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El largo día de vivir de Miguel Abuelo

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El largo día de vivir de Miguel Abuelo

No es la matemática la que determina cuándo finaliza una década, sino los hechos y para el rock vernáculo los 80 terminaron el 26 de marzo de 1988, día en que murió Miguel Abuelo.

Decir que en todo este tiempo su obra se mantuvo intacta es mentir: la distancia le otorgó un brillo aún más intenso y una paleta de colores digna de un impresionista. "Yo soy mi propio invento", escribió Miguel Abuelo cuando cantó los 40 [«A mis 40 años»] y tenía razón. Se crió en un internado de Floresta y en Munro; vivió en una pensión donde se refugiaba la generación que encendería la mecha del rock argentino; fue folklorista y soñó con escribir la Historia Universal de la Realidad; boxeó con guantes y también sin ellos para abrirse paso en una sociedad esquiva; marchó hasta el fin por las rutas argentinas, pero también vagó por Francia, España, Inglaterra; creó a Los Abuelos de la Nada primero con su labia y luego con actos, y abrazó esa frase extraída de El banquete de Severo Arcángelo, de Marechal, hasta el fin de sus días, cuando sintiéndose solo bautizó a su último grupo como Miguel Abuelo en Banda.

"Yo estuve muy solo, pero solo sin recuerdos", cantó en "Estoy aquí parado, sentado, acostado", versos escritos a fines de los 60 por su amigo Pipo Lernoud, palabras (puñales) cómplices que lo acompañaron desde mucho antes que las cantara, desde el 21 de marzo de 1946 en que asomó a este mundo, y que se adhirieron a Miguel Angel Peralta como sombra hasta el 26 de marzo de 1988, cuando dijo basta su cuerpo abatido por el sida.

En esa primavera de 1988, empezó la segunda etapa de "El largo día de vivir", otra de sus canciones poco difundidas. En ella, adhirió a una verdad grande: "Todo nos falte en el mundo, todo, menos la alegría". ¿Dónde está la canción? Perdura en el más mítico de todos sus actos, su "disco francés" ( Miguel Abuelo et Nada ; 1975), ése que hoy puede conseguirse por Internet a 275 euros el objeto o gratis en MP3.

Si a fines de los 60 acompañó el comienzo del rock local, tanto como solista como con los primeros Abuelos; en los 70, fue su derrotero europeo el que dominó sus días. Después de un largo trajinar en los 80 alcanzaría su hora de mayor reconocimiento con Los Abuelos más recordados, con Cachorro López, que lo rescató del Viejo Continente; con Andrés Calamaro, Gustavo Bazterrica, Daniel Melingo (luego Alfredo Desiata), Polo Corbella y más tarde con Juan del Barrio, su sobrino Chocolate Fogo y otro amigo de la vida: Kubero Díaz. Fueron los días de "No te enamores nunca de aquel marinero bengalí", de "Himno de mi corazón", de "Lunes por la madrugada", de "Cosas mías" y también de "Buen día, día", la canción que le dio nombre a su único álbum solista de ésa década.

El Abuelo trovador hoy es objeto del nacimiento de una nueva canción de autor y cada una de sus etapas son recordadas por quienes lo acompañaron y por los que vinieron después y aunque compartimos aquello de que "la forma de vivir no es la forma en la que vivimos hoy", su música es ímpetu para transitar por el largo día de vivir.

Fuente:
http://www.lanacion.com.ar/EdicionImpresa/espectaculos/nota.asp?nota_id=998590

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