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Argentina ante el nuevo escenario económico

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Argentina ante el nuevo escenario económico internacional

La hora de la audacia
Por Aldo Ferrer*

Argentina ante el nuevo escenario económico

Las bajas en los precios de los commodities plantean algunos interrogantes sobre el futuro de la economía argentina. Pero en definitiva son los factores internos los que determinan el rumbo del país. Para salir de su condición periférica, Argentina debe insertarse en las corrientes dinámicas de la tecnología, la industria y el conocimiento.

Al analizar el orden internacional desde la perspectiva de un país en desarrollo es necesario observar las tendencias duraderas y los problemas inmediatos.En la economía mundial persiste la transformación del comercio, con un peso creciente de las manufacturas y los servicios de alto contenido tecnológico y la declinación relativa de los productos primarios. El mayor crecimiento del comercio mundial se registra entre países industriales (la relación centro-centro), a partir de la especialización intra-industrial dentro las mismas ramas productivas,de bienes y servicios avanzados. Mientras tanto, el intercambio de manufacturas de países industriales por productos primarios de los países subdesarrollados (la relación centro-periferia) fue perdiendo peso relativo en el comercio mundial. A su vez, el comercio entre economías periféricas sigue siendo marginal.

En años recientes, en virtud del aumento de la demanda de los países emergentes, China en primer lugar, hubo un crecimiento y una mejora de los precios de los productos primarios. Pero esto no ha transformado las tendencias recién señaladas. Al mismo tiempo, el extraordinario desarrollo industrial de los países emergentes de Asia los ha convertido en protagonistas del comercio mundial de manufacturas. China, con su fenomenal transformación industrial, reproduce la experiencia japonesa y de economías industriales emergentes como Corea y Taiwán. Actualmente, estos países forman parte de la división internacional del trabajo intra-industrial, del segmento dinámico del comercio mundial. Así, el comercio intrarregional en el espacio asiático y el comercio entre estas economías emergentes y los antiguos países industriales del Atlántico Norte es hoy, esencialmente, un comercio de manufacturas intra-industrial, con un gran dinamismo de la transmisión de conocimiento y de la tecnología.

El viejo Centro aparece hoy ampliado con estos nuevos actores que vienen del antiguo Tercer Mundo, los cuales, desde el punto de vista del comercio internacional, se comportan como los miembros históricos de aquel Centro. Es lo que sucede con China respecto de África y América Latina: exporta manufacturas y capital e importa productos primarios.

Consolidar la densidad nacional

Estos hechos son esenciales para el desarrollo de Argentina, porque, si un país no participa de las corrientes dinámicas de la tecnología, la industria y el conocimiento, queda reducido a una especialización en actividades de baja densidad tecnológica que reproducen su condición periférica. Frente a esta nueva realidad, el primer desafío de Argentina es decidir si seguiremos ocupando una posición periférica en virtud de nuestro estilo de especialización o, por el contrario, integraremos la estructura productiva, agregando valor y tecnología a la actividad primaria y cerrando los agujeros que tiene nuestro sistema industrial –en autopartes, productos electrónicos, productos químicos, bienes de capital–. Es decir, generando capacidad competitiva, incorporándonos a una división del trabajo en la cual aumenta el contenido de ciencia y tecnología de nuestras exportaciones. Tradicionalmente el comercio exterior del país está muy desbalanceado: el valor unitario de las importaciones es mucho mayor que el de las exportaciones, en virtud de su diferente contenido tecnológico. En buena medida, los desafíos de Argentina y América Latina siguen siendo similares a los que plantearon, después de la Segunda Guerra Mundial, Raúl Prebisch, Celso Furtado y los grandes economistas latinoamericanos.

El comportamiento de la actividad financiera plantea otros problemas sistémicos de mediano y largo plazo. Subsiste el predominio de las finanzas sobre la economía real y del neoliberalismo sobre la política económica de los países avanzados del Atlántico Norte. Las ganancias del sector financiero son una parte principal de las ganancias corporativas en el mundo. Como señala el economista francés Thomas Piketty (1), las mayores rentas relativas del capital y los extraordinarios sueldos de los superejecutivos, especialmente en Estados Unidos, aumentan la concentración de la riqueza y el ingreso, con graves consecuencias en la actividad económica y las condiciones sociales. Asimismo, la hegemonía financiera constituye una amenaza a la soberanía de las economías endeudadas. En este campo, la reestructuración de la deuda argentina y el financiamiento con recursos propios constituyen pasos fundamentales en la recuperación del Estado y la soberanía. Fue una decisión audaz que cambió el rumbo de los acontecimientos.

