Londres y su Trasporte Publico. Londres 2012

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A diez meses para la inauguración de los Juegos Olímpicos, Londres lucha todavía para que sus transportes estén a la altura de un evento de tal magnitud, una misión que no es sencilla en una ciudad de grandes dimensiones, donde los desplazamientos son a menudo una pesadilla.

Una cifra resume el grado del desafío que tienen entre manos los dirigentes de TFL (Transport for London), el organismo público que controla los tranportes de la capital: tienen un presupuesto especial de 6.500 millones de libras (7.500 millones de euros).

Como dato comparativo, el presupuesto de los Juegos Olímpicos, sin tener en cuenta el apartado de transportes, ascendería a 9.300 millones de libras.

Con su metro vetusto y que arrastra problemas desde hace décadas, calles a menudo con atascos pese al sistema de 'peaje urbano' y estaciones que necesitan una renovación, Londres parece lejos del nivel esperado, cuando ya se acerca la cita olímpica, en la que unos 8 millones de personas viajarán al lugar en esos días de julio y agosto.

"Los expertos que han trabajado en el informe de la candidatura nos han ayudado mucho, denunciando desde el principio que los transportes eran un gran problema", explica Graham Stephens, director de coordinación de los Juegos Olímpicos para TFL.

"Los transportes londinenses van a salir de todo esto regenerados", asegura, sin perder la sonrisa.

La mayor parte de los esfuerzos se han centrado en los accesos al Parque Olímpico, construido en un barrio del este de la ciudad, tradicionalmente considerado una zona pobre de los suburbios.

La estación de Stratford, por la que pasarán cada día 250.000 personas durante los Juegos, ha sido completamente renovada. Incluso un tramo de la línea de tren de alto velocidad Londres-París, que pasa justo al lado, ha sido acondicionado para que sirva de conexión de enlace en tiempo récord entre el estadio Olímpico y el centro de la ciudad.

A la espera de todas las mejoras prometidas, los londinenses continúan sufriendo y siendo víctimas de cierres continuos de líneas de metros por obras inacabadas o distintos problemas.

"Todo estará listo a tiempo", insisten los responsables de TFL.

Algo menos optimista, el diario londinense The Evening Standard vaticina que Londres estará paralizado durante dos semanas, con transportes en un caos tan continuo como inevitable.

En el segundo piso de la sede de TFL, al sur del río Támesis, un 'ejército' de ingenieros y técnicos están ya en pie de guerra para ganar esa batalla.

Simulan en una pantalla, día a día y casi calle por calle, la estimación de circulación en superficie durante los Juegos. Su principal rompecabezas tiene que ver con el desplazamiento de los 50.000 atletas, directivos y otras personalidades, lo que supone un flujo medio de 1.100 coches por hora.

Para Garrett Emmerson, que supervisa la operación, "una de las grandes dificultades de estos Juegos es el número importante de pruebas previstas en el corazón de la ciudad", como el maratón, el vóley-playa o el triatlón.

La estrategia de TFL se apoya además en poder convencer de aquí a agosto al 30% de los londinenses -y a sus jefes- de que trabajen en casa, para rebajar la demanda de transporte en esos días y liberar un poco las calles.

"Gracias a los Juegos Olímpicos, Londres se ha convertido en un laboratorio para los deplazamientos colectivos", afirma Nathalie Leclerc, directora de Intermodes, una empresa francesa dedicada a favorecer la "interoperabilidad" de los transportes en Europa.

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