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Artículo de David Bravo sobre SOPA y Megaupload

1. SOPA

El 18 de Enero los internautas se echaban a la Red para protestar contra SOPA, una Ley que demuestra que el legislador teje leyes que le quedan como un guante a la industria del copyright. La edición inglesa de la Wikipedia y hasta unos 7.000 sitios web protestaron contra la posible aprobación de la ley suspendiendo sus servicios. Las semejanzas entre SOPA y la Ley Sinde subrayan que el autor de la segunda no es el guiñol que le prestó su nombre. El autor hay que buscarlo en EE UU, que ha encontrado en España un territorio ideal de pruebas para su nueva arma.

SOPA permitiría que los titulares de derechos de propiedad intelectual que los crean vulnerados denuncien al supuesto infractor para conseguir el cierre de su web, y ello aunque sus servidores estén fuera de EE UU. Aunque el proyecto se encuentra congelado, por las declaraciones de sus impulsores el día que sacaron bandera blanca, es fácil prever que sólo es cuestión de tiempo que se produzca un nuevo intento para su aprobación.

2. El cierre de Megaupload

Al día siguiente de las protestas contra SOPA, el FBI cerró el servicio de alojamiento de archivos más utilizado de todo el mundo. Bien sabe el poder que el garrote no llega tan lejos como el miedo al garrote, y la cabeza del excéntrico dueño del sitio cerrado fue paseada por la plaza del pueblo. No tardaron mucho el resto de servicios en escarmentar por cabeza ajena: el borrado masivo de archivos subidos sin autorización convirtió las páginas de enlaces a este tipo de sitios en un índice de una enciclopedia vacía.

La riqueza del dueño de Megaupload, explotada por los medios de comunicación para evidenciar su naturaleza parasitaria, demuestra hasta qué punto es falso lo que asegura la industria de que ya nadie quiere pagar por el acceso a bienes intelectuales. Como el cierre de Megaupload no ha venido de la mano del ofrecimiento de un servicio idéntico por parte de la industria de los contenidos, el resultado ha sido que todos esos tipos que estaban dispuestos a pagar por un servicio semejante han descubierto que nadie más se lo ofrece. ¿Quiere la industria el dinero que los usuarios Premium de Megaupload pagaban a su rico dueño o sus objetivos y esperanzas de recuperación terminan solo en que éste no lo reciba? ¿Dónde está el Megaupload de la industria en la era post-Megaupload?

Aunque los medios de comunicación han sacado estadísticas ridículas con las que intentan demostrar que la gente ha ido en masa a los cines después del cierre de Megaupload, causando risa a todos en general, lo cierto es que los únicos que se han beneficiado del cierre de este servicio han sido los programas P2P, cuyo uso se ha disparado. "Próxima batalla: el P2P", dice el periódico La Razón como si esa batalla no se hubiera librado ya con derrota de la industria.

A los que seguimos desde hace años estos conflictos, todo esto nos suena. Tras el nuevo "golpe definitivo a la piratería", viene la huida y poco después la aparición de un nuevo método para descargar. Después, todo vuelve a empezar. Pasó con el cierre de Napster, con el de Pirate Bay, con la redada a las páginas de enlaces de 2006 y pasará ahora con el cierre de Megaupload. Si un niño pone un dedo en uno de los agujeros de un colador, solo él piensa que ahora se filtra menos cantidad de agua.

3. El recurso contra la sentencia favorable a Pablo Soto

El mismo día 19 de Enero, mientras el FBI ponía un candado en la puerta de Megaupload, PROMUSICAE y las cuatro discográficas más grandes del mundo recurrían la sentencia que desestimaba su demanda contra Pablo Soto, joven desarrollador de herramientas P2P. El texto del recurso, de 78 folios, empieza fuerte pidiendo la nulidad de la sentencia. Sostienen las recurrentes que el juez sustituto que dictó la sentencia era distinto al que presidió el juicio, lo que supone una infracción procesal que conlleva su nulidad. Reconocen las recurrentes que ellas no se opusieron a que este juez nuevo dictara la sentencia e incluso que así lo pidieron por escrito, pero que ellos esperaban que se hubiera mirado el caso un poco mejor. Y qué mejor prueba de que no se lo miró bien que dictar una sentencia que no les da la razón.

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