Por otra parte, en la actualidad, la baja en las cotizaciones del petróleo y de los commodities abre interrogantes a futuro. En el sector hidrocarburos, Argentina debe recuperar el equilibrio pero a su vez desarrollar las energías no convencionales y la eficiencia del consumo energético. Se han dado pasos importantes como la reactivación del desarrollo de la energía nuclear.

Respecto de los commodities, si bien es cierto que el boom se ha debilitado, es previsible que la demanda se sostenga, particularmente en alimentos, con consecuencias positivas para Argentina pero insuficientes fuera del marco de un fuerte desarrollo industrial. Seguimos confrontados al viejo problema de la restricción externa, de cómo resolvemos “el pecado capital” de la economía argentina (2), resultante de la subindustrialización.

Los acontecimientos externos siempre tienen influencia, pero, en definitiva, son los factores internos –la solidez de las políticas de ordenamiento macroeconómico, tipo de cambio, competitividad, estabilidad– los que determinan el comportamiento de la economía nacional. Argentina tiene mercado interno, recursos, ahorro, capacidad para gestionar el conocimiento y proyectarse al mundo. Es necesario entonces consolidar la densidad nacional. Vale decir, las instituciones, la inclusión social, la impronta nacional de los liderazgos, la defensa de la soberanía y el pensamiento crítico, según el cual, como sostenía Arturo Jauretche, “lo nacional es lo universal visto por nosotros mismos”.

El dilema nacional y popular

En los países de América del Sur que han tomado un rumbo nacional y popular, como es el caso de Brasil, Argentina, Venezuela, Ecuador, Bolivia, los gobiernos enfatizan la soberanía y la cuestión social, que son condiciones necesarias del desarrollo inclusivo autosustentable. Pero les cuesta generar estrategias que movilicen la inversión privada, fortalezcan los equilibrios macroeconómicos y amplíen las bases de sustentación de las políticas públicas. El dilema consiste en integrar los objetivos nacionales y populares, que son correctos históricamente, con el funcionamiento de economías de mercado en las cuales la inversión privada nacional es fundamental para el desarrollo y la generación de empleo. Es preciso generar espacios de rentabilidad que impulsen a la iniciativa privada a invertir e incorporar tecnología en las áreas críticas del sistema. La competitividad de la producción interna sujeta a la competencia internacional es esencial. La convergencia de un Estado desarrollista y el empresariado nacional son las bases del desarrollo, como lo ratifica la experiencia de las economías emergentes de Asia. Se trata de procesos en los cuales la inversión extranjera es complementaria y nunca sustitutiva del protagonismo de los actores nacionales (3).

En Argentina, el poder político tiene una autonomía frente a los poderes fácticos muy notable, probablemente mayor que la de cualquier otro país de América Latina. Aquí, los poderes fácticos no tienen capacidad para bloquear las políticas de un gobierno que sigue una orientación nacional y popular. Pueden resistirse pero no tienen capacidad de bloqueo si se consolidan los equilibrios macroeconómicos y se remueve la restricción externa, que es el principal factor determinante de las presiones inflacionarias y la fuga de capitales. Este es un problema histórico y estructural, frente al cual el gobierno ha demostrado que tiene capacidad para mantener la situación bajo control. Pero subsisten desequilibrios de fondo que se reflejan en el debilitamiento del nivel de actividad y el empleo y la persistencia de un aumento de precios mayor al conveniente.

Sustituir el futuro

En tecnología los cambios son continuos; y es necesario estar atentos, porque, si no, se vuelve a caer en los problemas recurrentes de la sustitución de importaciones. Argentina se ha industrializado sustituyendo el presente y el pasado, es decir, produciendo internamente cosas que se importan, con considerable éxito a partir de la década de 1930 y una recuperación notable en años recientes. Pero la oferta y la demanda cambian continuamente por el avance tecnológico. De este modo, si no se anticipan los acontecimientos, resulta que hoy se produce algo que se importaba ayer y mañana se importan cosas que no existían y agravan la restricción externa.

