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La conservación cubana

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CONTRATAPA
La conservación cubana
La revolución cumple 50 años. Difícil recuperar su historia ahora, cuando es puro pasado: el recuerdo de lo que iba a ser y nunca fue del todo.
Martín Caparrós.


Cincuenta años son cincuenta años son cincuenta años. Es difícil pensar cincuenta años. Para mí, por ejemplo, son todos menos uno; para muchos de ustedes son más que los que cuentan. Para la Argentina es el lapso en que gobernaron Frondizi Guido Illia Onganía Levingston Lanusse Cámpora Lastiri Perón Perón Videla Viola Galtieri Bignone Alfonsín Menem De la Rúa Rodríguez Duhalde Kirchner Kirchner y quién sabe alguno más que no recuerdo o que no nos dijeron. Para el mundo mundial es el tiempo que corrió entre los tocadiscos de 78 rpm y la computación hipercomunicada, pasando por la aparición de la píldora anticonceptiva, el rock and roll, el hombre en el espacio, los transplantes, la televisión color, el fútbol por televisión, el teléfono móvil, el genoma humano, la amenaza ecológica, el matrimonio homosexual, la caída soviética, el liberalismo triunfante, la unión europea, el boom asiático, la decadencia patria, las muertes de Marilyn Monroe Kennedy Churchill Guevara De Gaulle Perón Franco Mao Reagan Picasso Miró Bacon Lennon Marley Prodan Troilo Goyeneche Sinatra Cortázar Borges Sabato Hitchcock Fellini Houston Fassbinder Sartre Lacan Foucault Barthes y algunos miles de millones más. Hace cincuenta años África era colonias; hace cincuenta años no había un avión que volara directo de Buenos Aires a Madrid. Hace cincuenta años –hoy hace cincuenta años– un grupo de guerrilleros cubanos entró triunfante en La Habana y se quedó con el poder. Lo mandaba, como sabemos, como hoy, el doctor Fidel Alejandro Castro Ruz.

Es raro pensar que en un mundo donde casi todo se ha movido tanto hay un país –un solo país– que tiene el mismo gobierno de hace cincuenta años. Es difícil encontrar algo más inmóvil, mejor conservado. Y todo en nombre del cambio por excelencia: de la revolución.

La revolución cubana cumple cincuenta años; es difícil recuperar su historia ahora, cuando es puro pasado: el recuerdo de lo que iba a ser y nunca fue del todo. Sí fue, durante años, el ejemplo para muchos miles que confiaron en que si aquellos muchachos lo habían hecho, otros podrían hacerlo también: el modelo de vanguardia esclarecida y armada para la toma del poder en Latinoamérica –uno de los grandes fracasos políticos de la segunda mitad del siglo XX– le debe todo a Cuba.

Pero eso no es su culpa: ellos sí lo habían hecho y no se les puede reprochar que otros quisieran hacer lo mismo. Más triste es que ellos mismos abandonaran, después, a los que trataban de imitarlos –y sus propios principios. Las circunstancias político-económicas y sus decisiones los entregaron a la URSS, y el sistema que se instaló en la isla tuvo mucho que ver con lo peor del estalinismo: un poder central absoluto, un control social y una censura estrictos, la cultura reservada a los fieles, cárcel para los críticos, la hipocresía para callar problemas graves, grandes proclamas revistiendo metas turbias. Y un pragmatismo extremo en ciertas cuestiones. Recuerdo en 1980, 1981, tiempos en que Moscú hacía grandes negocios con nuestros militares y los defendía y La Habana, obediente, bloqueaba en la ONU, la OIT los intentos de condenar a la dictadura argentina por sus violaciones a los derechos humanos: esas condenas a veces podían salvar vidas, y Cuba impidió más de una. (Lo curioso es que los que ahora tratan de olvidar esos bloqueos son los mismos que claman sin cesar por la “Memoria” –siempre tan selectiva.)

Pero esos son detalles. El centro de la cuestión es que los guerrilleros castristas quisieron producir una sociedad “revolucionaria”, capaz de sacudirse la opresión y valerse por sí misma, e hicieron exactamente lo contrario: armaron una en la que confían tan poco que nunca le permitieron gobernarse. Si en cincuenta años no construyeron una sociedad que pudiera crear sus propios mecanismos, cambiarlos, mejorarlos, su fracaso es extremo.

(Hubo un día en que ese fracaso se hizo chiste triste. Hace cuatro años, Fidel Castro se cayó en un acto y se rompió el brazo y la rodilla; cuando lo iban a operar –dijo el parte oficial–, Castro “explicó a los médicos que dadas las circunstancias actuales era necesario evitar la anestesia general para estar en condiciones de atender numerosos asuntos importantes […]. Así, todo el tiempo continuó recibiendo informaciones y dando instrucciones sobre el manejo de la situación”. Era patético: un señor mayor que había gobernado tanto y no podía darse el lujo de relajarse –en una mesa de operaciones– dos o tres horas para que lo curaran; un señor mayor que creía que, en cuarenta y seis años, no había conseguido organizar un gobierno y una sociedad que pudieran vivir sin él esas dos o tres horas.)



No lo cuento distante, prescindente: la decepción de la revolución cubana es mi decepción. Yo también estuve ilusionado, y por eso me ataca esta tristeza cada vez que veo esas imágenes del 1 de enero de 1959, hace cincuenta años, cuando todo era posible todavía. Pero trato de pensarla más acá de emociones. Estoy de acuerdo con sus principios de educación y salud para todos, con su antiimperialismo cuando es cierto; estoy tan en desacuerdo con la idea de un hombre gobernando un país durante cinco décadas –y pasándoselo a su hermano cuando él ya no puede. Y estoy, sobre todo, desolado por el resultado social y económico. Después de cincuenta años de esfuerzos, el “socialismo cubano” consiguió crear una clase económicamente privilegiada: el 15 o 20 por ciento de la población, que recibe dólares del turismo o de sus parientes emigrados –el 15 o 20 por ciento menos laborioso, menos “revolucionario”–, vive mucho mejor que el resto. Un grupo de personas que disfruta de cantidad de bienes que los demás no tienen: contra ese tipo de injusticia ganaron los Castro Ruz, hace cincuenta años, una guerra.

Y lo peor es que Cuba, después de haber sido un modelo de revolución posible, se convirtió en el modelo del fracaso del supuesto socialismo, el que usan los liberales para mostrar que no funciona. Es cierto que el intento cubano no funcionó, pero así como no tenía por qué ser modelo cuando parecía que funcionaba, tampoco lo es ahora. Cuba es Cuba es Cuba, una historia que hoy cumple cincuenta años de poder personal y absoluto. Y cualquier historia de poder absoluto es una historia equivocada.


http://www.criticadigital.com/index.php?secc=nota&nid=16527&pagina=2

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1 comentario - La conservación cubana

@epicglory
Recien lei la nota en critica, muy buena.