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El día en que Bergoglio le ganó a Kirchner

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Jorge Mario Bergoglio fue el artífice de la primera derrota de Néstor Kirchner en las urnas. En persona, teléfono en mano, el purpurado convenció a Joaquín Piña, obispo emérito de Iguazú, de que desafiase el dominio feudal del cacique K de Misiones, Carlos Rovira.

El gobernador quería ser reelecto, pero la Constitución se lo prohibía. A solas durante un vuelo a Brasilia en el verano de 2006, Kirchner lo toreó para que impulse una reforma como parte de un ensayo focalizado, de laboratorio, sobre el clima reeleccionista.

El patagónico quebró las dudas de Rovira, quien, tres meses después, convocó a un plebiscito. Bergoglio ofició, a la distancia, como ordenador de la oposición y hasta puso al candidato opositor, Piña, un obispo también perteneciente a la Compañía de Jesús.

La noche del 29 de octubre, el jefe máximo de la Iglesia criolla, ayer convertido en el papa Francisco I, festejó en la catedral metropolitana un triunfo que, decía, frenaba una ola de reelecciones, pero estaba condimentado por un poderoso componente personal.

En el menú de frentes críticos que abrió Kirchner al llegar al Gobierno figuró su relación con Bergoglio: una homilía crítica derivó en la llamada "federalización" de los tedeums, lo que significó trasladarlos a las provincias, una gambeta de Kirchner para evitar al cardenal.

El caso del obispo castrense Antonio Baseotto y una cita bíblica desafortunada sobre el ministro de Salud Ginés González García, partidario de despenalizar el aborto, terminó de fracturar la relación institucional entre la cúpula eclesiástica y la Casa Rosada, aunque Bergoglio en dos ocasiones habló con el funcionario para tomar distancia de la actitud de Baseotto.

Latía, desde el prisma político, un resquemor histórico por los orígenes de ambos en bandos antagónicos del peronismo: Kirchner, simpatizante de la Tendencia; Bergoglio como parte de un bloque católico de curas, monjas y laicos cercano a Guardia de Hierro.

Francisco Piñón, uno de los delegados de la cofradía conducida por el "Gallego" Alejandro Álvarez, llegó a rector de la Universidad de El Salvador, cargo que había ocupado Bergoglio. Aldo Carreras y Liliana Gurdulich fueron otros enlaces entre el luego cardenal y los "guardianes".

Treinta años más tarde, Kirchner y Bergoglio se toreaban con evasivas, cautos de las formas públicas. Sin embargo, así como intervino sigilosamente en Misiones, el cardenal tendría otras intervenciones más en la política vernácula, siempre en contra de Kirchner.

Fue, por caso, quien "facilitó el entendimiento entre el entonces jefe de Gobierno, Jorge Telerman, y Elisa Carrió. Telerman le pidió que interceda ante la dirigente del ARI para "facilitar" un acuerdo para la elección de intendente porteño.

"Jorge: hice lo que tenía que hacer", le avisó el cardenal al dirigente que, tras escuchar la frase, pactó con Carrió y aceptó a Enrique Olivera como su segundo. Así y todo, Telerman quedó tercero detrás de Mauricio Macri y del kirchnerista Daniel Filmus.

El cardenal sería, además, un asesor esencial en las decisiones políticas de Gabriela Michetti y, sin objeciones, permitiría que sectores del peronismo anti-K, en general motorizados por Gerónimo "Momo" Venegas, conviertan sus misas en episodios partidarios.

El desempeño de Bergoglio durante la dictadura fue un elemento permanente en las críticas K contra el purpurado.

El último duelo sería a raíz de la ley de matrimonio igualitario. Fue la única ley que votó Kirchner como diputado y lo hizo contra un intenso lobby de la Iglesia capitaneada por Bergoglio que logró, incluso, fracturar -como había ocurrido con la 125- al kirchnerismo, que tuvo que dar "libertad de conciencia".

La mendocina Patricia Fadel, por entonces vice de la Cámara de Diputados, dirigente que reportaba a Juan Carlos "Chueco" Mazzón, el "guardián" con más visibilidad en el Gobierno K, desafió la voluntad de Olivos y se expuso a buscar votos contra la ley.

Pagó caro la osadía: cuando debía reelegir como diputada, en una jugada sorpresiva de La Cámpora, quedó fuera de la boleta.

Fue, justamente, el proyecto de matrimonio igualitario el que sembró en la jerarquía eclesiástica la idea de que Néstor y Cristina no eran lo mismo. La Presidente tenía, según trascendió entonces, reservas sobre la ley. Al igual que frente a la despenalización del aborto.

2 comentarios - El día en que Bergoglio le ganó a Kirchner

@jota_lpoz
pequeño error, kirchner estaba con mauro closs, no con Rovira