Si no se incorpora la dimensión del futuro, es imposible resolver el problema. Por lo tanto, es necesario sustituir el futuro, incorporar el progreso técnico en el tejido productivo, lo que implica un replanteo muy profundo de la política industrial. En este sentido, la industria automotriz es paradigmática. Es necesario contar con una industria nacional terminal de automotores, porque todas las terminales existentes son filiales que importan los componentes de alta tecnología. En consecuencia, el déficit de autopartes es cada vez mayor. Hay que pensar entonces en una empresa automovilística terminal de capital argentino, de marca argentina –o mejor aun mercosureña– que integre la cadena de valor. Un empresario metalúrgico nacional me decía días pasados: “pensemos en términos del auto eléctrico”. Hay que avanzar hacia la frontera del conocimiento. Sobran en el país los empresarios e ingenieros con el talento necesario e instituciones, como el INVAP, que operan en la frontera del conocimiento y el desarrollo tecnológico.

Es hora de pensar el país en grande. Con el mismo espíritu y realismo con los cuales se reestructuró la deuda externa y se recuperaron el Estado nacional y la soberanía. Corremos el riesgo, incluso desde una perspectiva nacional, de encerrarnos en una actitud básicamente defensiva, cuando es necesario tener una actitud muy dinámica respecto del futuro y de la tecnología, con audacia. A lo largo de su historia, Argentina ha demostrado que cuenta con el talento para hacer las cosas más complejas: fue, junto con India, el primer país en desarrollo que estableció la energía nuclear para fines pacíficos; producimos satélites; la agricultura opera en la frontera tecnológica. Estamos ante un escenario de grandes oportunidades y desafíos.

Hace falta entonces un debate más amplio y de mayor profundidad sobre la política industrial. Argentina ha quedado muy encerrada en la defensa de la estructura productiva existente, defendiendo el mercado interno, pero debe encontrar nuevas formas de superar los déficits estructurales. En el sector electrónico, por ejemplo, es necesario integrar la cadena de valor. No alcanza con ser armadores de celulares o computadoras. Hay que pensar una política de desarrollo regional que sea funcional al desarrollo de la industria a escala nacional. De lo contrario, el país queda atrapado en esquemas de corto plazo, de defensa del mercado interno, cuando los problemas exceden ese marco de referencia.

A su vez, es muy difícil defender el mercado interno con un dólar barato. Uno de los problemas que enfrenta Argentina es que cae, recurrentemente, en el dólar barato, el gran instrumento del neoliberalismo para demoler buena parte de la industria argentina y profundizar la restricción externa. Entonces, cuando hay problemas de inflación se puede caer en la tentación del ancla cambiaria y aflojar un poco la presión del lado de los costos, pero agravarla del lado de la restricción externa. El problema no es devaluar o no devaluar. Consiste en sostener un tipo de cambio real competitivo que depende de la consistencia de la totalidad de la política económica. Son los dilemas que hacen a la defensa de la inclusión social, del trabajo y de la soberanía, y requieren marcos de referencia y reglas del juego consistentes con la inversión privada, con el cambio técnico y con un Estado protagonista en materia de educación, ciencia, tecnología y financiamiento.

Los proyectos nacionales y populares de América del Sur han sido muy audaces en priorizar el sentido social de la política. En afirmar la soberanía, como sucedió con el ALCA, y en los posicionamientos de política exterior, con “políticas activas y altivas”, como dice el ex canciller brasileño Celso Amorim. Hemos demostrado audacia en aspectos muy importantes de la realidad. Por ejemplo, en Argentina, con la creación de un ministerio para impulsar el desarrollo científico y tecnológico. Pero nos falta audacia en otros aspectos, como en la política industrial. Sin una amplia base industrial, integrada y compleja, la ciencia y la tecnología tienen vuelo corto. Necesitamos mucha audacia en ese terreno también.

1. Thomas Piketty, El capital en el siglo XXI, FCE, Buenos Aires, 2014.

2. Aldo Ferrer, “El pecado original de la economía argentina”, Le Monde diplomatique, edición Cono Sur, Buenos Aires, marzo de 2014.

3. Aldo Ferrer, El empresario argentino, Capital intelectual, Buenos Aires, 2014.

* Profesor emérito de la Universidad de Buenos Aires (UBA).

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3 comentarios - Argentina ante el nuevo escenario económico

@cerdidonadinmax +3
Vi la primer foto, despues lei los 5 primeros renglones me dio paja seguir leyendo y volvi al post de te muestro una linda flaquita
@PICHULINCOLORADO +1
No importa amigo! al que le interese que lo lea. Es un muy buen articulo
@cerdidonadinmax +1
@PICHULINCOLORADO unas fotitos mas harian falta para que sea mas visualmente atractivo (cuando tenga un poco mas de tiempo lo leo completo)
@Adrianfun +1
despues lo leo tranki, parece interesante