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De la asamblea al personalismo

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De la asamblea al personalismo

La forma de armar el equipo de gobierno dice mucho sobre cómo serán los cinco años de gestión

Gobierno

"No voy a ser ministro de Educación. Requiere conocimiento específico que no tengo”. Después de más de una semana con su nombre en la vuelta, Ernesto Agazzi descartó así, a finales de 2009, asumir una secretaría de Estado que se suponía iba a ser clave para la administración de José Mujica. El presidente electo le había ofrecido a Agazzi ese rol y el asunto estuvo en discusión varios días. Mujica había recibido una lista con nombres de todos los sectores y evaluaba cómo asignarlos respetando la cuota política. El armado del gabinete parecía una asamblea. Tanto, que a Rafael Michelini cuando no le dieron el Ministerio de Transporte hizo un escándalo público. Tanto, que Mujica aceptó como ministra a una mujer que no conocía como la comunista Ana Vignoly.

La forma de armar el equipo de gobierno dice mucho sobre cómo serán los cinco años de gestión. Los de Mujica fueron una asamblea. El presidente dejó por el camino decenas de ideas porque antes de tenerlas aceitadas las escupió por los medios y provocó crisis internas en el oficialismo. Por ejemplo, la prisión domiciliaria para los exrepresores de avanzada edad. En otros casos hasta hizo culto de esas trabas internas, como en el caso de la descentralización de la UTU. Muchas veces, Mujica dijo que si en la educación no le fue bien es por culpa del Frente Amplio, que no le llevó ese proyecto.

Por eso, cómo armó el gabinete ahora Tabaré Vázquez dice mucho. No solo de cómo gobernará sino también de su personalidad.

Como dijo el historiador Gerardo Caetano en El Observador TV esta semana, Vázquez tiene un modelo de conducción política muy “antitético” a Mujica. “No le gusta la deliberación”, dijo. Y es verdad. En la izquierda hasta lo han denominado autoritario por algunas de sus actitudes cuando fue gobernante nacional o municipal.

Ahora ni se preocupó por la cuota política. Y eso le puede traer complicaciones. No en el corto plazo, donde las críticas son tímidas. Pero sí en los próximos cinco años, donde necesitará cada uno de los votos en el Parlamento. Pero Vázquez mandó un mensaje a la interna. El que mandará en el Poder Ejecutivo será él.

Por tanto los uruguayos, pero sobre todo los frenteamplistas, deberán acostumbrarse rápidamente al cambio de esquema: del gobierno de asamblea pasarán a uno mucho más personalista.

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