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Cuando la caja es todo

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Cuando la caja es todo


Por Carlos Pagni


En su exposición ante la Asamblea Legislativa, Cristina Kirchner omitió referirse al problema que más la afecta: la delicada situación de las cuentas públicas. Logró hablar casi tres horas y media sin detenerse jamás en ese drama. No hizo falta. Su anuncio más relevante fue que reformará la Carta Orgánica del Banco Central para eliminar la categoría "reservas de libre disponibilidad", de tal manera que esa institución aumente el financiamiento de los gastos corrientes del Estado o, dicho con mayor elegancia, "garantice la estabilidad fiscal". La Presidenta espera pagar así la cuenta cada vez más abultada de las importaciones de combustibles, consecuencia de la desacertada política energética. Es la otra espada de Damocles que oscila sobre su cabeza, como reconoció ayer.

Los bancos festejan. La señora de Kirchner dio de baja el proyecto ultradirigista de Carlos Heller para reformar la ley de entidades financieras. La pretensión de orientar el crédito fue atenuada en la versión de carta orgánica que circulaba anoche. Se sigue así el viejo precepto de Néstor Kirchner: "Muestren la ley pero ni se les ocurra llevarla adelante; con los bancos no se juega".

El concepto de "reservas de libre disponibilidad" es una supervivencia del régimen de tipo de cambio fijo, que exigía al Central un nivel de activos capaz de respaldar la totalidad de la base monetaria. Si bien desde el punto de vista conceptual su eliminación es razonable, desde el punto de vista político indica que el Gobierno cuenta con menos recursos genuinos para solventarse. Dicho de otro modo: la recaudación es insuficiente; tampoco alcanza con el superávit del comercio exterior, estatizado de facto por Guillermo Moreno, y la vía hacia el mercado de capitales sigue clausurada, como quedó claro con la diatriba contra el endeudamiento que se volvió a escuchar ayer.

El frente más amenazado por la falta de fondos es el energético. El kirchnerismo ha desalentado la producción de hidrocarburos con precios que -como se ufanó la Presidenta- son mucho más bajos que en el resto de la región. La decisión de estimular a ciegas el consumo, que tanto elogió, y de no retribuir la inversión produjo un desequilibrio insostenible entre la oferta y la demanda. La opción de corregirlo importando combustibles está asfixiando la caja del Estado. El año pasado llegaron a los puertos argentinos 50 barcos cargados de gas. Este año ya se contrataron 80. Ese gas se paga 13 dólares por millón de BTU, siete veces más que lo que se reconoce a las empresas locales. La señora de Kirchner está abrumada: pagó 10.000 millones de dólares el año pasado y deberá pagar cerca de 8000 para el semestre en curso.

Como se volvió a demostrar ayer, la Presidenta prefiere ver conspiraciones a entender procesos. En el sector de la energía, el culpable, para ella, es YPF. Ayer recurrió a un cuadro revelador de cómo, desde que la española Repsol se hizo cargo de la empresa, la producción no hizo más que caer. Ya no elogió, como hacía meses atrás, la "argentinización" que dispuso su esposo, forzando la venta del 25% de la compañía a la familia Eskenazi, que pagaría con dividendos de la propia YPF. Pero tampoco anunció una intervención, como temían los accionistas de la petrolera.

El anuncio de una sanción contra YPF quedó suspendido después de una negociación de urgencia que se llevó a cabo en Buenos Aires el martes por la noche. Enrique Eskenazi ya no presta los servicios que esperaba de él Antonio Brufau, presidente de Repsol, cuando lo presentó como "experto en mercados regulados". En consecuencia fue necesario, como anticipó este diario, que Juan Carlos I llamara a la Presidenta, y que Brufau trajera desde Madrid, de incógnito, a José Manuel Soria, el ministro de Industria y Energía de Mariano Rajoy. Soria pactó una tregua con Julio De Vido. Aunque la voz del Gobierno en esa mesa fue la de Axel Kicillof, viceministro de Economía y principal interlocutor de la Presidenta sobre cuestiones económicas. Kicillof recibió ayer la jocosa felicitación de varios compañeros de La Cámpora por recibir al enviado de Rajoy con su infaltable remera negra.

Brufau y Sebastián Eskenazi se notificaron de varios pedidos de Kicillof, referidos al corto plazo. Y festejaron la creación de una comisión binacional para analizar las inversiones de YPF. Así como Eskenazi quedó desconectado del gobierno argentino, el titular de Repsol, un catalán ligado al socialismo, está desamparado en su país por el alejamiento de José Luis Rodríguez Zapatero. Ayer ambos respiraron y, antes de que abriera Wall Street, comunicaron el acuerdo. Mientras hablaba la Presidenta la acción de la petrolera subió 13%.

Brufau y Eskenazi no deberían engañarse: sólo ganaron tiempo. La peripecia energética los tendrá en el centro de la escena, aunque su deficiente comportamiento explique apenas el 40% del problema. Una señal fue la anulación por parte de la CNV de la última reunión de directorio. Otra, la larga entrevista que, según fuentes de la Secretaría de Energía, mantuvo anteayer Cristina Kirchner con Carlos Bulgheroni, líder de Panamerican Energy, la segunda petrolera del país.

Es casi una ironía que la señora de Kirchner convoque a esa empresa, que tiene como accionista a British Petroleum, para encontrar alivio a su pesadilla energética. Ante la Asamblea Legislativa agitó de nuevo el reclamo por Malvinas, anunciando su intención de que haya vuelos de Aerolíneas de Buenos Aires a Puerto Argentino. Y se propuso negociar con el Reino Unido la suspensión del vuelo de LAN que une Chile con las islas a través de Río Gallegos.

No le será fácil llegar a un acuerdo. En su reciente visita a Londres, Rajoy habló con David Cameron sobre YPF. Y escuchó al colega británico quejarse de Cristina Kirchner. Fuentes muy calificadas afirman que Cameron habría revelado a Rajoy gestiones ante Nicolas Sarkozy y Mario Monti para desplazar a la Argentina del G-20. La malvinización de la agenda oficial y la crisis energética comienzan a cruzarse en Europa.

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