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Uma Thurman por fin le da bola a Tarantino

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Uma Thurman por fin le da bola a Tarantino

¿Quentin Tarantinof por fin enamoró a Uma Thurman?


Después de 20 afños juntos en el set, la musa de Tarantino por fin le paró bolas. Esta es la historia de la pareja creadora de Pulp Fiction y Kill Bill.

amor

Hace 20 años en Cannes, la cinefilia del mundo se ponía de rodillas ante Pulp fiction, la película que separó a dos generaciones, la que abrió de una patada el camino del cine independiente norteamericano con una edición un poco más salvaje del nuevo Hollywood setentero. El artífice de este milagro cinematográfico era un muchacho de 30 años de quijada prominente y frente amplia que hablaba sin parar, como si en vez de chicles masticara anfetaminas. Por sus venas corría sangre cherokee y lo habían bautizado así, con ese estrambótico nombre, por culpa de la afición de su padre a las películas de acción: Quint era Burt Reynolds, un herrero que buscaba venganza en la vertiginosa Gunsmoke.

El joven parecía haber visto todo el cine del mundo, desde Renoir hasta las de vampiros dirigidas por Dan Curtis. Al preguntarle dónde había estudiando, él con su delgada sonrisa, respondía con sorna, “Yo no estudié cine, yo fui al cine” y claro, cuando era un veinteañero administraba junto a su compinche Roger Avery -con quien escribiría las aventuras de Vincent Vega-, un video club en los Ángeles. Producto de esa afición surgieron las ganas de escribir guiones y luego frustrarse porque nadie los compraba. La diferencia entre este par de empedernidos fumadores de y el resto, es que ellos no aceptaban un no como respuesta. Deciden dejarlo todo e ir a Hollywood, si es posible robar un banco y con tres dólares realizar una historia que desde hace rato cocinaban en sus cabezas en donde Avery y otro amigo interpretarían los papeles principales. La sangre y las malas palabras quedarían en la mente del espectador para siempre. Afortunadamente el interés de Lawrence Bender, un arriesgado productor angelino, evitó que Quentin Tarantino y su pandilla salvaje, cayeran abatidos a manos de cualquier guardia de banco.

Le pasaron el guion a Harvey Keitel, actor del riñón de Scorsese y Abel Ferrara, y el tipo dijo que sí y se encargó de convencer a Steve Buscemi, Michael Madsen y Chris Penn, el desaforado hermano de Sean y con dos millones de dólares hicieron Reservois dogs. El muchacho de la quijada afilada dejaría para siempre de atender ese cochambroso video club.

Un par de años después no sólo se ganaría la Palma de Oro sino que haría la película de toda una generación. Ese baile entre Vincent Vega y Mia Wallace enamoró a todos esos muchachos que íbamos al cine como quien va a una iglesia a escuchar, de la boca de unos actores viciosos, la verdad. Y la verdad era esa, Vincent y Mia bailando una olvidada canción de Chuck Berry. La verdad era ella, confundiendo un gramo de heroína con uno de cocaína, hacer una raya y caer para siempre en la bolsa de la nada, la verdad era él saliendo del cuarto para ver a la esposa de su jefe botando babasa por la boca, atragantada en una sobredosis. Había que salir a la calle, tomar un poco de aire muñeca, buscar la ayuda de alguien, aunque sea la del jíbaro que vendió esa basura, cualquier cosa antes que echarse la soga al cuello llevando a la mujer de Marcellus Wallace, el dueño del Underworld, a un hospital.

Tendida en el piso y pálida como la luna, Mia espera a ser resucitada. De rodillas, frente a ella, un hombre barbudo y despelucado aprieta entre sus manos una inyección. De la aguja cae una gota de adrenalina. El hombre con toda la fuerza de su muñeca descarga un golpe seco en el esternón. Mia abre los ojos, convulsiona dice un par de groserías y vive. Ahora las ganas que tenía Vincent de tirarse un lance con la mujer del jefe se han disipado, hay que llevarla de nuevo a su casa, esperar que tambaleante llegue hasta la puerta, escuche un mal chiste y voltee la espalda.



link: https://www.youtube.com/watch?v=ZOoJoTAXDPk

¿Quién era esa muchacha de 24 años que nos hizo pasar los diez minutos más electrizantes del cine durante la década del noventa?

Ella venía de ser la que trabaja hasta la madrugada para que Henry Miller pudiera escribir los libros que había prometido en la irregular Henry and June, había sido la juvenil amante de un despiadado John Malkovich en la infravalorada Amistades peligrosas y también venía de naufragar, junto con el maestro Stanley Kubrick en la inconclusa Wartime lies. En una época en donde Meg Ryan y Wynona Ryder enamoraban con sus risitas de pastel, ver a esta mujer de pies largos y de rasgos fuertes, como si hubieran sido tallados a punta de navajazos, era impactante. Su boca gruesa, su nariz torcida y sus ojos separados no la convertían precisamente en una nueva Novia de América pero si le daban ese toque salvaje, esa asimétrica belleza que necesita cualquier femme fatale del cine negro.

