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Relación del Gobierno con Nisman: las críticas estallaron...

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Relación del Gobierno con Nisman: las críticas estallaron sólo después de la muerte

Desde que murió el fiscal, el Gobierno no cesa de denostarlo y de hacer insólitos esfuerzos por distanciarse de él, a la vez que pretende mostrar respecto de la AMIA una consecuencia que los hechos no avalan

Relación del Gobierno con Nisman: las críticas estallaron...

La fecha que la gestión Kirchner ha dado en llamar Día de la Memoria es una inmejorable ocasión para un repaso de lo que ha sido su política en un tema respecto del cual el oficialismo exhibe una amnesia selectiva.

Desde el día de la muerte por causas aún no esclarecidas de Alberto Nisman, Cristina Kirchner y sus voceros se refieren a él como a una persona totalmente ajena a su gestión y arrojan sospechas sobre la autonomía con que tomaba sus decisiones. La campaña difamatoria ha llegado a su paroxismo con la pegatina de afiches; rasgo acostumbrado de la comunicación oficiosa en estos años. Pero desde su designación como fiscal especial para la causa AMIA, ni Néstor ni Cristina Kirchner cuestionaron jamás ninguna de las decisiones del magistrado.

Un discurso "histórico"

Era septiembre de 2007, y en Nueva York había gran expectativa por el discurso que el entonces presidente Néstor Kirchner iba a pronunciar ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, como es tradicional que lo hagan los jefes de Estado en esa reunión anual.

A tono con la importancia del evento, la comitiva oficial estaba integrada por el canciller Jorge Taiana; el secretario de Legal y Técnica Carlos Zannini –a quien la prensa atribuyó la autoría del discurso)-, y la entonces senadora Cristina Fernández.

Además, representantes de la comunidad judía de Argentina y familiares de las víctimas acompañaron al Presidente en aquel viaje y celebraron su discurso. Lo calificaban anticipadamente de "histórico" y esperaban que éste implicaría un vuelco en la causa.

Kirchner no los defraudó. "No puede tolerarse la acción de los responsables del terrorismo ni de quienes lo auspicien, financien o protejan, sean estos personas o países", dijo en una alocución en la cual denunció enfáticamente la falta de colaboración de Teherán en el esclarecimiento del atentado contra la AMIA, ocurrido en 1994, y reclamó al gobierno iraní la entrega de los acusados por el fiscal Alberto Nisman.

"Esperamos que la República Islámica de Irán, en el marco del derecho internacional aplicable acepte y respete la jurisdicción de la justicia argentina y colabore eficazmente con los jueces argentinos para lograr el sometimiento a juicio de las personas imputadas en aquellos hechos", dijo.

"Quiero dejar sentado aquí, en la sede de las Naciones Unidas y ante el resto de los países del mundo, que hasta hoy, lamentablemente, la República Islámica de Irán no ha brindado toda la colaboración requerida por la justicia argentina para el esclarecimiento de los hechos", lamentó.

Un año después, el 23 de septiembre de 2008, Cristina Fernández de Kirchner, ya sucesora de su esposo, tomaba la posta de la denuncia contra Irán sin correrse ni un milímetro de la postura de su antecesor, y respaldándose en sus reclamos en los argumentos del fiscal de la causa.

"En esta misma Asamblea, el año pasado, el ex presidente Kirchner solicitó a la Interpol que ratificara los pedidos de captura que la Justicia de mi país había formulado sobre ciudadanos iraníes acusados por la Justicia de participar en aquel hecho, el de la AMIA.(...) Yo pido aquí, a la República Islámica de Irán que por favor, en cumplimiento de normas del derecho internacional, acceda a que la Justicia argentina pueda juzgar en juicios públicos, transparentes y con las garantías que da un sistema democrático, a aquellos ciudadanos que han sido acusados", dijo la Presidente.

En 2009, Cristina Kirchner repetía el rito, esta vez con un guiño adicional a Washington: "No puedo tampoco dejar de mencionar, por ser mi país, junto a los Estados Unidos, los únicos dos países que sufrieron un atentado del terrorismo global, del terrorismo internacional..."

"Me acompañan en esta Asamblea, hoy, el titular de la AMIA, la entidad que fue volada, y familiares (de víctimas)", agregaba, destacando el acompañamiento de que gozaba entonces por parte de la colectividad judía argentina.

Cristina Kirchner elevó incluso el tono de la crítica a Irán: "[No sólo] nada de esto [las extradiciones] ocurrió, sino que este año precisamente uno de los funcionarios, cuya extradición era solicitada por el fiscal que interviene en la causa, fue ascendido al grado de ministro". También interpeló a Mahmud Ahmadinejad: "Yo sé que tal vez dentro de cuatro, cinco o quince oradores, haga uso de la palabra el señor Presidente de la República Islámica del Irán. Seguramente, volverá, tal vez, a negar tragedias históricas que Occidente ha sufrido durante el siglo XX".

