José Sánchez Inchaurregui. La Junta debía obrar para preservar la integridad de esta parte de los dominios de América para el señor Fernando VII y sus legítimos sucesores, y debía observar escrupulosamente las leyes del reino.
Esta solución conservadora que mantenía a Cisneros al frente del gobierno buscaba, entre otros fines, evitar la oposición del Interior a las resoluciones de Buenos Aires. Los militares aprobaron la decisión del Cabildo, los peninsulares se felicitaron de ver al virrey a cargo del gobierno aunque bajo un título diferente, y el mismo 24 se celebró la jura del nuevo gobierno. Pero en los medios revolucionarios, que detestaban a Cisneros desde su represión de la rebelión patriota en el Alto Perú, cundió la protesta, que llegó rápidamente a los cuarteles.
Frente a la inminencia de un movimiento subversivo, el Cabildo consideró la necesidad de separar al virrey. Hacia el anochecer, los oficiales del cuerpo de Patricios estaban en deliberación permanente, y costó mucho aquietar los ánimos para postergar la decisión hasta el día siguiente. La misma Junta Provisional, alarmada por los sucesos, se dirigió al Cabildo para solicitar su reemplazo.
El Cabildo se reunió a la mañana siguiente para considerar esta petición. En un primer momento intentó rechazar la renuncia y sostener a la Junta designada el día anterior. Mientras tanto, los jóvenes French y Beruti agitaban a la gente y tomaban la iniciativa de proponer los nombres de los integrantes de una nueva junta: presidente y comandante de armas Cornelio Saavedra; vocales Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, Domingo Matheu y Juan Larrea; y secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno. El Cabildo ante tanta presión aceptó finalmente la renuncia de Cisneros y sus vocales, y proclamó como nueva Junta de Gobierno la mencionada en el petitorio popular. En definitiva era el mismo procedimiento adoptado por las Juntas españolas, con la diferencia de que los patriotas porteños se rebelaban contra el Supremo Consejo de Regencia. Se reconocía que el origen de la soberanía residía en el pueblo, y la Junta gobernaría en nombre de Fernando VII, reclamando obediencia de las Intendencias y autoridades del antiguo virreinato, y exigiéndoles el juramento de lealtad. (1)


1.

Debido a su complejidad, el significado de la Revolución de Mayo de 1810 ha sido una cuestión de debate en la historiografía argentina. Entre otros, Vicente F. López considera que cualesquiera fuesen las protestas de fidelidad futura realizadas a Fernando VII, cautivo de Napoleón, el hecho fue que se mandó derrocar por las armas a todos los que hubieran podido estar a su favor (alusión a las expediciones armadas enviadas a las demás gobernaciones del virreinato) y que dicha declaración de guerra hecha para sostener a un gobierno revolucionario hacía imposible transigir con la soberanía de la metrópoli. En opinión del mencionado historiador, como en la capital no se tenía certeza de cuál habría de ser la opinión del pueblo en las demás provincias del virreinato, se creyó conveniente disfrazar por algún tiempo los propósitos inevitables de la Revolución, limitándolos, por el momento, a la creación de un gobierno propio que tuviese a su cuidado los dominios del rey de España hasta que saliera del cautiverio: cosa más que lejana, debido al poder omnímodo de que disfrutaba Napoleón en esos días. Es ésta la tesis que sostiene que los revolucionarios porteños adoptaron la “máscara de Fernando VII” para ocultar sus propósitos independentistas. Vicente F. López, Historia de la República Argentina, 10 vols., Buenos Aires, Sopena, 1964, p. 42. Por el contrario, Enrique de Gandía señala que el pueblo que impuso la Junta del 25 de mayo era el mismo que había logrado la sustitución de Sobremonte en agosto de 1806. Según Gandía “ni en 1806 ni en 1810 se hablaba de independencia política, absoluta, de un nuevo Estado, sino de cambios de hombres y de forma de gobierno. La política dominante era la de considerar el pueblo como fuente de poder y acatar sus deseos como órdenes superiores a las del rey”. Enrique de Gandía, Orígenes desconocidos del 25 de Mayo de 1810, Buenos Aires, Orientación Cultural, 1960, p. 61. A su vez Vicente D. Sierra afirma que “los hombres de Mayo no fueron perjuros al jurar fidelidad a Fernando VII, ni cínicos al repetir que sus intenciones fueron independizar las tierras de América de la suerte reservada a la Metrópoli por la usurpación bonapartista, y conservar intactos estos dominios para el legítimo representante de la monarquía española”. Sierra concuerda con el relato de algunos protagonistas de aquellos sucesos en que “fue la conducta de los españoles y sobre todo, la de Fernando al ser restituido al trono de sus mayores, la que acabó de borrar toda disposición en favor del mantenimiento de la unidad de la monarquía española”. Por último, el mencionado autor señala que “nadie aspiró a formar naciones sino a fortalecer un gran imperio español-americano”, lo cual encierra más de verdad en la primera premisa que en la segunda. Vicente D. Sierra, Historia de la Argentina, tomo IV, Buenos Aires, Editorial Científica Argentina, 1969, pp. 582 y 585. En cierta medida, los rebeldes no sabían bien qué era lo que defendían, y es posible que se hayan autopercibido no tanto como rebeldes sino como herederos de un poder caído.

Informacion sobre el 25 de mayo 25 de mayo
Argentina
1810.

Bueno esto fue un poco de informacion sobre el 25 de mayo,,en realidad son hechos sin tanta relevancia y bastante aislados por eso me parecio importante ponerlos aca.

Fuente: gracias a www.escolares.com

acta de 25 de mayo

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9 comentarios - Informacion sobre el 25 de mayo

@gualeguay +1
para la próxima trata de extractar lo mas relevante del articulo que vas a postear y las imagenes ponelas al principio, para captar la atencion del que ingresa al post, que sigan los exitos
@Gise_90
todo copy paste q mal ch3!!
@WEY_JR +1
esta informasion esta re buena