En plenos años noventa Barbara Stanwyck y Gloria Grahame encontraban reemplazo. En el casting Tarantino no lo dudó y como vemos no se equivocó. Pero allí empezó el amor no correspondido de este niño grande y caprichoso. Empezaron a salir pero Quentin sólo tenía un tema: el cine y las películas. La llevaba a su casa a verlo jugar en su nueva consola de Sega, a mostrarle el centenar de afiches de películas de karatecas que tenía en el sótano de su nueva mansión, a escuchar, durante horas, todas esas canciones de los setenta que nadie recordaba pero que él conservaba en su completísima colección de L.P’S. Cómo es lógico Mía se aburrió y buscando un poco de normalidad empezó una relación con el actor Ethan Hawke. A voz en grito, la pareja de actores, hermosos y jovenes, expresaban su amor que, a diferencia de otras relaciones en el promiscuo ambiente de Hollywood, duraría para siempre

El realizador ahogó sus penas sumergiéndose en el extenuante rodaje de Jackie Brown, mientras Uma se entrega a una relación que le dejó un par de hijos y un costoso divorcio. En Hollywood todo es eterno, menos la fama y el amor.



Pasó el tiempo y Tarantino estaba a punto de empezar el rodaje de Inglorious Bastards cuando recibió una llamada de su fantasía preferida. Ella, con la voz entrecortada le fue contando los pormenores de la ruptura con Hawke. Él, en su papel del buen, incondicional y asexuado amigo la escuchó con paciencia y al final de la conversación le dio la solución a sus problemas: lo ideal para olvidar un contratiempo amoroso era el trabajo y él tenía el papel ideal para ella.

Así que Quentin, el consentido de Miramax, detuvo la maquinaria que se movía en los estudios para transformarla en el set de Kill Bill. No sólo por amor hizo este costoso cambio de planes que casi mata de un infarto a Harvey, el más poderoso de los hermanos Weinstein, sino que el guion de su particular visión de la II Guerra Mundial se había convertido en un laberinto sin salida y necesitaba tiempo y que mejor que la realización de una película de cuatro horas para ganarlo.

En Kill-Bill el matrimonio artístico entre Uma y Quentin se consolida. Algunos ya los comparan con otros tándems maravillosos e inmortales como Ingrid Bergman y Roberto Rosellini, Ingmar Bergman y Liv Ullman o Nicholas Ray y Gloria Grahame, pero a diferencia de ellos el fauno quijadón y la rara diva no eran pareja en la vida real. Por ahí algunas revistas de chismes afirmaban haberlos visto saliendo pero ya, al final del largo rodaje, Tarantino se veía solo en su tráiler, encontrando consuelo en su depresión con el décimo segundo bareto del día y hallando lo que sería la solución al enigma deInglorious Bastards: la creación del personaje de Landa, el políglota, refinado y sanguinario comandante S.S que interpretó el autor austriaco Cristoph Waltz y que a la postre le significó un Óscar. Tarantino hizo de su Kill Bill una declaración de amor pública a su objeto del deseo e incluso se atrevió a mostrar el fetichismo que le despertaban los largos, torcidos y feos dedos del pie de Thurman a los que le dedica toda una escena.

Después del rodaje y de un nuevo éxito juntos, la rubia, ahora vestida de amarillo y con espada, alcanzaba la inmortalidad gracias de la mano de su director preferido. En la década que ha pasado desde Kill Bill la carrera de la actriz ha caído en picada mientras que Tarantino se consolidó definitivamente como el director más importante de su generación.

Hace unas semanas, en Cannes, mientras el festival celebraba los 20 años de Pulp Fiction se vio a Mia Wallace con su creador, siempre abrazados, demasiado cariñosos para ser amigos. Uma acababa de terminar su relación con el financiero Arpad Busson padre de su hija Luna de dos años, mientras que Quentin, quien lo ha intentado con las actrices Mira Sorvino y con su colega Allison Anders entre otras, seguía soltero, esperando cumplir sesenta años para tener hijos “Ya que ahora, que hay energías, es el momento de trabajar”. Los asistentes al evento se sorprendieron al ver que la actriz y el director se iban en un yate solos a pasar la noche juntos, confirmando los chismes que se habían empezado a despertar en Nueva York.

Ojalá Tarantino esta vez consiga enamorar de una vez por todas a la esquiva rubia. Si se casan, los fanáticos de sus películas los queremos ver felices y juntos, no sólo en la vida real sino en la ficción. Si comparten el lecho es más fácil que vuelvan a compartir set y queremos más películas de Quentin y Uma. En este pobre cine de nuestros días no existe una mejor combinación que la mezcla de estos dos ya míticos nombres.

Comentarios Destacados

5 comentarios - Uma Thurman por fin le da bola a Tarantino

@_JJelista_
Ya están algo viejos los dos. Tarantino se ve con más frente.
@terror_teuton +4
si hacen otra pelicula los 2 corro sin pensarlo al cine y pido las entradas aunque falten 10 años