Un despegue imposible

Es tarea inútil buscar, en todo este tiempo, alguna declaración o insinuación por parte del Gobierno, ni de sus voceros, algo que se aproxime siquiera a alguna de las tremendas acusaciones que ahora lanzan contra el fiscal; no la hay, no existe la menor crítica, observación ni duda sobre su desempeño profesional y personal. Ni sobre su versión de lo sucedido en la AMIA. No sólo eso, sino que Luis D'Elía fue severamente castigado por el propio Néstor Kirchner por colocarse en una posición diferente a la adoptada por el oficialismo.

Existían sin embargo cuestionamientos al fiscal Nisman tanto por parte de algunos familiares de víctimas como de muchos analistas. Memoria Activa, por ejemplo, pidió varias veces su apartamiento de la causa.

Pero quienes hoy "descubren" supuestos enriquecimientos ilícitos y manejos turbios del poder y de los recursos del Estado –a escasa distancia física y política de un Gobierno que alardeó siempre de su fortaleza- en aquellos años no veían ni escuchaban nada. El dictamen del fiscal del año 2006, del que hoy el Gobierno dice o hace decir a sus voceros que se basó en inducciones de servicios extranjeros, fue la base de decisiones trascendentes de política exterior.

Ahora el Gobierno hace exhibir en programas afines compilados de archivos que buscan mostrar una total coherencia por parte de Cristina Kirchner evocando la llamada "pista siria" -que hoy se quiere volver a instalar- desde sus tiempos de senadora. Es misión imposible ya que no se entiende desde esa perspectiva por qué, cuando su esposo llegó a la Presidencia, ni él ni ella volvieron a evocar ese argumento, justamente en el momento en que tenían todas las facultades para hacerlo.

Kirchner no solo nombró a Alberto Nisman y lo puso luego en contacto con el agente de la SIDE Jaime Stiuso, como persona de confianza en el área de Inteligencia para todo lo referido a AMIA, sino que actuó siempre como su vocero. El 9 de noviembre de 2005, por ejemplo, el entonces presidente le informaba al Comité Judío Americano que Nisman haría un anuncio importante. Se refería a la identificación del presunto conductor suicida que había volado la AMIA el 18 de julio de 1994.

El matrimonio Kirchner, por otra parte, se dejaba adular por familiares y representantes de la comunidad judía, sin falsa modestia. Asistían a los actos recordatorios en cada aniversario y en sus visitas a Nueva York eran recibidos con honores por el Comité Judío Mundial y organizaciones afines.

En julio de 2007, el presidente Kirchner recibía a representantes de las víctimas de AMIA para asegurarles que llegaría al fondo del asunto "le toque a quien le toque". Seis meses atrás les había ofrecido en bandeja la cabeza de Luis D'Elia, eyectado del poder por haber respaldado a Irán y criticado duramente el fallo de Nisman ("¡Este muchacho se volvió loco! Lo quiero afuera ya mismo", habían sido sus órdenes inmediatamente ejecutadas). Aldo Donzis, entonces titular de la DAIA, decía que el encuentro era "un gesto más que positivo y una muestra del compromiso presidencial con la investigación".

Cristina, "estrella de rock" de "brillante futuro"

Poco antes, en mayo de ese mismo año, Cristina Kirchner, recibía en Nueva York los halagos director del Comité Judío Norteamericano, David Harris, que la comparaba con una "estrella de rock" de "brillante futuro" y calificaba a ella y a su marido como "los líderes más decididos a investigar los atentados". La Primera Dama se comprometía incluso a mediar ante Hugo Chávez, enfrentado a la comunidad judía venezolana. "Les doy mi firme compromiso que en mi región no tenemos enfrentamientos étnicos y religiosos", decía la senadora, que un par de meses antes, había recibido en Caracas a directivos de la Confederación de Asociaciones Israelitas de Venezuela a modo de respaldo y como guiño al mundo sobre su toma de distancia de ciertas posiciones ultra del chavismo.


Gobierno

Todo esto era parte de una gira de instalación de su candidatura presidencial cuyo cierre fue una visita al Museo del Holocausto de Nueva York.

En noviembre de 2006, el mismo David Harris, de visita en Argentina, repasaba los vínculos con los gobernantes argentinos: "Kirchner asumió como presidente y lo vimos en Nueva York. Después acá, y en 2004 vino a hablar al Comité en nuestra cena anual. Mirándonos a los ojos, siempre nos dijo que este gobierno iba a seguir el asunto y que se iba a hacer justicia. El año pasado nos dijo que el fiscal iba a tener un especial apoyo y aquí estamos. El fiscal hizo su reporte. Había quienes decían que no le iban a permitir presentarlo [el dictamen contra los funcionarios iraníes], que era demasiado fuerte. Eso dice mucho".

Nisman había presentado su dictamen en octubre de 2006 y poco después el juez Rodolfo Canicoba Corral refrendaba la acusación y pedía las capturas internacionales.

Esto habilitó una calificada presencia oficial en el acto por el ataque a la Embajada de Israel, al año siguiente, el 16 de marzo de 2007. La senadora Cristina Kirchner, el canciller Jorge Taiana, el ministro del Interior, Aníbal Fernández, el de Educación, Daniel Filmus, el de Justicia, Alberto Iribarne, la de Defensa, Nilda Garré, y los secretarios de Cultura, José Nun, y de Derechos Humanos, Eduardo Luis Duhalde, recibieron en persona el agradecimiento del vicecanciller israelí Aarón Abramovich. Los diarios destacaban el hecho de que por primera vez no había silbidos contra funcionarios en estos actos.


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"No nos detendremos hasta lograr el esclarecimiento", decía Taiana.

El vicecanciller de Israel expresaba su agradecimiento al presidente Néstor Kirchner y a la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Y Carlos Susevich, padre de Laura, una de las víctimas del ataque, adulaba los oídos oficiales criticando a los predecesores del kirchnerismo, "la infame década menemista y el inoperante gobierno de la Alianza".

"Desde aquí les enviamos toda nuestra solidaridad, nuestro abrazo solidario a toda la comunidad judía", decía en el mismo momento, Néstor Kirchner, que presidía un acto en Puerto Madryn.

Cristina había recibido en Olivos al vicecanciller. Días antes, Interpol había librado las "circulares rojas" recomendando la captura de cinco funcionarios iraníes y de un ciudadano libanés, como autores ideológicos del atentado contra la AMIA.

Los analistas por otra parte, atribuían a CFK la autoría intelectual de la política gubernamental en el tema AMIA. Tres días después del acto, el 19 de marzo de 2007, Carlos Pagni escribía: "La visita a la comunidad judía de Venezuela no es la única señal de política exterior a través de la cual Cristina se define frente a la ambivalencia de su esposo. El pedido de captura que aprobó Interpol (...) fue la coronación de una gestión iniciada y controlada por la senadora. La primera puntada tuvo lugar en Nueva York, cuando ocho entidades judías de los Estados Unidos le reclamaron ese paso. Lo resuelto en Interpol fue la tarea externa más relevante y discreta que tuvieron durante los últimos dos meses la Cancillería y la SIDE. Mereció una teleconferencia con funcionarios del Departamento de Estado y del Departamento de Justicia de los Estados Unidos organizada en la embajada de ese país en Buenos Aires hace 15 días y destinada a fortalecer los argumentos de la comitiva argentina, que presidió el fiscal Alberto Nisman".

Y concluía: "...fue el gobierno argentino, a instancias de la Primera Dama, el que resolvió alinearse con Washington en una de las pocas cuestiones en las que una decisión de Kirchner rozó el centro de la política internacional."

Nada cambió después de WikiLeaks

En el año 2011, las filtraciones de WikiLeaks revelaban los estrechos vínculos del fiscal Alberto Nisman con la Embajada de los Estados Unidos en la Argentina; esos que hoy los voceros oficiales y oficiosos denuncian con indignación sobreactuada. Una relación fluida que el gobierno argentino no podía no conocer y que por otra parte era muy parecida a la de otros funcionarios de la administración kirchnerista. Pero eso ya sería materia para otra nota, por lo abundante.

Pese a las revelaciones señaladas, también es misión imposible encontrar algún señalamiento reprobatorio por parte del oficialismo desde 2011 hasta las mismas vísperas de la muerte de Nisman por estas "relaciones carnales" con el "Imperio". Nothing at all, como diría el Twitter presidencial.

WikiLeaks revelaba también que Earl Wayne, por aquellos años hiperactivo embajador de los Estados Unidos en Argentina, había considerado que el pedido de detención contra el ex presidente Carlos Menem y el ex juez Juan José Galeano en el caso AMIA era una maniobra del fiscal federal Alberto Nisman para "congraciarse con la presidenta Cristina Kirchner mediante la persecución de sus enemigos políticos". Lo dejó asentado en un cable fechado el 22 de mayo de 2008.

Wayne advertía que "probablemente" Nisman "usó políticamente" los tiempos del anuncio para favorecer al gobierno de Cristina Kirchner, intentando desplazar de los titulares de los diarios el conflicto con el campo.

El embajador hablaba de "la desesperación del Gobierno por cambiar los titulares, diariamente referidos a la huelga agrícola y la inflación". Frente a esto, decía, "la Casa Rosada ordenó a Nisman ir adelante con los cargos contra Menem para cambiar el foco negativo de la prensa" hacia la Presidente.

El cable definía a Nisman como alguien "totalmente comprometido, en sus informes, con Alberto Fernández y (que) lo obedece sin chistar". Recordemos que Fernández era por ese entonces jefe de Gabinete.

Lo que evidencia este recorrido por demás sinuoso es que hubo un único hilo conductor en el posicionamiento de Cristina Fernández de Kirchner en el tema AMIA: la búsqueda de rédito político personal o sectorial. Más allá de sus convicciones personales –que quizá las tenga-, tanto cuando hablaba de "pista siria" en su prehistoria presidencial, como cuando como gobernante encarnó el dictamen de Alberto Nisman, y cuando como hoy lo repudia, el denominador común siempre fue el beneficio de inventario. Y en esto sí que hay coherencia.

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1 comentario - Relación del Gobierno con Nisman: las críticas estallaron...

@titi40 +3
que casualidad que nadie lo criticaba antes de denunciar a la presidente y sus amigos....lo mismo paso con clarin hasta que se pelearon...con massa, etc